14
El Dhrikh Ibrahim[1] dijo: "Cuando Saif ud-Din Farrokh, hacía azotar a alguien, se divertía platicando con otra persona, a fin de que mientras lo azotaban, nadie logrará intervenir en su favor".
El Maestro dijo: "Todo lo que ves en este mundo, existe de manera semejante en el otro; o más aún, todos los objetos que existen aquí abajo no son más que copias del otro mundo, y todo lo que existe en este mundo fue traído del otro. Por lo tanto: "De todo cuanto aquí existe, Nosotros poseemos las reservas; pero las hacemos descender y fluir en una medida proporcionada, desde el otro mundo"[2].
Por ejemplo, se introduce en los cajones un pequeño cucharón con el cual se toma, de cada reserva, un puñado de pimienta o un puñado de goma (mastak). Las reservas son infinitas, pero el cajón contiene poco. El hombre se asemeja tanto a la cuchara como al negocio del boticario en el que se depositaron los atributos de Dios, puñado por puñado, partícula por partícula, en los estantes y cajones, a fin de que el hombre comercie con el mundo según su medida: un poco de oído para atender y escuchar, un poco de palabra, una partícula de razón, una partícula de generosidad, una partícula de ciencia.
Existen hombres que son como los mercaderes ambulantes de Dios, circulan noche y día llenando los cofrecitos, los vacían o despilfarran para comerciar; en el día los gastan, en la noche los llenan y alimentan.
Considera el alcance de los ojos: en el más allá existe la visión, los ojos, las diversas miradas. Se te envió una copia a fin de que contemples este mundo. La visión humana es limitada y el hombre no podría penetrar más. "Todos estos atributos existen en Nosotros, Nosotros los enviamos hacia ti de una manera determinada". Considera cuántos millares de generaciones, siglo tras siglo, vinieron, se llenaron en este Mar y a continuación se vaciaron. Mira, ¡qué reservas! Cuánto más conoce el hombre este Mar, más su corazón se refresca a la vista de los cajones. Tú debes imaginar que el mundo sale de una Casa de Monedas y regresa a ella. "En verdad, nosotros pertenecemos a Dios y retornamos a El"[3]. Este "nosotros" engloba a todos los seres que vienen de Dios y retornan a El: seres pequeños, grandes, seres animados, aparecen fácilmente en este cajón, pero si el cajón no existiera no aparecerían jamás. Además, el otro mundo es sutil y etéreo, no es accesible a la simple mirada. Esto no es sorprendente: ¿Ves cómo la brisa primaveral mueve los árboles, las verduras, los rosales, las flores, sin los cuales tú no puedes contemplar la belleza de la primavera, que no es visible en la brisa misma?; ¿son estas visiones y paisajes el reflejo de la brisa? -En ella circula el ondular de las praderas en ondas tan sutiles que no se perciben sin intermediarios. De la misma manera, en el ser humano, las cualidades ocultas se manifiestan tanto en un medio interior como exterior, ya sea a través de la palabra, la violencia, la guerra y la paz. Por otra parte, no puedes conocer toda la naturaleza humana, y cuando quieres penetrar en tu fuero interno nada ves, e ignoras las cualidades que permanecen escondidas en ti como el agua en el mar, que no abandona el mar más que condensándose en nube, y que sólo se manifiesta haciéndose ola. La ola es una efervescencia interna que se expresa sin aparente causa externa, en tanto el mar está quieto, nada se observa. Tu cuerpo está al borde del mar, y tu alma es el mar. ¿No ves que en ese mar se agitan tanto peces como serpientes, pájaros acuáticos y criaturas diversas? Ellos salen de las profundidades del mar, se hacen ver y después regresan a él. Tus pasiones, tales como la cólera, los celos, el egoísmo, etc., levantan la cabeza fuera de este mar y entran de nuevo a él, de tal modo que puedes decir que tus pasiones son los enamorados sutiles de Dios. Pero sólo puedes observarlos en virtud del hábito de la expresión, porque cuando se presentan desnudos, su sutileza impide verlos.