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El Profeta (la paz sea con él) dijo: "La noche es larga, no la acorta tu sueño; el día pasa, no lo empañan tus pecados"[1].
La noche es larga para quien quiere desahogar su corazón y saciar su deseo[2] con toda tranquilidad, sin sufrir molestias de los amigos ni de los enemigos. Así nacen el aislamiento y la quietud. Dios el Altísimo corre un velo a fin de preservar los actos de toda ostentación y garantizarles toda la pureza ya que le serán destinados. En la noche se distingue el hipócrita del hombre de intención pura. En la noche todas las cosas están veladas y se descubren de día; sólo el hipócrita se descubre de noche.
El se dice a sí mismo: "Ya que nadie me ve, ¿para qué observar las obligaciones?"
Una voz le responde: "Hay alguien que te ve, pero tú no eres de los que lo ven. El que ve, es Aquél que tiene el mundo en Su poder; todos lo llaman en los momentos de angustia, de dolor físico, en la calumnia, en el temor y en la inseguridad; todos Lo invocan en secreto, confiando en que El los escuchará y los ayudará. En la enfermedad, generosamente cumplen con la limosna, a escondidas, para alejar la enfermedad y recobrar la salud, teniendo confianza en que El agradecerá sus dones y sus ofrendas. Cuando Dios los cura y les da la paz, su certidumbre desaparece y regresa nuevamente la tentación; entonces dicen: "¡Oh Dios! ¿Cuál era ese estado del alma en el que Te invocábamos con tanta sinceridad? Estábamos en un rincón de la prisión, repitiendo mil veces el versículo: "El es Dios” sin cansarnos; Tú nos escuchaste. Ahora, estamos fuera de la prisión y tenemos tanta necesidad, como cuando pedíamos Tu ayuda, de que nos liberes de la cárcel de este mundo oscuro a fin de tener acceso al universo luminoso de los profetas. ¿Por qué, en el presente, no podemos mantener la misma sinceridad, ya en el exterior de la prisión y ya sin el sufrimiento? Al contrario, nos acosan mil tentaciones, y nos preguntamos: "¿Nos servirá esto, sí o no?". Los efectos de estas tentaciones son mil desidias y enojos. ¿Dónde está Señor, esa certidumbre que disipa las tentaciones?
Dios el Altísimo responde: "Yo os dije que vuestra alma carnal es vuestro enemigo y Mi enemigo. "No toméis como amigo a mi enemigo y vuestro enemigo"[3]. Encarcelad a este enemigo a través de vuestras mortificaciones, ya que en tanto esté cautivo en la pena y la desgracia, se fortifica la sinceridad del corazón. Experimentasteis, ya, que después del dolor de muelas o de cabeza, o del temor a la muerte, se obtiene la pureza (ikhlâs). Dominad vuestro cuerpo de tal manera que no perdáis el hilo conductor, el equilibrio, y obrad siempre de modo tal que vuestra alma concupiscente no se alimente de las escorias de las tentaciones; así podréis alcanzar vuestro objetivo eterno y liberaros de la prisión de las tinieblas". Para quien priva a su alma de las malas inclinaciones, el Paraíso es su morada".[4]