12

 

El Maestro dijo: "Tenia un gran deseo de veros, pero como sabia que estabas ocupado al servicio del prójimo, no quise molestarte".

El (emir) respondió: "Era a mí a quien incumbía esta obligación. Ahora, la inquietud se disipó. De ahora en adelante seré yo quien os visitará".

El Maestro dijo entonces al emir: "No hay ninguna di­ferencia, será la misma cosa: tenéis tanta indulgencia que todo os parece semejante. Sin embargo, como sabemos que sois vos el que se ocupa de obras piadosas, somos nosotros quienes hemos acudido a veros".

 

En ese momento estábamos a punto de discutir: si un hombre tiene una familia y otro no, ¿se le debe sacer al primero y dar al último[1]? Aquéllos que se contentan con el sentido obvio (zaher) en religión, pretenden que es necesario quitar al que posee una familia para dar al que no la posee. En realidad, el pobre es el que posee una fa­milia. Así sucede con el místico, que tiene nobleza de al­ma[2]: si golpea a una persona y le lastima la cabeza, la nariz y la boca, todo el mundo dirá que es esta persona la que ha sido oprimida. En realidad, el oprimido es el que golpea: el tirano es el que no distingue lo que es bueno para él porque una pasión lo domina, está vencido y su ra­zonamiento está perdido; el oprimido es el otro, aquél que posee nobleza de alma y se aniquila en Dios: lo que hace, es Dios quien lo hace; comprende que todo viene de Dios y Dios no es un tirano.

Es así que Mohammad (¡la salvación sea con él!) mataba y derramaba sangre; robaba, pero los tiranos eran aquellos a los que atacaba, el oprimido[3] era él. Del mismo modo, si un occidental vive en Occidente y un oriental llega allí, el extranjero no será él, sino el occi­dental. ¿Cómo podría el oriental ser extranjero ya que considera que el mundo entero no es más que una sola casa? El fue de una casa a otra, de este rincón a otro; ¿no está de hecho en la casa? El occidental que posee la nobleza de alma salió fuera de la casa[4], es él el extraño ya que se dice que "El Islam apareció como un extranje­ro"[5], y no se dijo que el oriental apareció como un extranjero. Así Mohammad (¡la salvación sea con él!) ya fuera vencido o vencedor era el oprimido, porque en los dos casos tenía razón, y el verdadero oprimido es aquél que tiene razón.

El Profeta (¡la salvación sea con él!) tenía piedad de los prisioneros; y Dios, a causa de Mohammad, reveló: "Diles a esos hombres que Dios los liberará, del cautiverio y las cadenas si su intención es pura, y lo que El les quitó, se los devolverá duplicado. Además El les acordará Su mise­ricordia y Su perdón en el otro mundo: dos tesoros, el que habéis perdido, y el del otro mundo"[6].

 

El discípulo preguntó: "Cuándo el servidor de Dios cumple una acción, ¿el bien y la gracia provienen de la ac­ción, o bien son ellos dones de Dios?"

El Maestro respondió: "Son gracia divina y don de Dios, pero Dios, por la plenitud de Su misericordia, los atribuye a Su servidor, diciéndole que son “la retribución por lo que ellos hicieron"[7].

Dijo: "Ya que Dios otorga este favor, el que verdaderamente busca, encuentra".

El Maestro agregó: "Pero sin una gula, ¿cómo encontrar? Así, cuando los Israelitas obedecían a Moisés (¡la paz sea con él!), los caminos les fueron abiertos en el mar, y lo cruzaron. Pero luego desobedecieron y permanecie­ron años en el desierto. El guía se encarga de la dicha y ventura de los que lo siguen, de los que se unen a él, de los que obedecen. Cuando los soldados se inclinan ante su jefe, éste pone su inteligencia a su servicio y se ocupa de su bienestar. Pero si los soldados son desobedientes, ¿quién pondría su inteligencia al servicio del interés de ellos? En el cuerpo del hombre, la razón se parece a un emir. Cuando los súbditos del cuerpo la obedecen, todo va bien, pero cuando son desobedientes, todo se corrom­pe. ¿No ves que, cuando un hombre, bebe y se embriaga, cuánto desorden aparece en sus manos, sus pies, su len­gua, y los súbditos (órganos) de todo su ser? Al día si­guiente, cuando toma conciencia, se dice: "¿Qué hice? ¿Por qué golpeé, por qué insulté?" Los trabajos se reali­zan bien, en una población, cuando se encuentra allí un jefe y los demás le obedecen de manera semejante. La razón se ocupa del bienestar cuando se la obedece. Así piensa ella: "Voy a caminar", pero camina cuando el pie le obedece. Del mismo modo que la razón es el emir en el cuerpo, los seres humanos, con su inteligencia, su ciencia, su razón y su conocimiento propio, en relación al santo (wali), son exactamente como los miembros del cuerpo: es él (el santo) quien es la razón entre ellos. Si estos hom­bres, semejantes al cuerpo humano, no le obedecen, ten­drán el alma dispersa y llena de pesares. Si le obedecen, es necesario conformarse con todo lo que él recomienda, sin referirse a la propia razón, porque los hombres no pueden comprender por sí mismos los actos del santo: en­tonces es necesario obedecerlo. De igual modo, si se colo­ca a un niño como aprendiz de un sastre, debe obedecer a su patrón. Si éste le da un vestido para coser, es necesa­rio que cosa este vestido. Si lo hace cortar, él debe cortar­lo"[8]. Si quiere aprender, debe renunciar a su propia ini­ciativa y estar enteramente entregado a las órdenes de su patrón.

Nosotros esperamos -que Dios el Altísimo otorgue su gracia al alma ya que ésta es superior a cien mil esfuerzos. "La noche de Quadr (la revelación) vale más que mil meses"[9]. Estas palabras se asemejan a las palabras que dicen que un solo éxtasis entre los éxtasis divinos vale más que la plegaria de todos los djinns (demonios) y de todos los seres humanos[10]. Cuando Su gracia nos toca, reemplaza a cien mil esfuerzos y aún más. El esfuerzo es bueno y muy útil[11], ¿pero qué es en comparación con la gracia?"

 

Alguien preguntó: "¿Engendra la gracia el esfuerzo?".

El Maestro respondió; "¿Por qué no lo engendraría? Cuando la gracia desciende al alma, el esfuerzo la acom­paña[12]. Jesús (¡la salvación sea con él!) ¿qué esfuerzo hizo cuando en su cuna dijo: "Yo soy el servidor de Dios, El me dio la Escritura?"[13]. Juan Bautista, aún en el se­no de su madre, celebraba Sus alabanzas[14].

 

Se dice : "No es aquél a quien Allah hizo abrir el co­razón?" [15] [16]. Primero es la gracia. Cuando alguien recibe una advertencia, después del extravío[17], debe considerarlo como un favor divino y un puro don. De lo contrario, ¿por qué sus compañeros no recibieron la mis­ma gracia?[18]. El favor y la recompensa divinas estallan como una chispa de fuego, pero primero aparece el don divino[19]. Una vez que pones algodón para alimentar ese fuego, lo aumentas[20]. A continuación, vienen el fa­vor y el reconocimiento.

El hombre, desde el principio es débil y mezquino: "El hombre fue creado débil"[21] pero cuando se ali­menta el fuego, se transforma en universo incandescente, quemando el mundo entero; ese pequeño fuego se hace enorme. "Tú tienes un carácter noble"[22].

 

Yo dije: "Mawlânâ[23] vuestro Emir os ama mucho".

El Maestro respondió: "Ni mi visita ni mi palabra obede­cen al sentimiento de mi amistad. Todo lo que me viene (de lo invisible), yo lo digo. Si Dios lo quiere, El hará que estas pocas palabras, sean útiles, y las arraigará en vues­tros corazones, y podréis aprovecharlas. Si Dios no lo quiere, de cien mil palabras pronunciadas, ni una sola se radicará en el corazón; todas serán olvidadas. Como esta chispa: si ella cae sobre la yesca, si Dios lo quiere, esta so­la chispa se apoderará de ella y se encenderá. Si Dios no lo quiere, cien chispas sobre la yesca no producirán ningún efecto.

 

"A Dios pertenecen los ejércitos de los cielos"[24]. Es­tos ejércitos son los ejércitos de la Verdad: abren las fortalezas por Su orden, y se apoderan de ellas. Si Dios ordena a algunos millares de caballeros dirigirse a una for­taleza, pero no apoderarse de ella, eso es lo que harán. Si Dios ordena a un solo caballero apoderarse de ella, éste abrirá la puerta de la ciudadela, y la tomará. El envió un mosquito a Nemrod para exterminarlo[25]. Como se di­ce, poco importan el denario y el dinar, el gato y el león al aref. Si Dios da Su bendición, un solo denario cumple la función de mil dinares y aún más. Y si El retira Su ben­dición, mil dinares no sirven como uno solo. Si El ordena que un pequeño gato aniquile al león, lo hará, tal como el mosquito de Nemord. Si El da la orden a un león, los otros leones temblarán delante de él; o bien ese león se volverá dulce como el asno: así sucedió con ciertos derviches que montaban leones, y con Abraham, para quien el fuego se volvió frío y salvador, verdor y rosas, porque Dios no exigía su muerte por el fuego[26]. Cuando ellos (los místicos) comprenden que todo viene de Dios, na­da más les importa. Nosotros esperamos de Dios que vosotros también escuchéis por vuestro oído interior estas enseñanzas. Allí está el beneficio. Ya que mil ladrones del exterior no llegan a abrir la puerta si en el interior no se encuentra un cómplice que la abra. Diez mil palabras del exterior son inútiles si no están confirmadas desde el in­terior. Tal como el árbol que no tiene humedad en sus raíces: mil torrentes de agua no le servirían para nada. Primero es necesario que haya una cierta humedad en su raíz, y luego el agua podrá socorrerlo.

 

La luz puede alumbrar a cien mil personas pero ella desciende sólo sobre aquel cuya esencia es luz[27].

En tanto que en el alma no brille una luz, jamás se lle­gará a ver la luz. Sin aptitud en el alma, nada es posible.

 

El espíritu (ruh) es diferente del alma (nafs). ¿No ves que en el sueño, el alma se va lejos, en tanto que el espí­ritu permanece en el cuerpo? Este alma viaja y se trans­forma. Cuando Alí dijo: "Quien conoce su alma conoce a su Señor", hizo[28] alusión a este alma. Si nosotros ex­plicamos el significado de aquella alma, se comprenderá esta alma ya que no se conoce esa otra alma[29].

Toma un pequeño espejo en tu mano. Si el espejo refleja nítidamente, los objetos se mostrarán tal cual son, sólo las pro­porciones pueden cambiar. Es imposible hacer compren­der este fenómeno por palabras. Las palabras pueden des­pertar solamente un eco en vosotros.

 

Más allá de este mundo del que hablamos, hay otro universo que nosotros buscamos. Aquí abajo, no hay más que placeres y animalidad. Pero el verdadero principio del hombre es ser hombre. ¿No se dice que el hombre es un "animal que habla"? El hombre tiene dos componentes: se alimenta en este mundo, en lo que tiene de animal, con sus pasiones y deseos; pero en lo que atañe a la quinta esencia de su ser, su alimento consiste en la ciencia, la sa­biduría y la visión del Señor. El hombre, a partir de su animalidad, huye lejos de Dios, pero desde su humanidad huye de este mundo. "Entre ustedes hay impíos, y entre ustedes hay creyentes"[30]. Dos personas están en con­flicto en este ser del hombre. "Veamos para quién es la Fortuna, y a quien ama"[31]. No hay duda de que este mundo es un mundo muerto, invernal[32]. ¿Por qué se llama "mineral" al mundo de los seres inanimados? Por­que todos ellos están congelados: la piedra, la montaña, el vestido que llevas, todos están petrificados. Si no vivimos un tiempo de dey (primer mes del invierno), ¿por qué el universo está inanimado? El sentido profundo del univer­so es ser no compuesto (basit); es invisible; pero se lo pue­de conocer a través de la sensación: hay viento y hace frío. Este mundo se parece a la estación del dey, todo es­tá helado. ¿Qué tipo de invierno es aquél?: es el invierno del intelecto y no el que está bajo el dominio de los senti­dos. A partir del momento en que el aire de Dios llega, las montañas comienzan a fundirse y el mundo se desconge­la; del mismo modo, con el calor del verano, todo lo que está helado comienza a derretirse. En el Día del Juicio, cuando llegue este aire, todo se fundirá.

 

Dios el Altísimo hizo de estas palabras un ejército alre­dedor de nosotros para que fuera un obstáculo para vues­tros enemigos y para proporcionaron el instrumento de la victoria. Estos enemigos son los de nuestro interior. En cuanto a los enemigos del exterior, ellos no son nada. ¿No ves que miles de impíos son cautivos de uno solo: su rey, que a su vez es cautivo de su propio pensamiento? Porque el pensamiento que actúa, aunque débil y oscuro, cautiva a millares de hombres y de mundos.

 

Así, si observamos un ejército innumerable, cien mil formas sin límites extendiéndose sobre numerosas llanu­ras, veremos que no son sino cautivos de una sola perso­na, ¡y que esta persona está prisionera de un pensamiento maligno!

 

Si un solo pensamiento puede cautivar a tantos, ¿qué de­cir de los pensamientos santos y sublimes? Debemos com­prender, entonces, que el pensamiento es lo importante, que las formas son los subordinados, los instrumentos del pensamiento: privados de él, son inútiles y semejantes a se­res inanimados. Y todo aquél que considera exclusivamente la forma es, también él, semejante a un ser inanimado: no tiene ningún acceso al mundo de la comprensión (ma'na), es como un niño, como un impúber, aun cuando su apariencia fuera la de un viejo, la de un centenario[33]. "Hemos venido de la pequeña guerra para librar la gran guerra"[34], es decir: hasta aquí hicimos la guerra contra las formas, combatimos contra los enemigos que tenían formas; en el presente, combatimos a los ejércitos de los pensamientos, a fin de que los buenos pensamientos destruyan a los malos y los expulsen del dominio del cuerpo[35]. La gran guerra y el gran com­bate son esta guerra y ese combate[36]. Los pensamientos actúan sin la intermediación del cuerpo; de la misma manera la Inteligencia agente ('Aql fd 'al) hace girar la rueda del cielo sin tener necesidad de instrumen­to. Se dice, entonces, que ella actúa como instrumen­to[37].

 

Tú eres la esencia y los dos mundos son para ti el acci­dente; no conviene buscar la esencia en el accidente. Quien busca el conocimiento en el corazón, llora sobre él. En cuanto a aquél que busca la razón en el alma, ¡búrlate de él!

 

Es necesario no detenerse en el accidente[38], ya que la esencia es semejante al recipiente que contiene el al­mizcle, y ese mundo, con sus placeres recuerda al perfume del almizcle. Ahora bien, el perfume del almizcle no per­siste ya que es un accidente. Si alguien busca el almizcle en el perfume, sin contentarse con el perfume solo, hace bien. Pero si alguien se ata al perfume del almizcle, se equivoca, porque se ha atado a algo que su mano no pue­de sujetar: el perfume no es más que el atributo del al­mizcle. En tanto que el almizcle permanece en este mun­do, sentimos su perfume; cuando se vuela y regresa al otro mundo, mueren los que vivían a causa de su perfu­me, porque el perfume es inherente al almizcle; partió de donde se manifiesta el almizcle. Feliz aquél que va del perfume a la cosa misma, buscando la unión con ella. En consecuencia, la aniquilación (fanâ) no existe más para él; está eternizado en la esencia misma del almizcle y de­be ser juzgado como tal. De este modo va a expandir su perfume al mundo entero y el mundo entero se vivifica­rá con él. Y de todo lo que fue no queda más que un nombre[39]: a la manera de un caballo o de otro animal que se extravió en un desierto de sal y se transformó en sal, de su condición de caballo no queda más que el nom­bre; en efecto, él es el mar de sal, tanto desde el punto de vista de la acción como del efecto. Ese simple nombre no lo perjudica y no le quita su cualidad de sal; si tú le eliges otro nombre a esta mina de sal, ella no perderá su sali­nidad.

 

El ser humano debe renunciar a todos sus placeres y a todas sus gracias, que son el reflejo y la imagen de Dios, y no contentarse con ellos. Pues, aún siendo, como son, re­flejo de la gracia de Dios y de Su belleza, no son eternos. Son eternas en relación a Dios, pero no en relación a las criaturas. Así, los rayos del sol que brillan en las casas, pese a la luz que prodigan permanecen inherentes al sol. A partir del momento en que el sol se pone, la luz se ex­tingue. Es necesario convertirse en sol para eliminar el terror de la separación[40].

 

Una cosa es dar[41] y otra conocer. Algunos otorgan dones y favores pero no tienen el conocimiento; otros tienen el conocimiento pero no dan nada. El hombre que reúne las dos cualidades es un privilegiado y no tie­ne igual. Así, un hombre que camina sin saber si está en una gran ruta o en un sendero, lo hace ciegamente, con la esperanza de escuchar el canto de un ave o hallar indicios de habitantes. ¡Cuán grande es la diferencia que existe entre este extraviado y alguien que marcha conociendo la ruta y al cual el conocimiento lo conduce por el camino a través de todo.

 

 

capítulo 11 - Índice - capítulo 13

 

 


 

[1] Ya que el hombre qué posee una familia tiene una subsistencia suficien­te y el hombre que no la tiene vive en la necesidad y la miseria.

[2] Y un poder interno luminoso, si, con miras a un bienestar secreto, gol­pea a una persona que está en el error lo hace con la intención de edu­carla.

[3] El oprimido es aquél que tiene razón.

[4] Entonces él es el extraño.

[5] Tradición del Profeta, citada en el Sahih de Muslîm, vol. I, p. 90 y en Kunûz al-Haqaiq de al-Munawi, p. 28; al-Djam as -Saghir, vol. Ip. 77, y también en el Mathnawi, todas estas citas presentan variantes.

[6] Alusión a la historia de los prisioneros de Badr. Cf. Cap. I (Corán, VIII, 701.

[7] Corán, XXXII, 17.

 

[8] Si debe remendarla, es necesario remendarla. Si debe hilvanarla, es nece­sario que la hilvane.

 

[9] Corán, XCVII, 3.

[10] Palabras atribuidas a Abûl Qassem Nasrabadi (ob. 272 Hég.) Cf. Mathnawi, VI, 1475 sig.

[11] Que yo sea un incrédulo si alguien perdió un solo aliento en el sendero de la fe y de la sumisión.

[12] Mawlana agrega: "Por Dios, es así".

[13] Corán, XIX, 31.

[14] Cf. Mathnawi, II, 3602 sig.

[15] Corán, XXXIX, 22.

[16] El esfuerzo también cuenta. Como, por ejemplo, una persona que ejerce un oficio. Dios el Altísimo le otorga un tesoro. Su oficio le ayudará en el aumento de su riqueza y de su tesoro.

[17] Y la negligencia.

[18] La primera cosa es la gracia, y a continuación viene el esfuerzo.

[19] Se llama esto la gratitud por la gracia y el reconocimiento por el don. Lo primero es el don, y lo último la gracia y el reconocimiento.

[20] Del mismo modo que una chispa brota del hierro y del sílex sobre la yesca. AI principio es débil; pero, cuando se alimenta ese débil fuego, crece y abraza a un mundo.

[21] Corán, IV, 28.

[22] Corán, LXV I I I, 4.

[23] Se dice a Mawlana: "El Emir es..."

[24] Corán, XLVIII, 4.

[25] Tradición musulmana según la cual Nemrod fue muerto por un mosqui­to que penetró, por la nariz, en su cerebro, mientras combatía a Abraham. Cf. Mathnawi, I?1189.

[26] Cf. Corán, XXI, 69.

[27] Saná'i, Hadiqa.

[28] No hace.

[29] Antes que este alma sea aniquilada no se conoce aquella alma.

[30] Corán, LXIV, 2.

[31] Citado por Rumi Majalis, ed. turca, p. 21.

[32] Muerto.

[33] El Enviado de Dios dijo:

[34] Tradición profética muy conocida, citada por al-Munawí, Kûnuz, p. 90. Cf. Mathnawi, I, 1373 sig.

[35] Y que la moralidad lo arranque de la inmoralidad.

[36] El enviado de Dios dijo: "Una hora de meditación vale más que setenta años de prácticas de culto". El Sheikh Farid-ud-Din 'Altar dijo: "Es necesario acordarse de Dios, a fin de que nazca la meditación. Y que ella aporte cien mil sutilezas nuevas. Ya que la obra consiste en la obra de la meditación. Ella vale más que setenta años de prácticas de cuIto".

[37] Y esto es verdad.

[38] Ya que es efímero e inestable.

[39] No queda más que un nombre de mí, y todo el resto es EI.

[40] El disco solar es el lugar de mi retirada. ¿Cómo podría la noche extraña ocultármelo?

 

[41] "Bakht", dar, perder al juego. Nuev, ed. "takht": atacar (La primera versión parece mejor)

 

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