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En tanto son pronunciadas las palabras, el corazón da testimonio.

Las palabras son pronunciadas y su sentido oculto sólo es claro para aquél que las expresa.

¿Qué necesidad hay de palabras[1] cuando el corazón da testimonio?, ¿qué necesidad del testimonio de la lengua? El emir Na'ib[2] dijo: "En verdad, el corazón testi­monia por sí mismo, y tiene un goce propio -como el oído, el ojo y la lengua- y cada uno de esos goces res­ponde a una necesidad".

El Maestro agregó: "El éxtasis en el corazón em­barga a todos los otros sentidos y la lengua se torna intrascendente. La belleza de Layla no era divina, ella era cuerpo y carnal, agua y limón; pero con el amor que ins­piraba atraía totalmente a Majnun y la sumía en ella: nin­guna necesidad imperiosa lo impulsaba a mirar los ojos de Layla, ni a escuchar su voz, porque no veía a Layla se­parada de sí mismo (y decía):

Tu imagen está en mis ojos, tu nombre sobre mis labios,

tu recuerdo en mi corazón.

¿A quién escribiré?¿Dónde te ocultas?

Yo soy aquél que ama y aquél que me ama,

somos dos almas encarnadas en un solo cuerpo[3].

 

De este modo, un ser corporal puede ejercer un poder tan grande que el amor que inspira produce estados don­de el enamorado es uno con el que ama, todos sus senti­dos pierden su autonomía: los ojos, el oído, el olfato, ningún órgano reclama un goce propio; él percibe unión y presencia. Si un sólo órgano logró plenitud y felicidad, es suficiente para que los otros sentidos no reclamen goce. Pero si persiste la búsqueda del goce por los sentidos es una señal de que el corazón no lo obtuvo plenamente. Vi­vió un goce relativo que no permitió acallar a los otros sentidos. Estos continúan reclamando su propio goce. Los sentidos son uno pero difieren en apariencia. Cuando un órgano es absorbido, los otros, cautivados se confunden en él. Del mismo modo, cuando la abeja vuela alto, sus alas, su cabeza y todos sus órganos se mueven. Cuando es­tá sumergida en la miel, todos sus órganos son uno, no se inquietan más. La absorción se adquiere cuando la persona se instala fuera del yo, fuera del esfuerzo, de la acción, del movimiento. Ella está inmersa en el agua; cada acción que emana de ella no es suya, sino la del agua. ¿Puede decir­se que está sumergida si agita pies y manos? ¿Se lo puede de­cir si grita: "Ah! estoy sumergida". "Yo soy la Su­prema Realidad"[4]. Muchos creen que en esta palabra: "Ana'l Haqq" hay una gran pretensión. Ahora bien, el "Ana'l Haqq", revela una gran modestia, ya que los que dicen: "Soy el servidor de Dios", atestiguan dos exis­tencias, una para sí, otra para Dios. Pero el que dice: "Ana'l Haqq” se aniquila, desaparece. El dice: "Ana'l Haqq” esto es: "Yo no soy, El es todo, nadie existe, sólo Dios es. Yo soy una pura nada, yo no soy nadie". La modestia de esta última interpretación es grande. Los hombres creen que aquél que se comporta como servidor de Dios, que le está destinado y que tiene una gran sumisión, está aniquilado, pero esto no es así, ya que su misma acción es la que le hace sentirse distinto de Dios. En efecto, esta persona no está aniquilada. Sólo está sumergido en el agua aquél que carece totalmente de acción y de movi­mientos propios, cuyos movimientos son los del agua.

 

Un león perseguía a una gacela; la gacela huía para ale­jarse de él. Habla allí dos existencias: la del león y la de la gacela. Pero, a partir del momento en que el león alcan­zó a la gacela, que la hizo presa de sus garras, desvanecida de temor, no quedó más que la existencia del león; la de la gacela, aniquilada, desapareció. La absorción (estghraq) consiste en lo que Dios el Altísimo otorga a los santos temerosos de El. El les revela que el temor emana de Dios, que la paz viene de Dios, que el goce y la alegría provie­nen de El, así como los alimentos y el sueño. Dios el Altísimo les muestra una imagen particular y tangible del león, del leopardo o del fuego, cuando están despiertos y con los ojos abiertos, a fin de que comprendan claramen­te que esta imagen del león, del leopardo, que ven en la realidad, no proviene de este mundo: es una imagen del mundo invisible que se materializa y cuya apariencia re­viste una gran belleza. Sucede lo mismo con los jardines, los arroyos, los palacios, los manjares, las bebidas, los re­galos, los corceles, las ciudades, las moradas, todas las otras maravillas del mundo; en verdad, se sabe que estas bellezas no pertenecen a este mundo, Dios las revela y to­man forma ante los ojos de quien las contempla. Desde entonces, este hombre está seguro de que el temor, la se­guridad, la paz y la contemplación provienen de Dios. ¡Este temor no es similar al temor por los otros hombres! Estos estados son producidos por la visión, no por él razo­namiento, ya que es Dios quien los destinó y todo viene de El. La filosofía sabe esto, pero por el razonamiento; ahora bien, la razón es inconstante y la satisfacción que ella provoca es esporádica: mientras el razonamiento ex­plica, se siente feliz, tranquilo y sereno. Pero cuando los argumentos cesan, la tranquilidad, la serenidad y el bienestar se disipan.

 

Una persona sabe por razonamiento que tal casa fue construida por un arquitecto, que ese arquitecto tiene dos ojos y no es ciego, que es competente y no incapaz, tangible y no irreal, vivo y no muerto, y que su existencia precede a la construcción de la casa; sabe todo esto, pero por razonamiento. Ahora bien, el razonamiento no es constante, rápidamente se olvida. Pero los enamorados, al servirle, conocieron al Arquitecto y lo vieron con los ojos de la verdad, comieron juntos el pan y la sal de la hospi­talidad, gozaron juntos. El Arquitecto está siempre absor­to, atento a su visión y su imaginación. El pecado no es pecado y el crimen no es tal para aquel que se consumió en Dios, ya que ese hombre está dominado y absorbido en El.

 

Al llegar un invitado, un rey mandó a sus pajes que to­maran, cada uno, una copa de oro, y lo mismo ordenó a su paje favorito. Este, cuando el rey descubrió su rostro, cayó desvanecido y de sus manos rodó la copa, quebrán­dose. Los otros pajes creyeron que era necesario imitar ese gesto y todos hicieron caer voluntariamente su copa. Sin embargo el rey los reprendió: "¿Por qué rompisteis vuestras copas?" Ellos respondieron: "Aquél que está muy próximo a vos así lo hizo". El rey dijo entonces: "¡Oh, insensatos! No es él quien actuó de ese modo, sino yo".

 

Todos los pajes imitaban al favorito del rey ya que era el mismo rey: el hecho de ser paje no era más que una mera apariencia formal, porque en la esencia de su alma tenía la belleza del rey.

Dios el Altísimo dijo: "Si no hubiera sido por tí, Yo no habría creado los cielos"[5].  Ann'I Haqq, que es lo mismo que: "Yo creé los cielos para Mí mismo" vale decir, en otro lenguaje, con otra alusión: "Ann'I Haqq ".

¿Por qué las palabras de los místicos son muchas y tie­nen cien formas diferentes siendo Dios Uno, Unidad y Vida? La diversidad reside en la forma; en el sentido úni­co todos buscan sólo llegar a la unión divina.

Así, cuando el emir ordenó que se confeccionara una tienda, cada persona se ocupó de realizar una tarea, uno hi­ló la lana, otro puso los clavos, otro tejió la tela, otro cosió, otro cortó, otro armó: aunque en apariencia cada trabajo sea diferente y múltiple, estas personas están unidas por el significado, todas colaboran para en un mismo fin. Si se observa más profundamente, se puede comprender que todo lo que existe en el mundo está al servicio de Dios: el pecador como el justo, el rebelde como el fiel, el de­monio como el ángel.

 

Un rey quiere poner a prueba a sus pajes para diferen­ciar, al que está seguro de aquél que duda, al leal del pérfido, el fiel del que no lo es. Para llegar a este fin, es necesario un tentador y un tentado. ¿Cómo se revelada de otro modo la seguridad del paje? De esta manera el tentador también presta su servicio al rey, permitiéndole distinguir entre sus allegados a los que le son verdadera­mente devotos. Dios ha enviado el viento a fin de separar al inconstante del perseverante: el viento empuja al mos­quito fuera del árbol, lejos del jardín; el mosquito se va, el árbol permanece.

 

Los servidores de Dios, que están en este mundo, ob­servan que todos, buenos o malos, se someten y obedecen a Dios (en relación a lo que hace a su destino, bueno o malo), no por razonamiento y conformidad, sino por per­cepción y sin velos[6]. No hay nada en el mundo que no celebre Sus alabanzas[7]. En consecuencia, para ellos, es­te mundo es la resurrección, porque el renacimiento con­siste en seguir el camino de Dios y no hacer nada más que servirlo[8]. Deducen esta verdad de la frase siguien­te: "Aunque se cayeran todos los velos, mi certidumbre no aumentaría"[9] [10].

 

Desde el punto de vista del léxico, el sabio es superior al gnóstico, ya que se emplea para Dios el término 'alim (aquél que sabe) pero no se puede decir, de EI, ‘aref" (gnóstico). 'Aref quiere decir que no conoce el origen, pero sí su desarrollo posterior: esta cualidad no conviene a Dios. Por tradición, ‘aref es superior a 'alim, ya que el gnóstico es aquél que conoce el mundo más allá del razo­namiento, por la visión y la contemplación. Se ha dicho que el sabio es cien veces mejor que el virtuoso. ¿Cómo podría valer un sabio más que cien virtuosos, siendo que el virtuoso conquistó su fervor por el conocimiento, y la devoción sin conocimiento es imposible? ¿Qué es la devo­ción? Es renunciar al mundo, someterse a la voluntad de Dios y trascender al otro mundo. Entonces, es necesarioque el devoto conozca, de este mundo, su imperfección y su fragilidad, que aprenda qué es la gracia, la constancia y la inmutabilidad del otro mundo y que experimente la de­pendencia hacia Dios, preguntándose: "¿Cómo debo obe­decer a Dios, y a qué debo obedecer?" Este paso implica el conocimiento. La devoción sin conocimiento es imposi­ble. En consecuencia, el verdadero virtuoso es a la vez sa­bio y devoto. Es verdad que ese sabio vale más que cien devotos. Pero no se ha comprendido el sentido de estas palabras. 'El conocimiento es una cosa que Dios da a al­guien después de la devoción y el conocimiento primero. Este segundo conocimiento es fruto del conocimiento an­terior y simultáneo a la devoción. Ciertamente, tal sabio vale más que cien mil devotos.

Un hombre que ha plantado un árbol frutal, ¿está segu­ro que este árbol que da frutos vale más que cien árboles que no lo dieron? Es posible que los otros árboles no lo­gren producir frutos ya que pueden aparecer plagas. Así un peregrino que llega a la Ka'ba tiene mayor mérito que aquél que camina en el desierto sin rumbo, no sabiendo donde llegará, en tanto que el primero realmente llegó. Una realidad vale mil veces más que una incertidumbre.

Amir Na'ib dijo: "El que no llegó también tiene la esperanza".

El Maestro contestó: "El hombre que abriga la esperanza es distinto del que llegó; hay una gran diferen­cia entre el temor y la seguridad. ¿Qué necesidad hay de mostrar esta diferencia? Es clara para todos. Aquí, se tra­ta de la seguridad, pero hay seguridad y seguridades. La preeminencia de Mohammad (la salvación sea con él) so­bre los otros profetas proviene de la seguridad; todos los profetas conquistaron la seguridad por la superación del temor. Pero la seguridad está jalonada de etapas. "Noso­tros elevamos a algunos por encima de ciertos grados"[11]. "Se puede mostrar el mundo del temor y las etapas del temor. Pero las etapas de la seguridad no dejan hue­llas. En el mundo del temor, ¿qué ofrece cada uno a Dios? Alguien ofrece su cuerpo; otro, sus riquezas; otro, su vida; alguno ofrece el ayuno; otro, plegarias; uno, diez rakats; otro, cien rakats. Sus etapas están definidas y pueden co­nocerse; es posible demostrarlas. Por ejemplo, las etapas entre Kenya y Cesárea son precisas: son Qaiman, Abruq, Qaimaz, Opruk, Soltan, d'Antalaya hasta Egipto. Pero el recorrido por mar, entre Antalya y Alejandría, no deja huellas. Es el navegante quien lo conoce y no lo indica a la gente de tierra firme, ya que son incapaces de compren­derlo".

El emir (Nâ'ib) dijo: "La palabra también tiene utili­dad; si los hombres no conocen todo, pueden conocer al­go, descubrir e imaginar".

El Maestro contestó "Es justo. Una persona está senta­da, despierta, en una noche sombría, con la intención de partir al siguiente día. Aunque no sabe cómo viajará, es­pera el día, se aproxima al día. Lo mismo sucede con una persona que en una noche sombría y nublada, siguiendo una caravana, va sin saber dónde llegará ni por dónde pa­sará, ni que distancia cubrirá. Pero llegado el día, verá el resultado de su marcha, habría llegado a algún destino. Para El que lo hace todo por amor a Dios, solamente abrir los ojos y cerrarlos, es una acción trascendente. "Aquél que hace un átomo de bien lo verá"[12], pero dado que el interior nos es velado, y no se puede medir el avance[13], hay que seguir porque al final se verán los resultados. "Este mundo es el campo para la cosecha del otro mundo"[14]. Lo que se siembra aquí abajo, se cosechará en el otro mundo.

 

Jesús (la paz sea con él) reía mucho. Por el contrario Juan Bautista (la paz sea con él) lloraba mucho[15]. Juan Bautista preguntó a Jesús: "¿Estás asegurado contra las astucias poderosas y sutiles (del demonio) que ríes así?" Jesús respondió: "¿Olvidaste tú las gracias y bene­ficios sutiles, agradables, extraordinarios y poderosos de Dios, que lloras así?". Un santo (wali) de entre los santos

de Dios estaba presente, y entonces preguntó a Dios: "¿Cuál de los dos es superior?". Dios dijo: "Aquél que tiene mejor opinión de Mi" - es decir: "Yo estoy allí donde se encuentran los pensamientos de Mi servidor[16]. Cada criatura tiene una imagen de Mi, y es allí donde Yo me encuentro".

"Purificad, oh Mis criaturas, vuestra ima­ginación, que es Mi morada y Mi residencia".

Ahora; examínate: entre llantos y risas, los ayunos y las plegarias, los retiros y las participaciones en las asam­bleas, o sea todo lo que haces, ¿qué es lo más útil para ti? ¿Cuál es tu mejor estado (ahwal) para tu corazón? ¿Cómo son tus progresos? Elige lo más excelso. "Consulta a tu propio corazón, aunque hayas consultado ya a los muftíes"[17]. Tienes un discernimiento y conocimiento interior: expónle los consejos que te dieron los muftíes, a fin de que poder elegir lo que te beneficie. Así como el enfermo consulta al médico; interroga al médico interior que llevas dentro de ti mismo confundido con tu propia naturaleza: es ella la que acepta o rehúsa. También el mé­dico real interroga al médico interior: "¿Qué era lo que comiste, alimento pesado o liviano? ¿Cómo era tu sue­ño?". El juicio del médico real está, entonces, ligado a las comunicaciones que recoge del médico interior. El más importante es el médico interior, que es tu propia natura­leza. Cuando esta naturaleza se debilita, se torna corrupta y flaquea, ve mal las cosas, y distorsiona la realidad: pretende que el azúcar es amarga, y el vinagre dulce. En­tonces tiene necesidad de un médico exterior que la ayu­de a reencontrar su equilibrio original, después se dirige nuevamente a su propio médico interior. De la misma ma­nera, el hombre tiene una naturaleza espiritual. Cuando ésta se debilita, sus sentidos expresan sólo errores. Los santos (awlya) son como los médicos ya que ayudan a res­taurar su naturaleza y a vivificar su corazón y su fe.

“Muéstrame las cosas tal como son"[18]. El hombre es grande, todas las cosas están escritas en él, pero los velos y las tinieblas no le permiten descubrir los tesoros que brillan en sí mismo. Estos velos y tinieblas son las ocupa­ciones diversas, los proyectos múltiples y los deseos de to­do tipo. Sin embargo, pese a las tinieblas y a los velos, el hombre puede leer interiormente algún secreto y extraer un conocimiento profundo. ¡Cuando estos velos y tinieblas desaparezcan, sabrá y descubrirá numerosos conocimientos en sí mismo! Los oficios de sastre, albañil, carpintero, orfebre; la ciencia, la astronomía, la medicina y otras profesiones innumerables surgen todas del interior del hombre, no provienen de la piedra y del ladrillo. Y el cuervo, que enseñó al hombre a enterrar al muerto[19] no es otro que la imagen del hombre proyectada sobre un pájaro. Las necesidades del hombre son las que impulsa­ron al cuervo a rascar la tierra, ya que lo animal es una parte del hombre. ¿Cómo la parte podría enseñar al to­do? De la misma manera, si el hombre toma la pluma con la mano izquierda para escribir, pese a su firme voluntad, su mano tiembla, pero al fin escribe por orden de la voluntad.

Cuando viene el emir[20], de visita, el Maestro, pro­nuncia palabras importantes. Su pensamiento no se inte­rrumpe porque conoce las palabras que están destinadas al emir y que siempre le conciernen.

En invierno, aunque los árboles no tengan ni hojas ni frutos, no se puede imaginar que permanecen inactivos. El invierno es el momento de la potencialización, acumu­lación, y el verano es el momento del gasto, de la expan­sión. El gasto es visible a todos, no así la acumulación. De manera semejante ocurre al hombre que invitó a todo el mundo y prodigó miles de regalos; dejó a todos extasia­dos ante tal ostentación, pero ninguno vio las reservas ate­soradas poco a poco para permitir tales gastos. El origen del gasto está en la acumulación. Para poder brindar hay que juntar primero.

 

Nosotros podemos dirigir la palabra a aquél que se en­cuentra en unión mística, en silencio, en ausencia o a presencia; incluso en la lucha estamos unidos a él. No im­porta  el contenido de las palabras. Pueden ser piedras preciosas o raíces secas. Pueden ser sutilezas o finezas, en poesía o en prosa. Pero si el Maestro se inclina hacia nosotros no es por nuestros conocimientos, sutilezas o exquisiteces, sino porque nos ama y nos tiene simpatía; es por algo que sólo él advirtió y descubrió bajo una luz más expansiva.

Cierto día el rey convocó a Majnun y le dijo: "¿Qué te sucedió? ¿Por qué te conviertes en motivo de escán­dalo? Dejaste tu casa, te aniquilaste y destruiste! ¿Quién es esta Layla y qué tiene de hermoso? Ven que yo te mostraré las bellezas y las gracias: renunciaré a todo y te las daré".

Después de haber contemplado tantas bellezas, Majnun bajó la cabeza y miró sus pies. El rey le dijo: "Levanta la cabeza y mira". Majnun respondió: "Tengo miedo, ya que el amor de Layla lanzó su sable. Si yo levanto la cabe­za, me la cortará". ¡Estaba absorto en el amor de Layla! Las otras jóvenes también tienen ojos, boca y una nariz. ¿Qué había encontrado entonces en Layla para caer en ese estado?

 

 

capítulo 10 - Índice - capítulo 12

 


 

[1] Pero este sentido es claro para los que son perfectos y no tienen necesi­dad de palabras. "Hemos hablado con un fruncimiento de cejas, y escu­chamos con los ojos".

[2] El emir Na'ib, Amir ud-Din Mikail, uno de los notables del país, fue muerto en Konya en 676 de la Hégira.

[3] Versos atribuídos a al-Hallaj. Cf. L. Massignon, El Diwan de al-Hallaj, p. 106 (p. 127, edición de los Cahiers du Sud, Paris, 19551. Estos versos fueron también atribuídos a Majnun ben-Amer.

[4] "Yo soy la Suprema Realidad": palabras célebres de Hossein ben Manseur al-Hallaj, martirizado en 922 de nuestra era en Bagdad por ha­ber pronunciado estas palabras consideradas como una blasfemia. Cf. L. Massignon, La Pasión de al-Hallaj.

[5] Célebre tradición profética.

[6] Sí, somos Nosotros quienes le guiamos en el sendero, ya sea él agradeci­do o ingrato.

[7] Corán, XVII, 44.

[8] Dios el Altísimo dijo: "Yo creé los djinns y los hombres nada más que para que ellos Me adoren" (Corán, LI, 56)

[9] Cf. cap. V I I .

[10] Pero felices esos hombres que fueron creados para la servidumbre, ya que esto es agradable a Dios, y Su satisfacción consiste en esto; y des­graciados esos miserables que fueron creados para una servidumbre que no da satisfacción a Dios. El Fuego de Herat dice: "iAy, Ay de mí! Qué diferencia existe entre dos pedazos de hierro? Los dos salieron de un mismo taller: uno se convirtió en una herradura, el otro en un espe­jo para el rey". El Enviado de Dios dijo: "Feliz es aquél que está feliz en el seno de su madre, y desgraciado es aquél que se siente desgraciado en el seno de su madre".

[11] Corán, LXIII, 32.

[12] Corán, XCIX, 7.

[13] Es necesario recorrer el camino de cualquier manera; es necesario estar despierto, a fin de no alejarse de sus compañeros y de no perder la vida.

[14] Tradición profética citada por al-Munawi, Kunuz, p. 64.

[15] Los dos eran primos.

[16] Hadith qudsi, citado en 'Ihyá de Ghazali, I I I, p. 269; y por al-Tirmidhi, Nawadir al -usul, p. 85.

[17] Tradición profética citada por al-Sarraj, Kitab al-Luma, p. 16 y 45; Abu Nu'aim, Hilyat al -awliya, VI, p. 255 (ed, del Cairo relatada en numerosas reiteraciones en el Mathnawi. Muftí: intérprete y jurista mu­sulmán, cuyas decisiones son consideradas como leyes.

[18] Cf, cap. I.

[19] Historia de Caín y de Abel: Corán, V, 31.

[20] Se trata sin duda del emir Peruana.

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