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Alguien preguntó: "¿Qué acción hay más privilegiada que la oración?".

"Ya hemos respondido a esta pregunta: la oración del corazón es mejor que la plegaria vocal. Sin embargo, se puede agregar: la fe es superior a la plegaria porque aunque la plegaria es obligatoria cinco veces al día, la fe es necesaria en todo momento. Se pueden en­contrar excusas para no recitar la plegaria, y también está permitido diferirla, por ejemplo a las menstruantes, pero la fe no puede suprimirse bajo ningún pretexto, y jamás está permitido aplazarla. Además, la sola fe, aun sin ple­garia, tiene valor, pero la plegaria sin fe, como la de los hipócritas, no tiene ninguno. La plegaria varía de acuerdo a las religiones. Sin embargo, la fe no cambia. (Sus expe­riencias ahwal, su qibla, etc. no cambian). Hay otras dife­rencias que aparecen de acuerdo a la receptividad del oyente[1]. El oyente es como la harina y la palabra como el agua. Para hacer pan, el agua se agrega a la harina en la cantidad conveniente.

-Mis ojos miran a otra persona, ¿qué debo hacer? -"Censúrate a ti mismo, puesto que tú eres la luz de tus ojos".

-Mis ojos miran a otra persona: buscan otro oyente di­ferente de ti. ¿Qué debo hacer?

-Tú eres su luz y, como estás siempre contigo mismo, no estás a salvo de ti mismo; de lo contrario tu luz se mul­tiplicarla cien mil veces en tí mismo.

Había una vez, una persona muy delgada, débil y menuda como un gorrión, a tal punto que los más pequeños, que siempre se habían quejado de su propia peque­ñez, la miraban desde su altura y agradecían a Dios. A pe­sar de todas estas características, esta persona hablaba au­dazmente y se vanagloriaba de grandes hazañas, formando parte, asimismo, del Diwan del rey[2].

El visir sufría si­lenciosamente, pero un día se enojó y se puso a gritar: "¡Oh miembros del Diwan: Hemos sacado a este hombre del polvo y lo hemos elevado; gracias a nuestro pan, nues­tra hospitalidad, nuestro dinero, nuestros beneficios, se convirtió en alguien y llegó a la situación presente, y aho­ra nos habla de esta manera!”.

El acusado se volvió, diciendo a su vez: "Oh miembros del Diwan y notables columnas del Estado: él dice la ver­dad. Me he elevado hasta este rango gracias a vuestros be­neficios, a vuestro pan y a vuestra hospitalidad. Es por eso que soy pequeño. Si hubiera sido elevado gracias al pan y los beneficios de otro, sin duda mi rostro, mi esta­tura y mi valor hubieran sido mayores. Sin embargo, co­mo fuisteis vosotros quienes me habéis sacado del polvo, yo repito continuamente: “Puedo ser del polvo"[3].

Si un discípulo es elevado por un hombre de Dios, su alma se vuelve pura, mientras que aquél que es educado por un charlatán o un hipócrita se vuelve, como su educa­dor, pequeño, débil, impotente y triste, incapaz de esca­par de sus dudas e inepto para aguzar sus sentidos. "Los impíos: sus santos son los ídolos, han salido de la luz y marchan hacia las tinieblas”[4]:

En el origen, todas las ciencias fueron amasadas en la naturaleza del hombre, de manera que su alma le mostra­ra las cosas secretas, para que fuera como el agua pura que revela tanto lo que oculta en su lecho -guijarros, pie­dras, etc.- como lo que se refleja en su superficie. En el caso del agua, esa virtud no es adquirida en su esencia si­no es innata. Sin embargo, cuando el agua está mezclada con tierra u otras partículas pierde esa propiedad. Dios el Altísimo envió a los profetas y a los santos un agua tan abundante y pura que clarifica la poca cantidad de agua impura que se arroja en ella. Esa poca cantidad de agua, una vez depurada, retorna a su pureza original y al re­cordar su primer estado dice: "Anteriormente aquél era nuestro alimento"[5].

Los Profetas y los Santos no añaden nada a la esencia del hombre, únicamente le revelan su estado anterior. Ahora bien, cada pequeña cantidad de agua impura ver­tida en la gran masa de agua pura, sabe que regresará a su pureza original. Sin embargo, si esa pequeña gota de agua no reconoce en la gran masa de agua pura un elemento que le es similar, se refugia en las tinieblas, junto a las par­tículas impuras, y de ése modo no se mezcla con el mar ni retorna a su pureza[6]. El Profeta dijo: "Los que se reco­nocen se asocian conjuntamente, los que no se reconocen divergen"[7].

Dios dijo: "Un enviado salido de entre vosotros mis­mos ha venido a vosotros"[8]. La gran masa de agua es de la misma naturaleza que la pequeña gota y ambas com­parten una misma esencia (djawhar). Si la pequeña gota no se reconoce en la esencia de la gran masa de agua, no es una falta que se deba a su esencia: Un mal compañero la manchó con su reflejo y ella no sabe si su temor frente a la gran masa de agua y al mar provienen de su propia esencia o de la influencia nefasta de ese mal compañero con que se mezcló íntimamente. De modo semejante, aquél que ha comido tierra no sabe si ha actuado impulsa­do por un deseo inherente a su naturaleza o impulsado por una desviación agregada a su naturaleza.

Cada verso, cada hadith, cada versículo que se cita para ejemplificar es comparable a dos testigos que firman en dos contratos diferentes. Así, dos personas que son testi­gos para el waqf[9] de una casa pueden dar testimonio también por la venta de un negocio o en ocasión de un matrimonio. En cada caso atestiguan de conformidad con una situación dada. La forma del testimonio es la misma, pero el sentido cambia.

 

 

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[1] Nada existe cuyos tesoros no estén cerca Nuestro; Nosotros los hacemos descender solo en una determinada medida (Corán, XV, 21).

[2] Se dice que es del hijo de Nur al-Din Djiha de quien habla Aflaki.

[3] Corán, LXXVIII, 40.

[4] Corán, II, 257.

[5] Corán, II, 25.

[6] Permanece en el Iodo negro, se dirige hacia los abismos y se aleja del mar.

[7] Tradición profética célebre, citada por Bukhari y Muslim.

[8] Corán, IX, 128.

[9] Fundación piadosa en el Derecho canónico musulmán.

 

 

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