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El hijo de Ata-Beg[1] (1) fue a ver al Maestro y éste le dijo: "Según se desprende de sus palabras, tu padre se ocupa continuamente de Dios y su fe es muy grande”.

En efecto, un día, el Ata-Beg dijo: Los incrédulos de Roum afirman: "Nosotros damos nuestras hijas a los Tártaros a fin de que las religiones se unifiquen, y para que esta nue­va religión, que es el Islam, desaparezca". Pero ¿cuándo hubo una única religión? Siempre existieron dos o tres y hubo guerras y querellas entre ellas. ¿Cómo unificar las religiones? Ellas se unificarán el Día del Juicio, pero aquí abajo es imposible, ya que cada una tiene un objetivo y deseos diferentes. Es imposible tener aquí una religión única, salvo en el Día del Juicio, en que todas se volverán una y se dirigirán en una misma dirección, adquiriendo la misma lengua y el mismo oído. En el hombre existen cien mil animales diferentes, en él conviven el ratón[2] y el pája­ro: el pájaro hace su nido en lo alto, el ratón en lo bajo. Sólo cuando ellos alcancen el lugar en que el ratón aban­dona su naturaleza de ratón y el pájaro abandona la de pájaro, donde todos se vuelven uno, el fin buscado dejará de ser alto o bajo. Cuando se encuentra lo que se ha buscado, ya no hay arriba ni abajo. ¿Alguien perdió algo? Entonces lo busca a su izquierda y a su derecha, por de­lante y por detrás; pero, cuando lo ha encontrado, ya no busca más, ni en lo alto ni en lo bajo, ni por la izquierda ni por la derecha, ni adelante ni atrás. Se unifica (jam). En el Día del Juicio pues, todos tendrán la misma visión, la misma lengua, el mismo oído, la misma inteligencia. Así, por ejemplo, si diez personas se asociaran para culti­var un jardín o trabajar un negocio, sus palabras serán una y también sus ocupaciones, porque uno es el fin que se persigue. En el Día del Juicio, todos los que buscan a Dios se volverán uno. En este mundo, cada uno se ocupa de una cosa diferente: uno del amor de la mujer otro de la riqueza, otro de la ganancia, otro de la ciencia, y todos creen: "Mi remedio y mi deseo, mi alegría y mi tranquili­dad, residen en eso". Pero tal es la gracia de Dios: cuando el hombre busca y no encuentra, se vuelve, se detiene un instante y dice: "Ese deseo y esa misericordia son dignos de investigación. Puede ser que no haya buscado bien. Intentaré nuevamente". Y es actuando de ese modo como la gracia le es develada. Entonces comprende que el cami­no no era aquél que había elegido.

 

Dios el Altísimo posee servidores que, aún antes del Día del Juicio, son así. Ellos ven y saben que todo provie­ne de lo invisible. Alí (¡Dios esté contento con él!) dijo: "Retirar el velo de mis ojos no agregaría nada a mi certi­dumbre". Es decir: "Si se quita a mi alma su cáscara (el cuerpo) y llega el Día del Juicio, mi certidumbre no au­mentará". Así, un grupo de hombres en una habitación a oscuras se orientan cada uno en una dirección y cumplen la oración ritual. Cuando nace el día, algunos se vuelven. Sólo quienes dirigieron su rostro hacia la Qibla no tienen necesidad de volverse. Todos sus servidores, en la noche, se vuelven hacia El y apartan su rostro de lo demás. Para ellos, el Día del Juicio es ya evidente y presente.

Las palabras son ilimitadas, pero descienden de acuer­do a cada buscador. "Solamente tesoros existen en Nosotros. Sin embargo los hacemos descender en la medida que los conocemos[3] ." La sabiduría es como la lluvia, -infinita en su fuente- pero desciende en una me­dida conveniente, en invierno, primavera, verano y otoño. Pero, allí donde desciende, es ilimitada. Se envuel­ven, en papel, el azúcar y los medicamentos; sin embargo, puesto que las reservas de ambos son ilimitadas, no es todo el azúcar ni todos los medicamen­tos los que han sido envueltos. Del mismo modo ¿cómo podrían las palabras ser contenidas, en un trozo de pa­pel? Se criticó el hecho de que el Corán haya llegado a Mohammad palabra por palabra y no sura por sura[4].

Mohammad (la salvación de Dios sea con él!) dijo: ¿Qué importan esos tontos? Si el Corán descendiera enteramen­te sobre mí, yo me hundiría y sería aniquilado". Aquél que sabe, comprende, con pocas cosas, mucho, y con una sola línea, recopilaciones enteras.

Este ejemplo nos recuerda una asamblea durante cuyo transcurso se narra una anécdota. Entre los hombres reunidos hay uno que conoce toda la historia, habiendo jugado un rol en ella. A través de una alusión, él comprende todo. Se torna pálido, enrojece, cambia de postura. Los demás no comprenden lo que escuchan, ya que no estaban al corriente. Pero aquél que lo está, a par­tir de poco, comprende mucho.

Retornando a nuestra historia: Si alguien va a comprar azúcar, ella le es proporcionada de acuerdo a la cantidad de dinero que dispone. El "dinero" es, aquí, la voluntad espiritual y la fe, y las palabras descienden en función de la voluntad espiritual y de la fe  que se poseen.

Cuando alguien acude en busca de azúcar, (el provee­dor) observa el tamaño de la bolsa y, según su tamaño, pesa una o más medidas. Sin embargo, cuando el que acu­de lo hace con camellos y muchas bolsas, debe llamar a un gran número de personas para pesar (y cargar). Del mismo modo, existen algunos hombres para los cuales unas pocas gotas de agua son suficientes -y les resultaría perjudicial recibir más- y otros, a quienes ni el océano sa­tisface. Esto ocurre, no solamente con la ciencia y la sabi­duría del mundo espiritual, sino con todas las cosas. Las riquezas, el oro, las minas, todo es ilimitado e infinito, pe­ro está repartido de acuerdo a las posibilidades de las per­sonas, las cuales tienen un límite. Si ellas recibieran más de lo debido no podrían soportarlo y se volverían locas. Por tal causa, Majnun, Farhad[5] (5) y otros, movidos por su amor a una mujer, y siendo su pasión superior a sus fuer­zas, fueron a morar en montañas y desiertos.

"Nada existe cuyo tesoro esté fuera de Mí"[6] . Las reservas de Dios rebosan todo lo bueno y todo lo malo. Pero, de acuerdo a la capacidad de cada uno, es que Dios lo reparte.

Mawlana afirmó: "Seguramente esta persona tiene fe, pero si ignora qué es la fe -como un niño que cree en el pan sin saber en qué cree- es como el árbol que se torna amarillo y seco por falta de agua, pero no sabe qué es la sed".

El ser humano es tomó un estandarte. Se hace flamear al aire una bandera y, a continuación, sólo Dios sabe có­mo, llegan al pie de ese estandarte los ejércitos de la sabi­duría, del entendimiento, de la cólera, de la violencia, de la paciencia, de la generosidad, del temor, de la esperan­za, de las experiencias infinitas y de los atributos sin li­mites. Si alguien mira de lejos, ve únicamente el estandar­te. Pero aquél que mira de cerca aprecia las joyas y las su­tilezas que existen allí".

Un discípulo visitó al Maestro y éste le preguntó: "¿Dónde estuviste? Teníamos un ardiente deseo de ver­te, ¿por qué permaneciste lejos de nosotros?" El discípu­lo respondió: "Fue el azar". El Maestro dijo: "Sin embar­go, nosotros oramos, también, para que ese azar cambie y se anule. El azar que produce la separación es un azar que no debe existir. Aun cuando provenga de Dios, es en relación a Dios que está bien[7] , ya que todas las cosas„ en relación a Dios son buenas y perfectas, mientras que en relación a nosotros no es así. La fornicación y la pure­za, la falta de oración y su práctica, la incredulidad y el Islam, el politeísmo (shirk) y la fe en el Dios único (tawhid), todo en relación a Dios está bien. Sin embargo, en relación a nosotros, la fornicación y el robo, la incre­dulidad y el politeísmo son cosas malas, en tanto que el tawhid, la plegaria, las acciones correctas, son buenas. Por lo tanto, todo está bien sólo en relación con Dios. Por ejemplo, en un reino hay jardines, prisiones, patíbulos, ri­quezas, propiedades, fastuosidad, fiestas, alegría, tambori­les, banderas; en relación al rey, todo eso está bien, ya que es bueno para la perfección de su reino. Tanto el pa­tíbulo como la ejecución y la prisión, son necesarios para esa perfección. De este modo, en relación a él, todo es perfecto. Pero, para sus súbditos, regalo y patíbulo no son de la misma naturaleza.

 

 

 

 

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[1] Majd ud-Din Atabeg, yerno de Pervana.

[2] Un asno

[3] Corán, XV, 21.

[4] Sura: textos o versículos del Corán.

[5] Majnun, el Romeo de la leyenda árabe y persa, se volvió loco por el amor de Layla, vivía en el desierto con las bestias salvajes. Farhad, ena­morado de Shirin, princesa armenia, esposa de Khosraw II, cavaba la montaña para contemplarla.

[6] Corán, XV, 21.

[7] Mawlana dijo: "Yo juro por Dios, todo viene de EI; pero es en relación a Dios que está bien, y no en relación a nosotros. Cuando los derviches dicen que todo está bien, es en relación a Dios que todo está bien y es perfecto, pero no es así con relación a nosotros". Verso: "En relación con el Creador, la impiedad es sabiduría. Pero, en relación a nosotros, la impiedad es una plaga".

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