La Palabra.com (2003-10-20).
Si Usted camina por la acera oriente de Avenida Universidad, en la Ciudad de M�xico, y llega a la esquina que forma esta avenida con la calle de Francisco Sosa, en el barrio Santa Catarina en Coyoac�n, se encontrar� con la Capilla de San Antonio Panzacola, una peque�a construcci�n novohispana que data del siglo XVII, levantada a un costado del antiguo Camino Real. Frente a ella, en el inicio de la calle, se encuentra un puente de piedra del mismo nombre; precioso puente que data de la �poca virreinal.
Con un poco de imaginaci�n se podr� ubicar en esa �poca y disfrutar del paisaje colonial que inspira. Incluso, puede sentarse en el bordo del puente y platicar con su acompa�ante, observando los �rboles que saturan de verde el paisaje casi natural y escuchando el sonido del agua que fluye por debajo del puente; el agua que produce el sonido pertenece al caudal que transporta el r�o Magdalena.
Desafortunadamente, es muy posible que su estancia imaginaria en la �poca virreinal y admiraci�n del paisaje, se vea interrumpida por la percepci�n, con su sentido del olfato, de aromas f�tidos, procedentes precisamente del l�quido que fluye por el cauce del r�o Magdalena. Las aguas claras del r�o han sido contaminadas por aguas residuales que son descargadas aguas arriba de cauce.
Algunos metros atr�s, las aguas transportadas surgen de un ducto que las acerca a la Delegaci�n Coyoac�n, desde la Magdalena Contreras. Detr�s de la Capilla, se observa el cauce del r�o que se conduce hac�a los Viveros de Coyoac�n. En las m�rgenes del r�o se levantan nost�lgicos, algunos ahuehuetes.
Hace algunos d�as, tambi�n detr�s de la Capilla se localizaba una manta con una invitaci�n a la ciudadan�a: �SALVEMOS EL R�O MAGDALENA�. Esta manta colocada por los vecinos de las �reas aleda�as, tratando de participar e influir, en el rescate de esa �rea natural, antes de que, por una decisi�n de las autoridades, se decida entubarlo tal y como se ha hecho con los m�ltiples r�os y arroyos que otrora, cruzaban la ciudad de M�xico.
Se lee que �el R�o Magdalena dio vida a los poblados aleda�os a su cauce. En el siglo XVI el Oidor de la Real Audiencia de M�xico, Don Antonio Canseco, por orden del Virrey, hizo el repartimiento de las aguas del r�o Magdalena. Se destinaba en primer lugar al pueblo de Totolapan Mipulco (San Nicol�s), en donde viv�an 31 indios y exist�a una hacienda, la que pod�a hacer uso del agua s�lo despu�s de que los indios aprovecharan la que tuvieran necesidad, usando para la hacienda, s�lo el remanente en la actual delegaci�n Magdalena Contreras�.
El afluente del r�o Magdalena proviene de la Sierra de las Cruces, aliment�ndolo con aguas cristalinas de diversos manantiales durante todo el a�o; al pasar por el poblado de San Nicol�s Totolapan recibe el caudal del antiguo R�o Eslava, consistente en el agua residual captada de los m�ltiples fraccionamientos construidos en el Ajusco. Aguas abajo, recibe las aguas de desecho de varias colonias como la de Fuentes del Pedregal y Santa Teresa. Posteriormente, atraviesa el Perif�rico y desciende al lado del Pedregal de San �ngel para entrar a la Presa Anzaldo, atr�s del conjunto comercial de San Jer�nimo. Recibe las aguas negras de otras zonas del sur poniente de la ciudad. En algunos tramos ha sido entubado y su superficie convertida en calles y avenidas; incluso la que recibe su nombre �R�o Magdalena�.
Precisamente al salir de este entubamiento, es como penetra en la Delegaci�n Coyoac�n por el sureste, cerca de los Viveros. Se le une el r�o Mixcoac, para formar conjuntamente el r�o Churubusco, que sirve como l�mite natural con la Delegaci�n Benito Ju�rez, al norte. Ambos, el r�o Mixcoac y el r�o Churubusco se encuentran totalmente entubados.
De acuerdo a la Comisi�n Nacional del Agua, este r�o es uno de los cuerpos de agua m�s importantes de la Ciudad y es empleado como fuente de abastecimiento de agua potable. Su volumen de agua permanente es aproximadamente de 1 m3/s; su escurrimiento m�ximo estimado es de 20.1 m3/s y la longitud de su cauce principal es de 19.7 km. Se estima que s�lo una quinta parte del volumen de agua es aprovechada, mediante una planta potabilizadora con capacidad de 200 l/s, ubicada cerca del Primer Dinamo en la Delegaci�n Magdalena Contreras. En promedio 800 l/s no son aprovechados en la planta. El r�o se encuentra catalogado como del tipo B, seg�n la Ley Federal de Derechos, pero s�lo en esta delegaci�n.
En un reporte de las �Visitas de Inspecci�n, en Atenci�n a Emergencias Ecol�gicas por el Vertido de Contaminantes al Sistema de Drenaje y Alcantarillado� el Gobierno del Distrito Federal indic� que entre 1998 y 2000, el R�o Magdalena se encontraba contaminado por aguas de tipo domestico, ya que de los resultados obtenidos, se concluye que sus aguas no rebasan los l�mites m�ximos permisibles establecidos en las normas oficiales mexicanas NOM-001-ECOL-1996 y NOM-002-ECOL-1996, por lo que: la presencia de materia org�nica detectada como demanda qu�mica de ox�geno, la demanda bioqu�mica de ox�geno, y la concentraci�n de s�lidos disueltos y sedimentables, son propios de las aguas residuales de origen dom�stico. En ese informe se indica que la presencia de organismos pat�genos como bacterias, protozoarios y helmintos no determina que puedan presentarse epidemias en la poblaci�n, pero si que se debe tener conocimiento de que en ciertas condiciones pueden desencadenar enfermedades. Por otra parte, se recomienda que el rescate de este cuerpo de agua, sea con el objeto de destinarse exclusivamente al uso recreativo, y ser� necesario cancelar las autorizaciones a los establecimientos que vierten sus aguas residuales a este cuerpo, cancelar las descargas de uso dom�stico al cauce del r�o Magdalena y reparar el colector marginal del pueblo de la Magdalena Contreras en virtud de que es la principal fuente de contaminantes al r�o.
Tal parece que en el informe s�lo consideran la fracci�n del r�o en la Magdalena Contreras, ya que en su secci�n que cruza el �rea de la delegaci�n Alvaro Obreg�n se encuentra entubado, ocultando la contaminaci�n que ha sufrido por las descargas de aguas residuales, aflorando precisamente en su ingreso abierto en la delegaci�n Coyoac�n, en donde sus caracter�sticas muestran un r�o que transporta aguas residuales afectando notoriamente el paisaje en esa zona netamente tur�stica.
Pero no s�lo son los l�quidos residuales las que han deteriorado las aguas, se le suman cantidades visibles de basura que han sido arrastradas por la descarga de la presa Anzaldo. �De donde provienen los residuos s�lidos?, obviamente de los habitantes que viven en las m�rgenes del r�o y que al no contar con un servicio eficiente de recolecci�n de basura, prefieren arrojarla, que almacenarla en sus patios y jardines; es obvio.
Pareciera il�gico proponer que se �salvara el rio Magdalena� en su tramo descubierto en la delegaci�n Coyoac�n que no es mayor a dos kil�metros, despu�s de que cientos de kil�metros de r�os han sido entubados y conformado algunas v�as r�pidas de la ciudad; sin embargo, la propuesta no resulta il�gica cuando en las experiencias de otros pa�ses han demostrado que es posible la recuperaci�n de sus r�os y que en la actualidad se han transformado en paseos tur�sticos muy apreciados por los visitantes nacionales y extranjeros.
La propuesta emitida por los vecinos de las �reas aleda�as al r�o toma gran importancia, al considerar que ese tramo es una muestra del paisaje que otrora imperaba en la ciudad de M�xico y que le imprim�a caracter�sticas �nicas en el mundo.
Las labores t�cnicas para la recuperaci�n no son sencillas, pero se podr�a dar inicio con la modificaci�n de la Ley Federal de Derechos, en su art�culo 278-A, la cual cita al r�o Magdalena como tipo B, �nicamente en su tramo dentro de la delegaci�n Magdalena Contreras. Los r�os tipo B son para la Ley de Derechos y la norma oficial mexicana NOM-001-ECOL-1996, aquellos cuyas aguas pueden ser empleadas para uso p�blico urbano, es decir, que pueden ser usadas en centros de poblaci�n o asentamientos humanos, destinadas para el uso y consumo humano, previa potabilizaci�n. Es obvio que en la actualidad no podr�a emplearse para estos fines, sin que exista un sistema de tratamiento previo; adem�s, que el objeto de la conservaci�n del r�o no ser�a para el consumo humano, sino para darle un uso de mejoramiento del paisaje a la zona. Es simple, la ley se modificar�a, para que considerara a la totalidad del r�o Magdalena como del tipo B y no s�lo en su tramo inicial.
En tal caso, existir�a la obligaci�n de tratar sus aguas, de tal manera que sus niveles de contaminaci�n no sobrepasaran los l�mites m�ximos permisibles anotados en la NOM-001-ECOL-1996, que indica la total ausencia de materia flotante; 15 miligramos por litro de grasas y aceites; 75 miligramos por litro de demanda bioqu�mica de ox�geno y s�lidos suspendidos totales, por mencionar los par�metros m�s importantes.
Las labores de planeaci�n, dise�o y construcci�n de un sistema de tratamiento, estar�a en manos de los especialistas del gobierno. Las labores son dif�ciles y complejas, pero no imposibles.