Una joven estrella
El 1° de julio de 1961 en el
condado de Norfolk, en el interior de Inglaterra, nació una saludable niña de 3 kilos
400 gramos. Sus padres, Edward Jhon Spencer y Frances Ruth Burke Roche, decidieron que se
llamaría Diana Frances y que sería bautizada en la iglesia de Sandringham.
El vizconde y la vizcondesa de Althorp no pudieron ocultar cierta decepción al ver que era mujer. Pero 3 años después sus deseos serían satisfechos. Había nacido Charles, el primer varón, después de las tres hermanas: Sarah, Jane y Diana. Fue bautizado en la abadía de Wetminster, con toda la pompa y circunstancia, y con la Reina Isabel II como madrina.
En 1969 Frances decidió abandonar el hogar y separarse de su esposo para casarse con Peter Shand Kydd. Luego Diana diría: "Mis padres estaban totalmente ocupados en separarse. Recuerdo a mamá llorando y papá que nunca nos hablaba acerca de lo que sucedía. Todo era muy triste".
Pero no todo era tristeza en la vida de la pequeña Diana. Se refugiaba largas horas en una habitación de colores claros con vista panorámica sobre los bosques, le gustaba bailar, pasarse horas delante del espejo practicando ejercicios de ballet, jugaba con su gatita Marmalade y coleccionaba bichos como hamsters, chanchitos de india, etc.
Ninguna niñera pudo conquistar su corazón. Con el temor a que alguna ocupara el lugar de su madre, la muchacha se encargó de hacerle la vida imposible a cada empleada que llegaba a trabajar con los Spencer tirando sus ropas por las ventanas y en momentos de desesperación llegaba a encerrarlas en el baño.