PREJANO, La Rioja, España              Actualizado 31/8/06

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Ruta por las tres iglesias románicas navarras con pórtico lateral.

 

GAZOLAZ: Parroquia de la Purificación de la Virgen

LARUMBE: Parroquia de San Vicente

EUSA: Parroquia de San Esteban

 

Breve reseña histórica del reino de Navarra.

Al alejarnos de la cuenca del Duero, donde todo parece confirmar una primacía en la creación de iglesias precedidas de galería corrida en su frente meridional, y encontrarnos con tres parroquias de estas características emplazadas a corta distancia de Pamplona, nos ha parecido obligado analizar la historia de este reino en el período comprendido entre los !siglos XI y XIII, etapa en que se supone fueron levantadas las tres iglesias porticadas que persisten y que sospechamos responden a un destino similar al de las castellanas.

El apogeo del arte románico en Navarra coincide con el reinado de Sancho Garcés III “El Mayor” (1004-1035). En aquel período se habían despejado los terrores del año Mil y con la muerte del caudillo cordobés Almanzor en 1002, terminó también el terrible peligro que había asolado a la España cristiana.

Sancho el Mayor, monarca desde muy joven, logra, gracias a su actuación militar y política, que el reino de Navarra se convierta en el centro rector de los estados cristianos, incorporando o mediante vasallaje, las plazas de León y Barcelona. Logró además la sumisión del conde de Gascuña, que gobernaba la vertiente Norte de los Pirineos.

Durante su reinado se construyó, al parecer, el magnífico puente románico de Puente la Reina, patrocinado por su mujer Doña Mayor.

El monasterio de Leire que ya se citaba en el siglo XI, destruido más tarde en una de las campañas de Almanzor, se rehizo en 1022 merced a las donaciones de Sancho el Mayor. Al morir éste quedaron paralizadas las obras, que se reanudaron en 1098, reinando Sancho Ramírez.

Por desgracia, al morir Sancho el Mayor en 1035, toda su gran labor quedó disgregada al no ser capaz su hijo García Sánchez de dirigir la herencia recibida, quedando ésta limitada a la propia Navarra, La Rioja y el actual País Vasco. Este monarca murió luchando en la batalla de Atapuerca (1054) al intentar defender sus posesiones en Castilla. Durante su reinado se iniciaron las obras de Santa María de Nájera. Su hijo, Sancho el de Peñalén, le sucedió sin recuperar tampoco los dominios conseguidos por su abuelo y murió de forma violenta en 1076. Durante su reinado se consagró la iglesia de Santa María de Nájera y la cabecera de Leire. A partir de esa última fecha se suceden tiempos inciertos para Navarra, que durante 58 años quedó vinculada a Aragón, perdiendo los territorios de La Rioja.

Por aquel entonces surgió en Aragón Alfonso I el Batallador (1104-1134), rey capaz, que a pesar de las intrigas de su esposa, la reina Urraca de Castilla, logró completar la unidad territorial de la actual Navarra con la conquista de Tudela en 1119. Este monarca otorgó en 1117 un fuero a Tudela para impulsar su repoblación con francos y nativos, fuero copiado del redactado para Sobrarbe, que también sirvió de modelo al Fuero General de Navarra. En 1122 concedió, asimismo, un fuero idéntico al de Estella a los pobladores de Puente la Reina. Estos fueros, sin embargo, presentaban un acusado carácter feudal, siendo mucho más intransigentes que los castellanos. No obstante, se dieron también en Navarra los privilegios de behetrías otorgados a los nuevos pobladores en las tierras arrebatadas a los moros. Alfonso I el Batallador mandó construir la iglesia de San Millán de Segovia, a imagen y semejanza de la catedral de Jaca.

En 1132 Alfonso I donó a la Orden de San Juan de Jerusalén la iglesia de Santa María la Real en Sangüesa, que estuvo situada en el interior del palacio que se había hecho construir.

Al morir Alfonso 1 en 1134, el reino de Navarra recobró su independencia con García Ramírez al frente, pero su expansión hacia el Sur quedó frenada por las nuevas posesiones de Castilla y Aragón.

Sancho el Sabio, que le sucedió en 1150, consiguió un equilibrio político con sus dos contrincantes de Castilla y Aragón. Durante su reinado se construyó el edificio que persiste del monasterio de La Oliva, comenzado hacia 1164.

Su hijo Sancho el Fuerte (1194-1234) se convirtió en héroe de la cruzada contra el moro, al intervenir en la famosa batalla de Las Navas de Tolosa. Durante su etapa se mandó construir la colegiata de Tudela, que fue consagrada en 1204. Por aquellos años, el estilo románico iba a ser rebasado al iniciarse en 1209 la construcción de la iglesia para peregrinos en Roncesvalles, de clara tendencia gótica, consagrada en 1219. Posiblemente, la iglesia de Larumbe fue edificada en ese mismo período. La citada iglesia es la única porticada de estilo gótico existente en nuestro país que más adelante describimos con mayor detalle.

 

Parroquias porticadas navarras. Gazolaz.

Recorriendo la carretera de Estella a Pamplona, cruzamos el pueblo de Legarda, donde se hacen patentes los caracteres vascos de sus viviendas. El pueblo, muy pintoresco, está emplazado sobre la ladera de un cerro, componiendo un apretado recinto urbano. Pronto alcanzaremos la cumbre del Puerto del Perdón, rodeado de jóvenes pinares repoblados. Al descender, penetramos en lo que se ha dado en llamar La Cuenca de Pamplona, por donde discurren los ríos Arga y Ulzama, que nacen en los Pirineos. Astraín es el primer pueblo de este amplio valle, situado sobre un cerro, con espléndidas casas solariegas de grandes sillares y pórticos bajo arcos de medio punto volteados con grandes dovelas. En este lugar abandonamos el camino de Pamplona, para seguir una comarcal a nuestra izquierda, en dirección a Mura-Astraín y Paternain, ambos pueblos típicos navarros. En el último, giramos a la derecha hasta alcanzar GAZOLAZ, donde se encuentra nuestra primera iglesia porticada navarra. Tanto Madrazo como Bertaux la consideran por el estilo de sus capiteles, obra de finales del XI. Sin embargo, Lojendio le atribuye una época más tardía al situarla en pleno siglo XIII. A mediados de ese siglo, don Pedro ]iménez de Gazólaz fue obispo de Pamplona. Se supone a dicho obispo, hijo de Gimeno de Gazólaz, nombrado caballero en 1123, lo que induce a pensar que esta importante familia,.fue la que mandó levantar una parroquia en el lugar de su señorío.

El pueblo de Gazólaz es reducido, con viviendas bien construidas en piedra que ostentan sobre sus pórticos salientes escudos.

Al penetrar en el pueblo desde el Sur, la carretera bordea el frente Norte de la parroquia. Sobre el hastial se levanta un enorme cuerpo rectangular que hace la función de torre y espadaña. Otro volumen se adosa al muro Norte de la nave, cubriendo su perfil y gran parte de la cabecera circular. Lo más sorprendente de esta iglesia queda oculto a nuestra vista por ir adosado al paramento Sur, que se abre a una gran plaza ajardinada. Su diseño es tan original y distinto al que habíamos admirado hasta ese momento por tierras de Castilla, que precisamos reposar nuestro ánimo para tratar de interpretar esta nueva modalidad de galería porticada. van señalados por potentes machones que contrarrestan el empuje de la bóveda nervada interior. Retranqueados sobre el grueso espesor del muro, se abren arcos de menor envergadura que gravitan sobre capiteles, fustes dobles y un podio corrido. Todo el conjunto está bien proporcionado y una vez que nos acomodamos a su fórmula arquitectónica, logra inspirar una extraña emoción estética, que se refuerza ante la visión de la elegante portada lateral, resuelta de forma tradicional para salvar el espesor del muro con dos arquivoltas que arrancan de una imposta corrida, rematando cuatro capiteles tallados con temas vegetales y figuras muy sencillas, siguiendo las consignas del estilo cisterciense.

La portada meridional de acceso a la galería se abre en el tercer arco, empezando desde la cabecera. Arco que alberga en su interior otros tres, con el central de mayores luces, para cubrir el acceso. Los dos laterales, de menor desarrollo, se voltean sobre ábacos lisos y machones prismáticos centrales, junto a pares de fustes coronados por capiteles en los extremos.

Nos espera al traspasar esta portada de la galería otra nueva sorpresa, consistente en una espléndida bóveda de crucería apuntada, compuesta de cuatro tramos separados por sólidos arcos fajones, también apuntados, que descansan sobre capiteles corridos profusamente tallados y seguidos por haces de columnas.

Toda la escultura de la galería tiene un especial sabor castellano. Unas torres esculpidas con cabezas humanas que asoman entre las almenas recuerdan otra talla similar descrita en nuestro itinerario 1, al visitar la galería de San Miguel. Un toro alargado y con extrañas alas laterales va tallado sobre un capitel también corrido, acompañado por tres extrañas figuras labradas en el capitel contiguo. A éste le sigue otro que corona cuatro fustes del parteluz, en una de cuyas caras se representan las torres moriscas antes citadas y una escena de un caballero acompañado por personajes, que bien pudiera representar la entrada de Jesús en Jerusalén. Le siguen otras figuras femeninas vestidas con típicas túnicas orientales. El haz de capiteles contiguos se decora con pájaros y monstruos que recuerdan los tallados en el claustro de Silos. Contrasta esa profusa decoración con la aplicada a los capiteles muy estilizados y lisos situados también en el interior de la galería y que responde al más depurado modelo cisterciense.

Coincidiendo con la entrada meridional, y en su mismo eje, se abre hacia la nave una espléndida puerta bajo triple arco volteado sobre cimacios y capiteles profusamente labrados a base de temas vegetales, espirales y entrelazas. Dos ménsulas talladas llevan reproducido un león devorando a un individuo y la cabeza de un toro en la opuesta; sustentan éstas un tímpano liso con crismón tallado y sobresaliente en su centro.

Al traspasar esta puerta nos espera una nave única cubierta por bóveda de medio cañón reforzada con dos macizos arcos fajones, que arrancan de unas ménsulas salientes tratadas a modo de roleos cordobeses.

 

El contraste de esa sencilla bóveda románica primitiva con los cuatro tramos nervados de la galería nos inclina a sugerir dos etapas constructivas en esa parroquia, una del siglo XI, que incluye el cuerpo de la iglesia, y otra de finales del XII o inicios del XIII para la galería exterior.

Tanto la nave como la galería se cubren con lajas pizarrosas que dan un acusado carácter nórdico a ese monumento.

 

Parroquias porticadas navarras. Larumbe.

Desde Gazólaz nos dirigimos hacia Cizur-Mayor, pueblo muy rico y lleno de vida. A poca distancia se empalma con la carretera de Estella a Pamplona, cuyos arrabales se inician en seguida. Para evitar penetrar en esta última población, se sigue una avenida de circunvalación que se dirige hacia Irurzun y San Sebastián.

El camino discurre por el valle del río Araquil, cuyo paisaje se hace cada vez más frondoso. Paulatinamente, el valle se va estrechando entre dos alineaciones de montaña con mediana altura. Las laderas de la cadena meridional son mas jugosas por cubrirse de bosques en los que alternan pinos, robles y hayas. La vertiente opuesta dispone de pinares espaciados entre terrenos de labor. Los pueblos situados sobre las laderas orientadas al Sur son muy pintorescos y conservan su carácter vasco a base de edificios construidos con buena piedra.

Recorridos unos 7 kilómetros y en una colina a nuestra derecha, se alza la iglesia románica de Berrioplano, que por desgracia ha sido muy reconstruida, en época posterior. Más adelante, dejamos a un lado el pueblo de Erice de Iza y recorridos otros 4 kilómetros, arranca a la derecha un camino vecinal que se orienta hacia el pueblo de LARUMBE, situado en un alto y dominando el valle de Gulina. La parroquia de San Vicente destaca entre los dos barrios que componen el pueblo, con antiguas viviendas señoriales, señaladas por amplios escudos tallados en piedra.

Nos hallamos ante una iglesia románica de nave única y cabecera semicircular reforzada con potentes contrafuertes. Sobre el hastial se eleva un cuerpo rectangular que recuerda el de Gazólaz, con dos vanos para alojar campanas. Lo más sorprendente de esta parroquia es su galería porticada gótica, abierta sobre el costado Sur de la nave y construida, sin duda, en época mucho más tardía que el cuerpo de la iglesia.

Recuerda, por su traza gótico-románica, a la iglesia del Barrio o Burgo de San Saturnino (San Cernin) en Pamplona, levantada a finales del siglo XIII. Dicho burgo fue creado por francos emigrados a Navarra para comerciar y abastecer a los peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela.

La gracia esbelta y apuntada de los cuatro vanos, partidos en su interior por otros dos arcos también ojivales que gravitan sobre columnas centrales y podio corrido, completados, además, por rosetón calado central de cuatro lóbulos, provoca un mayor contraste entre la espiritualidad gótica incipiente y el macizo y tosco cuerpo de la nave con su torre que destaca dominando la galería.

Los cuatro vanos quedan separados por potentes machones salientes y lisos, de tosca factura, construidos para contrarrestar el empuje de la bóveda ojival interior. Solución poco afortunada que se hace más patente al contrastar con la grácil figura de los ventanales góticos.

Es lástima que el primer vano, empezando por la cabecera de la iglesia, fuera rasgado para utilizar lo como segundo acceso, eliminando el podio y mainiel central.

La cornisa descansa sobre canecillos tallados de curiosa factura. Tanto éstos como los capiteles de los cuatro vanos conservan en su labra rasgos típicos románicos. Su abundante decoración se extiende hacia el interior de la galería, como en Gazólaz, exhibiendo reproducciones de Cuadrúpedos que ocupan varios espacios. En los capiteles de los arcos extremos destacan unas tallas con escenas de la vida de Cristo, tales como la Adoración de los Reyes Magos, la Crucifixión y la representación del Santo Sepulcro, acompañadas por un ángel y San Pedro, portador de una llave de gran tamaño.

Al traspasar la elegante portada gótica, llama la atención la bóveda de crucería apuntada de menor envergadura que en Gazólaz, que Cubre la galería. Las nerviaciones descansan sobre el muro de la nave en unas ménsulas voladas talladas con mascarones burlescos. Los capiteles de los vanos y remates de las nerviaciones son muy interesantes, con una representación de la Santa Cena profusamente acompañada de personajes en pie. La portada de entrada a la nave, mucho más sencilla que la de Gazólaz, se desarrolla por tres arquivoltas baquetonadas, ligeramente apuntadas, que descansan sobre capiteles de talla muy sencilla influenciada por el Císter. Al exterior, la cabecera con su ábside en tambor, se abre en el centro por elegante ventanal gótico, contrastando su ligereza con el resto de los austeros paramentos románicos.

Es indudable que influencias francesas, dada la íntima relación que tuvo Navarra con ese país en la Edad Media, provocaron esa conjunción de estilos, creando un prototipo de galería porticada gótica, única en nuestro país.

 

Parroquias porticadas navarras. Eusa.

Nos queda por visitar la galería románica, adosada a la parroquia de San Esteban, en el pueblecito de Eusa, que por su estilo la consideramos obra de finales del XII.

Desde Pamplona nos dirigimos en dirección a Elizondo y al Puerto de Velate próximo a la frontera. Se alcanza pronto el pueblo de Oricain, a cuya salida giramos a la izquierda para seguir una comarcal en dirección a Berriosuso, según puede leerse en un indicador. Recorrido un corto trecho, se cruza el río Ulzama y en seguida a la derecha surge el pequeño caserío de EUSA, dominado por la parroquia, emplazada en la Cumbre de una frondosa colina. El paisaje que nos acompaña por el amplio valle de Ezcugarte, se rodea de montes de suave perfil, Cubiertos de árboles dispersos y algún que otro bosque de hayas entremezclados con diminutos pueblos distribuidos por sus laderas. Eusa se compone también de dos barrios. El camino a seguir se dirige hacia el barrio de la derecha. Frente a una típica casona vasca de dos alturas y sobrado protegido por hermosa balconada de madera, tenemos que dejar el vehículo para seguir a pie por una estrecha senda que asciende tras la mencionada vivienda hasta llegar a la parroquia.

San Esteban se compone de nave única, torre rectangular centrada sobre la cara Norte de la nave y ábside cuadrado. Destaca en el frente Sur la galería románica con siete vanos incluido el de acceso, de mayor desarrollo, que recuerda a otras castellanas ya descritas. Es lástima que la perfecta alineación de los seis arcos de medio punto, cabalgando sobre capiteles de talla cisterciense y sencillos gruesos fustes, quede interrumpida por un machón que no tiene justificación, al estar la galería-Cubierta con vigas de madera. La portada meridional sobre cuerpo saliente, se abre bajo tres arquivoltas ligeramente apunta- das con corte en arista y trasdosada la primera, por imposta de tacos que enlaza con el remate de los arcos y pilares de sustentación.

Toda la cornisa del tejado que cubre la galería, protegida por clásica teja árabe, ha sido recrecida dejando aislados y sin función los sencillos modillones que persisten sustentando una imposta a bisel. En el tramo que cubre la saliente portada se pueden admirar tres curiosos canecillos tallados con carátulas y dos personajes estrechamente abrazados.

Sobre el frente a saliente de la galería se abre otro acceso más perfilado y de mejor factura. Este se trasdosa por arquivolta de billetes que gravita sobre impostas con cabezas de diamante finamente talladas. El tímpano que completa la entrada se decora con un crismón central, tallado con maestría en relieve e inscrito en un círculo perfecto. Dicho tímpano descansa sobre ménsulas rematadas con roleos curvos dispuestos escalonadamente, que recuerdan los cordobeses.

Vistos los capiteles de la arquería (foto 112), se aprecia su voluminosa disposición con talla muy elemental, a base de incisiones curvas, ángulos rematados por volutas y cruces de Malta interpuestas. En uno de ellos se representan cabezas humanas que sustituyen a las volutas; en otros unas bolas resuelven esa solución ornamental.

La galería protege una amplia portada románica de acceso a la nave, bajo tres arquivoltas baquetonadas con algunas molduras intercaladas, que gravitan sobre salientes impostas, seguidas de capiteles y fustes. Los elementos decorativos esculpidos en los capiteles recuerdan a los de la galería por su sobriedad, aunque aquí las volutas se rematan en bolas y corazones. Uno de los capiteles exhibe un mascarón y figuras humanas. Sobre la clave de la arquivolta central destaca un sencillo crismón inscrito en un círculo.

En el interior sorprende el tramo central de la nave, donde se dibuja un ensayo de crucero con dos edículos de distinta profundidad. Estos seudobrazos recuerdan a los existentes en el monasterio románico de Rodilla, cerca de Burgos.

 

 

Eusa (Acceso, general y detalle)

Larumbe

Gazolaz

 

 

 

 

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