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«Apuntes virtuales
sobre el mundo real»
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> Archivos > Septiembre 2002 domingo, septiembre 29 El drama en la ficción y en la realidad «Habla de sensaciones muy terrenales, de
seres humanos que jamás podrán estar de moda porque su condición social,
profesional y sentimental es la de parados, de lo que nuestro egoísmo o feroz
instinto de supervivencia quiere pensar que siempre le va a ocurrir al
prójimo pero nunca a nosotros, de los individuos comprensiblemente acojonados
porque su presente es muy negro pero el futuro es aún peor, de los que tiran
la toalla en su soledad, su miseria, su derrota, su desesperanza y su intemperie
lanzándose al vacío y de los que resisten a pesar de los pesares, aunque sólo
puedan escupir al cielo y maldecir...». (El Mundo,
24/09/2002) Esta semana, además, la dirección de Seat ha
anunciado que traslada parte de la producción de Martorell a una fábrica de
Bratislava. La excusa: que los sindicatos no consienten poner unos cuantos
días más de trabajo en los próximos meses para producir más coches. Bueno,
una excusa como otra cualquiera. La empresa pretende disminuir costes, que es
lo que le importa, y el daño colateral se mide en empleos destruidos: 500
directos y 4500 indirectos. La propia industria
auxiliar ve con temor la posibilidad de que la transnacional siga en
la misma línea: recortando producción aquí para aprovechar mejor el bajo
coste de la mano de obra en la Europa del Este. Volkswagen busca una mayor
'flexibilidad' con la deslocalización de su filial, es decir, quiere más
sumisión de los trabajadores y más autonomía para decidir en qué sitio
maximizará su beneficio. El resultado es el que después el cine se ve
obligado a reflejar para que no nos engañemos más con mundos idealizados de
números y curvas: prejubilaciones vergonzantes -que pagamos todos en alguna
medida a través del Estado-, despidos como única forma de ejecutar los
eufemísticos 'ajustes de plantilla'. Esto es, nuevos parados que sólo el
tiempo dirá si se convierten en 'parados de larga duración', trabajadores de
más de 50 años que no ven posibilidades ciertas de encontrar un nuevo
empleo... Más exclusión social. Ya no es sólo cuestión de acabar con la
pobreza de los niveles más bajos de renta, puesto que el problema está en una
grave falta de oportunidades de mucha gente ante un futuro tan precario. Esta
vez, además, otro factor sobrevuela el ambiente: las cuantiosísimas
subvenciones públicas recibidas por Seat, ¿acaso la sociedad no tiene ahora
derecho a exigir a la empresa algo a cambio? martes, septiembre 24 ¿Todos con Schröder o todos contra Schröder? No ha sido por tanto la inmigración, como en
Francia, la clave electoral. Sí la política exterior, que ha decantado el
voto de quienes dudaban cuál debería ser el papel de su país en el mundo. Y
está claro: los alemanes no quieren ser aduladores acríticos de la política
'made in USA'. Los americanos salvaron al continente del fantasma incubado en
el mismo corazón de Europa, pero los agradecimientos no van a ser eternos. No
pueden suponer la aceptación vergonzosa de que EEUU se construya un marco
internacional de legalidad a su medida sin que los gobiernos europeos digan
una sola palabra. La oposición al ataque a Irak ha aupado a Schröder de nuevo
al poder, en un aura de pacifismo por parte de los electores. Y si tenemos en
cuenta hacia dónde se decanta la opinión pública europea, casi se puede decir
que la cancillería alemana está obligada moralmente a ejercer un liderazgo
fiel a la esencia de una política común basada en los valores compartidos en
la UE. Una política que, como se está viendo venir
desde hace tiempo, tendrá que separarse irremediablemente de las posiciones
estadounidenses. La nueva
doctrina Bush, según el documento «La nueva estrategia de seguridad
nacional», pasa por institucionalizar el unilateralismo. Aceptarlo supone que
nos carguemos los principios fundacionales de la ONU y la legalidad que ha
amparado las relaciones entre los pueblos desde mediados del siglo XX. El
concepto de «defensa preventiva» no es más que dar libertad a EEUU para
actuar en cualquier punto del planeta. ¿Con qué objetivos? No se duda en
priorizar los intereses nacionales, aunque se reviste también de
«internacionalismo norteamericano» el supuesto papel de garante de los
derechos humanos. Habrán de convencernos de que poder atacar a otro país
'preventivamente' contribuye a la paz mundial. Desde Berlín se intenta romper
el seguidismo y, en vez de optar como hacen los maniqueos entre Bush o Sadam,
bien haríamos apoyando en ese pulso a Schröder. jueves, septiembre 19 Halcones y palomas Me refería unas semanas antes de la campaña
de Afganistán a la citada metáfora ornitológica y a que los tiempos que
corren sólo parecen favorables a los halcones. Los vientos bélicos siempre
atraen nubes de tormenta, y el clima termina militarizando los argumentos
hasta extremos como los que vamos a vivir. El otro día volví a ver «Mars
Attacks», del genial Tim Burton: alguna de sus escenas es suficiente para conocer
cómo se mueven los hilos en el Gobierno de EEUU. Ahora se va imponiendo la
doctrina del 'ataque preventivo', y con bendición o no del Consejo de
Seguridad habrá guerra con Irak en los primeros meses del año que viene. Con
esa voluntad de seguir demostrando su dominio mundial, es imposible dudar que
la hiperpotencia piensa llevar adelante sus planes. Y los 'aliados' decidirán
finalmente dar su apoyo o no en función del botín a repartir que les ofrece
Bush: el petróleo. miércoles, septiembre 11 11-S: Un año bajo el peligro Desgraciadamente, insistentes tambores de
guerra vienen sonando desde el año pasado. Justo cuando el mundo árabe, entre
la presión del extremismo y el instinto de supervivencia de los moderados, se
encuentra en condiciones menos propicias para nada parecido a un 'choque de
civilizaciones', en Occidente continúa imponiéndose una ola de prevención
frente al mal que viene de Oriente. El antiamericanismo de los musulmanes se
verá alimentado por la próxima escala bélica, Irak. Sadam Hussein es otra vez
el malo de la película. Parece que el guión está muy claro para algunos desde
hace tiempo. Lo incierto es el final: no sabemos si será feliz y aplaudiremos
como buenos espectadores cuando el líder del 'mundo libre' obtenga la
victoria. Tampoco sabemos si esa victoria no nos traerá quizá a continuación
varias derrotas en cascada. Tres palabras me parecen claves para comprender
las sensaciones sobre las que nos movemos desde el 11-S de 2001. Vulnerabilidad. Estamos en riesgo
permanente, y nos damos cuenta de golpe. Eso en EEUU era nuevo, puesto que la
tranquilidad social había imperado en su territorio durante mucho tiempo. Ni
siquiera algún atentado previo había perturbado la imagen de invulnerabilidad
que trasmitía la hiperpotencia hasta el 11-S. Pero con unos pocos puntos
concretos, muy simbólicos, sumidos en el horror, todo un país puede temer lo
peor en su territorio. Esa inquietud busca respuestas, y el Estado moderno la
encuentra en sus posibilidades de coacción. De un lado, la demanda de
seguridad se puede satisfacer con un recorte de libertades. La justicia hay
que imponerla sin mostrar signo alguno de fragilidad. Y de otro, la
vulnerabilidad de la nación se contrarresta con la tentación del
aislacionismo. El mundo ahí fuera es peligroso, y sólo protegiendo con
extremado celo nuestro frágil equilibrio podremos sobrevivir. Incertidumbre. El futuro es
incierto, cómo no. El azar puede cambiar en un momento el rumbo de nuestras
vidas. De qué seguridad se puede sentir uno orgulloso cuando pocas personas
pueden atentar contra la vida de miles de nuestros compatriotas. Pero no es
sólo azar: hay que atajar el mal en sí mismo. Únicamente con la sensación de
que quienes son capaces de perpetrar acciones tan horrendas van a ser
perseguidos con todo el peso de la ley, podemos dormir tranquilos. La ley y
la justicia de un Estado democrático aplacan la incertidumbre. El control de
los factores que nos desestabilizan parece imprescindible. Muchas veces se va
con un rumbo tambaleante, pero hay que mantener la firmeza. Una fiscalización
de la vida de los ciudadanos, un control al que siempre es complicado ponerle
límites, es útil para combatir lo impredecible. El terrorismo como excusa, la
seguridad nacional como objetivo, terminan suponiendo una vida menos libre. Confianza. Tener fe en la
gente, siempre se ha dicho que es bueno. Al mismo tiempo, un confiado es por
definición un tonto. Un acto de barbarie produce la ruptura de la confianza,
que es uno de los ingredientes de la civilización a la que aspira el hombre.
Se desconfía de lo extraño: concretamente de lo que se ignora. Más adelante
se pasa a generalizar la falta de ese fluido sobre el que se construye la
convivencia. Un árabe puede ser peligroso. Hay que temer lo que digan en el
extranjero. Sólo con mirarse demasiado el ombligo, recurriendo a la ración
preceptiva de patriotismo, ya se está consagrando el reino de la
desconfianza. A su vez ese puede ser el principio de una esperanza. Uno
empieza a confiar de nuevo en sí mismo, la nación se recupera del orgullo
herido y se empiezan a cruzar lazos de solidaridad con los otros. Pero hay
que dar razones para que los demás se fíen de ti. La interrelación de todos
con todos puede dar máximos frutos positivos si el clima es de confianza. El mundo siempre tendrá ante sí un futuro
lleno de incertidumbres. Pero hay que saber centrar nuestros esfuerzos para
que lo llevemos por una senda mínimamente aceptable. Con pedir que sea de paz
y justicia, ya estamos colmando en dos palabras todos los buenos deseos. La
confianza, la seguridad en las capacidades que tenemos para manejar el azar
conforme nuestros deseos, y la libertad como valor, no frágil sino
tremendamente poderoso en sí mismo, que debemos defender, son los elementos
indispensables que necesitamos para seguir adelante. Sobreponiéndonos, tanto
a tragedias de la magnitud de la que hoy recordamos, como a tentaciones
autoritarias que sacrifiquen en el altar de la seguridad, el temor ante el
futuro y la sospecha permanente hacia lo desconocido, patrimonios tan
preciados como la libertad y la convivencia pacífica. Porque, en ocasiones,
da la sensación de que no los valoramos tanto como decimos. jueves, septiembre 5 El camino Y en el fondo, para qué volver, como decía
Cernuda. Aprovechando la excusa del centenario de su nacimiento, traigo a
este blog unos versos, en parte para recordar a una de las figuras más
admiradas de aquella generación. Vivieron años de guerra, de exilio, y
aquello trunca cualquier proyecto. Pero Luis Cernuda nos dice
que él es un peregrino, pues nada debe hurtarnos la posibilidad de seguir esa
travesía vital adelante, hasta sus últimas consecuencias, mirando sin miedo
al futuro. Exprimiendo la existencia, buscando siempre cosas nuevas,
saboreando la libertad de elegir nuevos rumbos. Conferencias y placas
conmemorativas llenan los actos de celebración del centenario de Cernuda,
como antes se hizo con otros autores. Es ya un tópico, pero lo cierto es que
el mejor homenaje que se le puede hacer es leer sus versos. Estos que siguen fueron publicados en
«Desolación en la quimera» (1962). PEREGRINO ¿Volver? Vuelva el que tenga, He hablado ya aquí de la inquietud que
despierta la 'muerte del espíritu'. Se puede trasladar la idea a la
desaparición de las utopías, ya nadie cree en nada. Esto realmente no es
cierto, puesto que la necesidad de tener fe en algo es una constante en
nuestra especie. Las religiones van pasando de moda. También se dice que el
hombre ha matado a Dios. Pero lo que más se puede constatar en estos tiempos
es el desconcierto ante la muerte de lo 'trascendental'. Ya nada tiene un
valor absoluto, la existencia no pasa de ser un insípido 'aquí y ahora'. Con
el trasfondo de la gran catástrofe para un país que supone la guerra, tenemos
la magnífica reflexión de un ateo en La visita de
Dios, de Luis Cernuda. |