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Reunión de la Orden
Despertar abrazado a Draco fue maravilloso. Sentir su cabeza apoyada en el
pecho, sin la molesta limitación de la tela. Le dieron ganas de volver a hacer
el amor ahí mismo mientras miraba a su ángel rubio. Pero tristemente tenía que
marcharse.
Apenas amanecía, pero las reuniones de la orden solían ser pronto, para evitar
sospechas de los estudiantes, aunque no parecía que ninguno fuese a despertarse
antes de la comida. Él tampoco se despertaría si pudiese, pero derrotar a
Voldemort era primordial, y desde ayer conocía un motivo más para ello.
- ¿Hay que levantarse ya? – Pregunto perezzoso el rubio.
- No dragoncito, descansa. Yo tengo que irr a hablar con unas personas, volveré
enseguida, espérame aquí.
- ¿Con unas personas?
- Si Draco, con la Orden del Fénix, volverré en cuanto termine la reunión y
entonces responderé a todas tus preguntas.
- ¿Y no me vas a dar un besito de despedidda? – Exclamó cariñoso.
- Bueno, solo uno.
Unieron sus labios como anoche, añadiéndole al amor la pasión, un cóctel
explosivo. Un buen rato exploraron sus bocas y también sus cuerpos, sin llegar a
excitarse demasiado, no había tiempo para eso.
Satisfecho con esa respuesta el Slytherin se volvió a dormir soñando con el
reciente encuentro, con los encuentros pasados pero aun más con los encuentros
futuros.
Harry se vistió sin hacer ruido y llamó a un elfo para que le dejase el desayuno
puesto para dos personas, en una mesa que había aparecido, así si Draco
despertaba no tendría hambre. Dio instrucciones expresas de que hubiese un
jarrón con un tulipán en la bandeja.
Los pasillos estaban desiertos, solo tropezó con un par de fantasmas despiertos
y unos cuantos montoncitos de alumnos dormidos. Y si digo montoncitos es porque
eso es lo que eran. Con ayuda de Pevees les habían recolocado para no obstruir
el paso en pequeños montones que te encontrabas en cada pasillo.
Llegó al despacho del director a la vez que unos cuantos miembros y tras los
saludos pertinentes y la contraseña de rigor: Piruletitas de corazones,
subieron.
Entre risas por lo ridículo de las contraseñas y conversaciones preocupadas
esperaron la llegada del resto de miembros. El último y con aspecto de no haber
dormido nada, Snape.
- Bueno, comencemos con la reunión. Vallammos a lo urgente. Harry, me habías
comentado que ayer tuviste una visión de Voldemort.
- Bueno, la visión fue en primer lugar de su desayuno ya digerido. – Ante la
cara de asco de los presentes continuó – Voldemort estaba vomitando, luego se
miró al espejo, está realmente horrible, parece enfermo, tiene los ojos
demasiado brillantes, ojeras, y la piel demasiado pálida incluso para él. Y
antes de que nadie diga nada, si no se le nota normalmente es porque está usando
un hechizo glamour. – Concluyo mirando significativamente a su profesor de
pociones.
- Severus tienes algo que corrobore esta iinformación. Alguna pista sobre lo que
tiene Voldemort y si lo podemos aprovechar para derrotarle.
- Por eso precisamente no he dormido Albuss. Ayer Voldemort nos convocó a una
reunión ya de madrugada. Al poco comenzó a sentirse mal y vomitó ahí mismo, yo
recogí una muestra y ya se lo que tiene.
- Pues dínoslo de una vez que nos tienes eesperando. – Exclamó alguien en el
grupo.
- Voldemort está embarazado.
- Muy buen chiste Severus, pero ahora dinoos la verdad. – Saltó tonks.
- Esa es la verdad aurora incompetente. Ell señor oscuro está embarazado.
El caos siguió a esa declaración, mientras que Harry se había ido hundiendo más
y más en el asiento, lo que le faltaba a él, dejar embarazado a esa serpiente.
Como si no tuviese suficientes cosas en común con el señor oscuro, ahora un
hijo.
- Hay que matarlo ahora que está débil. – Gritó entre el ruido Moody.
¿Matarlo? Pero y el bebé ¿Y su hijo? Pensaba Harry incapaz de reaccionar.
- ¿Pero y el bebé? – Exclamó comprensiva lla señora Weasley, como haría cualquier
madre en su situación, antes que nada están los niños, y después la guerra.
Al fin alguien sensato. Ahora apreciaba aun más a Moly.
- No tendremos más remedio que matarlo tammbién. Además seguro que el otro padre
es un mortifago. ¿No es así Severus? – Dijo Dumbledore callándoles a todos.
Claro, no había pensado en esa posibilidad, igual el niño no era suyo, no podía
ser suyo, era solo un sueño, muy real pero un sueño, daba igual que al día
siguiente hubiese marcas físicas, no se puede dejar a alguien embarazado en un
sueño. ¿O si?
- No lo creo Albus. El señor oscuro no es de los que se dejan poseer, de hecho
si no fuese por lo que es obvio diría que eso no ha ocurrido nunca.
- Bueno, pero tendrás alguna pista.
- Solo se que hará cosa de un mes el señorr oscuro se levantó muy pronto
gritando, y enseguida me llamó a su presencia. Se le notaba adolorido, pero no
dije nada. Me ordenó preparar unas pociones contra el dolor y ungüentos para
heridas internas. Me extrañó porque esa noche no había habido escaramuzas, y ni
siquiera había llamado a algún mortifago a su presencia, que suele ser cuando
hacen falta curas por lo violento que es. – Estas últimas palabras fueron
acompañadas por un escalofrío que solo Harry percibió y cuyo significado para
los demás estaba vedado. Él lo había visto en la mente del propio Voldemort,
cuando Snape era la diversión de la noche, y las consecuencias de ello.
Definitivamente era suyo, la fecha coincidía.
- ¿Entonces no sabes quien puede ser?
- Alguien lo suficientemente poderoso paraa doblegarle, no creo que se haya
dejado tomar por placer.
No podía estar pasando, esta mañana se había levantado feliz al lado de Draco y
de pronto todo se estropeaba, no era posible.
- Bueno, sea quien sea el padre tendremos que matar al niño.
- NO – Gritó Harry saliendo de su estado aanterior. – No pueden matarlo, es solo
un bebé, ni siquiera ha nacido.
- Ya Harry, pero es necesario, tu mismo coomprenderás que no podemos dejar que un
hijo de Voldemort y vete tu a saber quien ande suelto por el mundo.
- No lo permitiré. ¿Qué nos diferenciaría de ellos si hacemos eso?
- Harry es el hijo de Voldemort.
- Es un bebé inocente. No debe pagar por eel crimen de su padre.
- Pero Harry escúchame
No le hacían caso, no le hacían caso, iban a matar al bebé. Tenía que impedirlo
como fuera.
- No, escúchame tu, Dumbledore, no permitiiré que hagáis nada a mi hijo.
Ya está, lo había dicho, ahora a aguantar el chaparrón. ¿Pero que le pasaba al
vejete? Se estaba poniendo azul.
- Tu hijo…tu…hijo… ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por quué? – Preguntó asustado Dumbledore. No
era posible, todo era una pesadilla, se despertaría y Voldemort no estaría
embarazado ni Harry habría dicho que es el padre. Tenía que sentarse o le daba
algo, a su edad ya no estaba para esos sustos. Comenzó a faltarle el aire, se
ahogaba, no podía respirar, tenía que calmarse, concentrarse solo en inhalar y
exhalar el aire.
- Si, mi hijo. – Continuó Harry cuando lo vio volver a su color normal.
El resto de la orden seguían nerviosos, pero al menos nadie parecía al borde del
infarto, un poco pálidos y quietos, pero nada grave, o eso esperaba, no tenía
ganas de ser el responsable de la muerte de toda la resistencia contra Voldemort
solo por un sustito de nada.
- ¿Cómo? Se puede decir que viajé en sueñoos, o al menos eso creo, yo estaba
dormido en la torre de Gryffindor y al momento siguiente estaba en un lugar
vacío mirando a una copia rejuvenecida de Voldemort. ¿Cuándo? Creo que Snape
podrá concretarlo. Y ¿Por qué? Por algo que vi en su mente, pero que conste que
él intentó violarme primero. No puedo decir que es lo que vi, porque no sería
justo para los implicados, así que no insistáis. Ese ser es un monstruo, más
allá de lo que podáis imaginar. Pero eso no significa que os valla a dejar
matarlo si el precio es la vida de mi hijo. Es mi hijo, y lo voy a apartar de
Voldemort y criarlo yo, aun no se como, pero no permitiré que muera, es parte de
mi.
Parecía que un conjuro hubiese petrificado los cuerpos y callado las bocas, solo
las rápidas y asustadas respiraciones resonaban entre las paredes. Harry miraba
alternativamente a unos y otros, tratando de descifrar sus miradas, sin ver nada
más que confusión. No sabía que pasaba por sus mentes, si alguien le apoyaría.
La señora Weasley seguro, ella lo quería como un hijo, y no permitiría que le
pasara nada al bebé de Harry. Lupin, quien sabe. Snape, en el fondo le
comprendería, muy en el fondo. Le preocupaban los demás.
- ¿Como lo haremos? – Interrumpió el silenncio Lupin. Harry era todo lo que le
quedaba de sus amigos, y lo apoyaría en todo, aunque fuese en algo tan
arriesgado como quitarle al señor oscuro su bebé.
- Aun no lo se. – Dijo sentándose y hundieendo la cabeza entre las manos.
Harry se estaba desanimando, parecía tan imposible, en el calor del momento lo
había creído, podría arrebatarle a su hijo no nacido, pero ahora ya no lo sabía.
Tendría que esperar a que naciese, y para entonces el señor oscuro no le dejaría
acercase.
- Él no lo sabe aun, Potter, y no creo quee lo vea posible, así que tranquilo,
tenemos tiempo para encontrar una solución.
Ver al profesor más odiado tratando de consolar al más irritante de sus alumnos
era algo espectacular, tanto que Dumbledore se dio cuenta de que él también
debía apoyar a Harry, si hasta Severus lo hacía. Los demás asentían con la
cabeza, incapaces de pronunciar palabra.
- Muy bien Harry, buscaremos una solución,, hay tiempo. Quiero que todos piensen,
cualquier idea, por loca que sea, puede ser útil, seguro que no es tan extraña
como la situación en si. Termina la reunión por hoy. Ya saben que nada de esto
debe salir de aquí.
Uno a uno todos se fueron marchando, consternados por las noticias. Moly le dio
un abrazo cariñoso y un “No te preocupes, Albus sabrá que hacer.”. Al final solo
quedaron Harry y Dumbledore.
- En buen lío te has metido jovencito, no va a ser nada sencillo. No se que
decirte.
- Lo se señor, pero no me he quedado por eeso, hay alguien a quien quiero
decírselo.
- A la señorita Granger y al señor Weasleyy supongo.
- Pues supone mal, a ellos también me gusttaría contárselo, pero ahora mi
prioridad es otra persona.
- ¿Rubio, Slytherin y que le espera en la sala de los menesteres?
- Así es.
- ¿Sabe el señor Malfoy lo que ocurrió conn Voldemort?
- Si, lo sabe, y además toda la versión coompleta, incluido lo que vi, es el
único que lo sabe y el único con derecho a saberlo.
- Bueno, tiene mi autorización, siempre quue esté seguro de que no contará nada.
- Lo estoy señor, le confiaría mi vida.
- Entonces adelante.
Bajó las escaleras en silencio, y como un autómata recorrió los pasillos
solitarios. Hasta que de pronto oyó unos jadeos entrecortados. Seguidos de un
“Si, sev, quiero más, no pares.”
La curiosidad fue más fuerte y entreabrió la puerta. Nada le habría preparado
para lo que allí encontró.
Totalmente desnudos y apoyados en la pared estaban Remus y Snape. Severus de pié
envestía al hombre lobo que con las piernas enredadas en las caderas del maestro
de pociones gemía en éxtasis.
- Más profundo, más profundo Sev, quiero ssentirte totalmente dentro – Gemía
Remus.
- Si mi lobito, todo lo que quieras, te loo doy todo. – Contestaba Snape.
Y aumentaban el ritmo. El espectáculo era tal que no dejaría a nadie
indiferente.
Harry comenzó a masturbarse sobre la tela, ver a los dos tan entregados al
éxtasis era excitante. Introdujo su mano en el pantalón y comenzó a moverla más
rápido. Con la otra mano se mordía los dedos tratando de ahogar los gemidos que
salían de su garganta. Estaba apunto de venirse.
Los dos adultos, ajenos al inesperado observador continuaban frotándose entre
ellos y contra la pared. Severus notando la cercanía del momento comenzó a
acariciar el miembro de Remus con el mismo ritmo con el que lo embestía.
Estallaron casi a la vez, Remus entre los dos y Severus dentro de él. Poco
después les siguió Harry desde la puerta.
Abrazados y ajenos a todo se miraron a los ojos.
- Te quiero Remus.
- Te quiero Severus.
Harry se marchó con la sonrisa en los labios, al menos Snape se había olvidado
de Draco y se permitía ser feliz, aunque aun tendría que llevarse una buena
bronca por olvidar lo que Harry le había ordenado.
Pero hoy se sentía generoso, ya sería en otro momento. Draco le esperaba.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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