|
|
Un Plan
Abrió la puerta y le recibió el cuarto en penumbras. En el lecho se recortaba la
forma del rubio. Dormido, relajado, ajeno a los problemas que ahora acechaban a
Harry. La sabana enredada bajo su cuerpo, totalmente desnudo. Sus bellas formas
marcadas por la escasa iluminación que entraba por la rendija de la ventana.
Rayos de luz jugando a dibujar un dios.
Se quitó la ropa. Se sentó a su lado, contemplándole en su perfección. Fue
acariciándole lentamente. Pelo rubio, largo y sedoso, pestañas espesas, ojos
grises, nariz recta, labios carnosos. Se entretuvo delineándoles con sus dedos,
para luego inclinarse y posar sobre ellos un casto beso. Cuello esbelto, que
recorrió con las manos. Pecho firme, apenas salpicado de rubios cabellos, que
acarició con dulzura. Dos hermosos botones que encendió con sus labios. Y más
abajo hacia la fuente del deseo.
Una leve caricia sobre su miembro despertó al rubio, que miró al moreno con ojos
encendidos. Y otra más que lo hizo estremecer. Una boca hambrienta que se posa
sobre él, devorándolo, le arrancó fuertes gemidos. Y unos dedos curiosos que
juguetean con su piel.
El cielo abierto para el rubio, que creía haberse perdido en un sueño, para
despertar y ver a su único amor rendido a sus pies, regalándole el amanecer más
hermoso de su corta vida.
Harry era feliz dándole ese presente a Draco, sintiéndole estremecerse mientras
sus labios recorrían toda la longitud de su miembro, mientras su lengua trazaba
espirales de placer en su punta, mientras su boca succionaba intensamente. Un
último estremecimiento y el rubio descargo en la boca del moreno. Que se elevó
para regalarle un beso, ahora si en los labios despiertos.
Se besaron intensamente hasta que la respiración de Draco se normalizó, y este
se acurrucó más cerca del cuerpo de Harry, tan desnudo como él. Piel contra piel
dándose calor en la mañana.
- Buenos días mi dragoncito.
- Buenos días, que pronto has vuelto.
- Si, bueno, no se trataron demasiados punntos. ¿Tienes hambre?
Draco asintió con la cabeza y Harry que no deseaba levantarse agarró la varita
para acercar la bandeja que colocó a su lado. Desayunaron en silencio, dándose
de comer uno a otro como dos recientes enamorados. Besando los restos de
mermelada sobre los labios y continuando el beso hasta que no les quedaba aire.
Media hora después la bandeja esperaba a ser retirada en su sito.
En la cama estaban Harry semi-incorporado con Draco apoyado en su pecho
manteniendo un tulipán blanco entre sus manos.
- ¿En que piensas Harry? Noto que algo te preocupa.
- Es Voldemort.
- ¿Qué ha hecho ahora? ¿Planea atacar algúún sitio?
- No que yo sepa. Todo esto es mi culpa. –– Gimió Harry desesperado. Tenía que
contárselo, Draco merecía saber, pero no se sentía capaz de enfrentarse a su
rechazo. – Draco, Voldemort está embarazado y yo soy el padre.
El Slytherin comenzó a llorar, ahora Harry lo dejaría, un bebé era algo muy
importante, Harry tendría que estar con el padre de su hijo. En su desesperación
no se paró a pensar en lo surrealista que era eso.
- Draco, Draco por favor, por lo que más qquieras no llores.
- Lo que más quiero eres tú, y ahora te vaas a apartar de mi lado.
- ¿Qué? ¿Como crees eso? Nada, me oyes, naada me va a apartar de ti. – Le dijo
mirándole fijamente a los entristecidos ojos. Le abrazó con fuerza contra su
pecho. – Tengo miedo de que tú te alejes de mí, pero en ningún caso yo me
alejaré de ti.
Draco se agarró más fuerte a Harry y mirándole a los ojos habló.
- No me quiero separar de ti, no quiero Haarry. Pero el bebé es tuyo, no puedes
desentenderte de él. Te conozco, se que no lo harás.
- Me conoces bien, no voy a desentenderme del bebé, pero no creo que sea bueno
que esté a cargo de Voldemort. Sabes qué Draco, quiero quitárselo y criarlo yo.
– Continuó Harry soñador. – Y me gustaría que tú me ayudases a hacerlo. Todos
los niños merecen dos padres, y no puedo pensar en mejor persona para ayudarme
que tu. Te quiero Draco.
¿Qué me dices, te gustaría ser el padre de mi hijo?
Emocionado el rubio saltó sobre el moreno dándole un beso cargado de
sentimiento.
- Creo que eso es un si.
- No. Esto es un si.
A continuación se lanzó sobre Harry besándole más intensamente todavía. Desnudos
como estaban no le costó mucho comenzar a acariciar la piel de las zonas más
sensibles del moreno.
Harry no se quedó quieto mucho tiempo y comenzó a su vez un recorrido por la
pálida anatomía de su amante. Encendiéndole como solo él sabía hacerlo. Se
frotaban uno contra el otro en frenética danza de cuerpos entrelazados.
Draco se fue a tumbar de espaldas para que Harry se echase sobre él, pero este
se lo impidió. Cogiendo dos dedos del desconcertado rubio los chupó con fruición
y los condujo hacia su propia entrada.
El rubio estaba confuso y asustado, tenía miedo de dañar a Harry, de no hacerlo
bien, él no sabía como hacerlo, no sabía.
- Yo te guiaré mi pequeño. Confío en ti y quiero ser tuyo como tú eres mío.
Le animó a introducir primero un dedo, que movió de dentro a fuera y en
movimientos circulares. Era un poco molesto, pero enseguida se acostumbraría, se
notaba la falta de práctica de Draco en ese sentido, pero eso era lo más dulce
de todo. Al poco un segundo se le unió, entrando y saliendo hasta alcanzar en un
momento el estratégico lugar.
Harry entonces comenzó a moverse sin control, deseando empalarse contra esos
dedos, deseando volver a ser tocado en ese lugar. Y Draco le complació
introduciendo un dedo más, tocando una y otra vez el mismo punto. Cuando ya
parecía estar listo acercó el botecito que siempre tenían en la mesilla y se
untó su miembro, sin dejar de introducir una y otra vez los dedos de la otra
mano en el cálido interior del moreno. Finalmente los retiró, subió sus piernas
hasta los hombros como tantas veces le había visto hacer a Harry e introdujo la
punta de su miembro.
De otra embestida estuvo entero dentro. Esperó quieto a que se calmara, no
quería hacerle daño. Algunas lágrimas furtivas escapaban de las verdes
profundidades, pero eran de felicidad, de sentirse completo, no de dolor.
Cuando notó que Harry comenzaba a moverse bajo él tratando de sentirle más
profundo reanudó su movimiento. Dulces y suaves al principio, más intensos
luego. Llegando a un punto en el que ambos habían perdido el control. Draco se
enterraba en Harry con fuerza, a la vez que lo masturbaba, mientras que Harry
rogaba por más perdido en un mar de sensaciones.
El primero en alcanzar el éxtasis fue Harry, derramándose en la mano de su
amante y contrayendo sus músculos internos, enseguida Draco le siguió en el
interior del moreno.
Cayeron exhaustos sobre la cama, enredados aun uno en el otro.
Harry sentía el dulce peso de Draco sobre él y deseaba que no se fuera nunca.
Draco trataba de calmar su respiración, lo que le resultaba difícil
encontrándose aun en el interior de su amado.
Salió de él despacio y se acostó a su lado, sintiéndose completo por primera vez
en su vida, a salvo del mundo y consciente de que ahora eran una familia y
pronto tendrían un hijo, quizá no suyo, pero si de Harry, y él lo querría como
tal.
Cayeron dormidos aun abrazados, juntos como querían estarlo siempre.
El sueño de Draco era intranquilo
-¿Mamá?- Decía un Draco de cinco años - ¿Mamá porque no me quieres?
-Callate, niño yo no soy tu madre.
-Pero, pero, yo nací de ti, eso dice papá..
-Si, pero yo no soy tu madre.
De golpe despertó.
- Harry, Harry, es importante. Por favor HHarry. ¿Cómo no se me había ocurrido
antes? ¿Seré tonto?
- ¿Qué es lo que no se te había ocurrido aantes? Tu no eres tonto mi pequeño
dragón. – Habló Harry con voz somnolienta.
- Harry escucha, ya se lo que podemos haceer. Narcisa no es mi madre, yo nací de
ella, pero no es mi madre.
- ¿Cómo? – Preguntaba Harry bastante confuuso, tenía que estar en un sueño.
- Mi verdadera madre, la primera mujer de mi padre, murió cuando estaba
embarazada de mí, Voldemort la mató. Pero hizo un hechizo para pasar mi cuerpo
mágicamente de mi verdadera madre a Narcisa. ¿Lo entiendes? Podemos hacer lo
mismo. Haremos el hechizo y le quitaremos al bebé. Yo lo llevaré por ti. Quiero
hacerlo, así podremos decir que es nuestro hijo.
- ¿Estas seguro de que es posible? Por Merrlín Draco eres maravilloso. Te quiero.
Ahora ya no había rastro de sueño en la voz. Podrían recuperar al bebé. Era
posible.
- Vamos vístete Draco, tenemos que contársselo a Dumbledore. – Decía corriendo
por la habitación a la pata coja mientras trataba de ponerse un calcetín. Y con
el zapato en la mano se acercaba a Draco para besarlo.
- Vamos, hay que darse prisa.
- Tranquilo Harry, no pasa nada por retrassarnos un minuto, además, te has
olvidado de ponerte esto. – Rió Draco sosteniendo unos calzoncillos ante el
parcialmente vestido muchacho. – y tampoco creo que sea bueno que te vean con
una túnica de Slytherin por los pasillos.
Una vez más calmado el futuro padre y correctamente vestidos corrieron hacia la
oficina del director por los vacíos pasillos esquivando a los alumnos que
seguían amontonados.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
|
|