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La búsqueda de un camino
Corrieron por los pasillos hacia el despacho del director. Al cruzar una esquina
chocaron con Severus y Remus y los cuatro cayeron al suelo. Sin pararse a mirar
atrás se levantaron y siguieron corriendo.
- ¿Y eso? – Preguntó desde el suelo el proofesor de pociones.
- No se, pero parece importante.
- Tiene que serlo, sino no correrían tantoo. No se si Harry lo hará, pero mi
ahijado no actúa así normalmente.
- Será mejor que les sigamos, creo que ibaan hacia el despacho del director.
Conozco un atajo.
Así los dos adultos partieron también hacia el despacho de Dumbledore. Que
ignorante de lo que ocurría se entretenía dando de comer a su fénix.
La puerta se abrió de pronto, golpeando con fuerza contra la pared y despertando
a todos los habitantes de los cuadros. Se oyó el estruendo de algo al caer al
suelo. Ante dos adolescentes agitados y dos adultos sudorosos se encontraba el
despacho del director aparentemente vacío.
- ay, ay, ¿No les ha enseñado nadie a llammar antes?
Se escuchó detrás del escritorio. Al acercarse vieron a Dumbledore tratando de
levantarse del suelo con un fénix y una silla sobre él. El pobre animal había
perdido algunas plumas y la silla tenía una pata rota, pero Albus parecía de una
pieza, un poco adolorido pero a salvo.
- ¿Se puede saber que es tan importante coomo para armar este escándalo? –
Preguntó el director a ambos jóvenes mientras Remus le ayudaba a incorporarse.
Con un reparo la silla se arregló y el anciano se sentó a esperar una respuesta
de los acalorados muchachos que siquiera acertaban a respirar, agotados por la
carrera.
- Hay una forma de recuperar al niño, Dracco la ha encontrado. – Exclamó Harry
emocionado mientras apretaba la mano de su pareja cariñosamente y lo miraba con
admiración.
- ¿Es eso cierto eso señor Malfoy?
- Si, pero llámeme simplemente Draco. Veráá, usted sabe que antes de Narcisa mi
padre estuvo casado con otra mujer.
- Si, Gladis, una buena chica, tengo entenndido que Voldemort la mató.
- Así es director, pues verá, en ese momennto ella estaba embarazada, embarazada
de mí.
- Eso no es posible, yo mismo acompañe a ttus padres al hospital Draco, Narcisa
fue quien te dio a luz. –Replicó Snape.
- Ella me dio a luz, pero ella no fue quieen me concibió. Al parecer
quien-tú-ya-sabes hizo algún tipo de hechizo, una modificación de la maldición
asesina, que permitió que en el preciso momento de la muerte de mi madre yo
pasase al otro cuerpo. Tengo entendido que es un hechizo antiguo, aunque no se
como es. Si lo encontramos podríamos quitarle el bebé a
el-que-no-debe-ser-nombrado y al mismo tiempo acabar con su amenaza. – finalizó
soltando el aire.
- Desde luego que es un plan arriesgado, ppero podría funcionar. – El brilló
había vuelto a los ojos de Dumbledore, librarse de Voldemort parecía posible, y
a la vez podrían sacar al hijo de Harry de ahí sin que la prensa se enterase de
nada. – Ahora solo tenemos que encontrar alguien que esté dispuesto a cargar con
el bebé.
- Señor si me permite ya le había ofrecidoo a Harry ser yo quien lo lleve.
- Pero señor Malf… perdón, Draco, usted saabe que los embarazos masculinos son
complicados, hay demasiado riesgo para el portador. ¿Está dispuesto a correrlo
por un hijo que no es suyo? Piénseselo ese niño no tiene ninguna relación con
usted, y lo que va a hacer es demasiado peligroso, no solo por el embarazo, sino
porque supone enfrentarse directamente a Voldemort. Si las cosas salen mal
morirá durante la transferencia.
- Es de Harry y eso es suficiente. Haré loo que sea necesario, aunque tenga que
enfrentarme yo mismo al señor oscuro. Ojalá fuese mío. – Pronunció la última
frase con voz apagada.
- Será de los dos, y me enfrentaré a cualqquiera que opine lo contrario. – Dijo
con voz firme el Gryffindor. – Lo criaremos juntos, será nuestro hijo y como tal
lo conocerá todo el mundo. – Finalizó abrazando a su temblorosa pareja.
Draco era muy sensible y le dolía pensar que el niño no fuese suyo, pero Harry
lo conocía y no estaba dispuesto a permitirlo. Sabía a lo que su pareja se
arriesgaba, mucho más de lo que el vejete pensaba, y no estaba dispuesto a que
nadie le hiciese sentir mal por aquello. Apreciaba el sacrificio de su dragón, y
si hubiese servido de algo tratar de impedírselo lo habría hecho. Él mismo
estaba dispuesto a cargar con el bebé. Pero sabía que Draco necesitaba hacer
esto, necesitaba demostrarle a Harry que lo amaba por encima de todo y
necesitaba sobretodo sentirse parte de la vida del pequeño al que cuidaría como
suyo.
Si no era él el que lo portase siempre le quedaría el dolor de no sentirse
totalmente parte de esa familia, al ser el que llevase al niño siempre podría
decir que era su hijo, pues no sería tan cruel como Narcisa. Querría al bebé,
porque amaba a su valiente padre. Narcisa en cambio solo deseaba el poder y
convenció al que no debe ser nombrado de que Gladis Malfoy era una espía.
Aprovechando la ausencia de Lucius por una misión confabuló con el señor oscuro
para matarla, y transferir el cuerpo no nato de Draco a ella. Así a su regreso
su padre se encontró con su amada esposa muerta y el heredero que anhelaba en el
cuerpo de otra mujer. Poco le costó convencerle a Narcisa de que la única forma
de conservar al pequeño era casarse con ella. Pero al poco de nacer, lo puso en
brazos de una elfa doméstica y se desentendió de él. Mucho tiempo tardó el joven
Draco en entender porque su madre tan cariñosa delante de las visitas nunca lo
trataba con amor, siquiera con cariño, fuera de ellas. Creció solo, con el amor
de un padre que nunca estaba, aunque trataba de compensarle con regalos, y con
la esperanza de algún día conocer a ese ángel de ojos verdes que siempre le
visitaba en sueños.
El despacho permanecía silencioso, Dumbledore en su escritorio mirando a los dos
adolescentes abrazados en el centro de la habitación y Severus en una silla con
Remus a su lado tratando de ayudarle a superar la situación. Gladis no era solo
la primera esposa de Lucius, sino que era de la familia Snape, prima segunda. Él
no conocía toda la historia, pero el saber que era la verdadera madre de Draco
había removido en él sentimientos hace tiempo olvidados.
- Hemos tomado nuestra decisión Dumbledoree. – Exclamó Harry, rompiendo el
silencio, sin soltar a su dragón. – Nos apoyen o no lo haremos. Aunque nos
vendría bien contar con ayuda.
- Bien, ¿Y que habías pensado Harry? Porquue entrar en el cuartel general de los
mortifagos no será sencillo. Necesitareis un ejército de Aurores tan solo para
distraer a los que halla dentro, eso sin contar con que tendrás que enfrentarte
a Voldemort definitivamente. ¿Estás preparado?
- Se le olvida añadir que todo esto tiene que ser antes de que el señor oscuro
se de cuenta de que está embarazado. No creo que tenga interés alguno en
conservar a ese niño con vida. – Añadió Severus.
Harry palideció y tuvo que aferrarse a Draco para no caer. Miró a Dumbledore
suplicante, se había hecho a la idea de que tendría un hijo y estaba dispuesto a
enfrentarse a lo que fuese, pero no a que Voldemort quisiera deshacerse del
bebé. No lo había pensado, el lord oscuro era el ser más malvado que existía, no
tendría ningún reparo en eliminar aquello que no desea, aunque lleve su sangre.
- Entonces tendrá que ser rápido. Hay unoss cuantos libros en la biblioteca donde
puede aparecer ese conjuro, movilizaré también a los inefables que son miembros
de la orden. – Dijo Dumbledore. – No dejaremos que se entere. Severus, cuando
note que sigue enfermo, consultará contigo, eres su experto en pociones,
invéntate algo, lo que sea, pero que no sepa que está embarazado. Harry
intensificaremos tu entrenamiento, en menos de tres meses atacaremos la
fortaleza de Voldemort, será la batalla final.
La improvisada reunión finalizó con esas palabras y uno a uno todos bajaron por
las escaleras perdidos en sus propios pensamientos. Discretamente Harry se fue
quedando atrás y cuando Draco y Remus ya habían desaparecido de la vista agarró
a Severus por el brazo golpeándolo contra la pared.
- Creía haberte dicho que solo eras mío, yy de nadie más.
Severus callaba, no sabía como el mocoso se había enterado de todo, pero no
estaba en posición de discutir.
- Ahora tendrás que atenerte a las consecuuencias. – Dijo, frotando sus caderas
contra la entrepierna del mayor. – Escúchame bien Severus – habló en su oído –
Vas a hablar con Remus y vas a decirle. Deja de temblar no voy a hacer que le
dejes. Vas a decirle que esta noche vais a participar en una pequeña fiestecita.
Remus, Draco, tú y yo. No me importa que hagas para convencerle, pero hazlo.
Después de eso eres libre.
Y se marchó dejando a un asustado profesor sentado en el suelo.
Al llegar junto a su dragón se despidieron de Remus que volvía a buscar a
Severus que aparentemente se había quedado atrás.
- ¿Draco te apetece algo de diversión estaa noche? Había pensado que podríamos
montarnos una pequeña orgía con Lupin y Snape. Pero solo si tú quieres.
- ¿Con los dos? No lo se, nunca he hecho aalgo así. ¿Pero como será?
- No tendrás que hacer nada que no quierass, no te preocupes, no será como la
otra vez. Pero es que Severus ha roto las normas que le puse, de que no
estuviese con nadie, le pillé después de la reunión, con Lupin. Si te soy
sincero no me importa en lo más mínimo, ni siquiera se porque le dije eso, ahora
solo me interesas tu, pero tampoco voy a dejar que se valla tan campante.
- ¿Qué vas a hacer?
- Se me había ocurrido que sería una buenaa despedida. Hacen buena pareja los dos
juntos, no quiero separarlos, pero tampoco me resisto a hacerlo con ellos una
última vez. Pero quiero que tú también estés, y que lo disfrutes como yo.
- Podría estar bien, supongo que si. ¿Podrré hacer lo que quiera?
- Absolutamente todo lo que quieras amor mmío.
El día pasó tranquilo para Harry y Draco, como todos dormían no tenían que
esconderse de nadie y paseaban dados de la mano por los pasillos. Los pocos
alumnos que los veían pensaban que eran visiones a consecuencia de lo que
ingirieron anoche y marchaban a enfermería a por un remedio.
Tras la cena en el comedor, con ya prácticamente todos los alumnos recuperados
se deshicieron de sus amigos y acudieron a su refugio, la sala de los
menesteres. Severus les había hecho llegar una nota diciendo que llegarían a las
10.
Al pasar tres veces delante del lugar una puerta de caoba apareció ante ellos.
Dentro el más exquisito de los dormitorios. Todo lujo decadente. Una enorme cama
con fuertes cortinas oscuras recogidas en sus cuatro postes, cabrían durmiendo
en ella diez personas sin problemas. El colchón era duro, pero no demasiado. El
suelo cubierto de una suave alfombra granate, y regado de cojines. Las paredes
en madera con algunas antorchas iluminando tenuemente el lugar. En un lado un
gran sofá redondo, al que se entraba por una pequeña abertura que aparecía
mágicamente al acercarse, y desaparecía cuando se estaba dentro, y en el centro
de él una mesa llena de licores y chocolates.
Eran las 10 en punto cuando la puerta se abrió dejando paso a dos nerviosos
adultos. Harry y Draco se encontraban en el sofá, acurrucados el uno contra el
otro mientras bebían lo que parecía champán.
-Pasad. ¿Porque no venís a tomar algo? >
La tensión era tan clara en el aire que podía tocarse con los dedos.
Ambos se sentaron junto a los jóvenes. Remus al lado de Harry y Severus al lado
de Draco. Copa tras copa el contenido de las botellas fue vaciándose y la
conversación se fue animando. Tras cruzar unas palabras en bajo con su
dragoncito el niño-que-vivió se acercó insinuante al último de los merodeadores.
A cuatro patas sobre el sofá se dirigió a él contoneando las caderas hasta
encontrarse con sus labios y comenzar a besarle. Severus miraba dudando si ir a
proteger a su lobito del depredador sexual con complejo de salvador del mundo,
pero en ese momento Draco se sentó sobre él, de frente y comenzó a prodigarle
iguales atenciones.
Con una mirada ambos adolescentes condujeron a los otros dos hacia la cama en la
que los tumbaron para comenzar a besarlos. A igual ritmo satisficieron sus
labios para marchar luego en dirección a su cuello, Harry mordía el cuello del
licántropo enrojeciendo algunas zonas y lamiéndolas después, el cuerpo bajo él
se deshacía en gemidos. Draco no era más gentil con Severus, sacando de algún
lado una escondida vena dominante tomaba posesión de su rostro y su cuello con
fiereza conduciendo al hombre en dirección al placer doloroso que solía encender
al ex-mortifago.
De vez en cuando abandonaban a sus acompañantes para fundirse en un apasionado
beso, lo que provocaba quejas de los dos desatendidos. Harry comenzó a quitarle
la camisa a Remus, besando la piel descubierta y marcando con sus dientes los
suaves pezones. Imitándole Draco realizó el mismo trabajo con Severus. Teniendo
a ambos hombres semi-desnudos sobre la cama se volvieron hacia ellos mismos, y
envolviéndose en un beso se desnudaron el uno al otro bajo la atenta mirada de
los adultos. La visión de los dos maravillosos cuerpos adolescentes totalmente
desnudos y excitados provocó que las durezas de los mayores se hiciesen
plenamente visibles bajo sus pantalones. Comenzaron a acariciarse el uno al
otro, desesperando a Snape y Lupin que se encontraban deseosos de participar en
el juego, pero tampoco se veían capaces de llevar la iniciativa en este juego
que los jóvenes parecían dirigir con tanta seguridad.
Con un cambio de posiciones Harry se situó sobre Severus y Draco sobre Lupin y
reiniciaron el trabajo antes cortado. Lentamente retiraron los pantalones
llevándose también la ropa interior con ellos, y liberando al fin las notables
erecciones que estaban bajo ellos. Mientras el joven Slytherin se entretenía
jugando en el ombligo del licántropo, el niño-que-vivió había ido al grano
rodeando la excitación del profesor de pociones con su boca. Besó la punta, y
luego succionó la zona del glande, paseó su lengua por toda la longitud, dio
pequeñas mordidas y finalmente se la metió entera en la boca, se la sacó y
volvió a empezar. Llevó al adulto al extremo unas cuantas veces sin dejarle
nunca descargarse.
Entretanto Draco se había dejado de jueguecitos y había ido directo al asunto,
mientras su boca proporcionaba placer al licántropo un dedo curioso caminaba
hacia su trasero, prodigando especiales atenciones al sensible trozo de piel que
está entre los testículos y la entrada de su cuerpo. Un rato después entró
definitivamente, distendiendo la zona con suaves movimientos circulares. El
cuerpo sobre la cama se retorcía y buscaba más contacto, que Draco calmaba con
sus labios, engullendo el caliente miembro. Finalmente le complació
introduciendo un segundo dedo siguiendo con su torturantemente lento ritmo de
placer.
Severus observaba tan extasiado la escena que no se dio cuenta cuando Harry
introdujo un dedo en él, sino hasta que golpeó algo en su interior que le hizo
arquearse. Al instante dos dedos más se añadieron a la fiesta preparando al
adulto al que penetró a continuación con rudeza. Comenzó a moverse en cuanto el
otro se acostumbró a la invasión, con fuertes embestidas, aunque no tanto como
las que un día recibió él de Snape. Draco mientras tanto seguía preparando al
licántropo. Aumentó el ritmo, Draco había comenzado a entrar en Lupin, notaba lo
cerca que andaba el profesor de pociones, y aunque él aun no estaba listo le
comenzó a masturbar para permitirle descargarse.
Severus estalló derramándose entre ambos cuerpos pero Harry que había sido menos
estimulado no terminó con él. Mientras Severus trataba de recuperar la
respiración Harry se posicionó a la espalda de su dragón e introdujo un dedo
juguetón en él. Draco se arqueó al sentir el familiar contacto y unió sus labios
con los de su amante sin por ello dejar de entrar lentamente en Remus. En poco
tiempo el rubio estuvo listo y Harry entró en él adaptando su ritmo al que ya
llevaban los otros.
Los tres cuerpos se retorcían y gemían mientras Severus trataba de recuperarse.
La mano del joven Slytherin se había movido para satisfacer el olvidado miembro
del adulto, pero su padrino se lo impidió posicionándose a su vez para tomar la
dureza de su amante con la boca, quedando de tal forma que su naciente erección
estaba al alcance de los labios del licántropo, que comenzó a hacerla crecer.
Harry se encontraba apunto de estallar, la estrechez de Draco era algo que
siempre le atrapaba de manera irremediable. Amaba a su rubio, con toda el alma y
le deseaba también con todo el cuerpo.
Finalmente con una embestida más se vino en el interior de su amante, aunque no
salió de él todavía, abrazándose a su espalda sintiendo el fuerte ritmo que este
marcaba sobre Remus. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el vaivén, sus manos
agarrando dulcemente a la razón de su existencia.
Draco estaba encantado, sentir como Harry se derramaba en su interior, para
luego notarle abrazado a su espalda, tratando de fundir sus pieles para ser uno.
Aumentó la velocidad notando como el cuerpo tras él se adaptaba a ella. Quería
terminar a la vez que él licántropo que se retorcía bajo las atenciones suyas y
de Severus.
Finalmente no pudo aguantar y se derramó en el interior de Remus, saliendo de él
poco después. Aun con Harry aferrado en su espalda contempló el disfrute de los
dos adultos.
Lupin gemía tratando de introducirse más profundo en la boca de Snape y finalizó
en medio de fuertes espasmos de placer mientras continuaba aun dando placer a su
amante que poco después se derramó también.
Se echaron sobre la cama, abrazados a sus parejas y cerraron los ojos dispuestos
a dormir.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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