Titulo: Las Aventuras Eróticas de Harry Potter

Clasificación : NC-17

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La búsqueda de un camino



Corrieron por los pasillos hacia el despacho del director. Al cruzar una esquina chocaron con Severus y Remus y los cuatro cayeron al suelo. Sin pararse a mirar atrás se levantaron y siguieron corriendo.

- ¿Y eso? – Preguntó desde el suelo el proofesor de pociones.

- No se, pero parece importante.

- Tiene que serlo, sino no correrían tantoo. No se si Harry lo hará, pero mi ahijado no actúa así normalmente.

- Será mejor que les sigamos, creo que ibaan hacia el despacho del director. Conozco un atajo.

Así los dos adultos partieron también hacia el despacho de Dumbledore. Que ignorante de lo que ocurría se entretenía dando de comer a su fénix.

La puerta se abrió de pronto, golpeando con fuerza contra la pared y despertando a todos los habitantes de los cuadros. Se oyó el estruendo de algo al caer al suelo. Ante dos adolescentes agitados y dos adultos sudorosos se encontraba el despacho del director aparentemente vacío.

- ay, ay, ¿No les ha enseñado nadie a llammar antes?

Se escuchó detrás del escritorio. Al acercarse vieron a Dumbledore tratando de levantarse del suelo con un fénix y una silla sobre él. El pobre animal había perdido algunas plumas y la silla tenía una pata rota, pero Albus parecía de una pieza, un poco adolorido pero a salvo.

- ¿Se puede saber que es tan importante coomo para armar este escándalo? – Preguntó el director a ambos jóvenes mientras Remus le ayudaba a incorporarse.

Con un reparo la silla se arregló y el anciano se sentó a esperar una respuesta de los acalorados muchachos que siquiera acertaban a respirar, agotados por la carrera.

- Hay una forma de recuperar al niño, Dracco la ha encontrado. – Exclamó Harry emocionado mientras apretaba la mano de su pareja cariñosamente y lo miraba con admiración.

- ¿Es eso cierto eso señor Malfoy?

- Si, pero llámeme simplemente Draco. Veráá, usted sabe que antes de Narcisa mi padre estuvo casado con otra mujer.

- Si, Gladis, una buena chica, tengo entenndido que Voldemort la mató.

- Así es director, pues verá, en ese momennto ella estaba embarazada, embarazada de mí.

- Eso no es posible, yo mismo acompañe a ttus padres al hospital Draco, Narcisa fue quien te dio a luz. –Replicó Snape.

- Ella me dio a luz, pero ella no fue quieen me concibió. Al parecer quien-tú-ya-sabes hizo algún tipo de hechizo, una modificación de la maldición asesina, que permitió que en el preciso momento de la muerte de mi madre yo pasase al otro cuerpo. Tengo entendido que es un hechizo antiguo, aunque no se como es. Si lo encontramos podríamos quitarle el bebé a el-que-no-debe-ser-nombrado y al mismo tiempo acabar con su amenaza. – finalizó soltando el aire.

- Desde luego que es un plan arriesgado, ppero podría funcionar. – El brilló había vuelto a los ojos de Dumbledore, librarse de Voldemort parecía posible, y a la vez podrían sacar al hijo de Harry de ahí sin que la prensa se enterase de nada. – Ahora solo tenemos que encontrar alguien que esté dispuesto a cargar con el bebé.

- Señor si me permite ya le había ofrecidoo a Harry ser yo quien lo lleve.

- Pero señor Malf… perdón, Draco, usted saabe que los embarazos masculinos son complicados, hay demasiado riesgo para el portador. ¿Está dispuesto a correrlo por un hijo que no es suyo? Piénseselo ese niño no tiene ninguna relación con usted, y lo que va a hacer es demasiado peligroso, no solo por el embarazo, sino porque supone enfrentarse directamente a Voldemort. Si las cosas salen mal morirá durante la transferencia.

- Es de Harry y eso es suficiente. Haré loo que sea necesario, aunque tenga que enfrentarme yo mismo al señor oscuro. Ojalá fuese mío. – Pronunció la última frase con voz apagada.

- Será de los dos, y me enfrentaré a cualqquiera que opine lo contrario. – Dijo con voz firme el Gryffindor. – Lo criaremos juntos, será nuestro hijo y como tal lo conocerá todo el mundo. – Finalizó abrazando a su temblorosa pareja.

Draco era muy sensible y le dolía pensar que el niño no fuese suyo, pero Harry lo conocía y no estaba dispuesto a permitirlo. Sabía a lo que su pareja se arriesgaba, mucho más de lo que el vejete pensaba, y no estaba dispuesto a que nadie le hiciese sentir mal por aquello. Apreciaba el sacrificio de su dragón, y si hubiese servido de algo tratar de impedírselo lo habría hecho. Él mismo estaba dispuesto a cargar con el bebé. Pero sabía que Draco necesitaba hacer esto, necesitaba demostrarle a Harry que lo amaba por encima de todo y necesitaba sobretodo sentirse parte de la vida del pequeño al que cuidaría como suyo.

Si no era él el que lo portase siempre le quedaría el dolor de no sentirse totalmente parte de esa familia, al ser el que llevase al niño siempre podría decir que era su hijo, pues no sería tan cruel como Narcisa. Querría al bebé, porque amaba a su valiente padre. Narcisa en cambio solo deseaba el poder y convenció al que no debe ser nombrado de que Gladis Malfoy era una espía. Aprovechando la ausencia de Lucius por una misión confabuló con el señor oscuro para matarla, y transferir el cuerpo no nato de Draco a ella. Así a su regreso su padre se encontró con su amada esposa muerta y el heredero que anhelaba en el cuerpo de otra mujer. Poco le costó convencerle a Narcisa de que la única forma de conservar al pequeño era casarse con ella. Pero al poco de nacer, lo puso en brazos de una elfa doméstica y se desentendió de él. Mucho tiempo tardó el joven Draco en entender porque su madre tan cariñosa delante de las visitas nunca lo trataba con amor, siquiera con cariño, fuera de ellas. Creció solo, con el amor de un padre que nunca estaba, aunque trataba de compensarle con regalos, y con la esperanza de algún día conocer a ese ángel de ojos verdes que siempre le visitaba en sueños.

El despacho permanecía silencioso, Dumbledore en su escritorio mirando a los dos adolescentes abrazados en el centro de la habitación y Severus en una silla con Remus a su lado tratando de ayudarle a superar la situación. Gladis no era solo la primera esposa de Lucius, sino que era de la familia Snape, prima segunda. Él no conocía toda la historia, pero el saber que era la verdadera madre de Draco había removido en él sentimientos hace tiempo olvidados.

- Hemos tomado nuestra decisión Dumbledoree. – Exclamó Harry, rompiendo el silencio, sin soltar a su dragón. – Nos apoyen o no lo haremos. Aunque nos vendría bien contar con ayuda.

- Bien, ¿Y que habías pensado Harry? Porquue entrar en el cuartel general de los mortifagos no será sencillo. Necesitareis un ejército de Aurores tan solo para distraer a los que halla dentro, eso sin contar con que tendrás que enfrentarte a Voldemort definitivamente. ¿Estás preparado?

- Se le olvida añadir que todo esto tiene que ser antes de que el señor oscuro se de cuenta de que está embarazado. No creo que tenga interés alguno en conservar a ese niño con vida. – Añadió Severus.

Harry palideció y tuvo que aferrarse a Draco para no caer. Miró a Dumbledore suplicante, se había hecho a la idea de que tendría un hijo y estaba dispuesto a enfrentarse a lo que fuese, pero no a que Voldemort quisiera deshacerse del bebé. No lo había pensado, el lord oscuro era el ser más malvado que existía, no tendría ningún reparo en eliminar aquello que no desea, aunque lleve su sangre.

- Entonces tendrá que ser rápido. Hay unoss cuantos libros en la biblioteca donde puede aparecer ese conjuro, movilizaré también a los inefables que son miembros de la orden. – Dijo Dumbledore. – No dejaremos que se entere. Severus, cuando note que sigue enfermo, consultará contigo, eres su experto en pociones, invéntate algo, lo que sea, pero que no sepa que está embarazado. Harry intensificaremos tu entrenamiento, en menos de tres meses atacaremos la fortaleza de Voldemort, será la batalla final.

La improvisada reunión finalizó con esas palabras y uno a uno todos bajaron por las escaleras perdidos en sus propios pensamientos. Discretamente Harry se fue quedando atrás y cuando Draco y Remus ya habían desaparecido de la vista agarró a Severus por el brazo golpeándolo contra la pared.

- Creía haberte dicho que solo eras mío, yy de nadie más.

Severus callaba, no sabía como el mocoso se había enterado de todo, pero no estaba en posición de discutir.

- Ahora tendrás que atenerte a las consecuuencias. – Dijo, frotando sus caderas contra la entrepierna del mayor. – Escúchame bien Severus – habló en su oído – Vas a hablar con Remus y vas a decirle. Deja de temblar no voy a hacer que le dejes. Vas a decirle que esta noche vais a participar en una pequeña fiestecita. Remus, Draco, tú y yo. No me importa que hagas para convencerle, pero hazlo. Después de eso eres libre.

Y se marchó dejando a un asustado profesor sentado en el suelo.

Al llegar junto a su dragón se despidieron de Remus que volvía a buscar a Severus que aparentemente se había quedado atrás.

- ¿Draco te apetece algo de diversión estaa noche? Había pensado que podríamos montarnos una pequeña orgía con Lupin y Snape. Pero solo si tú quieres.

- ¿Con los dos? No lo se, nunca he hecho aalgo así. ¿Pero como será?

- No tendrás que hacer nada que no quierass, no te preocupes, no será como la otra vez. Pero es que Severus ha roto las normas que le puse, de que no estuviese con nadie, le pillé después de la reunión, con Lupin. Si te soy sincero no me importa en lo más mínimo, ni siquiera se porque le dije eso, ahora solo me interesas tu, pero tampoco voy a dejar que se valla tan campante.

- ¿Qué vas a hacer?

- Se me había ocurrido que sería una buenaa despedida. Hacen buena pareja los dos juntos, no quiero separarlos, pero tampoco me resisto a hacerlo con ellos una última vez. Pero quiero que tú también estés, y que lo disfrutes como yo.

- Podría estar bien, supongo que si. ¿Podrré hacer lo que quiera?

- Absolutamente todo lo que quieras amor mmío.

El día pasó tranquilo para Harry y Draco, como todos dormían no tenían que esconderse de nadie y paseaban dados de la mano por los pasillos. Los pocos alumnos que los veían pensaban que eran visiones a consecuencia de lo que ingirieron anoche y marchaban a enfermería a por un remedio.

Tras la cena en el comedor, con ya prácticamente todos los alumnos recuperados se deshicieron de sus amigos y acudieron a su refugio, la sala de los menesteres. Severus les había hecho llegar una nota diciendo que llegarían a las 10.

Al pasar tres veces delante del lugar una puerta de caoba apareció ante ellos. Dentro el más exquisito de los dormitorios. Todo lujo decadente. Una enorme cama con fuertes cortinas oscuras recogidas en sus cuatro postes, cabrían durmiendo en ella diez personas sin problemas. El colchón era duro, pero no demasiado. El suelo cubierto de una suave alfombra granate, y regado de cojines. Las paredes en madera con algunas antorchas iluminando tenuemente el lugar. En un lado un gran sofá redondo, al que se entraba por una pequeña abertura que aparecía mágicamente al acercarse, y desaparecía cuando se estaba dentro, y en el centro de él una mesa llena de licores y chocolates.

Eran las 10 en punto cuando la puerta se abrió dejando paso a dos nerviosos adultos. Harry y Draco se encontraban en el sofá, acurrucados el uno contra el otro mientras bebían lo que parecía champán.

-Pasad. ¿Porque no venís a tomar algo?
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La tensión era tan clara en el aire que podía tocarse con los dedos.

Ambos se sentaron junto a los jóvenes. Remus al lado de Harry y Severus al lado de Draco. Copa tras copa el contenido de las botellas fue vaciándose y la conversación se fue animando. Tras cruzar unas palabras en bajo con su dragoncito el niño-que-vivió se acercó insinuante al último de los merodeadores. A cuatro patas sobre el sofá se dirigió a él contoneando las caderas hasta encontrarse con sus labios y comenzar a besarle. Severus miraba dudando si ir a proteger a su lobito del depredador sexual con complejo de salvador del mundo, pero en ese momento Draco se sentó sobre él, de frente y comenzó a prodigarle iguales atenciones.

Con una mirada ambos adolescentes condujeron a los otros dos hacia la cama en la que los tumbaron para comenzar a besarlos. A igual ritmo satisficieron sus labios para marchar luego en dirección a su cuello, Harry mordía el cuello del licántropo enrojeciendo algunas zonas y lamiéndolas después, el cuerpo bajo él se deshacía en gemidos. Draco no era más gentil con Severus, sacando de algún lado una escondida vena dominante tomaba posesión de su rostro y su cuello con fiereza conduciendo al hombre en dirección al placer doloroso que solía encender al ex-mortifago.

De vez en cuando abandonaban a sus acompañantes para fundirse en un apasionado beso, lo que provocaba quejas de los dos desatendidos. Harry comenzó a quitarle la camisa a Remus, besando la piel descubierta y marcando con sus dientes los suaves pezones. Imitándole Draco realizó el mismo trabajo con Severus. Teniendo a ambos hombres semi-desnudos sobre la cama se volvieron hacia ellos mismos, y envolviéndose en un beso se desnudaron el uno al otro bajo la atenta mirada de los adultos. La visión de los dos maravillosos cuerpos adolescentes totalmente desnudos y excitados provocó que las durezas de los mayores se hiciesen plenamente visibles bajo sus pantalones. Comenzaron a acariciarse el uno al otro, desesperando a Snape y Lupin que se encontraban deseosos de participar en el juego, pero tampoco se veían capaces de llevar la iniciativa en este juego que los jóvenes parecían dirigir con tanta seguridad.

Con un cambio de posiciones Harry se situó sobre Severus y Draco sobre Lupin y reiniciaron el trabajo antes cortado. Lentamente retiraron los pantalones llevándose también la ropa interior con ellos, y liberando al fin las notables erecciones que estaban bajo ellos. Mientras el joven Slytherin se entretenía jugando en el ombligo del licántropo, el niño-que-vivió había ido al grano rodeando la excitación del profesor de pociones con su boca. Besó la punta, y luego succionó la zona del glande, paseó su lengua por toda la longitud, dio pequeñas mordidas y finalmente se la metió entera en la boca, se la sacó y volvió a empezar. Llevó al adulto al extremo unas cuantas veces sin dejarle nunca descargarse.

Entretanto Draco se había dejado de jueguecitos y había ido directo al asunto, mientras su boca proporcionaba placer al licántropo un dedo curioso caminaba hacia su trasero, prodigando especiales atenciones al sensible trozo de piel que está entre los testículos y la entrada de su cuerpo. Un rato después entró definitivamente, distendiendo la zona con suaves movimientos circulares. El cuerpo sobre la cama se retorcía y buscaba más contacto, que Draco calmaba con sus labios, engullendo el caliente miembro. Finalmente le complació introduciendo un segundo dedo siguiendo con su torturantemente lento ritmo de placer.

Severus observaba tan extasiado la escena que no se dio cuenta cuando Harry introdujo un dedo en él, sino hasta que golpeó algo en su interior que le hizo arquearse. Al instante dos dedos más se añadieron a la fiesta preparando al adulto al que penetró a continuación con rudeza. Comenzó a moverse en cuanto el otro se acostumbró a la invasión, con fuertes embestidas, aunque no tanto como las que un día recibió él de Snape. Draco mientras tanto seguía preparando al licántropo. Aumentó el ritmo, Draco había comenzado a entrar en Lupin, notaba lo cerca que andaba el profesor de pociones, y aunque él aun no estaba listo le comenzó a masturbar para permitirle descargarse.

Severus estalló derramándose entre ambos cuerpos pero Harry que había sido menos estimulado no terminó con él. Mientras Severus trataba de recuperar la respiración Harry se posicionó a la espalda de su dragón e introdujo un dedo juguetón en él. Draco se arqueó al sentir el familiar contacto y unió sus labios con los de su amante sin por ello dejar de entrar lentamente en Remus. En poco tiempo el rubio estuvo listo y Harry entró en él adaptando su ritmo al que ya llevaban los otros.

Los tres cuerpos se retorcían y gemían mientras Severus trataba de recuperarse. La mano del joven Slytherin se había movido para satisfacer el olvidado miembro del adulto, pero su padrino se lo impidió posicionándose a su vez para tomar la dureza de su amante con la boca, quedando de tal forma que su naciente erección estaba al alcance de los labios del licántropo, que comenzó a hacerla crecer.

Harry se encontraba apunto de estallar, la estrechez de Draco era algo que siempre le atrapaba de manera irremediable. Amaba a su rubio, con toda el alma y le deseaba también con todo el cuerpo.

Finalmente con una embestida más se vino en el interior de su amante, aunque no salió de él todavía, abrazándose a su espalda sintiendo el fuerte ritmo que este marcaba sobre Remus. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el vaivén, sus manos agarrando dulcemente a la razón de su existencia.

Draco estaba encantado, sentir como Harry se derramaba en su interior, para luego notarle abrazado a su espalda, tratando de fundir sus pieles para ser uno. Aumentó la velocidad notando como el cuerpo tras él se adaptaba a ella. Quería terminar a la vez que él licántropo que se retorcía bajo las atenciones suyas y de Severus.

Finalmente no pudo aguantar y se derramó en el interior de Remus, saliendo de él poco después. Aun con Harry aferrado en su espalda contempló el disfrute de los dos adultos.

Lupin gemía tratando de introducirse más profundo en la boca de Snape y finalizó en medio de fuertes espasmos de placer mientras continuaba aun dando placer a su amante que poco después se derramó también.

Se echaron sobre la cama, abrazados a sus parejas y cerraron los ojos dispuestos a dormir.

 

¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

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