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Tiempo de Biblioteca
- ¿Hoy tampoco se puede entrar?
- No, parece que siguen arreglando el estrropicio, aunque nadie sabe realmente
que pasó.
- Dicen los Hufflepuff que dos alumnos de Gryffindor y Slytherin se batieron a
duelo dentro.
- ¿Gryffindor y Slytherin dices? Entonces seguro que fueron Potter y Malfoy.
- Seguro.
Dos alumnos se alejaron por el desierto pasillo. Atrás quedó la puerta de la
biblioteca de Hogwarts con un cartel que decía: CERRADO POR REPARACIONES.
En el interior de la supuestamente cerrada biblioteca el ritmo de trabajo era
frenético, se repasaban una y otra vez los libros de la sección prohibida en
busca de la misteriosa maldición.
- Repíteme Hermione. ¿Por qué hacemos estoo?
- Porque Harry es nuestro amigo y precisa de todo nuestro apoyo.
- Él si, pero ¿Por qué el hurón? ¿No habíaa más hombres sobre la tierra? Con
todos los que se ha acostado ha tenido que ir a enamorarse del más idiota.
- ¡Ron! – Exclamó indignada la chica – Draaco es ahora la pareja de Harry, no
hables así de él. Además no se si te das cuenta, pero desde que encarcelaron a
su padre no es el mismo, ya no insulta a nadie por los pasillos y ha dejado de
ser tan arrogante.
- Pues yo no me lo trago.
- Tendrías que ser más abierto, por poco mmatas al pobre chico cuando te
enteraste. Él hace feliz a Harry, eso es lo único que cuenta. Y lo quiere, se
nota que lo ama. Volvamos a esto que sino no acabaremos nunca.
- Esto es imposible Remus, no encuentro naada. – Decía el profesor de pociones en
otra mesa. – Me rindo no se que más hacer. – Añadió arrojando la pluma sobre la
mesa.
- Tenemos que seguir buscando, algo tiene que haber en esta biblioteca que nos
sirva, lo que sea. Tiene que estar en algún lado. Los chicos nos necesitan.
- No digo que no, aunque ya no son unos crríos, y sino acuérdate del otro día.
–Dijo haciendo sonrojar al licántropo.
- Pero nos necesitan, y no podemos fallarlles. Mírales, en estos tres días apenas
han salido de la biblioteca, casi no duermen. Y se nos agota el tiempo, no
podemos mantener la biblioteca cerrada por muchos más días, creo que los alumnos
empiezan a sospechar que no hubo tal enfrentamiento. Además quien-tu-ya-sabes
puede descubrir en cualquier momento que no tiene una gripe mágica especialmente
virulenta. Cuando vea que el tratamiento que pusiste no funciona llamará a
alguien más.
- Tienes toda la razón. Sigamos buscando eentonces.
-Draco, estás que te caes de sueño, tieness que ir a descansar amor.
- No puedo, tengo que seguir buscando, porr algún lado tiene que estar. Mira
todas esas personas que están aquí por ti, para ayudarte, están dando su mejor
esfuerzo, no puedo irme ahora, no sería justo con ellos.
- Están aquí por nosotros y por nuestro hiijo, no por mí.
- Nuestro hijo, suena precioso, ojalá fuesse real.
- Lo es mi dragoncito, es real. Es nuestroo hijo, tuyo y mío, y haremos todo lo
que sea necesario para recuperarlo.
- Deberíamos continuar.
- Ah, no, estamos agotados, no hemos dormiido apenas, nos merecemos un descanso,
y si no te quieres ir tu solo a descansar nos iremos los dos.
Y cogiendo en brazos a un adormilado Draco salió de la biblioteca por una puerta
lateral que conducía a los cuartos que Dumbledore había dispuesto para que todos
descansasen durante la búsqueda.
- ¿Seguro que quieres dormir Harry? Porquee esta manera de transportarme a mi me
sugiere cosas mucho más placenteras.
- ¿Y que cosas si puede saberse?
- Creo que mejor te las muestro.
A continuación comenzó a besar el cuello del Gryffindor que aun no lo había
soltado. Harry posó el cuerpo que transportaba sobre la cama, delicadamente y se
apoderó de sus labios, tratando de transmitirle con ese beso todo el amor y el
agradecimiento que sentía por él, por aquel ángel rubio que le había amado sin
pedir nada a cambio, que le había entregado todo, su cuerpo, su alma y su
voluntad y que le había dado la vida con este gesto. El beso se tornó
apasionado, ambos corazones comenzaron a palpitar más rápido, tratando de
conducir la marea de sangre y hormonas que se precipitaba por sus venas.
Gimieron aun dentro del beso, la ropa estaba de más, si pudieran hasta se
arrancarían la piel para sentirse más intensamente el uno al otro.
Harry desabrochó la camisa del rubio, botón a botón, observando en sus ojos el
efecto que producía. Draco deslizó sus manos hacia le pecho de su amado
introduciéndolas bajo la barrera de ropa que les separaba. Harry perdió el
control. Draco lo acariciaba con dulzura, rozando a penas los sensibles pezones.
Harry continuó su tarea ahora más impaciente. Draco se dejó desnudar por las
hábiles manos. Harry, Draco. Draco, Harry. Piel contra piel, deseo contra deseo.
Las camisas cayeron enredadas al suelo. Las siguieron deprisa calcetines y
zapatos. Cada resquicio de piel era bendecido, besado, acariciado. Ambos jóvenes
marcados en rojo pasión.
- Te quiero, más que a nada en el mundo.
- Te quiero, más de lo que jamás nadie quiiso.
Las respiraciones agitadas, las erecciones se frotan a través de la tela, los
pantalones parecen sobrar. El-niño-que-vivió introduce una mano temblorosa en el
pantalón del ángel rubio y acaricia su dureza, lo nota arquearse buscando más
contacto, deseando sentir más. La introduce ahora por debajo de los calzoncillos
tocando por fin la sensible piel. Bajo su cuidado la siente crecer gracias a sus
caricias y a la vez nota crecer la suya por la simple mirada del Slytherin. La
pupila dilatada por la pasión ha reducido a un mero círculo plateado sus
hermosos ojos. Le gusta verle así. No deja de observar su cuerpo mientras sigue
conduciéndole por los caminos del placer. Labios enrojecidos abiertos tratando
de coger algo de aire, el pecho que se eleva con cada respiración. Le siente
estremecerse y él también se estremece, nota que se arquea y aumenta su ritmo.
Le ve desear y temer el momento en que termine esta dulce tortura, sabe
interpretar cada temblor de su piel, cada mínimo gesto de su rostro. Sabe cuando
la marea del deseo llega y estalla entre sus dedos simplemente por verlo en sus
ojos. Saca su mano de la húmeda ropa y acaricia al muchacho hasta notarlo
relajarse entre sus brazos, finalizadas las oleadas del placer en su cuerpo. Le
gusta sentirle así.
Harry aun se siente excitado, pero decide esperar a que su dragón se recupere.
Los pantalones de ambos están aun sobre su cuerpo. Levantándose de la cama el
Gryffindor desabrocha el botón, sensualmente baja su cremallera y desliza los
pantalones hasta los tobillos, alejándolos de golpe. Los calzoncillos siguen
igual camino. Draco observa en silencio al moreno, desnudo como un dios griego,
exuberante en su belleza y juventud. Poderoso y valiente, cariñoso y protector.
Le gusta verle así. No deja de observar el cuerpo de su amado mientras siente
que él lo desnuda. Sus manos recorriendo la erección que vuelve a nacer entre
sus piernas, sus labios en el ombligo subiendo hacia los pezones, marcando de
nuevo el camino mil veces andado. El Gryffindor se acerca a la mesilla y coge un
botecito de lubricante que allí guardan. Con suavidad lubrica el perímetro para
luego introducir un solitario dedo y comenzar a moverlo. El Slytherin gime y
trata de introducírselo más dentro. Otro dedo se le une en la entrada, y juntos
expanden la estrechez del rubio. Un tercero que lo deja listo para recibirle.
Retira todos y usa un poco más del aceite sobre su impaciente miembro. Draco les
siente irse y no quiere perder la sensación que le provocan, pero pronto algo
mayor pide paso a su cuerpo. Lo siente entrar de una embestida y golpear en el
punto preciso. Necesita más, quiere más, más profundo y más rápido. Comienzan la
danza que solo ambos conocen, la cadencia justa que les guía al placer, ni más
rápido, ni más lento, así. El dragón se pierde en las verdes profundidades. Sabe
cuando tiembla y porque lo hace, conoce cada marca de su piel. Le mira a los
ojos, lo siente acercarse, lo siente llegar. Como inunda sus entrañas con la
caliente semilla, como entre los dos él también se derrama. Le gusta sentirle
así.
Abrazados, desnudos y agotados los ojos se les cierran, duermen uno dentro de
otro como un solo ser.
- No hemos encontrado nada Albus, ya no quuedan libros en donde mirar, hemos
revisado todo. – Declaró McGonagall.
- ¿Y los señores Potter y Malfoy?
- Se fueron hace un par de horas a descanssar. – Dijo Hermione.
- Mejor, pobrecillos no habían dormido en toda la noche.
- Te ablandas con la edad Albus, pareces uun abuelito preocupado por sus nietos.
- Severus no hables así.
- Tranquila Minerva, no pasa nada. Lo cierrto es que a pesar de que Harry ya no
confía tanto en mi, yo lo sigo viendo como un nieto, un nieto al que he fallado
y que tardará mucho en perdonarme, pero no se lo digáis a él.
- No hará falta, creo que lo he oído. – Haabló Harry desde la puerta. - ¿No hay
nada en los libros?
- No muchachos, lo siento mucho. La única solución que se me ocurre es sacar a
tu padre de Azkaban Draco, él conoce el hechizo usado, y a menos que queráis
preguntárselo al propio Voldemort es nuestra única opción.
- Mi padre. Mi padre. – Repitió Draco asusstado mirando a Dumbledore. Harry lo
cogió de la mano trasmitiéndole fuerzas. - ¿No hay otra opción?
- ¿Por qué te asustas ahijado? Creí que tee gustaría ver a Lucius fuera de ahí.
- Así es Severus, pero… no se como se tomaará lo mío con Harry y tengo miedo de
que trate de separarnos. – Añadió tembloroso.
- No os preocupéis, no creo que haga nada de eso, ahora tendremos que mirar a
ver como lo sacamos de allí, no creo que el ministerio nos deje hacerlo si se lo
pedimos. Habrá que hacer que parezca una fuga.
- Y no te olvides del señor oscuro, Albus.. No creo que le parezca bien que un
mortifago se escape y no acuda a él, eso podría traer represalias contra Draco,
además querrá saber como lo ha hecho.
- Por eso mismo tendrás que ser tu quien llleve a cabo el plan, así no
desconfiará, es más te reafirmará en tu posición de espía, porque le ayudarás a
liberar a uno de sus principales sirvientes.
- ¿YO?
- Exacto, esta noche reunión a las 12 en mmi despacho, hablaremos de ello.
Concluyó Dumbledore marchándose a continuación de la biblioteca, dejando tras él
a un impactado profesor de pociones preguntándose todavía que porque él.
- ¿Estás bien Draco? Por Merlín estás helaado. Ven, te llevaré a la enfermería.
- …
- ¿Qué te pasa? Por favor dime que te ocurrre.
Harry sentó al pálido chico sobre sus rodillas.
- Mi Dragón, te quiero, sabes que me puedees contar todo. ¿Es algo que ha dicho
Dumbledore?
- Es por mi padre. – Habló al fin escondieendo su cara en el pecho del moreno
comenzando a sollozar. - ¿Y si trata de separarnos? ¿Y si no me deja hacer lo
del hechizo? ¿Y si se lo cuenta todo a Voldemort? – Terminó comenzando a temblar
de nuevo, derramando algunas lágrimas más.
- No lo hará.
- ¿Cómo estás seguro?
- Por que tu padre te quiere, no hará nadaa que te duela. Pero aunque así fuese,
no lograría separarme de ti, no hay nada que pudiese lograr que yo me apartase
de ti. Nada.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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