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Hora de la Verdad
- Yo mato a Dumbledore, me lo cargo. – Reppetía una y otra vez un hombre
encapuchado en los alrededores de la prisión de Azkaban.
Estaba anocheciendo y era el momento del cambio de guardia de los aurores que la
custodiaban, al menos ya no había dementores.
Como una sombra, se deslizó junto a las paredes, gracias a un encantamiento para
pasar inadvertido, pudo esquivar los dos primeros controles. En el tercero
estuvieron a punto de pillarle, pero un gato atigrado con manchas alrededor de
los ojos tiró unos cubos de basura y les distrajo.
Finalmente estaba junto a los muros de la cárcel, en su bolsillo bien guardado,
un traslador, que los llevase de vuelta a Hogsmeade, y de ahí otro a Hogwarts,
ambos preparados para ser indetectables. Localizó la celda donde se encontraba
Malfoy, por suerte estaba en la planta baja y con una poción corrosiva deshizo
la pared.
- Lucius, nos vamos de aquí.
- ¿Quién…?
- Soy yo, Severus Snape. Silencio, agarra esta cuerda, nos vamos en un minuto.
Y en un torbellino de colores se marcharon antes de que nadie se diese cuenta de
la fuga. Aparecieron en Hogsmeade, en un lugar un poco apartado de la población.
Severus recogió del suelo una lata oxidada y de nuevo partieron.
Lucius pensó que llegarían a alguna mansión de Snape, incluso a su propia casa,
o al cuartel de Voldemort. Pero jamás imaginó aparecer en la oficina del
director de Hogwarts, en pleno territorio enemigo.
- Me has traicionado. – Reclamó alejándosee de él. – Eres un maldito traidor, me
has traído al cuartel de la Orden del Fénix.
- Lucius no digas tonterías, no te he sacaado para volver a encerrarte,
escúchame…
- No. Aléjate. – Chilló cogiendo la espadaa de Gryffindor que se encontraba sobre
una mesa.
- Escúchame de una vez y suelta eso. Estammos aquí por Draco.
- Que te he dicho que no te acerques que… ¿Por Draco? – Finalmente preguntó. -
¿Le ha pasado algo? ¿Le ha hecho algo ese Potter?
- Está bien. Potter no le ha hecho nada, aal menos nada que él no haya querido.
- ¿A que te refieres?
- Suelta eso y siéntate. Draco te necesitaa.
La espada cayó al suelo con un golpe seco y Lucius, agotado y abatido, se sentó
sobre el sillón más cercano. Severus acercó una silla y se dispuso a contarle
todo.
- Quiero que me escuches y no me interrumppas. – Lucius asintió, demasiado
impactado por la situación como para decir nada más. - Han pasado muchas cosas
desde que te encerraron, quizá comenzaron a pasar antes, no lo se con certeza.
Draco está enamorado. No digas nada, déjame que te cuente. Tu hijo ama a alguien
y ese alguien le ama a él. Está dispuesto a todo por esa persona, incluso a
enfrentarse a ti.
- ¿Y por qué no iba a aceptar yo a la noviia de mi hijo?
- No es un ella, es un él.
- ¿Un hombre?
- Si, un hombre, pero no uno cualquiera.
- Bueno, no es tan grave, mientras no sea Potter da igual, es mi hijo y le
acepto como es.
- …
La cara de Severus era todo un poema.
- Pero dime quien es, ya he dicho que no mme voy a enfadar.
- Es que … es que…
-¿Es que qué?
- Es Potter.
- No… no es posible… no puede ser. – Dijo negando con la cabeza una y otra vez.
– Mi hijo no. ¿Tú sabes lo que pasará si el señor oscuro se entera? Por Merlín,
le matará.
- Draco lo sabe y acepta el riesgo. Aunquee te aseguro una cosa, Potter no dejará
que nada le pase, no sabes lo protector que es con él.
- Tienes que hablar con él, tienes que deccirle que deje esa locura, que se
olvide de él.
- Si me fuese a hacer caso ya se lo habríaa dicho, pero no me escuchará, ni
tampoco te escuchará a ti.
- Soy su padre, tiene que hacerme caso.
- Hay más.
- ¿Qué? Nada puede ser peor.
- Pues lo es, créeme. El señor oscuro estáá embarazado…
- No, eso si que no. Es imposible, ya lo cconoces, jamás dejará que nadie lo
tome, no puede estar embarazado.
- No he terminado. El señor oscuro está emmbarazado de Harry.
- Querrás decir de Potter.
- Sí, eso.
- ¿Pero, cómo?
- Al parecer fue en una especie de sueño oo plano astral, no se muy bien cómo,
pero sí sé que Potter vio algo, y que le entró tanta rabia que lo violó. Tuvo
que ser algo muy fuerte, y no se porque me parece que tiene que ver con tu hijo.
- No es posible, no es posible. ¿Draco lo sabe?
- Si, es más, es el único que sabe todo loo que pasó entre Harry…digo Potter y
Quien-no-debe-ser nombrado.
- Tengo que verle, tengo que hablar con éll.
- Ahora está descansando, además hay algo aun que debes oír antes.
- ¿Más?
- Se todo lo del nacimiento de Draco, se qque era hijo de Gladis y tuyo, se lo
que hizo Narcisa.
- Lo sabes ya, entonces sabes porque no puuedo dejar de ser un mortifago, Draco
pagaría las consecuencias de cualquier acto mío.
- Van a enfrentarse a Quien-tu-ya-sabes.
- ¿La orden del Fénix? No están listos, lees destrozará.
- La orden del fénix no, Potter y Draco. VVan a enfrentarse a él y van a realizar
el mismo hechizo que hizo él con Draco.
- ¿Qué? No estás hablando en serio. Están locos, no podéis dejarles hacerlo.
Además que pinta ahí mi hijo, si el niño-que-vivió quiere jugar al papá héroe,
que lo haga, mi hijo no pinta nada y no irá.
- No puedes evitarlo y más teniendo en cueenta que él será quien porte al bebé.
- No, imposible, no lo permitiré. Estáis ddefinitivamente locos.
- Draco tiene sus motivos, él mismo te lo contará, pero no creo que cambie de
opinión.
- No, se lo impediré.
- No podrás. Creo que ahora es mejor que tte calmes, nadie te molestará aquí,
traeré a Draco lo antes posible. – Dijo dirigiéndose hacia la puerta. – Pero
escúchame bien, no quiero que le montes esta escenita, más que nada porque tu
hijo no se lo merece y porque desde aquí te aseguro que Harry estará al otro
lado de la puerta y no dudará en entrar si siente que le levantas la voz o
tratas de golpearlo.
Salió dejando al rubio sumido en sus pensamientos, tratando de asimilar los
acontecimientos.
Caminó por los desiertos pasillos cruzándose tan sólo con un par de fantasmas.
Finalmente llegó a un cuadro con un dragón y un león que jugaban juntos. Era una
extraña escena, pero no más que las que se desarrollaban los últimos días tras
él.
- Sirius es el mejor. – El cuadro se abrióó permitiendo paso.
- Hola Severus. – Dijo Harry recién salidoo de la ducha. – Draco ahora sale.
- Hola – Murmuró de mal humor - ¿No podríaais haber puesto otra contraseña a la
entrada?
- Sabía que te gustaría. – Rió Harry metiééndose de nuevo en el baño y cerrando a
tiempo la puerta contra la que se estrelló un maleficio.
- No le ha sentado muy bien la contraseña,, ¿Verdad?
- No, creo que no.
- Además habrá tenido que lidiar con mi paadre al sacarlo de Azkaban, no estará
muy contento. Creo que tendré que ir a hablar con él.
- Que se espere, estás delicioso. – Dijo HHarry comenzando a besar el cuello de
su dragón desnudo.
Acababa de salir de la ducha y estaba empapado, las gotas de agua corriendo por
su piel, el pelo mojado pegado a la frente.
- Harry… Harry, para que sino luego el quee no podrá detenerse soy yo.
- ¿Y si no quiero que te detengas? – Contiinuó besándole en su punto débil,
encendiéndole, provocándole.
- Continúa.
- Creía que querías que parase. – Dejó el cuello para pasar a los pezones que
lamió hasta dejar erectos.
- Mmmm, no pares, no…
- Severus nos está esperando.
- ¡Pues que espere! – Gritó Draco cuando HHarry tomó su miembro con los labios y
comenzó a recorrerlo entero, como un pirulí, lamiendo toda su superficie,
engulléndolo entero de pronto, besando su punta y succionando hasta hacerle
enloquecer.
Fuera el profesor de pociones que había oído claramente el último grito de Draco
se preparó para esperar, así daría más tiempo a Lucius para asumir la situación.
Harry arrodillado delante de su amante se dedicaba a complacerle oralmente,
poniendo en ello su mejor esfuerzo. Quería darle seguridad en si mismo, de esa
que tanto le faltaba cuando estaba ante su padre. Mostrarle que su amor no tenía
límites, que juntos podrían con todo. Bajo de la nube de sus pensamientos para
volver a lo que hacía. Draco estaba cada vez más excitado, las venas de su
miembro latían fuertemente marcadas.
- H..a..r.r..y
Draco trataba de hablar entre gemidos entrecortados.
- H..a..r..r..y
Lo sintió derramarse en su boca con un último gemido, diciendo su nombre.
Sonriendo se levantó en lo que Draco trataba de normalizar su respiración.
- Snape nos espera.
- Fantástico, ahora tendré que volver a duucharme. Creo que lo haces a propósito.
- Te esperaré fuera, porque ya sabes que ccuando te veo así no puedo contenerme.
Harry salió para encontrarse con el profesor acariciándose en el sillón.
- Ejem, ejem. – Carraspeó para llamar su aatención. - ¿Necesitas ayuda? –
Preguntó burlón.
- Condenado Gryffindor.
Harry se sentó en otra silla un poco alejada y se dispuso a leer un rato en lo
que salía su dragón, mientras Severus se abrochaba los pantalones. No iba a
darle el gusto de acariciarse enfrente suyo mientras pensaba en lo que había
pasado en el cuarto de baño.
Al cabo de un rato Draco salió ya duchado y los tres se dirigieron hacia el
despacho del director donde Lucius les esperaba.
-¿Quieres que entre contigo?
- No, será mejor que esperes fuera, al mennos de momento.
- Bien. No olvides que te quiero. – Dijo bbesándole reticente a dejarle ir.
El despacho estaba totalmente silencioso, en el suelo se veía la espada de
Griffindor todavía caída. Su padre estaba de pie mirando por la ventana.
Ausente.
Se agachó y recogió la reliquia, recordando como Harry le contó su obtención.
Delicadamente la colocó en su lugar, admirado de su belleza, la delicadeza de
sus líneas.
- Hijo.
- Padre.
- ¿Es cierto entonces?
- Si, es cierto.
- ¿Por qué lo haces? ¿Tanto lo amas?
- Si, lo amo.
- Pero el señor oscuro te destrozará. No ttenéis poder para enfrentaros a él.
- Él puede hacerlo.
- No. No puede. Es imposible no podréis veencerle. Tienes que desistir.
- NO LO HARÉ. – Gritó enfurecido. – No voyy a dejar a Harry y no vamos a permitir
que algo nos pase a nuestro hijo.
- ¿Vuestro hijo? ¿Vuestro hijo? No es vuesstro hijo. Es el hijo del señor oscuro
y de Harry. ¿No lo entiendes?
- Si, lo sé. Pero le querré como mío. >
Se hizo un silencio incómodo. Ambos mirando al suelo sin atreverse a decir nada
más.
- ¿Él te quiere?
- Si.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- ¿Cómo estabas tu seguro de que mamá te qquería? Cuando puedas responderme a eso
te responderé porque yo estoy seguro.
- Es un suicidio, Draco.
- Si tenemos que morir lo haremos juntos.
- No. No puedes morir. No quiero que mueraas. – Dijo Lucius derrumbándose. - Eres
mi hijo. Lo más importante para mí. Lo único que tengo. – Añadió arrodillándose
en el suelo. – No…
- Padre. – Draco corrió a abrazarle. – No voy a morir, no voy a morir. Pero
tengo que hacerlo, entiéndelo.
- No quiero entenderlo, no quiero, porque eso supone admitir que ya no eres un
niño, que ya no dependes de mí, significaría dejarte marchar.
- Padre. – Habló el joven con lágrimas en los ojos.
- Hijo mío. Nuestros caminos se separarán ahora. Mi destino ya está escrito,
pero el tuyo aun está por forjarse. ¿Estás seguro que eso es lo que realmente
quieres?
- Estoy seguro.
- ¿Entonces a que esperas para presentarmee a tu novio?
- ¿Estás seguro de que quieres conocerlo?<
- Bueno, creo que merezco conocer al jovenn que ocupa el corazón de mi hijo, al
menos me debes eso.
La puerta del despacho se abrió sorprendiendo a los que esperaban fuera.
- Harry mi padre quiere hablar contigo.
Juntos entraron y cerraron dejando una vez a un muy enfadado Severus fuera.
Llevaba un día horrible, primero clases con los inútiles de sus alumnos, después
antes de comer reunión de la orden, clases y a continuación camino a Azkaban,
para colmo se tuvo que aparecer lejos por las dichosas barreras anti-aparición y
pasarse unas cuantas horas agazapado hasta que pudo acercarse. Desde luego no le
pagaban lo que valía. Y ahora para colmo tenía que esperar para que no se
matasen entre ellos y llevar a continuación a Lucius ante el señor oscuro. ¿Por
qué existirían estos días?
Dentro ajenos a los pensamientos del profesor de pociones se encontraban los dos
Malfoy y el joven Potter.
- Hola señor Malfoy. – Dijo Harry dándole la mano.
- Señor Potter. – Respondió este fríamentee.
Draco se sentía muy incómodo en esa situación, no era esa la imagen que tenía en
mente cuando soñaba con presentarle a su padre a su pareja. No se le parecía
nada.
- ¿Hijo podrías esperar fuera? Tengo unas cosas que hablar con el señor Potter.
- Llámeme Harry.
Draco asintió y salió del lugar, quedándose sentado en el suelo cerca de su
padrino, atento a cualquier sonido que se produjese en la habitación, dispuesto
a salvar a su pareja de un Lucius enfurecido.
- Bien Potter, perdón Harry. ¿Qué te hace pensar que eres digno de mi hijo?
- No lo se señor, ignoro si soy digno de ssu hijo, pero lo amo y él me ama.
- Le estás conduciendo a su destrucción.
- Le estoy salvando.
- No digas tonterías, si el señor oscuro sse entera de esto le matará.
- No lo permitiré.
- Deberías dejar que siguiese su camino, ddeberías dejarle libre.
- Él ya es libre. Y no voy a permitir que se convierta en un mortifago para que
Voldemort le viole como hace con usted y con Snape y con muchos otros.
- ¿Qué sabes tu de eso? – Preguntó asustaddo el hombre.
- Se lo que he visto en la mente de Voldemmort.
- Así que lo que dijo Severus no iba tan ddesencaminado.
- Ignoro lo que le dijo, pero lo hice por Draco. Voldemort lo desea y no podrá
hacer nada por impedir que logre lo que quiere. No voy a permitir que le ponga
un solo dedo encima, jamás. Daré mi vida si es necesario con tal de que ese
desgraciado no lo toque.
- No es posible. No es cierto eso que dicees.
- Que no quiera creerlo no significa que nno sea verdad.
- Lucius es hora de irnos. – Interrumpió SSeverus. – El señor oscuro nos espera.
Ambos hombres partieron hacia los cuarteles de Voldemort a explicar la fuga y
presentarse ante su señor, atrás quedaron dos jóvenes abrazados y temerosos de
no volver a ver a los que ahora partían, pues todo el mundo sabe que los errores
se pagan caro entre los seguidores de el-que-no-debe-ser-nombrado.
- Mi señor. – Dijeron ambos arrodillándosee ante aquel hombre que más parecía una
serpiente.
- Mis fieles sirvientes. Y Malfoy, fuera dde Azcaban. ¿Cómo es eso posible?
Hablad.
- Mi señor, yo me encargué de la fuga. Pennsé que os complacería tener con vos a
uno de vuestros principales efectivos.
- Es por mi mismo que se qué es lo que me complace y lo que no. ¿Y los demás?
¿Por qué no fueron liberados?
- Sus celdas estaban dispersas mi señor, yy tuve que elegir entre vuestros
siervos cautivos, pensé que Lucius merecía más vuestro perdón.
- Has acertado Snape, de los cautivos Malffoy es el que sabe mejor complacerme.
Márchate, ya serás recompensado por tu acción. Pero antes dime ¿Sabes algo más
de los planes del viejo?
- Nada mi señor, parece que la orden del ffénix está volcando todos sus esfuerzos
en descubrir que es lo que hace el promiscuo de Potter por las noches. De
momento no han iniciado ninguna investigación nueva.
- Bien, vete ahora y déjame a solas con Maalfoy, pero no te vallas muy lejos,
quizá necesite más tarde de vuestras pociones.
- Mi señor. – Dijo el espía haciendo una rreverencia mientras se marchaba y
cerraba la puerta.
- Lucius acércate, deja que te vea.
- Si mi señor. – El rubio se aproximó hastta quedar a un lado del hombre que
sentado en un trono ricamente adornado repartía muerte entre sus enemigos.
- Lucius, tan hermoso, tan perfecto, te paareces tanto a tu hijo. – Dijo
acariciando su mejilla suavemente con su huesuda mano. A continuación lo agarró
con fuerza del mentón clavándole las largas uñas y acercó el rostro hasta
besarlo con fiereza, forzándole a abrir la boca para introducir su áspera
lengua, bífida como la de una serpiente.
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VIOLACIÓN-------------------------------------------------------------
El asco le invadió, aquella lengua profanándole con violencia, exigiéndole un
paso que él no deseaba conceder. Los dedos seguían presionando con fuerza,
dejando marca en la sensible piel e impidiéndole cerrar la boca. Sentía ganas de
vomitar, pero no podía permitírselo, el castigo sería grande, tanto que dudaba
de conservar la cordura cuando finalizase.
Unas palabras en parsel y se sintió desnudo, expuesto totalmente a aquel ser que
le miraba con lujuria violenta.
- Tan parecido a tu hijo. – Repitió mientrras pasaba violentamente sus frías
manos sobre él cuerpo de su siervo, sin respetar ningún lugar, dejando arañazos
por allí donde sus uñas pasaban. Rojas gotas caían de las heridas abiertas,
dolía mucho, como si un veneno hubiese penetrado en la piel agudizando los
sentidos.
Un toque de varita y se vio encadenado cara a la pared, fuertes cadenas
lastimaban sus muñecas y tobillos, con el hierro clavándose en la piel como mil
agujas afiladas. Estaban hechas para que cualquier simple movimiento aumentara
el dolor.
Oyó un chasquido a su espalda, una correa de cuero resonando contra el suelo de
piedra. Sintió un frío cuerpo situarse detrás suyo, frotarse contra él. Al menos
no tenía que contemplar la desnudez de su amo.
Perdió el contacto de la otra piel y poco después un latigazo cruzó su espalda,
abriendo la carne. Tratando de no gritar se mordió los labios, podía soportarlo,
podía soportarlo.
- Esto te pasa por dejarte capturar. – Un nuevo golpe sobre su espalda. Y otro
más. La sangre corría libre cayendo a goterones sobre el suelo. El labio abierto
de tanto morderlo por impedir los gritos, el sabor metálico en su boca y
escurriendo por su barbilla. Ya no podía soportarlo, dolía demasiado.
- Aaaaaaaaaaa – Un grito de dolor sonó cuaando el látigo cortó el aire una cuarta
vez. El rojo líquido seguía fluyendo incansable de las heridas. Otro latigazo
más, la carne desgarrada latiendo en agonía. Y otro, dolor, sólo dolor.
Finalmente se detuvo, y se aproximó al cuerpo encadenado. Con sus dedos abrió la
carne haciéndola sangrar aun más, introdujo sus manos en los rojos surtidores y
depositó la sangre sobre su miembro erecto. De una sola embestida lo penetró con
fiereza y sin esperar a que se acostumbrara. Mientras con una mano lo obligaba a
seguir su violento ritmo, sujetándolo de la cadera, con la otra agarró
fuertemente el pelo, tirando de su cabeza hacia atrás y arrancándole mechones de
cabello en el proceso. Con fruición lamió la sangre que escurría del labio, que
mordió hasta reabrir la herida. Las feroces embestidas continuaban clavándosele
en el cuerpo, sin causar ni un gramo de placer, sólo punzante dolor.
Con cada latido del corazón, sentía que la vida se le escapaba por las ardientes
heridas. Las uñas del monstruo se clavaban ahora en su flácido miembro causando
profundas laceraciones en la sensible piel.
Lo sentía clavarse en el cuerpo, como un hierro candente hundido en las
entrañas, finalmente lo sintió venirse en su interior. El líquido escocía y
quemaba en las lesiones internas. Las cadenas desaparecieron cayó al suelo,
golpeándose fuertemente la cabeza, que comenzó a sangrar con el impacto. Su
corazón latía llevando el rojo líquido al exterior de su cuerpo, sobre el inerte
suelo.
------------FINAL DE LA
VIOLACIÓN---------------------------------------------------------
- El próximo día tráeme a tu hijo, él seguuro que aguanta más.
Sintió unos pasos alejarse antes de caer en la inconsciencia. Era su final.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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