Titulo: Las Aventuras Eróticas de Harry Potter

Clasificación : NC-17

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Decisiones que marcan vidas



- Que alguien se lleve esa cosa de mi desppacho, e intentad que no se desangre, aun tiene que traerme a su hijo. – Exclamó el señor oscuro entrando en la sala donde Snape y otros mortifagos se encontraban. – Y limpiad el suelo, no me gusta la sangre seca.

Asustado, Severus, corrió hacia allí en cuanto el-que-no-debe-ser-nombrado desapareció. La visión que se le presentó era suficiente para revolverle el estómago al más pintado. En el suelo, cubierto de sangre y con algo de semen mezclado con el rojo elemento que surgía entre sus piernas, estaba Lucius. El cuerpo herido y lleno de moratones, la belleza, desfigurada por uñas inmisericordes, tan pálido, que parecía que toda la sangre hubiese abandonado su cuerpo, junto con la vida. Inerte, sobre el frío suelo.

Se acercó a él con delicadeza, tratando de no dañarlo más. El pulso era débil y errático, el largo cabello había perdido su habitual suavidad y color, para ser una maraña rojiza, aún húmeda. La sangre seguía fluyendo.

Con rapidez, sacó unas pociones de su bolsillo, coagulantes y para reponer sangre. Tendría que estabilizarle, antes de pensar siquiera en sacarlo de allí. Una vez restablecidas medianamente sus funciones vitales, lo levito delante de él, hasta sacarlo de los límites de la mansión, donde podrían desaparecerse.

Usó el traslador que conducía directamente a la enfermería. Sentía que la vida del hombre se le escurría entre los dedos. No podía dejarle morir, Draco no se lo perdonaría, él mismo no se lo perdonaría.

La rapidez de Poppy, salvó la situación. Las heridas eran muy graves y debía ser trasladado a San Murgo, pero no era conveniente, era un fugitivo, no podría presentarse allí.

La enfermería fue cerrada al instante para atender al herido. Poppy, iba de un lado para otro con pociones y vendas. Un poco apartado, Severus, preparaba mezclas especiales para el paciente. El resto de los profesores, iban de un lado para otro incapaces de decidir qué hacer. Las clases de la mañana habían quedado olvidadas, nadie del profesorado dormiría esa noche.

La pregunta más común era cómo se lo dirían a Draco, pues si no estaba ya allí, quería decir que Harry no había visto nada, y la situación sería nueva para él.



Tras el cuadro del león y el dragón, ajenos a estos sucesos, los dos jóvenes hablaban abrazados en el sofá. La actitud de Lucius era el tema principal.

- ¿Eso te dijo mi padre? No puedo creerlo ¿Por qué no puede ver la situación? – Decía el Slytherin volviéndose hacia su amado.

- Él solo quiere lo mejor para ti.

- Pero está equivocado, lo mejor para mi ees estar contigo.

- No lo sé. – Murmuró Harry esquivando la mirada.

- ¿Cómo que no lo sabes? ¿Es qué acaso ya no me amas? ¿No valgo el esfuerzo? – Gritó Draco herido por la actitud del moreno. Si él se rendía no le quedaba nada, lo había dado todo por él y ahora veía que no era correspondido.

El silencio del Gryffindor fue la única respuesta.

- Bien. – Dijo el rubio para darse la vuellta y marchar hacia la puerta con los ojos cuajados de lágrimas.

- Espera – Sintió una mano agarrándolo conn firmeza pero con dulzura. Se sintió envuelto en un abrazo. – Soy yo el que no se merece todo lo que haces por mí. – Oyó susurrado en su oído. – Te amo tanto Draco, que tengo miedo de conducirte por un camino que sólo traerá nuestro final. A lo mejor, es más seguro para ti, que te deje marchar.

Ambos lloraban, con sus lágrimas mezclándose sobre la piel.

- No te atrevas siquiera a insinuarlo. No lo digas. – El rubio acariciaba la mejilla del moreno aun fundidos en un abrazo. – Tengo derecho a elegir y elijo estar contigo.

- Pero…

- No hay peros, sé lo que me puede pasar, y lo acepto. Te amo Harry, y nada ni nadie podrán cambiar eso. Sé que no hay otro para mí, eres el único al que amaré.

- Tú también eres el único para mí. Duele amar tanto. No se muy bien qué pasará, y tengo miedo de perderte, nunca había sentido esto por nadie, si algo te pasa no podré continuar viviendo.

- Nadie sabe lo que ocurrirá mañana, solo tenemos el presente, y este presente para mi, eres tú. No pienses en lo que traerá el nuevo día, disfruta cada segundo que estamos juntos, como lo hago yo.

Las luces de la habitación oscilaron creando extrañas sombras y relevando dos cuerpos abrazados. Los rostros fijos uno en el otro, las respiraciones contenidas.

Poco a poco la distancia disminuye, los labios se unen tiernamente primero, apasionadamente más tarde. Harry pidiendo paso a la boca del rubio, quien respondió aferrándose más fuerte al cuerpo que abraza.

Con pasos temblorosos se mueven en dirección al dormitorio hasta que el sofá frena su avance, caen uno sobre otro, entre risas de felicidad. La plata sobre el oro, Slytherin sobre Gryffindor.

Draco besa fuertemente al moreno, mientras sus inquietas manos le revuelven los cabellos. Las gafas están ya sobre la mesa. Recorre ahora su cuello, depositando pequeños besos y suaves mordidas, se entretiene jugando con el lóbulo de la oreja, y susurrándole, de paso, palabras al oído, que logran encenderlo.

Eleva su cuerpo, quedando sentado sobre sus caderas, presionando su naciente erección. Recorre con las manos el rostro, y vuelve a besarlo, las pupilas están dilatadas, encendidas por la pasión. Se incorpora de nuevo, presionando por el camino la entrepierna de Harry, frotándose contra ella y sintiéndola hincharse bajo él.

Con diestras manos va desabrochando uno a uno los botones de la blanca camisa, que a continuación, desliza por los hombros, dejando atrapadas las manos del Gryffindor por la tela.

Hoy se siente rebelde, le apetece tomar el control y demostrarle a Harry, cuanto le ama.

Sus dientes muerden uno de los pezones, arrancando gemidos del cuerpo bajo él, luego el otro recibe igual trato. Una idea cruza su mente y una sonrisa traviesa nace en sus labios.

Arranca un trozo de su propia camisa y con él, venda los ojos a su pareja. Seguidamente se quita toda la pieza y se tiende sobre el moreno. Comienza a rozar los cuerpos en círculos, mientras besa alternativamente todo su rostro.

Baja al cuello y muerde hasta hacerlo sangrar, de la pequeña herida chupa la sangre y con ella en su boca, se la da probar al Gryffindor.

Los sentidos están totalmente despiertos, supliendo la falta de visión con una mayor intensidad del tacto. Draco se levanta, haciéndole gemir por su falta, pero al poco siente unas manos conocidas quitándole los zapatos. Los calcetines son retirados a continuación, con un suave masaje y dulces besos en la planta de los pies, que causan cosquillas al niño-que-vivió. Huele un aceite aromático y nota como el rubio lo extiende, masajeando expertamente la zona, relajando el cuerpo a través de ese contacto. Quiere liberar sus manos y recompensarle, devolverle el mismo favor, o al menos tratar de intentarlo. Se revuelve inquieto tratando de soltarse de la camisa que lo aprisiona, pero un dedo sobre sus labios le calma.

- Déjame a mí. – Resuena en su oído.

Las manos, ahora se dirigen hacia la cintura del pantalón, se oye el botón ceder y como la cremallera es bajada, pero no toca su cuerpo en el proceso. Los pantalones son retirados, sin un solo contacto.

En el silencio del cuarto, la respiración de Harry, se oye agitada, impaciente e ignorante de lo que hace el rubio. Quiere volver a sentir sus manos sobre él, recorriéndolo.

Con movimientos felinos, Draco, observa el cuerpo en el sofá, cubierto solo por unos boxer rojos, todo un Gryffindor. Los labios semiabiertos, dispuestos a ser tomados, el pecho que se eleva cada vez que el aire entra y sale de los pulmones.

Él también se desnuda, los pantalones caen silenciosos al suelo, le siguen zapatos y calcetines. La ropa interior, verde, es deslizada fuera del cuerpo.

Se tiende a lo largo sobre el cuerpo de su amado, haciéndole notar su total desnudez. Frotándose insistentemente, con especial hincapié en la zona cubierta por la tela, que de pronto desaparece.

- Magia accidental. – Dice Harry a modo dee excusa.

- Ya has desaparecido otros boxer, a este paso te quedas sin ropa interior. – Habla Draco en su oído. – Eso facilitaría las cosas cuando disponemos de poco tiempo para estar juntos. – Muerde el lóbulo de su oreja, como en los cambios de clase. Creo que te voy a quitar el resto de tus calzoncillos, así serán más excitantes nuestros encuentros. – Continúa hablando eróticamente. – Pensar que cuando te acaricie bajo el pupitre mientras estamos en clase de pociones, solo el pantalón separará tu piel de mí, y con introducir mis dedos bajo él. – Dijo acompañando la palabra del gesto y agarrando su dureza. – Podré tenerte.

Comenzó a acariciarle con una mano, mientras la otra la dirigía hacia su propia erección. Empezó a moverse sobre Harry, conduciéndole hasta el límite. Haciéndole olvidarse de todo.

Su mano abandonó su miembro para dirigir unos dedos hacia la boca del moreno, que chupó con ansias, recorriéndolos de arriba abajo, como desearía hacer con el miembro del rubio. Esperó expectante notar uno de ellos en su entrada pero nada pasó, la mano sobre su dureza seguía complaciéndolo.

Draco se introdujo uno de sus propios dedos y comenzó a moverlo, luego metió otro, incluso un tercero, preparándose para lo que vendría a continuación.

Se elevó sobre Harry y de un solo movimiento, se empaló entero en el moreno, arqueando la espalda de placer. El sudor recorría su piel como blancas perlas, los labios entreabiertos tratando de captar más aire.

Cuando se acostumbró a la sensación de sentirse completo, comenzó a moverse arriba y abajo, clavándose más hondo la excitación del moreno. Los gemidos llenaban el aire. El ritmo era cada vez más rápido.

Harry solo acertaba a elevar sus caderas para sentir más profundo al rubio cuando este caía sobre él. Desearía poder acariciarle, pero ese placer le estaba prohibido, y en cierto modo le gustaba sentir como Draco tomaba el control.

Al sentir como el moreno estaba cerca el Slytherin comenzó a acariciar su propia erección, mientras con la otra mano se aferraba al sillón para controlar la profundidad de las embestidas.

Primero sintió a Harry llenándolo, casi simultáneamente él se derramó entre los dos, contrayendo los músculos de su entrada, alargando el orgasmo del Gryffindor de manera única.

Agotado, se dejó caer sobre el cuerpo de su amado, sintió como este lo abrazaba, y lo cubría con una manta.

- ¿Tú no tenías los brazos atados?

- Hace rato que no, pero no quería estropeearte el momento. – Contestó Harry mientras retiraba la venda de sus ojos, observando, por fin, a su ángel rubio.



- ¿Cuál es el diagnóstico Poppy?

- Además de las heridas externas, tiene unna conmoción cerebral y desgarramiento interno. Ha sido fuertemente violado, y si a eso se le añade lo mal que estaba de salud por su estancia en Azkaban…no sé si pasará de esta noche, todo depende de las ganas que tenga de vivir.

Todos quedaron en silencio, impactados por la noticia. El más afectado de todos, era Severus, que se le caía el alma a los pies al pensar en cómo se lo diría a Draco.

- ¿No ha dicho nada?

- Habla sin parar, pero dice cosas sin senntido.

- ¿Qué es lo que dice? – Preguntó impaciennte el profesor de pociones.

- Repite una y otra vez: “No dejaré que loo toques, no te lo llevaré.” y también “Draco, no, él no.”

- ¿Tiene sentido, Severus?

- No estoy seguro Albus, lo mejor será habblarlo con los chicos, quizá puedan aportarnos algo.

- Tienes razón, además alguien tiene que iir a decirles lo que ocurre.

- Iré yo, al fin y al cabo, soy el padrinoo de Draco.

Y sin esperar nada más, salió de la enfermería con una última mirada al hombre que yacía en la cama.

Caminó por los pasillos, perdido en sus propios pensamientos, dudas y angustias, hasta llegar al cuadro que custodiaba las habitaciones de los jóvenes. Albus les consentía demasiado, ningún alumno más disponía de unas habitaciones privadas. Pero no era momento para pensar en eso, ni siquiera para quejarse por la contraseña.

Silenciosamente entró, la habitación estaba en penumbras, se iba a dirigir hacia el dormitorio donde suponía que encontraría a los jóvenes, cuando tropezó con una camisa desgarrada, luego unos pantalones. Levantó la vista hacia el sofá, y allí les vio. Dormían desnudos, abrazados, las pieles brillantes del sudor. La manta que antes les cubría se había deslizado hacia el suelo.

Se acercó con cuidado de no despertarles. Cuantas cosas habían pasado desde aquella lejana vez en que estuvieron los tres juntos, bajo las órdenes de un Harry implacable. Que diferentes parecían ambos adolescentes, obligados a crecer demasiado pronto. ¿Cuándo todo cambió? Dejando de ser un juego y volviéndose una situación tan seria, que en ocasiones no encontraba fuerzas siquiera para reír. ¿Y a dónde les conduciría esta vorágine de sucesos? Quizá a la victoria del señor oscuro, o tal vez a su derrota, fuese lo que fuese, ocurriría pronto y él hacía tiempo que había tomado la decisión de a quién apoyar.

Abrió perezosamente los ojos, oía la respiración de alguien más cerca que no era su rubio. Le costó un poco centrarse, estaba en el sofá con Draco dormido sobre él, y había alguien en una silla cercana.

- ¿Severus? ¿Qué haces aquí?

- Hola Harry, he traído de vuelta a Luciuss.

- Habla más bajo, no vallas a despertar a Draco, está agotado…

- ¿Qué hace mi padre aquí? ¿No se suponía que le habías llevado con el señor oscuro?

- Buenos días. – Saludó Snape al recién deespertado Slytherin.- Ha ocurrido algo.

- ¿Pero mi padre está bien, no? – Se levanntó angustiado el rubio, inconsciente de su propia desnudez.

- Draco será mejor que esperes a ver qué ees lo que nos tiene que contar Severus. – Dijo Harry dándole la mano para que se sentase a su lado y cubriéndoles a ambos con la manta que reposaba en el suelo.

- Comenzaré a contarlo todo por el princippio. Quien-vosotros-sabéis nos recibió nada más llegar, al poco me pidió que me retirase y se quedó a solas con tu padre. No se muy bien lo que pasó dentro, sólo se que al rato el señor oscuro salió y nos ordenó entrar a limpiar. En el suelo encontré a tu padre gravemente herido, él lo había violado. Estaba inconsciente, lo traje aquí, ahora está en la enfermería.

- …

Draco estaba más pálido de lo normal y se aferraba a su pareja con todas sus fuerzas. Se levantó y echó a correr hacia la puerta, pero a medio camino las fuerzas le fallaron y cayó desmayado. Harry lo recogió en sus brazos y lo tumbó sobre el sofá, mientras con un hechizo los vistió a ambos.

- Potter, hay algo más. Pero creo que es mmejor que mi ahijado no lo sepa, al menos de momento.

- Dime.

- Creemos que el señor oscuro pidió a Luciius que le llevase a Draco. – Si Severus esperaba que fuese una sorpresa falló.

- Me lo imaginaba. - Murmuró el Gryffindorr con resignación.

- ¿Qué sabes?

- Voldemort desea a Draco, desde antes aunn de recuperar su cuerpo, siempre le ha estado rondando, y ahora ya no puede esperar más. – La voz del más joven estaba cargada de rabia. – Pero no lo tendrá, no le permitiré ponerle la mano encima.

Unas palabras ininteligibles les avisaron de que el rubio comenzaba a despertar.

- ¡PAPÁ! – gritó levantándose de un salto.. Pero Harry le agarró de la mano y le obligó a sentarse, temeroso de que se volviera a desmayar.

- Tranquilo dragoncito, ahora vamos a ver a tu padre, pero primero tienes que relajarte.

Trató de levantarse de nuevo pero el moreno se lo impidió.

- No te voy a dejar ir hasta que no te traanquilices. ¿Me has entendido?

Asintió mientras era abrazado por su pareja, y comenzó a llorar. El Gryffindor le dejó desahogarse, secando sus lágrimas con dulces besos.

Severus observaba la escena absorto, asombrado de lo bien que se complementaban ambos muchachos, como sabía ser fuertes el uno para el otro, cuando la ocasión lo requería. Algún día él podría estar así con Remus, y al fin lograr que el otro olvidase su historia con Sirius y el halo de tristeza que siempre le acompañaba desde entonces.

- Vamos a ver a tu padre. – Dijo finalmentte Harry dando la mano al rubio para ayudarle a levantarse.

Llegaron a las puertas de la enfermería poco después, era noche cerrada en el castillo y nada se oía por los pasillos.

Cuando las puertas se abrieron, todos los que estaban en el interior callaron expectantes. Lucius aún no había recuperado la consciencia, aunque parecía más vivo que hace una hora.

Con pasos vacilantes, Draco, avanzó hacia la cama, apoyado en su pareja que se negaba a separarse de él en estos momentos tan complicados.

La visión del rostro demacrado cruzado por los arañazos era impactante, la pálida piel más blanca que nunca, resaltaba con el rojo intenso de las heridas. Con manos temblorosas retiró la sabana que cubría el cuerpo. El torso estaba fuertemente marcado, el pene flácido cubierto de profundas heridas.

- ¿Podéis darle la vuelta?

- No creo que sea adecuado…

- Es mi padre, tengo derecho a verlo.

- Lo siento Draco, pero no vamos a hacerloo. – Le dijo Severus.

- Pues lo haré yo mismo. – Con un movimiennto de varita lo giró, colocándolo de costado.

Al instante deseó no haberlo hecho. La espalda estaba totalmente destrozada, con profundos surcos en la piel, las nalgas enrojecidas comenzaban a amoratarse y lo peor era lo no visible.

Se refugió en los brazos de Harry rompiendo a llorar desconsoladamente, mientras la enfermera volvía a colocar a su padre en la posición del principio.

Nada se oía salvo los profundos sollozos del joven Slytherin.

- ¿Draco? – Se oyó procedente de la camillla.

El rubio giró hacia donde le llamaban, no era la misma voz que le arrullaba de niño, esta sonaba cansada, vieja, como de alguien que ha perdido todas las esperanzas de vivir.

- ¡Padre! Estoy aquí. – Corrió a su lado yy con cuidado de no rozar las heridas de sus muñecas le cogió de la mano.

- Hijo mío, estás a salvo. - Trató de habllar el hombre sobre la cama, los ojos enrojecidos intentando ver a su pequeño, pero sin lograr apenas distinguir una sombra.

- Padre – Dijo comenzando a llorar de nuevvo. – Tenía miedo de perderte, creí que no despertarías.

- Estás bien, él no te ha encontrado.
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- ¿Quién? – Preguntó el más joven temiendoo la respuesta.

- El señor oscuro, me pidió que te llevasee, pero yo no pienso hacerlo, no pienso entregarle a mi niño para que le haga esto.

Todos los presentes tenían el corazón encogido al ver la triste escena que se desarrollaba ante sus ojos.

- Hijo mío, prométeme…prométeme…que ocurraa lo que ocurra nunca cometerás mis mismos errores, jamás serás un mortifago.

- No lo haré padre, te lo prometo, no me uuniré a ellos.

- El hechizo es… - La voz se le iba, Luciuus luchaba por no caer en la inconsciencia, no sabía si volvería a despertarse, tenía que despedirse de su hijo, dejar todo atado para cuando él faltase. – avada corpus cambiae.

Con las últimas palabras, Lucius, quedó de nuevo inerte.

 

¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

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