Titulo: Las Aventuras Eróticas de Harry Potter

Clasificación : NC-17

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Acciones



- Poppy dijo que se recuperaría, ya ha passado lo peor. – Decía Harry a un somnoliento rubio, que se balanceaba en el suelo, a su lado.

Acababan de regresar de la enfermería, después de un día entero de angustia. Draco se había negado a separarse de su padre inconsciente y sólo ahora, que la situación se había estabilizado, había logrado sacarle de allí.

Pasaron horas de incertidumbre, creyendo que cada respiración del hombre sería la última. En ocasiones lo oían murmurar en sueños. Los golpes se habían tornado de un amarillo enfermizo. El rostro, antes hermoso, parecía ahora una cruel burla a lo que en el pasado fue.

No soltó la mano de Draco ni un solo momento, consciente de que sin él, se derrumbaría. Se sentía incapaz de marcharse y aunque los profesores no se lo hubiesen permitido, se habría saltado las clases igualmente.

En unas horas tenían reunión de la orden, ya conocían el conjuro, así que el ataque podría realizarse. Por primera vez, Dumbledore, le había pedido a Harry que llevase al rubio con él. A pesar de ser una pieza fundamental en el futuro ataque, no le habían permitido participar aún en ninguna. Otros que irían también por primera vez eran Hermione y Ron.

Snape les había dado una poción especial para recuperar fuerzas, de hecho, les había dado la más fuerte que tenía, además, en el caso de Draco, estaba mezclada con un poco de poción sin soñar, para permitirle descansar mejor.

Cogiéndole directamente en brazos, marchó con él en dirección al dormitorio y lo depositó sobre la cama. El Slytherin parecía un autómata, incapaz de hacer nada por sí mismo. Suavemente, lo tumbó y le dio a beber el contenido de su redoma. Una vez dormido y relajado lo fue desvistiendo, lentamente. A continuación, él mismo se preparó para dormir. Se echó a su lado, y de un trago, acabó con su poción. Lo último que hizo, antes de caer en un profundo sueño, fue aferrar el frágil cuerpo del rubio más cerca de él y depositar un suave beso sobre sus labios abiertos.

Draco se despertó extrañamente tranquilo, era como si los sucesos de ayer fuesen algo del pasado. Sentía los brazos del moreno a su alrededor, reteniéndolo como si tuviese miedo de perderlo. Delicadamente, apartó un mechón rebelde de sus ojos. Era tan hermoso cuando dormía… Recorrió suavemente la cicatriz de su frente, era algo especial, cuando la veía recordaba todo por lo que había tenido que pasar su pareja para llegar vivo hasta ese momento, y lo admiraba aún más.

En esos momentos tomó la determinación de permanecer al lado de Harry, hasta el final, pasara lo que pasara. Sí él moría combatiendo contra Voldemort, no huiría, como seguramente le pediría su pareja, sino que presentaría lucha también, y sí no era capaz de vencer a ese monstruo, al menos moriría con la conciencia tranquila, sabiendo que hizo todo lo posible por detenerlo. Pero, si Harry moría habiendo realizado el hechizo, escaparía para seguir vivo y cuidar al bebé, el único recuerdo de su amor y la única razón para seguir vivo.
Cuando al fin abrió los ojos, notó al rubio despierto, perdido en sus propios pensamientos. Las grises profundidades brillaban llenas de determinación.

- Buenos días, mi dragoncito. – Dijo sacánndolo al fin de su estado.

- Buenos días. – Respondió él, tras un besso en los labios.

- Mmmm, me gusta esa forma de despertar. ¿¿Tú crees que podríamos practicarla un rato más?

- Me encantaría. – Draco pronunció entre bbesos. – Pero nos esperan.

- Pues que esperen un poco más. – El Gryfffindor continuó por el pálido cuello de su amado.

- Esto es importante. – Siguió su camino dde besos en dirección a los pezones.

- Tú eres más importante para mí.

- ¡Harry! – La lengua jugueteaba ahora conn el ombligo.

- Está bien, ya lo dejo. – El moreno se inncorporó de donde se encontraba, con el miembro del rubio a pocos centímetros de la boca. Le fastidiaba parar ahora, pero estaba de acuerdo con Draco en que no debían retrasarse, por mucho que le apeteciese un jugoso desayuno.

Como eran muchos, la reunión no se realizaría en el despacho de Dumbledore, sino en un aula en desuso del cuarto piso. Uno a uno los convocados fueron llegando, procurando pasar desapercibidos, aunque los alumnos estaban demasiado acostumbrados a ver cosas raras en Hogwarts como para alarmarse.

Cuando todos estuvieron dentro y los encantamientos desilusionadores habían sido quitados pudo dar comienzo la reunión. Al frente de la misma, Dumbledore con el-niño-que-vivió a su derecha y al lado de este el rubio Slytherin. Ron y Hermione se encontraban sentados junto a la familia del primero, sólo Ginny, por su edad, y Percy, por su actitud, no estaban presentes. La llamativa cabellera de Tonks, de color rojo metálico, destacaba al lado de Lupin y Severus, que se daban la mano por debajo de la mesa, donde ojos curiosos no podían verlos. El resto, se distribuían entre estos grupos, a lo largo de la gran mesa que Albus había conjurado.

- Bien, todos sabéis porque estamos aquí. El señor Malfoy nos dijo ayer el conjuro, así mismo el ataque a la fortaleza de Voldemort está listo para ser llevado a cabo. Ya nada nos impide actuar.

Todos callaban, conscientes de la seriedad del asunto, para muchos, estas noticias eran algo nuevo, que tenían que asumir, para otros, aunque ya las conocían, tomaban ahora una dimensión más real.

- El ministerio nos garantiza la participaación de todos sus aurores. Así mismo, contamos con fuerzas especiales de Francia, Portugal, España, Alemania, Egipto y un combinado de América. Mientras nosotros atacamos al frente de un mayor contingente de aurores, el resto se dividirán en cuatro grupos, que atacarán la zona por distintos puntos, el ataque será escalonado, de forma que piensen que la sorpresa serán estas unidades. Harry y Draco, acompañados de Severus y el señor Malfoy, entrarán entonces en la mansión. Su objetivo es llegar hasta Voldemort para luchar contra él. Cada uno de los participantes en la acción tendrá en su muñeca un traslador, que le conducirá directamente a un hospital de campaña, levantado en los terrenos de Hogwarts, este podrá ser activado tanto por la persona, por otro de los luchadores, o directamente cuando la persona cae inconsciente. No todos atacarán en la primera oleada, mantendremos tropas frescas que intervendrán más adelante, cuando los mortifagos estén cansados. ¿Alguna duda?

Un denso silencio se había impuesto sobre la sala.

- Como veo que no, seguiré explicando. El primer paso de la operación se llevará a cabo entre mediodía y el amanecer. Los aurores vigilarán y detendrán a todos los mortifagos que puedan, con esto confiamos en acabar con gran parte de sus tropas. Gracias a la inestimable colaboración del señor Malfoy, con el que acabo de estar hablando, conocemos los nombres de un gran número de ellos, incluido todo el círculo interno.

Cuando Albus finalizó la exposición de los planes todo el mundo comenzó a hablar a la vez, preguntándose unos a otros, dando sus puntos de vista.

- Perdone, Profesor Dumbledore. – Se oyó ddecir a Draco. - ¿Cómo está mi padre?

- He de comunicarte que ha mejorado mucho,, incluso ha dado algunos pasos por la enfermería, las pociones están actuando con gran rapidez.

- Gracias señor, pero… ¿No cree que es demmasiado pronto para que pueda participar en el ataque? No creo que esté listo para enfrentarse a nadie.

- Bueno, él mismo me pidió hacerlo, se sieente muy culpable por todo lo que hizo, y ésta es la forma que encuentra de pagar por sus acciones.

- Entiendo. – Murmuró el Slytherin con un hilo de voz y la mirada baja. Él más que nadie sabía que una vez que esto terminase su padre tendría que volver a prisión, y esto le dolía mucho. Un abrazo de Harry le devolvió a la realidad.

- No dejaremos que vuelva a Azkaban. – Murrmuró en su oído.

Todos les miraban, en silencio, no había muchas ocasiones de observar al hijo de un reconocido mortifago, siendo abrazado por aquel que está destinado a salvarles a todos. Aun cuando sabían cual era la situación, y la aceptaban, era muy distinto verlo en persona. Los que estaban más acostumbrados sólo esbozaron una sonrisa comprensiva, y un apretón de manos bajo la mesa en otros casos.

Dando por finalizada la reunión, los aurores presentes salieron para preparar el dispositivo de búsqueda y captura, que se activaría en unas horas.

Draco, acompañado de su adorado Gryffindor acudieron a la enfermería, para comprobar la evolución del Malfoy mayor. Lo encontraron casi recuperado, para alegría del pequeño Slytherin, y fue imposible disuadirle de intervenir en el ataque, por mucho que su hijo le amenazase con atarle a la cama de la enfermería. Un par de horas después abandonaron el lugar para prepararse ellos también para la acción.


Ya en la habitación, Dumbledore les había dejado todo el material necesario. Unos trajes especiales, realizados en un raro tejido, que repelía algunas de las maldiciones más leves. Sobre ellos ambos trasladores, dos pequeños puñales untados con una poción que causa la inconsciencia, y unos pequeños paquetes, con pociones útiles para paliar el efecto de las maldiciones que pudiesen lanzarles.

El moreno paseó sus manos por los distintos objetos, consciente, de pronto, de todo el peso del mundo sobre sus hombros. Sabía que ese día llegaría, pero nunca pensó que fuese a llegar tan pronto. Estaba aterrado, tenía que confesarlo. La muerte jamás estuvo tan presente, quizá porque ese día volvería a jugarse lo que más le importaba, como cuando murió Sirius, y esta vez el precio de su derrota sería mayor. Se sentía tan frágil como nunca antes.

Sin poder evitarlo, rompió a llorar, demasiada presión en tan poco tiempo. Su corazón se dividía entre la alegría de amar, el desconcierto de saberse padre, las miradas confiadas de todos y el miedo a morir o a perder a alguien. Era excesivo para él, ¡tan solo tenía 16 años¡

Draco corrió a abrazarlo, sintiéndolo convulsionarse entre sollozos. Sabía lo que le agobiaba, al igual que Harry, conocía lo que le abrumaba a él. Todos confiaban demasiado en su pareja, mucho más que el propio Gryffindor, y esa confianza era una carga muy pesada.

Volteándose, se encontró de cara con su rubia tentación, el pálido rostro reflejaba la angustia que él mismo sentía. Los ojos humedecidos, cercanos al llanto. Tan trágico y tan hermoso como solo él podía serlo. Los labios abiertos incitantes a probar su intoxicante sabor.

Le besó, ansioso, dejándose llevar por la tentación, lejos de los problemas que asfixiaban su existencia. Por unos minutos, quería ser Harry. No el-niño-que-vivió, ni Potter; ser él mismo, sin mayores preocupaciones que vivir cada momento al límite.

Comenzó ansioso, las lenguas profundizando para reclamar su sitio. Poco a poco, como si con ese simple contacto las dificultades se esfumasen, se transformó en desbordante pasión.

Al fin se separaron, en busca de aire, las pupilas dilatadas, las mejillas enrojecidas. Se miraban a los ojos intensamente, perdidos en ese lugar que era sólo de ambos. Las manos de Draco se movieron sobre los botones de la camisa, tratando de desabrocharlos. El moreno, acariciaba su delgada cintura, atrayéndolo más cerca, dificultando el proceso. Se escabullo de sus brazos para coger la varita. El Gryffindor se resistía a dejarle marchar aunque fuese un instante. Al poco estaban ambos desnudos por un hechizo, las ropas arrebujadas a sus pies.

Harry atrajo al rubio hacia él, para volver a besarlo. Lentamente, acarició la sensible piel, arrancando hondos gemidos. Una mano mimaba su nuca, enredándose entre los finos cabellos. La otra en la cintura, estabilizando al rubio, mientras lo conducía de espaldas hacia el dormitorio.

Golpearon contra la puerta cerrada y aprovechó para sorprender a su Slytherin arrodillándose ante él y comenzando a besarle desde los pies. Uno a uno introdujo todos los dedos en su boca, chupando con deleite. Subió a los tobillos, una pequeña cicatriz en el derecho, causada por una mala caída en quidditch. La lamió una y otra vez, sabiendo que era un lugar especialmente sensitivo de su ángel. Llegó a la rodilla, Draco temblaba no sabiendo por cuanto podría permanecer de píe, si no llega a ser por la puerta ya estaría en el suelo. Subió con su lengua por el muslo interno, terminando antes de tocar la naciente erección. Cambió a la otra pierna y repitió el proceso. Sentía el estremecimiento de su dragón.

Un hondo gemido llenó el aire cuando alcanzó de nuevo la ingle. Iba a retirarse para continuar la tortura cuando oyó la súplica.

- Por favor, hazlo ya. No resisto.

Con una sonrisa introdujo de golpe la dureza en su boca, el grito sorpresivo del rubio le empujó a continuar. Se apartó y volvió a tomarla entera. La lengua estimulando la base. Repitió unas cuantas veces el movimiento, sintiendo el palpitar de la sangre fluyendo hacia su punta.

Las manos de Draco le sujetaban la cabeza, ayudándole a seguir el electrizante ritmo. Envuelto en la pasión, el Slytherin, apenas notó un dedo que se dirigía a su entrada. Hábilmente Harry acarició los testículos mientras tanto.

Pronto lo sintió dentro, cuando tocó la próstata, y sus músculos comenzaron a distenderse bajo tan experto cuidado. Ya estaba listo para recibir al moreno, no quería terminar en su boca.

- Tómame. – Gimió incontrolablemente mienttras le alzaba a su nivel.

El Gryffindor lo besó posesivamente, dándole a probar el sabor de su piel y los fluidos pre-seminales. Alzó sus piernas para que se enganchase a su cintura y lo dejó caer lentamente sobre el erecto miembro.

Draco sintió la repentina invasión directa al centro del placer y no pudo evitar soltar un potente gemido. Aferrándose a los hombros de su león, aprisionado entre este y la pared, se movía arriba y abajo guiado por los fuertes brazos de Harry.

Las bocas se unían en un apasionado beso tras otro, separándose tan sólo para coger el aire necesario. El dragón arañaba la espalda de su pareja mientras se dejaba caer una y otra vez. El miembro del moreno se clavaba profundamente en él, con movimientos certeros que le hacían disfrutar cada una de las acometidas. También notaba una mano sobre su propia excitación, moviéndose rápida sobre la sensible piel.

El momento se acercaba. El Gryffindor aumentó la velocidad de las embestidas, sin retirarse de la erección de su ángel rubio. Ambos estaban ya muy cerca. Con un profundo grito Harry se vino, volviéndose erráticas sus embestidas, bajo las convulsiones del orgasmo. Draco se vino poco después entre ambos cuerpos.

Dejaron que las respiraciones se serenasen, tumbados en el suelo, el Slytherin recostado sobre su compañero.

La hora de luchar estaba próxima.
 

 

¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

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