|
|
Cita con Draco
Tras dejar a Oliver descansando se encaminó a su torre y de ahí derecho a las
duchas. La fiesta parecía haberse trasladado a las habitaciones, y no le costó
mucho pasar entre las parejitas que aun permanecían diseminadas por la sala
común y los borrachos que jugaban a algo que debía consistir simplemente en
mirar a los demás y partirse de risa. No es que pareciesen ir a hacerle mucho
caso.
En la habitación Neville y Ginny se encontraban en la cama del primero, un
reguero de prendas conducía a ellos. Ron, ajeno a la actitud de su hermanita, se
revolcaba con Hermione en el suelo, sin prestarle atención al hecho de que
acababan de caerse de la cama.
Sacó una toalla y ropa limpia de su baúl y se dirigió al cuarto de baño. Seamus
recién vomitado se aferraba dormido a la taza murmurando incoherencias. Era
gracioso verle así y más cuando empezó a acariciarla y a llamarla Harry.
Un par de hechizos y el chico dormía tranquilamente en su cama aferrado a la
almohada. Media hora después Harry salía de la ducha totalmente renovado. Nada
mejor que una dosis de agua caliente para alejar los problemas.
Tenía aun tiempo, podría aprovechar para hacer los deberes de pociones. Pero no,
mejor no. Era más divertido espiar un rato a Voldemort.
Se sentó en su cama y cerró mágicamente las cortinas. Un poco de concentración y
al abrir sus ojos vio… las paredes de un cuarto de baño, un breve vistazo le
valió para saber que Voldemort estaba vomitando.
Debió pasarse con el alcohol. Pensó Harry. Le vio en el espejo, antes de sentir
como se echaba un hechizo glamour. Los ojos rojos enfermizamente brillantes
rodeados de ojeras, la piel aun más pálida de lo normal. Que asco, no solo
parecía una serpiente, sino que parecía una serpiente enferma. Esperaba que no
le hubiese contagiado nada, lo que le faltaba, encima de obsesionarse con Draco,
enfermar.
Una breve visita a la enfermería, la segunda del día le confirmó que no tenía
ninguna enfermedad de transmisión sexual ni ninguna otra. Quizá un poco de
hipocondría ( N/A: más o menos sería sentirse enfermo todo el tiempo, creer que
se padecen enfermedades al mínimo síntoma cuando en realidad se está bien) pero
eso no se podía curar ni era contagioso.
Definitivamente algo le pasaba al señor oscuro, tendría que contárselo al vejete
de los caramelos de limón, mejor conocido como Dumbledore. Pero seguro que se
empeñaba en convocar una reunión apresurada, y él había quedado con Draco. Ya se
lo contaría a la orden en la reunión del día siguiente.
Harry había comenzado a participar en las reuniones de la orden cuando
descubrieron su capacidad para espiar al señor oscuro sin que este se diese
cuenta. Gracias a ello sabían que la afición oculta de Voldemort era coleccionar
soldaditos de plomo (N/A: no se me ocurre otra afición, quizá bailar en tutu
rosa, pero creo que ya sería demasiado) y que no dudaba en mandar a sus mejores
hombres a conseguirlos sin importar la parte del mundo en que se encontrasen.
Muchos mortifagos habían caído así, al preparárseles cebos falsos. Lo mejor
había sido cuando a un rumor esparcido por la orden de una subasta de soldaditos
de plomo que habían pertenecido a Salazar Slytherin. Habían capturado a medio
círculo interno y varios aprendices, todos deseosos de impresionar a su amo.
Aburrido pasó sus horas hasta la cena, y cuando entró al comedor lo encontró
prácticamente vacío, como consecuencia de la fiesta de Gryffindor, en la que
todo el mundo estaba invitado, excepto los Slytherins, como no.
Durante la cena, él solo en su mesa pudo observar que en la de los profesores
Snape lanzaba miraditas a Lupin, miraditas que cesaron al verse descubierto por
Harry, el ex mortifago no había olvidado las palabras del moreno, aunque no
había habido más encuentros desde entonces.
Los Slytherins estaban todos, Draco rodeado de tal halo de tristeza que le
dieron ganas de correr y abrazarlo delante de todos. Pero se contuvo.
Un par de Hufflepuff y algún que otro Ravenclaw, pero de Gryffindors solo él, ni
siquiera los de primero. De hecho recordaba haber visto a muchos de ellos
montándose una orgía delante de la chimenea de la sala común, esta juventud cada
día se da antes a los vicios.
La cena trascurrió tranquila, y si alguien notó la ausencia de alumnos, desde
luego no dijo nada. No era la primera vez, tras cada partido de quidditch, final
del campeonato de ajedrez, salida a Hogsmeade y por decirlo llanamente cada fin
de semana, alguna casa organizaba una gran fiesta, con el consabido desmadre
posterior. Al principio trataban de impedirlo, pero es más difícil controlar a
un grupo de adolescentes borrachos que castigar a un grupo de adolescentes
resacosos. Gracias a Merlín que no había ocurrido ninguna desgracia. Gracias a
Merlín y a las pastillas anticonceptivas que los elfos deslizaban entre la
comida.
Después los profesores marcharon a dormir, era inútil hacer rondas, pillarían a
tantos alumnos de una casa como de otra, y a la mañana siguiente tendrían tantas
detenciones que se podría limpiar Hogwarts de arriba abajo diez veces sin ayuda
de los elfos domésticos. Y a ellos les tocaría vigilar que se cumpliesen los
castigos. Que los fantasmas se encargasen de que nadie sufriera verdadero daño y
mañana será otro día.
La puerta de la sala de los menesteres estaba abierta, temeroso Draco entró.
Harry le esperaba sentado en un amplio sillón frente a la chimenea. Al fondo una
cama de cuatro postes con sábanas de seda verdes cubierta con pétalos de rosa y
en la mesilla un solitario tulipán.
- Hola Draco, pasa, ven, siéntate. – Dijo Harry nervioso. Hoy se iba a sincerar
con Draco iba a contarle lo que ocurrió con Voldemort, y también lo que
últimamente le ocurría. Tenía miedo de que Draco le rechazase. Era un miedo
absurdo, Draco le adoraba, le perdonaría cualquier cosa, pero la decepción
nublando sus ojos era ahora peor que mil cuchillas.
Cuando estuvo sobre él Draco comenzó a besarle. Creyendo que eso es lo que Harry
quería.
- No mi pequeño dragón, no hemos venido a eso. Aunque si quieres después podemos
hacer algo. Pero ahora quiero que me escuches.
Con el alma en un puño Draco asintió, aferrándose con sus manos a Harry en un
intento de darse confianza.
- Hoy me he dado cuenta de muchas cosas, yy quiero contarte algunas verdades que
mereces más que nadie saber. No me interrumpas hasta que termine, luego si
quieres puedes gritarme, chillarme o decirme que no quieres volverme a ver, pero
ahora escucha por favor. Todo comenzó cuando llegue al colegio, la gente me
admiraba y yo no sabía porque. Chicos y chicas me perseguían por los pasillos
con invitaciones nada adecuadas para un niño de once años. Y me vi obligado a
crecer, un día me encontré besando a uno y al día siguiente era otro el que se
metía a hurtadillas en mi cama. No se muy bien como pasó pero endurecí mi
corazón, creé una corraza que nadie había logrado romper, hasta que llegaste tu.
- Eras mi enemigo, y aun así poco a poco ffuiste descubriéndome, conociéndome
como nadie antes. Quizá al principio encontraba placer en someterte, en
devolverte años de rivalidad. Pero ya no, ahora es todo bien distinto. Sabes que
en los últimos tiempos has sido el único que lograba hacerme feliz. Cuando
estaba con el resto era solo sexo, pero contigo había algo más, no se bien que,
pero algo.
- El otro día ocurrió algo que tienes que saber. Voldemort entró en mis sueños y
mantuvimos relaciones. No te voy a negar que al principio yo no lo desease, su
apariencia no era la de una serpiente, sino la de un apuesto joven. Me encendió
y jugué con él. Pero luego todo se volvió oscuro, trató de violarme y le golpeé.
Entonces llegó lo peor, cuando entré en su mente y vi lo que había hecho. Le
odié, pero sobretodo temí por ti, pues él te desea Draco, quiere que seas suyo,
pero no lo voy a permitir.
-Lo viste entonces, viste que pasó este veerano. – Afirmó un Draco tembloroso y
apunto de romper en llanto. – Ahora sabes que estoy sucio, que soy basura, y me
alejarás de ti.
- Shhhh Draco, calma, nadie va a lograr quue me aparte de ti, y menos por algo
sobre lo que no tuviste control. – El asustado muchacho rompió en lágrimas y se
escondió en el pecho del moreno. – Me duele hacértelo recordar, pero es
necesario para que comprendas que pasó después. Draco, mírame. Yo lo violé. Se
que no es excusa y que lo que hice me convierte en lo que él es. Pero no pude
evitarlo, no podía permitir que quedase impune, tenía que hacerle pagar. La
magia no funcionaba en ese lugar, sino le habría mandado la cruciatus, tenía
tanta rabia en ese momento. Me vengue, pero no por mis padres, ni siquiera por
el tuyo, sino por ti, porque no podía permitir que algo te pasase, verte en
brazos del señor oscuro es lo peor que me podría pasar, y más si eso te hace
daño.
- Draco, quiero que seas feliz, y si eso ssignifica alejarme de ti, lo haré,
porque ya sé que es lo que hay en mi corazón, y eres tú, solo tú. Te quiero
Draco. Hoy ya puedo decírtelo mirándote a los ojos. Te quiero, mi pequeño
dragón. Pero por favor, deja de llorar, me parte el alma verte así.
Draco que no había cesado en su llanto trataba de controlarse y decir a Harry
que no se alejara de él, que no necesitaba nada para ser feliz, sólo estar cerca
suyo. Que no había hecho nada malo, que él también le quería. Pero nada de esto
salió de sus labios. El llanto, antes dolor, se había transformado en felicidad
de tal modo que sólo podía aferrarse a Harry como quien se agarra al último
tablón de madera en un naufragio.
- Yo…yo… te quiero Harry.
Salieron al final las palabras entrecortadas, apenas en un susurro, pero lo
suficientemente alto para hacer a Harry estremecerse y abrazar el tembloroso
cuerpo más fuerte.
Cuando por fin las grises profundidades se juntaron con el verde, Harry agarró
su rostro y lo besó. Tiernamente, sin rastro de lujuria, nada, salvo amor. Fue
diferente a todos los besos anteriores, y los hizo separarse jadeando, aún
perdidos en la inmensidad de los ojos del otro.
Volvieron a besarse, sin cerrar los párpados, sintiendo tal cúmulo de
sensaciones que parecían estallar de felicidad. Los dedos entrelazados, las
respiraciones acompasadas y las mejillas encendidas. La imagen perfecta de dos
amantes, eternos compañeros que sin hablar se comprenden.
Una caricia en la mejilla, aún húmeda por el llanto. Cálidos besos que secan el
rostro del ángel rubio. Ternura. Un beso más sobre la frente, que corona el
rostro de su amor. Temblorosos los labios se posan sobre los otros, pidiendo, en
mudo ruego, permiso para pasar a las cálidas profundidades que custodian. Los
ojos aún abiertos, fijos en los luceros grises.
Calor y deseo de fundirse en un solo cuerpo. Necesidad de un contacto más
íntimo. Las manos de Harry se introducen bajo la camisa rindiendo pleitesía a la
pálida piel. Los brazos del rubio se elevan para permitirle despojarse de la
prenda. La camisa de Harry sigue el mismo camino. Piel contra piel, deseo contra
deseo, mirada contra mirada, tratando de fundirse en una única danza.
Ojos abiertos y fijos, besos que adoran la piel, suaves, dulces y delicados.
Jadeos entrecortados en una sola cadencia. Caderas que se mueven bajo un mismo
ritmo. Excitaciones que se rozan en húmedo baile.
La ropa de Draco ya no está sobre su cuerpo, ahora cubre el suelo junto a la de
Harry. Las pieles se rozan sin necesidad de barreras. En un segundo de gozo
Draco se eleva sobre Harry y se posa sobre su miembro. La estrechez del rubio
rodeando la excitación del moreno.
No hay dolor, el amor es su lubricante. Tras un instante de miradas intensas la
danza comienza de nuevo. Uno sobre el otro, sentados en aquel mismo sillón
entregándose sin reservas con los ojos abiertos, conscientes de que aun cerrados
seguirían mirándose con el alma.
Ritmo que aumenta y decrece, una mano sobre el placer del rubio, la otra
aferrándose a su cintura para no perderlo.
Una mano en el hombro del moreno, la otra acariciando su mejilla. Ritmo que
aumenta y decrece, pasión y amor que se entrega.
Al final terminan juntos el viaje del placer, sin dejar de mirarse a los ojos,
viendo el reflejo de su mirada en los profundos pozos del alma.
Desnudos, abrazados, sobre la cama mirándose aun ahora a los ojos.
- Esta es la primera vez que hago el amor Draco.
Ahora ya sabe lo que se siente cuando se ama con toda el alma, ahora ya sabe lo
que es querer que el tiempo se detenga en los ojos del otro. Ahora sabe que es
tenerlo todo, y teme perder de pronto todo lo que acaba de encontrar. Ahora el
día muere por primera vez sonriendo.
Esta noche no habrá pesadillas.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
|
|