|
|
Visita a Medianoche
Había pasado una semana desde el último encuentro con Draco, no es que le echase
de menos, pero tampoco se había sentido con ánimo de estar con otro. Ese chico
le estaba afectando demasiado, tendría que alejarse de él por un tiempo, al
menos.
Era de noche y en el dormitorio de los chicos de sexto de Gryffindor todos se
encontraban ya soñando.
Harry se sentía extraño, no estaba en un sueño como los normales, ni siquiera
una pesadilla. A su alrededor no veía nada, no es que no se viese, no, era que
no había absolutamente nada. Era como un lienzo en blanco dispuesto a ser
rellenado.
No sabía porque, pero tenía la sensación de no encontrarse dentro de su propia
mente. Era como si se hubiese transportado a otro lugar.
- Hola Harry.
- ¿Quién eres?
- ¿Quién crees tu que soy? Soy Lord Voldemmort.
- Imposible, tú no eres Voldemort.
- ¿Y se puede saber por qué no? Muchacho iirrespetuoso...
- Pues porque no, porque Voldemort es un sser horrible y arrugado que no parece
humano, y tu eres joven y atractivo.
- Estás en mi mente, y aquí yo soy como mee da la gana. Y muéstrame más respeto,
soy el señor oscuro.
- Como si quieres ser un hipogrifo, este ees mi sueño y hago lo que me da la
gana.
- ¿Cómo que es tu sueño? Es MI sueño.
- Ya claro, porque tú lo digas. Que tengass un montón de gente que te bese el
trasero no significa que tengas razón.
- Serás insolente, vete de mi sueño.
- Pues no me da la gana, vete tú.
- Vas a ver...
Y el joven Voldemort trató de atacar a Harry con la varita consiguiendo
exactamente: nada. El mundo de la mente tiene sus propias reglas. Entonces
totalmente enfurecido se lanzó sobre él dispuesto a agredirle, pero no por nada
Harry es el buscador más joven de Hogwarts, y logró esquivarle.
A través de la nada se persiguieron tratando de golpearse, con la poca
experiencia que da el sólo practicar duelos mágicos.
- Para ya, condenado muchacho, que te queddes quieto he dicho.
- No me da la gana. Párame tú.
- Cállate.
- Cállame tú.
- Con que estas tenemos, te vas a enterar..
Hizo como si fuese a golpearle por la derecha, Harry se inclinó a la izquierda y
Voldemort le agarró sujetándole los brazos para que no pudiera escapar.
- Ahora te callas.
- No, y mmmmmm
Harto del muchacho que no le dejaba descansar ni en sueños le plantó un fuerte
beso en los labios, a ver si así se callaba de una maldita vez. Este Potter era
una pesadilla, si lo llega a saber en lugar de tratar de matarle simplemente le
habría dejado mudo, abrase visto insolente tal. Pero en lo que divagaba sus
labios seguían pegados a los de Potter, tratando de profundizar el beso por su
propia cuenta. Y no se sentía tan mal, el muchachito era delicioso, un
insolente, pero delicioso.
Al fin Harry logró liberarse de Voldemort y de una fuerte bofetada le tiró al
suelo.
- Nadie me besa sin mi permiso. – Dijo arrrojándose sobre él a continuación y
besándolo fieramente. – Nadie, yo soy el que manda.
Esta vez fue Voldemort el que se enojó, pues nadie le mandaba tampoco a él y no
estaba acostumbrado a dejarse dominar. Y empujó a Harry hasta situarlo bajo él,
bien agarrado.
- Te voy a enseñar una lección muchacho, nnadie juega con Lord Voldemort y sale
ileso. Serás un juguete estupendo, ya estoy cansado de mis mortifagos, son algo
mayores para resistir mis embestidas.
- Nunca, me oyes, nunca.
Voldemort ahogó sus protestas con un beso y comenzó a acariciarlo. La ropa
desapareció de ambos cuerpos, pues en un sueño todo es posible. Las bruscas
manos del hombre mayor con apariencia de joven se movían inmisericordes sobre la
piel, marcándola como suya arañándola y mordiéndola.
- Te haré gritar de dolor y gemir de placeer, ya lo verás pequeño...
Harry se negaba a contestarle, eso no podía estar pasando, iba a ser violado por
el señor oscuro, no era posible. No es que no le apeteciese, con ese cuerpo que
presentaba, le daban unas ganas de tirarse Voldemort enormes, pero de tirárselo
él, no de que ocurriera lo contrario.
Cuando sus dientes se clavaron en el cuello no pudo contenerse y gritó, lo que
excitó aun más al señor oscuro, que apretó con más fuerza hasta hacer salir
sangre. El sabor metálico del chico en su boca era absolutamente delicioso.
Quebrar a su máximo rival sería una gran y placentera victoria.
Harry se resistía pero le era imposible controlar su propio cuerpo, su erección
era palpable, e involuntariamente elevaba las caderas para friccionarla con la
del lord. Era algo dolorosamente placentero sentir a su enemigo sobre él,
tratando de dominarle, sintiéndose totalmente a su merced, indefenso como nunca
antes lo había estado. Por primera vez en mucho tiempo no tenía el control, y
eso le encendía. Por sus venas ya no corría sangre, era lava ardiente.
Los dientes del hombre se ensañaron ahora con uno de los pezones, dejando
pequeñas heridas a su alrededor, dolía, pero era extraño, había a la vez algo de
placer en ello. El otro recibió el mismo trato, ahora sentía ya más dolor que
placer. Voldemort se estaba ensañando con él, tratando de hacerle pagar por todo
lo que le había ocurrido.
La situación era insoportable, tenía el pecho marcado de heridas y el hombre
trataba de voltearlo para violarlo. Por mucho que forcejeaba, no lograba soltar
sus brazos. No podía permitir que le diese la vuelta, entonces estaba perdido, y
Voldemort no tendría piedad.
Lanzó un rodillazo a su entrepierna, dejándolo acurrucado en el suelo, sufriendo
un gran dolor. Ahora ya no parecía tan poderoso, era incluso vulnerable, pero no
podría tener piedad, no sabía cuanto tiempo más estarían ahí, ni siquiera donde
estaba ahora su ropa, no podría escapar eternamente de él.
Dio vueltas a su alrededor mientras el otro permanecía quieto, la venganza era
muy apetecible. Tomarle él, doblegarle, mostrarle que podía ser cruel con los
que se lo buscaban.
Tan débil y dolido. No pudo resistir entrar en su mente, bucear por ella. Sin
pronunciar el hechizo ni mirarle a los ojos pudo hacerlo, al fin y al cabo ya
estaba en su mente, o quizá era él el que estaba en la de Harry.
Lo vio de joven, sus inicios en el camino del mal, sus primeros seguidores. Lo
vio tirándose a Lucius Malfoy, tan parecido a Draco, también con Snape, y a
otros desconocidos. Vio como no tenía piedad con ellos, dejándoles heridos sin
importarle lo más mínimo, sangrando en el suelo, hombres duros llorando como
niños pequeños.
Y lo vio mirando a Draco, cuando iba a casa de su padre, a escondidas aun sin su
cuerpo, sin que nadie le viese, sintió la lujuria del lord hacia el pequeño niño
que en ese momento no contaba con más de ocho años, vio como ese ente que no
estaba realmente vivo trataba de acercarse al niño y le dio asco, asco y miedo,
por lo que podría llegarle a pasar a Draco si alguna vez tenía que entrar al
servicio de ese repugnante ser. Trató de dirigir su búsqueda intentando
encontrar si le había hecho algo a Draco y lo vio. El verano pasado, mientras
Draco estudiaba en su habitación. Lo vio entrar y acercarse al chico, Draco
retrocedió asustado, y le pidió por favor que no le hiciese nada, pero él no le
escuchó, le empujó contra la pared y le besó con fuerza, moviendo sus manos
intentando entrar bajo la camisa. El rubio lloraba y en sus ojos se leía con
suplica “Harry, Harry”. Eso detuvo al lord que indignado le arrojó al suelo y le
lanzó la maldición cruciatus. Draco suplicaba, y rogaba pero el otro no
levantaba la maldición. Solo la llegada de Lucius salvó la situación. Y el señor
oscuro violó a Lucius delante de su hijo para demostrarle quien mandaba ahí. Se
marcho impasible dejando a Draco abrazado a su padre inconsciente, ambos
sangrando abundantemente.
Se detuvo incapaz de ver más, no era posible, Draco, como podía haberle hecho
eso a Draco.
Enajenado por la rabia se arrojó sobre el lord que aun se encontraba en el suelo
lo levantó por los brazos arrojándolo de nuevo al suelo.
- ¿Por qué? Dime ¿Por qué?
Voldemort era incapaz de contestar, jamás había visto a nadie tan enfurecido,
irradiaba poder y clamaba justicia por algo que había visto en su mente,
ignoraba que. Pensó que sería por la muerte de sus padres pero las siguientes
palabras le desconcertaron.
- ¿Te gusta violar a la gente? ¿Quieres saaber lo que se siente? Pues yo te lo
voy a mostrar.
Furioso lo volteó dejándolo a cuatro patas. ¿Quién le importaba tanto a Harry y
el había violado? ¿Acaso su profesor de pociones? No imposible, se odiaban.
¿Malfoy? No, le había mandado a Azkaban.
Nunca imaginaría lo cerca que estuvo con esas hipótesis de la verdad.
Una furiosa embestida se le clavó en las entrañas partiéndole de dolor, sin
esperar a que se acostumbrase, vino otra y otra. Harry estaba descargando con él
toda la furia que sintió al ver a Draco indefenso bajo la cruciatus. No era
Harry, era un animal furioso consumido por el dolor de lo que había visto.
Deseaba justicia para aquellos que sufrieron a manos de Voldemort y qué mejor
justicia que padecer el mismo dolor que él les causó.
Con una última y furiosa embestida se vino dentro de Voldemort. Agotado se
separó de él, quedándose en pie. En el suelo tirado y sangrando se encontraba el
señor oscuro. Entonces fue consciente de lo que había hecho y se odió por ello.
Había sido capaz de violar a alguien, por muy lord oscuro que fuese, se había
rebajado a su nivel y solo por ver las imágenes de Draco sufriendo. Draco,
Draco, se estaba convirtiendo en una obsesión para él.
Sintió que todo se difuminaba y como si cayese. Se despertó de golpe, en su cama
en el cuarto de Gryffindor, todos dormían, aun era de noche. Había sido un
sueño.
Extrañado se fue al cuarto de baño y se preparó una ducha, se sentía sucio.
Cuando fue a quitarse el pijama se dio cuenta. Tenía todo el pecho arañado y un
gran mordisco en el cuello, moratones de lucha por todas partes y el pene
ensangrentado con una sangre que no era la suya.
Talvez no había sido un sueño. Entonces si no había sido un sueño significaba
que realmente había violado a Voldemort. Impactado, se sentó en el suelo, era
real, era real... Entonces lo que le había pasado a Draco también era real. Por
eso necesitaba tanto sentir que pertenecía a alguien, que alguien le protegería.
Por eso dependía tanto de él, y él se había aprovechado de esa fragilidad del
rubio para hacer con él lo que quería, que injusto había sido. En ese momento
comprendió más a Draco y se arrepintió de tratarle tan mal. Quizá aun no podría
amarle, pero iba a mostrarle todo su cariño y protegerle para que nadie le
hiciese daño.
Draco se dirigía a desayunar como todas las mañanas, iba un poco descolgado de
sus compañeros, pero es que desde el verano no se sentía ya a gusto con ellos.
Le recordaban demasiado el destino que por mucho que tratase de impedir, le
esperaba al terminar el colegio, quizá incluso antes.
De pronto sintió como le agarraban y le metían en un aula vacía, era Harry,
notaba su aroma al instante. Quizá quería un poco de sexo antes de desayunar
hacía una semana que no le veía, desde luego no sería él el que se negase. Le
sorprendió verse envuelto en un calido abrazo. Harry jamás le abrazaba así,
quizá últimamente después, pero nunca fuera de la cama.
- No dejaré que nadie te haga daño nunca, te lo prometo. – Susurro suavemente en
su oído. – Ni siquiera yo mismo.
Y dándole un beso cargado de sentimiento le remarcó esas palabras. Marchándose
después tan de pronto como había llegado.
Draco se quedó con el corazón acelerado, pensando que había sido un sueño, pero
un tulipán blanco en su mano le devolvió a la realidad. Bajo él una nota.
Frágil y perfecto como tu.
H. P.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
|
|