Titulo: Las Aventuras Eróticas de Harry Potter

Clasificación : NC-17

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Banquete de Fresas con nata




- Muy bien Draco, ahora dime que quieres dde recompensa.

- Yo no quiero nada amo.

- Draco, puedes decírmelo, tienes mi permiiso.

- Si amo, en ese caso quiero fresas con naata.

- ¿Fresas con nata?

- Si.

- Bueno pues vamos a las cocinas y te las consigo, hay un elfo...

- No amo. Quiero comer fresas con nata perro sobre vuestro cuerpo.

Harry se quedó callado, desde luego había subestimado a su pequeño amante. Lo de las fresas con nata parecía un capricho infantil, pero el nuevo matiz que había tomado era sumamente apetecible, dejarse comer con fresas y nada, solo de pensarlo ya era excitante.

- Muy bien Draco, me tendrás con fresas y nata, ve yendo a la sala de los menesteres que ahora las llevo.

Mientras Harry se dirigía a las cocinas el rubio caminaba en otra dirección. Se paró en el pasillo y pensando en el lugar que necesitaban pasó tres veces hasta ver aparecer una sencilla puerta de madera, parecía hecha para no ser notada, de hecho si no sabías que estaba ahí no la verías.

Nada más entrar la vista se iba a una gran bañera ligeramente elevada del suelo, y más allá una cama con sabanas blancas de seda, como a él le gustaban. Era perfecta, al amo le agradaría mucho, y quizá algún día le permitiría llamarle Harry.

El sueño de Draco era casarse con Harry y tener muchos niños, todos con esos ojos verdes que quitan el sentido, pero no lo creía posible. Harry no parecía dispuesto a amar, había sufrido demasiado en su corta vida. Lo sabía por las escasas noches en que rendido se quedaba dormido a su lado, cuando en mitad del sueño gemía y lloraba con pesadillas que a la mañana siguiente ya no recordaba. Entonces veía al Harry detrás de la coraza, al chico sensible detrás del amo. Quería estar ahí, tenía que estar ahí cuando al final la coraza cayese para ser el primero en poder acceder a ese corazón que ya le tenía atrapado.


Los elfos le atendieron tan correctos como siempre y de milagro solo se llevó las fresas y la nata, porque ya le traían pastelillos y dulces. Con cuidado de que nadie le pillara de noche con tan extraño cargamento llegó al pasillo y casi se pasa la puerta. Discreta y elegante, como su pequeño amante, como su Dragón de hielo, nadie lograba encenderlo como él, nadie lo hacía estremecerse como cuando lo oía gemir ahogadamente, pedirle más con sus ojos en súplica silenciosa. Pero no podía permitirse amarlo, quizá cariño, si solo eso podría darle, pero no más. No era tonto sabía que Draco le amaba, pero no podía corresponderle, no sabía amar.

Abrió la puerta para encontrarse a su rubio Slythering totalmente desnudo acostado sobre la cama, los cabellos aun húmedos, quería limpiarse del encuentro anterior ser tan solo de Harry como era su deseo. Su piel brillaba bajo las pálidas luces, las blancas sábanas de seda arremolinadas cubriendo grácilmente su entrepierna. Elegante, dulce, perfecto.

Dejó lo que traía en la mesilla y se acercó a su amante. Apenas rozando la piel con los dedos recorriendo su contorno dibujado sobre la cama. Draco abrió los ojos y sonrió, ver a su amo embelesado rozando su cuerpo era ya por si sola una recompensa. Lentamente se levantó y lo desvistió con delicadeza, instándolo a tumbarse donde antes estuvo él.

Introdujo su mano en el cuenco y cogió una buena cantidad de nata, lentamente la extendió por los hombros, el pecho, dejando pequeños montones en los pezones, marcando las abdominales, sumergiéndose en el ombligo.

Cogió más nata y desde los pies fue subiendo, los gemelos, las rodillas. Finalmente la nata cubrió la alta torre de su cintura, modelándola con sus manos haciéndola erguirse aun más enhiesta. Introdujo sus dedos en la boca de Harry para que este lamiese los restos y con un poco más de nata perfiló sus labios.

La primera fresa la situó en sus labios, las siguientes sobre sus párpados cerrados. Otra más coronó su erección y otras dos se situaron en las dos montañas de su pecho.

Delicadamente besó sus mejillas, acarició su pelo, besó su frente, arrancando un escalofrío. Más suavemente aun besó sus párpados mordiendo la primera mitad de cada una de las dos fresas, repitió la operación, con dulzura, liberando su mirada.

Al abrir los ojos lo primero que vio fue dos preciosas gemas plateadas que le rendían adoración, una hermosa nariz con un poco de nata y unos jugosos labios enrojecidos por el jugo de las fresas.

Sin hacerle esperar besó sus labios, y entre los dos saborearon la dulce fruta. Tan dulce y madura que era adictiva. El beso se prolongó unos minutos, mientras la respiración lo permitiese. Dejando a Harry hambriento de más y a Draco desando probar el sabor de la piel de su amo.

Su lengua recorrió los hombros dibujando formas en la piel, y terminando por consumir toda la nata, viajó a su ombligo, y lo devoró con adicción, saboreando la nata, mordisqueando la piel bajo ella, sabía que este era uno de los puntos débiles de Harry. Las abdominales siguieron en este recorrido ahora ascendente de placer.

Terminaron solo por quedar las dos montañas de natas en el húmedo y caliente pecho. Mordisqueó la fresa y el pezón derecho, disfrutando de ver a Harry estremecerse, arrancado gemidos con su buen desempeño, tras dejarlo limpio viajó al otro y sus labios, lengua y dientes repitieron el proceso, mordisqueó lamió y finalmente con solo la piel bajo sus labios aspiró y chupó la zona. Con un rápido movimiento, cual felino jugando se situó a sus pies y comenzó a lamerlos, los tobillos, las rodillas, y fue ascendiendo hasta llegar a la cumbre de placer, erguida ante sus hambrientos ojos se encontraba la virilidad de su amo. Expectante y ansioso por que comenzara su tarea Harry miraba a Draco.

Primero fue la fresa que la coronaba, que misteriosamente no se había caído, luego la nata de su punta también desapareció. Poco a poco Draco fue engullendo toda la nata del miembro, su lengua recorría en espirales la erección de Harry, acariciando a la vez sus testículos, como sabía que a él le gustaba. Se lo introdujo entero y Harry incapaz de contenerse por más tiempo movió las caderas deseando empalarse en esa dulce boca que lo recibía ansiosa. Con leves mordidas lo condujo al extremo y finalmente lo sintió derramarse en su boca, tragando toda la semilla que al mezclarse con los restos de nata dejaba un sabor entre dulce y amargo.

Harry creyó que ahí terminaba todo, pero Draco aun no había terminado de cumplir su deseo. Con cuidado instó a Harry a voltearse y procedió a repetir el procedimiento de echar la nata sobre su cuerpo. Los Hombros la columna, hasta casi rozar su trasero. Los tobillos, el hueco de detrás de las rodillas, ahí se detuvo un rato excitando a Harry en tan peculiar lugar, los muslos y finalmente sus firmes y redondas nalgas. Untó la nata amasándola con las manos, introduciéndola entre sus dos carrillos.

Y procedió a comer, primero los omoplatos, haciendo pequeños viajes hacia la nuca para hacerlo estremecer. La columna siguió en su recorrido, arriba y abajo, bordeándola, dándola pequeñas chupadas. Ahora las piernas, desde abajo, despacio y con dulzura.

Harry gemía sonoramente por el trato recibido, jamás pensó que dejarse hacer podría ser tan excitante. Estaba totalmente a la merced de Draco, y no le importaba, estaba totalmente relajado, simplemente disfrutando, como no lo hacia desde mucho tiempo atrás.

Finalmente llegó al trasero de Harry y se dedicó a complacerlo, usando ya no solo sus labios, dientes y lengua, sino también sus manos. Jugueteo con la lengua en su agujero, rodeándolo, dándole pequeños besos, tanteando dentro con su lengua y arrancando gemidos del cuerpo bajo él.

Cogió una fresa y recorrió con ella la columna de Harry, introduciéndola casi totalmente en su agujero y comiéndola directamente de ahí, cuando se la terminó cogió otra y repitió la operación. Harry se estremecía, jamás pensó sentir algo así simplemente con una fresa. Cuando las fresas se acabaron Harry ya estaba próximo al límite, sin que Draco le hubiese apenas tocado, solo su lengua en su trasero y las deliciosas fresas. Desde hoy para él la fruta del pecado no era la manzana, sino la pequeña fresa.

Draco introdujo su lengua y comenzó a moverla afuera adentro de la pequeña cavidad, trazaba círculos, y quitaba todo rastro de fresa que había quedado dentro, conduciendo a Harry a placeres no sospechados. Finalmente el Griffindor estalló en un intenso orgasmo producido por la penetración de la pequeña y hábil lengua de su amante.

- Por Merlín Draco, eres el mejor. – Dijo Harry una vez recuperado el aliento y después de besarlo apasionadamente.

- Gracias Amo, ¿Puedo pedirle otra cosa?
- Si es como esto, puedes pedirme las cosaas que quieras.

- Es que me deje llamarle Harry y tratarlee de tu.

- Muy bien Draco, te lo has ganado esta nooche. Anda ven aquí.

Y rodeándolo con sus brazos lo dejó dormir sobre su pecho. La felicidad para Draco, y a Harry tampoco le molesta tanto tener a alguien en su cama alguna noche, aunque sea para no sentir el frío del invierno.


 

 

¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

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