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Banquete de Fresas con nata
- Muy bien Draco, ahora dime que quieres dde recompensa.
- Yo no quiero nada amo.
- Draco, puedes decírmelo, tienes mi permiiso.
- Si amo, en ese caso quiero fresas con naata.
- ¿Fresas con nata?
- Si.
- Bueno pues vamos a las cocinas y te las consigo, hay un elfo...
- No amo. Quiero comer fresas con nata perro sobre vuestro cuerpo.
Harry se quedó callado, desde luego había subestimado a su pequeño amante. Lo de
las fresas con nata parecía un capricho infantil, pero el nuevo matiz que había
tomado era sumamente apetecible, dejarse comer con fresas y nada, solo de
pensarlo ya era excitante.
- Muy bien Draco, me tendrás con fresas y nata, ve yendo a la sala de los
menesteres que ahora las llevo.
Mientras Harry se dirigía a las cocinas el rubio caminaba en otra dirección. Se
paró en el pasillo y pensando en el lugar que necesitaban pasó tres veces hasta
ver aparecer una sencilla puerta de madera, parecía hecha para no ser notada, de
hecho si no sabías que estaba ahí no la verías.
Nada más entrar la vista se iba a una gran bañera ligeramente elevada del suelo,
y más allá una cama con sabanas blancas de seda, como a él le gustaban. Era
perfecta, al amo le agradaría mucho, y quizá algún día le permitiría llamarle
Harry.
El sueño de Draco era casarse con Harry y tener muchos niños, todos con esos
ojos verdes que quitan el sentido, pero no lo creía posible. Harry no parecía
dispuesto a amar, había sufrido demasiado en su corta vida. Lo sabía por las
escasas noches en que rendido se quedaba dormido a su lado, cuando en mitad del
sueño gemía y lloraba con pesadillas que a la mañana siguiente ya no recordaba.
Entonces veía al Harry detrás de la coraza, al chico sensible detrás del amo.
Quería estar ahí, tenía que estar ahí cuando al final la coraza cayese para ser
el primero en poder acceder a ese corazón que ya le tenía atrapado.
Los elfos le atendieron tan correctos como siempre y de milagro solo se llevó
las fresas y la nata, porque ya le traían pastelillos y dulces. Con cuidado de
que nadie le pillara de noche con tan extraño cargamento llegó al pasillo y casi
se pasa la puerta. Discreta y elegante, como su pequeño amante, como su Dragón
de hielo, nadie lograba encenderlo como él, nadie lo hacía estremecerse como
cuando lo oía gemir ahogadamente, pedirle más con sus ojos en súplica
silenciosa. Pero no podía permitirse amarlo, quizá cariño, si solo eso podría
darle, pero no más. No era tonto sabía que Draco le amaba, pero no podía
corresponderle, no sabía amar.
Abrió la puerta para encontrarse a su rubio Slythering totalmente desnudo
acostado sobre la cama, los cabellos aun húmedos, quería limpiarse del encuentro
anterior ser tan solo de Harry como era su deseo. Su piel brillaba bajo las
pálidas luces, las blancas sábanas de seda arremolinadas cubriendo grácilmente
su entrepierna. Elegante, dulce, perfecto.
Dejó lo que traía en la mesilla y se acercó a su amante. Apenas rozando la piel
con los dedos recorriendo su contorno dibujado sobre la cama. Draco abrió los
ojos y sonrió, ver a su amo embelesado rozando su cuerpo era ya por si sola una
recompensa. Lentamente se levantó y lo desvistió con delicadeza, instándolo a
tumbarse donde antes estuvo él.
Introdujo su mano en el cuenco y cogió una buena cantidad de nata, lentamente la
extendió por los hombros, el pecho, dejando pequeños montones en los pezones,
marcando las abdominales, sumergiéndose en el ombligo.
Cogió más nata y desde los pies fue subiendo, los gemelos, las rodillas.
Finalmente la nata cubrió la alta torre de su cintura, modelándola con sus manos
haciéndola erguirse aun más enhiesta. Introdujo sus dedos en la boca de Harry
para que este lamiese los restos y con un poco más de nata perfiló sus labios.
La primera fresa la situó en sus labios, las siguientes sobre sus párpados
cerrados. Otra más coronó su erección y otras dos se situaron en las dos
montañas de su pecho.
Delicadamente besó sus mejillas, acarició su pelo, besó su frente, arrancando un
escalofrío. Más suavemente aun besó sus párpados mordiendo la primera mitad de
cada una de las dos fresas, repitió la operación, con dulzura, liberando su
mirada.
Al abrir los ojos lo primero que vio fue dos preciosas gemas plateadas que le
rendían adoración, una hermosa nariz con un poco de nata y unos jugosos labios
enrojecidos por el jugo de las fresas.
Sin hacerle esperar besó sus labios, y entre los dos saborearon la dulce fruta.
Tan dulce y madura que era adictiva. El beso se prolongó unos minutos, mientras
la respiración lo permitiese. Dejando a Harry hambriento de más y a Draco
desando probar el sabor de la piel de su amo.
Su lengua recorrió los hombros dibujando formas en la piel, y terminando por
consumir toda la nata, viajó a su ombligo, y lo devoró con adicción, saboreando
la nata, mordisqueando la piel bajo ella, sabía que este era uno de los puntos
débiles de Harry. Las abdominales siguieron en este recorrido ahora ascendente
de placer.
Terminaron solo por quedar las dos montañas de natas en el húmedo y caliente
pecho. Mordisqueó la fresa y el pezón derecho, disfrutando de ver a Harry
estremecerse, arrancado gemidos con su buen desempeño, tras dejarlo limpio viajó
al otro y sus labios, lengua y dientes repitieron el proceso, mordisqueó lamió y
finalmente con solo la piel bajo sus labios aspiró y chupó la zona. Con un
rápido movimiento, cual felino jugando se situó a sus pies y comenzó a lamerlos,
los tobillos, las rodillas, y fue ascendiendo hasta llegar a la cumbre de
placer, erguida ante sus hambrientos ojos se encontraba la virilidad de su amo.
Expectante y ansioso por que comenzara su tarea Harry miraba a Draco.
Primero fue la fresa que la coronaba, que misteriosamente no se había caído,
luego la nata de su punta también desapareció. Poco a poco Draco fue engullendo
toda la nata del miembro, su lengua recorría en espirales la erección de Harry,
acariciando a la vez sus testículos, como sabía que a él le gustaba. Se lo
introdujo entero y Harry incapaz de contenerse por más tiempo movió las caderas
deseando empalarse en esa dulce boca que lo recibía ansiosa. Con leves mordidas
lo condujo al extremo y finalmente lo sintió derramarse en su boca, tragando
toda la semilla que al mezclarse con los restos de nata dejaba un sabor entre
dulce y amargo.
Harry creyó que ahí terminaba todo, pero Draco aun no había terminado de cumplir
su deseo. Con cuidado instó a Harry a voltearse y procedió a repetir el
procedimiento de echar la nata sobre su cuerpo. Los Hombros la columna, hasta
casi rozar su trasero. Los tobillos, el hueco de detrás de las rodillas, ahí se
detuvo un rato excitando a Harry en tan peculiar lugar, los muslos y finalmente
sus firmes y redondas nalgas. Untó la nata amasándola con las manos,
introduciéndola entre sus dos carrillos.
Y procedió a comer, primero los omoplatos, haciendo pequeños viajes hacia la
nuca para hacerlo estremecer. La columna siguió en su recorrido, arriba y abajo,
bordeándola, dándola pequeñas chupadas. Ahora las piernas, desde abajo, despacio
y con dulzura.
Harry gemía sonoramente por el trato recibido, jamás pensó que dejarse hacer
podría ser tan excitante. Estaba totalmente a la merced de Draco, y no le
importaba, estaba totalmente relajado, simplemente disfrutando, como no lo hacia
desde mucho tiempo atrás.
Finalmente llegó al trasero de Harry y se dedicó a complacerlo, usando ya no
solo sus labios, dientes y lengua, sino también sus manos. Jugueteo con la
lengua en su agujero, rodeándolo, dándole pequeños besos, tanteando dentro con
su lengua y arrancando gemidos del cuerpo bajo él.
Cogió una fresa y recorrió con ella la columna de Harry, introduciéndola casi
totalmente en su agujero y comiéndola directamente de ahí, cuando se la terminó
cogió otra y repitió la operación. Harry se estremecía, jamás pensó sentir algo
así simplemente con una fresa. Cuando las fresas se acabaron Harry ya estaba
próximo al límite, sin que Draco le hubiese apenas tocado, solo su lengua en su
trasero y las deliciosas fresas. Desde hoy para él la fruta del pecado no era la
manzana, sino la pequeña fresa.
Draco introdujo su lengua y comenzó a moverla afuera adentro de la pequeña
cavidad, trazaba círculos, y quitaba todo rastro de fresa que había quedado
dentro, conduciendo a Harry a placeres no sospechados. Finalmente el Griffindor
estalló en un intenso orgasmo producido por la penetración de la pequeña y hábil
lengua de su amante.
- Por Merlín Draco, eres el mejor. – Dijo Harry una vez recuperado el aliento y
después de besarlo apasionadamente.
- Gracias Amo, ¿Puedo pedirle otra cosa?
- Si es como esto, puedes pedirme las cosaas que quieras.
- Es que me deje llamarle Harry y tratarlee de tu.
- Muy bien Draco, te lo has ganado esta nooche. Anda ven aquí.
Y rodeándolo con sus brazos lo dejó dormir sobre su pecho. La felicidad para
Draco, y a Harry tampoco le molesta tanto tener a alguien en su cama alguna
noche, aunque sea para no sentir el frío del invierno.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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