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El Placer de Observar
En la mesa de Slythering un rubio desayunaba sin demasiado apetito, el objeto de
su deseo no había llegado aun. Con un suspiro volvió a remover la comida en su
plato. Algunos encuentros más desde aquella primera vez se le habían grabado en
la mente y ya la vida solo era el tramo que va desde Harry hasta Harry.
La llegada de las lechuzas coincidió con la entrada en el comedor del Griffindor
que poblaba sus momentos de soledad y también los de compañía, por eso quizá no
vio el mensaje que recibió su profesor de pociones y quizá por eso tardó en
notar la lechuza que esperaba delante suyo.
En la nota, escrita en rojo por la hábil mano de Harry, simplemente ponía:
10:30 sala de los menesteres.
H.P.
Corto y conciso, directo como solo Harry podía serlo. Un vistazo a la mesa de
los leones y un rápido cruce de miradas le hizo estremecerse. Era como un
adicto, y haría cualquier cosa por obtener una mirada del moreno, aunque para
ello tuviese que insultarle por los pasillos o empujarle para tener un breve
contacto con su piel. Cualquier cosa que este le pidiera, cualquier cosa si ello
significaba ser tocado luego por Harry, sentirle recorrer su piel y ser poseído,
suave o rudo, según el momento.
El rubio Slythering era suyo, lo sabía y le gustaba. Suyo para hacer con él lo
que quería. Con una mirada podía hacerle estremecerse y con sus manos le
conducía hacia cotas de placer nunca alcanzadas con otro. Y ahora la serpiente
mayor también era suyo, esclavo para siempre de la pasión de un momento. Con
otros de sus amantes se conformaba con tenerlos ahí, y no le importaba
compartirlos con más gente, pero estos dos Slytherings eran suyos, y nadie más
tenía derecho a tocarlos.
Draco ya lo sabía, había comprobado la firmeza de Harry cuando durante un mes
estuvo sin llevarle a su lecho solo por un abrazo de Pansy dado delante del
moreno. Se cuidaba mucho de mantener contacto físico con otros Slytherings,
Harry era demasiado bueno para perder su favor por una tontería.
¿Amor? ¿Quién habla de amor? Solo era sexo, muy buen sexo, al menos para Harry.
Si los demás querían enamorarse allá ellos, él desde un principio les dejaba muy
claro que no eran los únicos y que no había más sentimientos ahí metidos que el
simple deseo sexual. Quizá algo de dominación sobre las serpientes, la necesidad
de mostrarles que era superior a ellos.
Realmente Potter era un capullo, y lo tenía bien agarrado, más le valía
obedecerle en todo si no quería que el asunto se supiese. Apreciaba demasiado su
puesto de profesor como para perderlo por tirarse al niñito favorito del
director. Y hablando de Albus, seguro que estaba en la inopia con respecto a las
aficiones del último de los Potter. Era peor que Sirius, mucho más retorcido con
su juego, Sirius al menos cuando se lió con el licántropo dejó de usarlo a él
para desfogarse. Pero al parecer el maldito niño era insaciable.
Tenía que admitir que tirarse al condenado crío había sido una gozada, verle
retorcerse bajo él, y creer que poseía el control sobre su alumno, cuando nunca
lo tuvo, el dichoso Potter controlaba la situación desde su aparente posición
sumisa. Pero ahora que estaba condenado a ello no le desagradaba del todo la
idea, mientras no le diese por cambiar lo papeles, no estaba seguro de resistir
ser tomado con la violencia con la que él había tomado a Potter. Seguramente eso
quería, vengarse por lo de anoche y dejarle adolorido una semana.
Pero ¿Cómo es posible? seguía tan campante, ahí tomándose su desayuno con sus
amigos, sentado sobre el duro banco sin hacer ningún gesto de dolor. Ese crío no
era humano o eso o tenía algún truco bajo la manga.
Pero ahora tenía que dar clase a los odiosos niñatos de segundo, a ver cuantos
calderos explotaban esta vez
El día transcurrió normal para nuestro Griffindor, algún que otro choque por los
pasillos con un rubio enamorado y su escolta, pero poco más. Desde luego esta
noche sería algo especial, quería disfrutar de un buen espectáculo en directo, y
ver a Snape tirarse a su ahijado era exactamente lo que necesitaba para subir su
ánimo. Claro que luego tendría que recompensar al rubio. Con Snape no había
problema, una amenaza en el momento apropiado y lo tendría comiendo de su mano,
bueno, quizá no de su mano pero al menos si de alguna parte mucho más agradecida
de su cuerpo.
Recogió al rubio en la sala de los menesteres.
- Mira Draco – Dijo acariciando su pelo – Vamos a jugar un rato con tu padrino,
y si te portas bien luego te recompensaré con lo que quieras. – Mientras
continuaba hablando había ido recorriendo el cuerpo del rubio con sus manos, a
través de la ropa mientras se mantenía a sus espaldas, sabía que eso le excitaba
y le recordaba lo que pasaría después de “portarse bien”.
- Si, amo, como quiera.
- Así me gusta, que seas obediente, ya verrás que bien lo pasamos los tres, y
luego tendrás lo que quieras.
- Solo le quiero a usted amo.
- Bien, vamos.
Caminando llegaron al despacho del profesor, sin encontrarse con nadie por los
pasillos. Tras la puerta un casi histérico Snape esperaba la llegada del
Griffindor ignorante aun de la compañía que traía.
- Hola Severus, ya estamos aquí. – Dijo Haarry desafiante entrando en el
despacho.
- ¿Estamos? – Al instante vio a su ahijadoo detrás del moreno. Draco iba vestido
con una camiseta ajustada blanca y unos pantalones negros que se pegaban a su
cuerpo marcando las formas, estaba realmente delicioso. - ¿Qué es lo que pasa
aquí Potter? ¿Qué hace él aquí?
- Pensé que le gustaría esta pequeñita sorrpresa, ya le dije el otro día que
Draco es mío, y hace lo que yo quiero.
- Draco, ¿Es cierto lo que dice?
- …
- No esperes respuesta, solo hablará si yoo se lo ordeno. Puedes hablar Draco.
- Si amo. Es cierto padrino.
En ese momento Snape ya estaba al borde del colapso. Tener tan cerca a Draco,
sumiso como solo bajo las órdenes de Lucius lo había visto y llamando a Harry
amo era demasiado.
- Muy bien Severus, ¿Te gusta lo que ves? – Dijo Harry agarrando al rubio y
haciéndolo andar hacia su profesor. – Es muy hermoso verdad, dan ganas de
acariciarlo – Acompañó las palabras con gestos, introduciendo la mano bajo la
camisa y acariciándole los pezones, arrancando un gemido ahogado de la garganta
del rubio. – Quítate la camisa. Pero no me mires a mi, quiero que le mires a él
a los ojos. Hazlo como a mi me gusta.
Despacio Draco se fue quitando la prenda desabrochando uno a uno los botones y
deslizando sus propios dedos por la piel que quedaba al descubierto. Finalmente
la dejó caer al suelo, quedando quieto sin dejar de mirar ni un segundo a los
ojos de su padrino.
- Muy bien Severus, ahora es tu turno. – DDijo Harry, que se había movido hasta
sentarse en un sillón, al estático profesor que absorto deslizaba su vista por
los firmes abdominales del rubio. –Quiero que le acaricies el pecho y la espalda
solo eso, no le toques en ningún otro lugar y no hables, utiliza solo tus manos.
Como si se encontrase bajo la maldición imperius Severus fue obedeciendo las
órdenes de Harry al pie de la letra, mientras estático Draco se dejaba
acariciar, dejando escapar de vez en cuando algún gemido y sin poder evitar
dirigir su mirada a su amo.
Las temblorosas manos de Severus recorrieron la piel de su ahijado con
delicadeza, como si fuera a romperse.
- Draco quítale la camisa. – Otra orden quue fue fielmente obedecida. Las manos
del menor hicieron el mismo trabajo que antes ahora sobre la piel de su
profesor, desabrochaban y acariciaban. Despacio y dulcemente, como un baile
sensual que llevaba una lenta melodía. A cada botón desabrochado un leve beso se
posaba sobre la piel antes cubierta. Harry en el sillón había comenzado a
acariciarse a si mismo, extasiado en la visión que contemplaba.
- Ahora quiero que le beses Draco.
Labios contra labios en un beso que se volvió apasionado y que el mayor ganó,
mientras temblaba al saber que estaba cumpliendo una de sus fantasías, olvidada
para él la presencia de Harry a pesar de estar siguiendo sus órdenes.
- Severus quiero que beses el pecho de Draaco, que le lamas, mordisquees y
recorras toda su superficie.
Obedientemente la orden fue cumplida y mientras el rubio de pie se deshacía en
suspiros, Snape arrodillado recorría el torso de Draco marcando con sus labios
la blanca piel. Mordisqueando los pezones hasta hacerle gemir y recorriendo con
su lengua la columna hasta la cintura del pantalón.
- Veo que estás deseoso de tener más piel para recorrer, muy bien. Draco,
quitaté los pantalones. Y ahora haz con Severus lo mismo que ha hecho él.
Despacio, como queriendo resaltar cada gesto Draco fue apartando la prenda,
desabrochó el botón, bajó la cremallera y lo deslizó sensualmente por sus
piernas dejando a la vista a través de la tela una naciente erección. Lo arrojó
lejos y se aproximó al otro, que contenía la respiración. Su lengua se movió
alrededor de un pezón hasta endurecerlo, Severus soltó el aire que retenía,
viajó por un reguero de besos hasta el otro que también siguió el mismo camino.
Recorrió sus abdominales y penetró en su ombligo, mordisqueando levemente sus
bordes, tentándolo a querer que siguiera más abajo. De forma pausada recorrió
con sus besos toda la cintura del pantalón, situándose a su espalda y con gran
maestría lamió la columna de su padrino haciéndole estremecer de placer.
Satisfecho con haber cumplido la orden de su amo, continuó encendiendo al hombre
a la espera de saber que hacer. Harry en el sillón había introducido su mano
bajo el calzoncillo y se acariciaba sin ningún pudor, lentamente y despacio, no
fuese a terminar antes que el espectáculo llegase a su fin.
- Ahora quítale los pantalones a él. Y Draaco, hazlo sin las manos.
Después de lanzar una mirada de adoración a su único dueño Draco se arrodilló
delante de Severus y lentamente, usando lengua, labios y dientes desabrochó el
botón, lamiendo la piel bajo él al terminar. Comenzó a bajar la cremallera hasta
ver aparecer el borde de unos calzoncillos rojos cuyo contenido se encontraba ya
muy alegre. Evitando tocar la erección para que no se le estropease el
espectáculo al amo terminó de deslizar el pantalón y se deshizo de él. Mirando
al amo supo lo que quería sin palabras y comenzó a dejar un camino húmedo desde
los tobillos a los muslos primero por delante y luego por detrás.
- Así Draco, si, sabes lo que me gusta. Ahhora quítale todo.
Usando de nuevo las manos el último obstáculo en el cuerpo del profesor fue
eliminado, mostrando la fabulosa erección a un ahora temeroso muchacho que no
estaba acostumbrado a cosas tan grandes. La de Harry tenía un buen tamaño, pero
aun era la de un adolescente, Severus ya era un hombre totalmente formado y muy
bien dotado. Buscando con los ojos a su amo le reveló sus temores.
- Dime Draco, ¿Qué ocurre?
- Es demasiado grande, amo, igual me duelee.
- No te preocupes Draco, no dejaría que tuu trasero se dañase es demasiado
perfecto, traje algo para evitarlo.
Harry sacó de su bolsillo un botecito de aceite, y lo colocó sobre la mesa.
- Ahora Draco desnúdate del todo, no te haará daño, le importas demasiado, te
preparará bien.
Severus se maravilló de ver desnudo a su ahijado, era simplemente perfecto, el
pene semierecto brillaba en su blancura, al igual que el resto de la piel del
muchacho, perfecta aun con las rojas marcas de su pecho. Harry le arrojó el
botecito.
- Ahora Draco ponte a cuatro patas, aquí, más cerca, eso. – Dijo cuando la
cabeza de Draco quedó frente a su dureza. – Severus prepáralo. Y tu, Draco, ya
sabes que hacer, me gusta que me mires a los ojos.
Sin dejar de mirarlo Draco besó la punta de la erección de Harry mientras sentía
un dedo introducirse en su interior y comenzar a moverse con dulzura. Lamió,
chupó y besó mirando a los ojos mientras otro dedo hacía compañía al primero,
muy suavemente, sin ningún dolor, Harry había traído el mismo aceite especial
que usó el día anterior, no era cuestión de que su mejor amante tuviera secuelas
a causa del gran tamaño del profesor. Un tercero cumplió su función dilatando la
ardiente cavidad. Severus se posicionó y lentamente introdujo la cabeza de su
erección en el fino cuerpo del rubio, que ahogó un gemido mezcla de dolor y
placer metiendo toda la dureza de Harry en su boca. Harry acariciaba su cabellos
calmándolo, el rubio era deliciosamente estrecho, y no estaba acostumbrado a
cosas tan grandes, aunque eso tenía remedio unos cuantos juguetitos y en unos
días se acostumbraría sin problemas. Con mayor cuidado Snape se introdujo
totalmente en su ahijado, esperando a que este se acostumbrase a la invasión
antes de comenzar a moverse. El ritmo deliciosamente lento que seguían las
envestidas lo imitaba Draco con su boca.
- Más deprisa. Acaricia a Draco Severus
La orden de Harry fue acatada por ambos, aumentando el ritmo. Snape comenzó a
masajear la erección de Draco que se sentía en las nubes al encontrarse entre
ambos hombres. Los tres se movían en una danza rítmica que los llevaba al
extremo del placer una y otra vez. La velocidad volvió a aumentar y Harry
explotó en la boca de Draco, que se lo tragó todo descargándose a su vez sobre
la mano de Severus y su propio vientre y causando el orgasmo de este último al
sentirse presionado por los músculos internos del rubio.
Exhausto Severus salió de Draco y se tumbó en el suelo, mientras que Draco
descansaba abrazado a las rodillas de su amo y mirándole a los ojos en busca de
aprobación.
- Draco vístete, nos vamos. Lo has hecho mmuy bien. – Dijo cuando el Slythering
recuperó el ritmo normal de la respiración. Una vez hecho esto le besó con
pasión en los labios y le dijo – Espérame fuera. – Obediente salió de allí y
esperó junto a la puerta a su amo.
- Espero que te haya gustado este regalitoo. Que te quede claro que Draco es mío
y no podrás tocarlo si yo no te lo permito, si no fuese por mí nunca lo habrías
tenido, y no lo volverás a tener si me desobedeces. A partir de ahora eres mío y
nadie te tocará sin mi permiso, tenlo bien presente, una infracción y no
volverás a tener a Draco. Obedecerás mis órdenes sin rechistar cuando estemos a
solas, de cara al exterior todo seguirá como siempre. ¿Comprendes?
Severus solo atinó a cabecear afirmativamente, Draco era maravilloso y solo
pensar en volver a tenerlo era razón suficiente para humillarse una y mil veces
delante del Griffindor. Además ahora sabía que Draco era de Harry, total y
absolutamente y nada cambiaría eso.
- Ya te daré más instrucciones. Puedes desscansar por hoy.
Salió del cuarto y besó posesivamente a su principal amante.
- Muy bien Draco, ahora dime que quieres dde recompensa.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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