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Capítulo 11: Dos Semanas, Después la Graduación
Las siguientes dos semanas le fueron bien a Harry. Durante la semana que
presentó los EXTASIs, pasó cada noche estudiando y pensando sobre sus opciones
de carrera. Decidió que le gustaría ser criador y domesticador de serpientes y
todo lo que ello implicara. No tendría que seguir estudiando, excepto quizás lo
relacionado con las serpientes, y tendría la posibilidad de viajar y la presión
que involucraba era casi insignificante.
La semana que siguió a los exámenes fue casi anticlimática. Harry, por supuesto,
ahora que había elegido carrera, no necesitaba saber el resultado de los
exámenes. Todo lo contrario ocurría con Ron y Hermione. Esos dos seguían
pensando y enfrascándose en cada detalle de sus pruebas, tratando de determinar
sus notas.
Trató de apoyarlos al máximo, con la esperanza de que manejaran su obsesión
antes de que se convirtiera en manía. Esto no surtió efecto, así que los días
que se salían de control, Harry escapaba al campo de Quidditch para volar y
hacer ejercicio o a las mazmorras a visitar a Severus.
Además, durante la última semana, todos los alumnos de séptimo se dedicaron a
practicar sus habilidades en Aparición a objeto de obtener su licencia antes de
graduarse. Harry descubrió que aparecerse era mucho más fácil y agradable que
viajar por traslador. Aún tres años más tarde, seguía estando paranoico y
receloso respecto a ellos.
La Profesora McGonagall enseñaba a los Gryffindors mientras el resto de los
Cabezas de Casas enseñaba a sus respectivos alumnos. En las noches, sin embargo,
Harry pasaba algún tiempo practicando con Severus, encontrando que la
tranquilizante presencia del otro hombre lo ayudaba a enfocarse. Antes que la
última semana de clase hubiera terminado, los Jefes de Casa acompañaron a los
estudiantes al Ministerio vía traslador, con el objetivo de que obtuvieran su
licencia. Harry pasó sin ningún problema y una vez que todos hubieron terminado,
se aparecieron de regreso en Hogsmeade, felices de que, aparentemente, hubiera
mejorado su capacidad de movimiento.
El último día en Hogwarts fue realmente emotivo. Era domingo y la fiesta de
despedida había sido la noche anterior. Los otros hablaban sobre regresar a
Londres en el Expreso de Hogwarts esa misma tarde, mientras Harry se quedaría
una noche más y partiría con Severus al día siguiente, rumbo a Stone Mason.
Todos prometieron que permanecerían en contacto mientras decidían qué hacer en
sus nuevas vidas. Las lágrimas no se hicieron esperar en casi todas las chicas e
incluso unos cuantos chicos y los abrazos fueron compartidos por todos.
Aunque había sentido a Hogwarts como su hogar durante los últimos siete años,
Harry estaba listo para seguir adelante. Sabía que podría visitar la escuela con
frecuencia, especialmente para ver a Hagrid y a los profesores Dumbledor y
McGonagall, si así lo quería. Pero ahora tenía un nuevo lugar al que llamar
hogar y esperaba con ansias que llegara el día de mañana.
Después de visitar a Severus en las mazmorras, fantaseó con su vida en su nueva
casa. Se imaginaba a si mismo o a Severus preparando la cena para dos en la
cómoda cocina, o simplemente haciendo un poco de todo, o en la noche leyendo un
libro sentados frente a un acogedor fuego.
Todas las noches de las pasadas dos semanas, Harry había soñado con la dicha
hogareña.....aunque no siempre el sueño era el mismo. Muchas de esas noches,
despertaba después de haber tenido el más delicioso y erótico sueño de Severus y
él mismo haciendo el amor, en su cama tamaño King. Desafortunadamente, hasta
ahora sólo era imaginación, así que en privado añoraba experiencia de primera
mano con Severus siendo el único que suministrara las manos
Harry se encontraba solo en su dormitorio, empacando, cuando Dobby
sorpresivamente apareció ante él. Sorprendido, levantó su varita en actitud
defensiva.
-¡Dobby, no hagas eso! Casi te lanzó un hecchizo ‘Stupefy’- exclamó el chico.
-Lo siento, Harry Potter, señor. Dobby no qquiere hacerle daño. De hecho, Dobby
se presenta ante usted para hacerle una proposición de negocios, señor- dijo el
elfo con los ojos abiertos y excitados.
-¿Qué clase de proposición de negocios?- prreguntó Harry con cautela.
-Dobby quiere irse con el gran Harry Potterr, señor. ¿Puedo ir a trabajar con
usted?- el elfo sacudía la cabeza con ansiedad.
-Necesitaría consultarlo con el Profesor Snnape, Dobby. Sin embargo, si él está
de acuerdo, ¿cuánto esperarías cobrar? ¿Cuánto te paga Dumbledore por trabajar
aquí?
-Dumbledore paga a Dobby cuatro knuts al mees, mas un par de calcetines por
Navidad, Harry Potter, señor.
-Supongo que suena razonable, pero ya no esstarías al cuidado de una escuela
llena de estudiantes. Somos sólo dos y no creo que te tengamos demasiado
ocupado. Si te contratamos, tendrás un montón de tiempo libre- Harry pensó por
un momento-. Bien, a ver que te parece esto; si el Profesor Snape está de
acuerdo, te pagaremos dos knuts y un par de calcetines nuevos cada mes, y una
túnica nueva en Navidad.
Dobby salto al escucharlo.
-Dobby es extremadamente feliz con esa oferrta. Espero que el Profesor Snape esté
de acuerdo. ¿Le dirá a Dobby más tarde, si va a ser contratado?
-Sí, Dobby. Le preguntaré al profesor en cuuanto termine de empacar. Entonces te
lo haré saber, ¿bien?
Dobby asintió y chilló con deleite y luego desapareció tan repentinamente como
había aparecido.
Harry bajó la vista hacia la ropa que había estado doblando durante la
conversación con el elfo doméstico y suspiró. Continuó doblando las prendas y
colocándolas dentro del baúl. Luego de media hora había acabado. Dejó la torre y
se encaminó hacia las mazmorras para discutir con Severus la contratación de
Dobby
***
Para Severus, las últimas dos semanas llegaron y se fueron prácticamente en la
misma forma que lo habían hecho en la pasada década. Administró exámenes,
terminó de calificar ensayos, pociones y cosas así. La única excepción fueron
las visitas de Harry y su embalaje para partir en forma definitiva. Las pocas
cosas que había empacado para llevarse a su nuevo hogar eran ropas, sus
preciados libros de pociones y su caldero personal.
El resto del tiempo, se la pasó tratando de eludir, en lo posible, al resto de
los miembros del profesorado, con la idea de evitar despedidas sentimentales.
Sin embargo, esa noche había sido imposible. Lo habían arrinconado momentos
antes del Festín de Despedida y lo habían lanzado en una fiesta.
Le habían dado una colección de ingredientes raros para elaborar pociones que lo
hicieron, literalmente, babear. Él les agradeció sin su habitual máscara de
cinismo y desprecio y les dijo que ‘podría’ llegar a extrañarlos. También les
dijo que, por supuesto, tendría que esperar a ver si eso pasaba.
Los otros sonrieron, sabiendo que esa era la ‘manera’ de Severus de decirles que
de hecho los extrañaría, especialmente las batallas que habían entablado juntos
contra el diluvio de estudiantes que atendieron en Hogwarts
Todas las noches, durante esas dos semanas, Severus se sentaba frente a la
chimenea y soñaba despierto con Harry. No tenía un concepto real de convivencia,
así que sus sueños se centraban en Harry ayudándolo a elaborar pociones o
viajando juntos a lugares lejanos para hacer investigaciones sobre las
serpientes. Cuando dormía, todos sus sueños se inundaban con ardientes y
apasionados besos y un Harry desnudo acostado boca arriba es esa maravillosa y
enorme cama. Soñaba que corría sus manos sobre la tersa y suave piel, los muslos
musculosos y el firme abdomen, antes de anclarse en sus caderas.
Desafortunadamente para Severus, siempre despertaba justo cuando el sueño se
tornaba verdaderamente prometedor. Asumía que era la manera en que su
conciencia, pronunciadamente moral, evitaba que tomara ventaja de un estudiante
y un amigo, aunque fuera en sueños.
Encontró que se volvía cada vez más difícil mantener su aire de amistosa y
tranquila indiferencia cada vez que el objeto de sus sueños llegaba a él. Cada
vez que Harry lo visitaba en su oficina, deseaba deslizar sus dedos por su
sedosa melena negra o inclinase muy cerca y aspirar la esencia única que era
Harry.
Otras veces, su mente vagaba peligrosamente cerca del límite y se veía a si
mismo deslizando sus labios a lo largo de la delgada columna del cuello de Harry
y dejando visibles marcas evidenciando su posesión. Quería reclamarlo como suyo
y que todo el mundo lo supiera.
Esta necesidad por Harry lo confinaba en un reino desconocido para él, que lo
estaba consumiendo. Incluso había eclipsado la intensidad de su deseo anterior,
de acabar con el reinado de terror del Señor Oscuro.
Había terminado de empacar y estaba sentado en sus aposentos esperando
pacientemente que llegara el día siguiente. Sus pensamientos derivaban una vez
más hacia Harry cuando fueron interrumpidos por un toque en la puerta. Invitó al
visitante a entrar y se alejó lentamente del ardiente fuego para hacer frente a
la entrada.
El objeto de todos sus pensamientos estaba parado frente a él y lo miraba con
bastante seriedad.
-¿Pasa algo malo, Harry?- preguntó preocupaado.
-No, nada malo. Yo, uh, bajé porque cierto elfo doméstico me interceptó hace un
rato y me hizo una proposición de negocios.
-Oh. ¿Y que quería tu pequeño amigo Dobby?-- inquirió Severus con curiosidad.
-Quiere trabajar para mí, buen, mejor dichoo, para nosotros. Quiere ser nuestro
elfo doméstico. Le dije que antes de aceptarlo tú deberías estar de acuerdo- le
informó Harry con una interrogante en los ojos.
-Está bien. De hecho, sería lo mejor. Especcialmente una vez que ambos comencemos
nuestras carreras. Dudo que cualquiera de nosotros tenga demasiado tiempo para
ocuparse de la casa cuando eso pase. ¿Cuánto le vas a pagar?
-Le ofrecí dos knuts y un par de calcetiness por mes, y una túnica nueva para
Navidad, además de mucho tiempo libre. Parecía bastante feliz con los términos.
¿Suena bien para ti? Nunca he pensado demasiado en el dinero y no sé cuánto
acostumbra a pagar la gente- se veía en cierta medida avergonzado de su
ignorancia sobre el mundo laboral.
Severus pensó que Harry se veía divino, así tan tímido; luego sacudió esos
pensamientos de su cabeza. Rió entre dientes mientras recordaba el asunto en
discusión.
-Es propio de la edad. La mayoría de los maagos y brujas jóvenes que recién
entran en el mundo laboral mágico, no tienen un concepto real de costos y
finanzas. Personalmente, me sorprende que Hogwarts no ofrezca un curso básico
sobre ese tema para los estudiantes de séptimo, o quizás podrían incorporarlo a
las clases de Estudios Muggles.
De hecho, antes de irnos deberíamos mencionárselo a Albus. Podría encontrar la
idea lo suficientemente loca como para incluirla en las clases. El último curso
que se incorporó al pensum fue Estudios Muggles, hace ya quince años.
Harry sonrió mientras imaginaba la complacida mirada del Director al poder
ofrecer otra ‘clase sin sentido’ ante el Consejo Superior, y lograr que lo
aprobaran, pues su astucia y locura era mayor que la de ellos
Verdaderamente extrañaría al viejo mago y los caramelos de limón que siempre le
ofrecía.
-Sabes, tan pronto como nos establezcamos, deberíamos hacer una reunión para
inaugurar la casa e invitar al Profesor Dumbledore, la Profesora McGonagall,
Hagrid y los otros profesores, excepto, quizás, Trelawney. Por supuesto los
Weasley, Hermione, Remus y algunos de los otros miembros- sugirió Harry.
Severus se encogió ligeramente ante la idea de esa invitación, pero al ver la
ansiosa expresión en el rostro de Harry, no tuvo corazón para negarse.
-Bien, pero lo limitaremos a un almuerzo, ppara que la gente no esté inclinada a
quedarse un tiempo terriblemente largo. Disfruto mis noches, y las prefiero
tranquilas y relativamente libres de gente.
Harry sabía que las ‘condiciones’ de Severus eran definitivas y sonrió
mostrándose de acuerdo.
-Bien, ¿entonces los invitamos para que venngan el sábado?- preguntó extasiado.
Severus suspiró como si sintiera un gran dolor y asintió indicando que estaba de
acuerdo. Harry estuvo casi tentado a lanzar los brazos alrededor del muy sufrido
mago para mostrarle su agradecimiento y confortarlo. Se contuvo una vez más. La
necesidad de estar físicamente cerca de Severus llegaba a ser dolorosa, pero la
sufriría alegremente mientras el hombre le diera su amistad. Sería feliz sólo
con eso, o al menos esperaba poder ser feliz sólo con eso. Únicamente el tiempo
lo diría.
-Bien. Mejor voy a decirle a Dobby que venddrá con nosotros cuando nos vayamos
mañana. Que pases una buena noche y nos encontraremos en el Gran Comedor para
desayunar- se despidió agitando la mano antes de salir.
-Buenas noches, Harry. Que duermas bien- coontesto Severus antes que la puerta se
cerrara-, y dulces sueños.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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