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Capítulo 2 Una razón para todo
Albus Dumbledore estaba preocupado. Todavía no habían transcurrido veinte horas
desde la batalla final con Voldemort. Los últimos meses habían sido difíciles,
en el mejor de los casos. Toda la estrategia y planificación destinada a la
organización de la batalla había valido la pena. Voldemort había sido derrotado
para siempre gracias a los esfuerzos combinados de Harry Potter y Severus Snape
Durante el curso de la batalla, sin embargo, el anciano mago se había visto
obligado a gastar una buena cantidad de energía mágica para mantener las
protecciones de la escuela, y al mismo tiempo lanzar sus propios hechizos y
maldiciones en la batalla. Al hacer una retrospectiva, se dio cuenta con pesar
que había estado tan enfocado en la batalla que tenía entre manos, que temía
que podía haber sido negligente con sus deberes dentro de las murallas del
castillo. Para ser alguien habitualmente tan involucrado en el día a día de las
actividades de sus profesores y estudiantes, Albus estaba perdido respecto a
cómo manejar la situación actual.
No es que Severus pareciera estar en un peligro inminente. Ni parecía estar bajo
ninguna maldición oscura. Si Albus tuviera la sensación de que una presencia
oscura había invadido a su joven amigo, definitivamente hubiera intervenido.
Suspiro internamente. Para alguien tan entrometido como él, era difícil no
conocer todas las respuestas. Por así decirlo, tendría que ponerse cómodo y
permitir a su cuerpo renovar sus recursos mágicos, antes de poder intentar una
proeza tan grande como tratar de penetrar en la mente de un especialista en
oclumencia tan talentoso como Severus. Hasta entonces, simplemente tendría que
sentarse con sus compañeros, con la boca abierta, y mirar impresionado y
maravillado la visión delante de él.
Albus solo podía captar fragmentos de las conversaciones de quienes lo
rodeaban, pero parecía que Severus se las estaba ingeniando para encontrar
tiempo para congraciarse con casi cada miembro del profesorado. “Filius, mi buen
hombre, ¿me servirías un poquito de té?” “¿Poppy, ¿cambiaste tu peinado?”
“Rolanda, esa fragancia que estás usando es sencillamente intoxicante..”
“Minerva, debo felicitarte....” “Hagrid, viejo amigo, cómo está el.....”
“Pomona, entiendo que puedes necesitar una mano extra....” “Sibyl.....oh,
demonios, todavía luces como un fraudulento cajero Muggle”. Albus suspiró con
alivio, al menos podía descartar a un impostor. Ni siquiera el nuevo y mejorado
Severus era capaz de ser amable con Sibyl Trelawney.
Para ser sincero, la terrible experiencia le estaba empezando a dar dolor de
cabeza. Siempre había podido contar con la ira de Severus para lograr que las
reuniones fueran breves, pero al parecer no contaría con el lujo de su ayuda
este día. Después que terminara la no-tan-breve reunión, los profesores
empezaron a retirarse en masa rumbo al Gran Comedor para desayunar. Sin embargo,
antes que el Maestro de Pociones pudiera partir, Albus, determinado a averiguar
exactamente qué era lo que estaba pasando a su joven amigo, lo detuvo.
-Severus, ¿me puedes conceder un minuto dde tu tiempo?
-Por supuesto, Albus. ¿Te importaría regaalarme uno de esos deliciosos caramelos
de limón que llevas contigo todo el tiempo?
Severus exhibió una clase de sonrisa que Albus no había vuelto a ver desde los
tiempos en que la presencia de Gilderoy Lockart ‘honraba’ la escuela.
Un tanto desconcertado por la petición nunca antes oída, Albus hurgó en los
múltiples bolsillos de su túnica antes de encontrar la caja.
-Por....por supuesto, Severus. Siempre esstoy feliz de compartir mis caramelos
contigo. Aunque debo admitir que estoy impactado por tu petición, ya que es la
primera vez que tomas uno desde que descubriste, a la tierna edad de once años,
que estaban mezclados con una poción tranquilizante. ¿Qué te está pasando hoy,
mi muchacho? No es que no sea encantador verte tan bien, pero es muy impactante
para un anciano.
Severus palmeó el brazo de Albus tranquilizándolo y suspiró contento.
-Simple, Albus. Un cambio estaba a la ordden. Finalmente soy libre de elegir qué
hacer con mi vida. Y en menos de treinta días, todo será mejor.
Una astuta sonrisa Sly cruzó los rasgos de Severus mientras miraba a la
distancia, aparentemente soñando despierto.
-¿Treinta días, Severus?- inquirió Albus..
Sacudiéndose de su ensueño, el aludido levantó una ceja interrogante hacia su
amigo y mentor.
-¿No me digas que olvidaste que la graduaación es el próximo mes?
-Sí, ¿y?.....
-Y entonces Harry Potter ya no será mi esstudiante.
La amplia sonrisa del Maestro de Pociones era contagiosa. Repentinamente
aliviado al descubrir que Severus al menos tenía razones válidas para su rápido
cambio de personalidad, Albus rió para si mismo. Todavía se preguntaba si esa
era toda la verdad, pero por ahora era suficiente. Severus no estaba loco, ni
poseído, y no había sido influenciado por magia oscura. Por primera vez en
veinte años, era sencilla y verdaderamente feliz
-De hecho. Bien, mi muchacho, me siento aaliviado al conocer tus razones
Severus hizo un guiño conspirador al Director.
-Quizás Albus. Si no te importa, me gustaaría disfrutar de las reacciones de cada
quien.
Albus convino, asintiendo.
-No diré una palabra. Que lo descubran poor si mismos. Disfruta tu día, Severus.
Salieron del salón, todavía sonriendo, y se dirigieron al Gran Comedor. Cuando
entraron, el ruido de la habitación cesó de inmediato, mientras todo el grupo
los miraba, Aparentemente, la pequeña Hufflepuff había estado ocupada. Severus
parpadeó y sonrió al Director, susurrándole a su mentor que tenía algo que hacer
antes de reunirse con él en la mesa de profesores
Albus siguió mientras Severus se desviaba hacia la mesa Gryffindor. Un gran
número de pares de ojos lo siguió mientras se abrió paso hasta el extremo la
mesa y luego subió hasta el frente de la habitación. De vez en cuando, lanzaba
un destello de sonrisa a alguien que lo miraba atentamente, sólo para encontrar
que esa persona desviaba su atención, enrojeciendo, y pretendiendo comer su
desayuno. Sólo un par de ojos se atrevieron a reunirse con los suyos.
La sonrisa de Severus fue retornada por otra que, si era posible, era incluso
más radiante. Los ojos esmeralda brillaron con deleite mientras Severus
terminaba de cruzar los pocos pasos que lo separaban de la silla de Harry
Potter. El joven se levantó de inmediato y saludó a su profesor con un apretón
de manos.
-De hecho, muy buenos días, señor Potter.. Sólo quería reiterarle mi
agradecimiento por haber salvado mi vida ayer. Arriesgo la suya para sacarme de
allí, y le voy a estar eternamente agradecido. En verdad es un joven muy
valiente.
Harry enrojeció ante las alabanzas del Maestro de Pociones.
-Señor, no merezco su agradecimiento. Ustted me alimentó con su energía mágica
con un gran riesgo personal. No habría sido capaz de derrotarlo si no hubiera
sido por usted. Y si enfrentamos los hechos, de no ser por usted, nunca hubiera
sobrevivido hasta este año para ser capaz de estar allí ayer. Ha salvado mi vida
tantas veces, que son imposibles de contar. ¿Qué tal si simplemente lo dejamos
igualados?- ofreció una tímida sonrisa a su profesor.
-Como desee, señor Potter.
-Señor, por favor, llámeme Harry. Hemos ppasado por muchas cosas juntos.
-Me encantaría......Harry- el hombre sonrrió ampliamente, ignorando los jadeos de
los otros estudiantes quienes estaban, obviamente, pendientes de cada palabra
Severus pudo ver el destello de diversión en los ojos de Harry.
-Por cierto, luce verdaderamente regio hooy, señor.
Severus agitó la mano ante el cumplido.
-¿Esta cosa vieja? Simplemente algo que uun viejo amigo eligió para mí hace un
tiempo. ¿No crees que sea excesivo?
-Para nada. El cuero le sienta bien, señoor.
Severus soltó un bufido de risa mientras escuchaba a estudiantes y profesores
atragantándose con sus desayunos y escupiendo el jugo de calabaza como reacción
a las palabras del Niño-Que-Vivió. Sin perder un latido, Harry continuó como si
no hubiera notado la reacción de su audiencia.
-Ya sabe, señor, digno, aristocrático y mmuy fascinante. Se acomoda a su
personalidad. Ni siquiera puedo comenzar a imaginar lo difícil que ha sido para
usted actuar el papel que ha tenido por tantos años. Debe haber sido terrible
saber que los estudiantes pensaban que era un ‘cretino grasiento’ o un ‘gran
murciélago’
Severus notó el toque de malicia que conllevaban las palabras de Harry y el
destello de tristeza en los ojos del joven.
El profesor se encogió de hombros.
-A veces, pero era necesario. No puedo culpar a nadie por creer algo que traté
de reforzar con tanta fuerza- Harry sólo asintió con tristeza-. Bien, te dejo
para que desayunes.
Severus se giraba para alejarse, cuando Harry lo llamó. El brillo de malicia
regresó a los ojos del joven cuando le pidió un favor.
-Oh, señor. Dado que ya no necesitamos ell pretexto de las lecciones ‘Correctivas
en Pociones’, ¿me podría ayudar directamente a entrenarme en Defensa Contra las
Artes Oscuras? Parece superfluo que usted me enseñe para que yo le enseñe a
ellos, pero será solo por las próximas tres semanas.
Severus sonrió radiante.
-Revisaré con el Director, pero estoy segguro que estará bien.
-¿No es demasiada imposición?
-Harry, me alegra hacer *algo* que tú harrías por mí- los utensilios causaron
estrépito sobre las mesas, y el silenció reinó nuevamente en el Gran Comedor
mientras Severus se obligaba a continuar como si nada hubiera pasado-. Cuando
desperté esta mañana me di cuenta de dos cosas. El Señor Oscuro ya no existe, y
en menos de un mes tú ya no serás mi estudiante en Hogwarts. No hay mejor regalo
que el universo hubiera podido ofrecerme.
Radiando otra sonrisa hacia Harry y sus atónitos compañeros, Severus retrocedió
hacia la mesa de los profesores. Tan pronto como volvió la espalda, Harry
replicó riendo.
-¡Aww, señor, no sabía que le importara!-- Severus continuó caminando, pero
rápidamente se juntó con la risa de Harry. Después de unos momentos ajustándose
al sonido de las risas proveniente de la boca habitualmente hosca del Maestro de
Pociones, varios profesores y un montón de estudiantes empezaron a reír
disimuladamente de lo ocurrido. No pasó mucho rato antes que todo el Gran
Comedor regresara la atención a su desayuno, riendo y comentando entre ellos
sobre lo que acababan de presenciar. Ninguno, ni siquiera Albus, notó el
travieso guiño que Harry Potter ofreció a Severus, ni la ceja alzada como
respuesta.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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