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Capítulo 1: La Libertad Puede Cambiar a un Hombre
Cuando Severus Snape se despertó esa mañana, se sintió completamente vivo por
primera vez en veinte años. ¡Al fin era libre! ¡No más lazos con Voldemort, no
más el doblegarse ante mocosos mojigatos como Malfoy, no más doble vida! Podía
dejar su trabajo en Hogwarts si así lo deseaba. Se rió entre dientes mientras
entraba en el baño, desnudándose y introduciéndose bajo la caliente rociada de
su ducha. No es que quisiera partir en verdad, y menos ahora. Albus Dumbledore
le había ofrecido un santuario cuando más lo necesitaba. Hasta poco tiempo
atrás, Albus era la única persona en quien verdaderamente confiaba.
Probablemente nunca partiría del único hogar verdadero que había conocido. Pero
era agradable, finalmente, poder tener una opción
Para ser un hombre que rara vez se preocupaba por su apariencia, Severus pasó
una buena cantidad de tiempo asegurándose que su cabello y ropa estaban
presentables. Su recién descubierto amante lo había estado animando durante sus
años de amistad que no afectaría su tapadera como espía mostrar un poco de su
verdadero yo al mundo exterior, pero hasta ahora se había negado esa opción. La
duplicidad era más fácil cuando se tenía claro los papeles de blanco y negro.
Ahora, no había nada que lo contuviera. Severus se detuvo frente al espejo de
cuerpo entero admirando su elección de vestuario, deslizando el pasador superior
que cerraba su túnica. Por una vez, el espejo encantado pareció impresionado.
-¡Querido! ¿Has estado ocultando ese cuerrpo bajo las túnicas todos estos años?
-Mmmm. Eso me temo. ¿Por qué?¿Te gusta?- - Severus se rió de si mismo por
flirtear con su propia imagen.
-Querido, si me lo preguntas, van a hacerr fila por tener una oportunidad
contigo. Deberías reír más a menudo. Luces delicioso. ¿Qué inspiro este cambio
en ti?
Severus consideró las palabras del espejo. En realidad esto no había
representado un gran esfuerzo. Había elaborado un champú especial para eliminar
las toxinas que los gases de las pociones dejaban en su cabello de forma que
ahora lucía brillante y sedoso. Lo había atado hacia atrás con un cordón, pero
varios mechones cortos habían escapado, enmarcando su cara de manera
encantadora. Su piel también había sido tratada con un limpiador facial poco
común, que había eliminado la grasa acumulada. Vestía una camisa de seda color
canela con varios botones abiertos en la parte superior, revelando un asomo del
negro pelo del pecho, y unos pantalones de cuero color chocolate oscuro, que se
estrechaban ligeramente en las rodillas y se embutían en un par de botas de
montar de ante negro, altas hasta las rodillas
Lanzando una amplia sonrisa a su reflejo, se encogió de hombros.
-Supongo que siempre lo tuve encerrado enn mi interior. Sólo que nunca tuve la
habilidad de dejarlo salir y jugar.
-¿Por qué ahora?
-En realidad, hay dos razones. La primera es que finalmente me he liberado de
un peso que he llevado por veinte años. Y, la segunda, es que en menos de
treinta días estaré libre de otro- sin dar al espejo oportunidad de replicar,
Severus salió de la habitación con paso majestuoso, silbando en voz alta. Saludó
a los retratos al pasar, ofreciéndoles una sonrisa y un amistoso gesto con la
mano, incluso se detuvo pretendiendo combatir con Sir Cadogen, en su camino
hacia la sala de profesores, para asistir a una reunión con Dumbledore antes del
desayuno y organizar la manera en que actualizarían a los profesores sobre los
sucesos de la batalla del día anterior.
Mientras doblaba la última esquina antes de alcanzar la sala de profesores,
accidentalmente tropezó con un grupo de Hufflepuff de primer año, golpeando a
una de las jovencitas quien cayó al suelo, sus libros dispersándose por todas
partes. Cuando los niños vieron que había sido su temible Profesor de Pociones
quien había tropezado con ellos, temblaron de miedo, y sólo notaron el cambió en
las ropas y en su apariencia después que él se hubiera enderezado y dirigido a
ayudar a la joven a sus pies.
-Señorita Banks, ¿se encuentra bien? Mis más humildes disculpas, querida. Me
temo que estaba soñando despierto y simplemente no me di cuenta de lo que hacía-
Severus emitió una brillante sonrisa que sobresaltó a la pequeña, y rápidamente
recuperó sus libros por ella. Le acomodó los libros en los brazos y basó con
gentileza su coronilla antes de continuar su camino-. Que tengan un lindo día,
niños.
*****
Si Algus Dumbledore no lo hubiera visto con sus propios ojos, seguramente
hubiera pensado que era una ilusión. Se giró hacia su compañera, Minerva
McGonagall, para asegurarse que, de hecho, sus sentidos estaban funcionando
correctamente. Considerando la mirada de impresión e incredulidad evidente en
las facciones de la bruja, por lo menos se sintió aliviado al darse cuenta de
que no había sufrido ningún daño irreparable durante la batalla pues,
aparentemente, el pobre Severus sí.
Primero habían captado el sonido de un silbido proveniente del hueco de la
escalera de las mazmorras. No les llamó la atención hasta que el sonido del
silbido cambió al de una canción proveniente de una familiar voz de barítono.
¿Por qué, en nombre de Merlín, podrías estar cantando Severus Snape? ¿Y
especialmente cantando *ESA* canción? Momentos más tarde el canto cesó
abruptamente, y mientras se apresuraban hacia la sala de profesores, dieron
vuelta a una esquina justo a tiempo para ver a Severus gateando y ayudando a la
pequeña Hufflepuff
Mientras, Severus dirigió su marcha hacia ellos, reanudando su canción. Los
Hufflepuff lanzaron una última mirada al Director y a la Jefa de la Casa
Gryffinfor y huyeron asustados. Albus escudriñó inmediatamente los ojos de
Severus, buscando señales de que hubiera sido puesto bajo la maldición Imperius,
pero inmediatamente fue distraído por la brillante sonrisa que le brindó el
Maestro de Pociones. Éste hizo un guiño de saludo a Minerva y a Albus, y los
precedió rumbo a la sala de profesores. Lanzando sus brazos abiertos para
abarcar a los profesores reunidos, reinició el coro.
-Oh, que hermosa mañana.....
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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