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Capítulo 7
Por Corgi
Decir que Poppy Pomfrey estaba enojada era quedarse corto. Estaba lívida. Si
alguno de sus estudiantes la viera en ese momento, la hubieran temido aún más
que al mismo Severus Snape y a perpetuidad. En ese momento, la razón de su
enfado residía en la Guarida, velando por Harry Potter. Necesitaba traer al
joven de regreso. ¿Por qué Albus era incapaz de entenderlo? No, él no la había
dejado, ¡al menos no hasta que le dijera quién, qué, dónde y cómo! Pero ella no
le diría pues se encontraba atada por el juramento de proteger la privacidad de
su paciente, que realizó cuando le entregaron su licencia para practicar. No, el
viejo tonto no conseguiría que hiciera eso.
Tenía que pensar, pero primero necesitaba calmarse, antes que un estudiante
herido viniera buscándola. Caminó hasta la alacena donde guardaba sus
suministros de pociones y revisó desordenadamente buscando un tranquilizante.
Finalmente encontró algo al fondo del gabinete y lo tomó de un bocado. Mientras
esperaba que la poción surtiera efecto, se sentó a reorganizar sus medicamentos,
pensando que una tarea común ayudaría a la poción a relajarla. Finalmente,
sintió que ya no estaba a punto de arrancar su cabello. Se retiró a su oficina y
convocó un elfo doméstico, para pedirle una taza de té y algunos bocadillos.
Antes que pudiera parpadear dos veces, el pequeño regresó con los alimentos
pedidos y ella le agradeció su ayuda.
Mientras comía y bebía, comenzó a sopesar sus opciones. Sabía que si no
regresaba a Harry con Severus, perdería tanto al mago mayor como al niño que
llevaba. Sirius también quedaría devastado, pensando que el último enlace que
tenía con su ahijado había fallecido junto con el hombre que Harry amaba.
Realmente, no tenía opciones. Pasó una hora pensando el modo de convencer a
Albus que la dejara traer al joven mago de regreso a Hogwarts, y tomó conciencia
de que su tiempo se agotaba. Una vez que decidía algo, Albus podía ser tan
testarudo como Severus. Ésta era una de las razones por las cuales entendía al
Maestro de Pociones mejor que al resto del profesorado.
Sus pensamientos se quebraron cuando llegaron cuatro estudiantes arrastrados por
sus compañeros de clase, con hojas brotando salvajemente por todos lados. Un
fluido goteaba por las ropas de las víctimas indicando que había ocurrido un
nuevo accidente de pociones en las mazmorras. Afortunadamente, Severus se
encontraba lejos de la explosión. No sabía qué efectos impropios podían tener
sobre el bebé las pociones preparadas. Después de administrarles el antídoto y
dejarlos en observación por una hora, los sacó a la puerta y regresó a su
dilema.
Por como veía la situación, no podía obedecer a Dumbledore y dejar a Harry en La
Guarida con un posible riesgo de Severus y su niño. En realidad, si lo veía bajo
la óptica lógica, su trabajo no significaba nada, comparado con el juramento que
había hecho. Como los muggles, los medimagos y medibrujas tomaban el Juramento
Hipocrático, pero a diferencia de los doctores muggles, los brujos quedaban
atados al juramento. Si iban contra la letra y el espíritu de dicho juramente,
su magia se destruía para siempre. Bajo esa luz, Poppy nunca había tenido
elección. Tenía que llevarse a Harry. ¿Pero cómo lo hacía? Su principal
obstáculo sería incapacitar a Albus. Era demasiado poderoso como para que
pudiera aturdirlo con un hechizo. Quizás a Sirius se le podría ocurrir algo para
distraer al viejo tonto. Si Black lograba conseguir algún modo de distracción,
Poppy podría traer a Harry usando la red floo. Y si hubiera algún lugar para
ocultar a los dos hombres, estaría resuelto.
Cuando levantó la vista hasta el reloj de su oficina notó que era hora de cenar.
Caminó al Gran Comedor, se sentó en su lugar habitual al lado de la Profesora
Sprout y pasó la comida conversando acerca de los nuevos descubrimientos sobre
plantas medicinales mágicas. Flora estaba muy excitada por el descubrimiento y
rebozaba de gozo al ser una de la pocas personas seleccionadas para hacer un
intento de cultivarla en un medio ambiente controlado. Poppy aprovechó la
oportunidad para observar a Severus y midió cómo se estaba sintiendo sin que lo
supiera. De verdad que no le gustaba como se veía. Tenía que traer a Harry lo
antes posible. Tenía que poner su plan en acción mañana mismo, antes que fuera
demasiado tarde. Pasó el resto de la comida conspirando, mientras hacía los
comentarios apropiados a la Profesora Sprout para disimular su falta de
atención.
La mañana llegó demasiado pronto para la agotada mente de Poppy, pero necesitaba
ponerse en movimiento. Se recetó a si misma una poción estimulante, recogió las
cosas que necesitaba para Harry y Severus para ese día, y llenó una segunda
mochila con medicamentos para un largo recorrido. Encogió esta última bolsa y la
ocultó en uno de sus bolsillos. Mirando al reloj, decidió que no era demasiado
temprano para conseguir a Severus, pues el hombre era famoso por ser madrugador.
Otro tanto no se podía decir de Black, pero no tenía que levantarlo.
La matrona salió rumbo a las mazmorras con una sonrisa que radiaba
determinación. Golpeó en el retrato que guardaba los aposentos de Snape y se
sorprendió al ver que quien contestaba era ni más ni menos Sirius Black.
-Buenos días, Sirius, necesitó revisar a SSeverus.
-Buenos días. Él acaba de desayunar- conteestó Sirius, mientras se apartaba para
cederle el paso a Poppy.
Ella miró alrededor hasta que encontró a Severus sentado en uno de los sillones.
Estaba más pálido de lo habitual, pero a la medimaga le alegró ver que Sirius
estaba haciendo que el delgado mago comiera. Firme en su resolución de lograr
que Harry se alejara de Albus, cruzó la habitación hasta Severus.
-Buenos días, Poopy. Veo que estás aquí paara hurgarme y pincharme nuevamente- en
nivel de agotamiento en la voz del hombre era notable tanto para Sirius como
para Poppy.
-Sí, Severus. Estoy aquí para examinarte nnuevamente. Estaré aquí cada mañana
hasta que nazca el bebé. No quiero pasar por alto nada. Pero necesito un favor
tuyo antes que empecemos. Tengo un paciente que necesita una casa segura. Es un
personaje de un alto nivel y necesito ubicarlo en un lugar donde no pueda ser
localizado. Lo traería aquí, pero ni en Hogwarts estaría seguro.
-La mayor parte de los refugios de la Ordeen son conocidas por Albus. De hecho,
todos son conocidos por Albus y al menos otro miembro de la Orden; si necesitas
un lugar verdaderamente seguro, no elijas ninguna de esas casas.
Severus tenía una mirada pensativa, pero Poppy no sabría decir si estaba
buscando algún otro lugar y imaginándose a quien estaba tratando de ocultar la
mujer.
-Hay una pequeña finca de campo dentro de las tierras de mi familia que es
segura. Hay una gran cantidad de escudos y hechizos de protección en el lugar,
que hace difícil encontrarlo. Tanto Albus como el Ministerio desconocen su
existencia. ¿Serviría?
-¡Será perfecto, Severus! ¡Gracias!- exclaamó la mujer con alivio. Ahora tenía un
lugar para ocultar a los hombres hasta que Harry estuviera mejor.
-Déjame llamar a un elfo doméstico y aseguurarme que el lugar esté listo para ser
ocupado. Ellos han estado haciendo las reparaciones necesarias aunque no se use.
Así que no les tomara mucho tiempo arreglar cualquier cosa que no esté a punto-
comentó Severus, mientras se dirigía hacia su escritorio. Cuando lo alcanzó,
revolvió hasta sacar una pequeña caja, y sacando el contenido, llamó-: ¡Miffy!
Se escuchó un pequeño crack y la elfina doméstica Miffy apareció, inclinándose y
revisando el entorno para verificar si algún peligro amenazaba a su amo. Cuando
se enderezó, levantó la vista hacia Severus esperando instrucciones.
-¿ Miffy, podrías tú y los demás preparar Thornwall Cottage, por favor? Madame
Pomfrey llevará un paciente para su recuperación, y nadie debe saber que ese
paciente se encuentra allí.
-Sí, amo Severus, Miffy se encargará de esso- con otro clap, la pequeña elfina
salió a cumplir las órdenes de su amo.
-La finca estará lista en unos momentos- sse giró hacia Poppy antes de
continuar-. Miffly se asegurará que la red floo esté abierta para que lleves a
tu paciente.
Gracias, Severus; agradezco el uso de la casa de campo. ¡Ahora, andando a la
habitación! Necesito hacerte algunas exploraciones.
Severus se dirigió a la habitación y se acostó en la cama con una expresión de
enojo en su rostro. Poppy le dio una pequeña y divertida sonrisa y colocando su
bolso en la mesita de noche, comenzó a registrarla buscando una poción nutritiva
que había traído para él, y una poción para dormir de efecto leve para
mezclarla. Una vez que estuvo fuera de la vista de Severus, sacó la ampolla y la
colocó en la mesita de noche, y sacó la varita de su bolsillo. Comenzó a
explorar y encontró que el bebé estaba bastante saludable, aunque la salud de
Severus declinaba pues el bebé consumía todos sus recursos. Toda esta
información hizo que la determinación de Poppy sobre traer de vuelta a Harry se
afianzara; ¡aunque tuviera que golpear al Albus con una roca en la cabeza, hoy
mismo rescataría al joven mago!
-El bebé está muy saludable, Severus, peroo tus recursos están muy débiles.
Necesitas comer y dormir más. Trata de hacer pequeñas comidas a lo largo del
día, de forma que no sientas náuseas o incomodidad. Tómate la poción nutriente y
descansa el resto del día.
Severus tragó la poción después de un breve asentimiento en señal de aceptación
se las instrucciones de la medimaga. Le dirigió una sospechosa mirada al
detectar el gusto de la poción del sueño, pero cayó dormido antes que pudiera
gruñirle. Poppy arropó al hombre dormido y se apresuró hacia el saloncito para
hablar con Sirius. Una vez en la habitación, con rapidez lanzó un hechizo de
silencio y otro para cerrar las puertas antes de girarse al ex-fugitivo.
-Sirius, necesito tu ayuda. No quiero que digas nada a Severus hasta después que
esté hecho. Harry fue encontrado, pero Albus lo tiene oculto por su seguridad.
-¡Poppy, eso es fantástico! ¿Dónde está? ¿¿Cuándo va a regresar?- Sirius saltaba
alrededor de la habitación como un cachorro.
-Ese es el problema por el que necesito tuu ayuda, Sirius. Albus no quiere que
regrese a Hogwarts porque su magia a mermado seriamente y ha perdido gran
cantidad de sangre. Está estable pero sin defensas. ¿Tú conoces la condición de
Severus?
-Sé que está embarazado y sé que Harry es el padre, pero ¿por qué Albus cree que
no podemos protegerlo aquí? Estoy consciente que aún existen Mortífagos que
quieren matar a Harry, pero no es razón para mantenerlo lejos de su casa.
-Eso es exactamente lo que Albus está temiiendo. Es inflexible respecto a que
Harry debe permanecer oculto, pero si no traemos a Harry aquí perderemos a
Severus y al bebé. En los embarazos masculinos, ambos padres deben estar en
cercano contacto para que el padre embarazado permanezca saludable y el bebé se
desarrolle. Necesito poner a Albus fuera de acción el tiempo suficiente como
para llevar de contrabando a Harry hasta la finca. ¿Se te ocurre algo? Si debo
hacerlo, soy capaz de golpearlo en la cabeza, pero sería mejor si puedo
evitarlo. No puedo aturdirlo simplemente; sus protecciones personales son
demasiado fuertes para que pueda hacer eso.
-Déjame correr a Hogsmeade y comprar unos caramelos de limón. Luego los mezclaré
con una fuerte poción para dormir. Sé que entre sus existencias, Severus tiene
algo para quitarle el gusto. Esto sacaría a Albus de tu camino el tiempo
suficiente como para ocultar a Harry. ¿Vas a llevar a Severus allí también?
-Sí, también quiero a Severus allí. Necesiito que esté en estrecho contacto con
Harry durante su embarazo. Iré a la oficina de Albus y llevaré una bolsa de esos
condenados caramelos en nombre de Minerva. Le diré que me pidió que se los
llevara durante mi visita de ayer. Y regresaré.
-Bien, Poppy. Yo rescataré esa poción y emmpacaré las pertenencias de Severus. Yo
ni siquiera he desempacado todavía.
-¿Estas seguro de querer sufrir la cólera de Albus, Sirius?- preguntó Poppy
antes de retirar los encantamientos.
-A pesar de mi manera de actuar, Poppy, séé cuanto le debo a Severus por esas
pociones que me regresaron la salud después que Harry y los demás sacaron mi
cuerpo del Velo en el Departamento de Misterios. Haré cualquier cosa para
ayudarlos a él y a Harry. Puede que no me entusiasme demasiado la relación de mi
ahijado con Severus, pero si es verdaderamente feliz no interferiré, ni
permitiré que Albus los hiera
-Eso es perfecto para mí, Sirius. No me enntusiasma demasiado la idea de romper
mi juramento y perder mi magia por la terquedad de Albus- asintió a Sirius y
dejó la habitación.
Una hora más tarde, se encaminaba enérgicamente hacia la habitación de Harry en
el Refugio. Albus estaba sentado al lado de Harry, quien miraba el techo
aturdido, luciendo pálido y cansado.
-¿Cómo te sientes hoy, Harry?- mientras saacaba los medicamentos que debía tomar
el joven.
-He estado mejor- susurró el chico con asppereza y miró con aversión las pociones
colocadas en fila en la mesita de noche.
-¡Antes de que te des cuenta, estarás bienn!- lo animó la medimaga, sintiendo
cada palabra aunque no de la manera que Albus pensó que lo hacía.
-Ves, Harry, todo va a estar bien, mi muchhacho- Albus le dio unas palmaditas en
la espalda.
-Oh, antes que lo olvide. Minerva te envióó una bolsa de caramelos de limón.
Pensó que podrían estarse agotando tus provisiones.
-Siempre puedo contar con Minerva para sabber qué necesito antes que yo.
Precisamente estaba pensando enviarle una lechuza pidiéndole algunos- Albus rió
entre dientes, tomó la bolsita de Poppy e inmediatamente la abrió y se metió uno
en la boca después de ofrecerles a sus huéspedes. La mujer no podía creer en su
buena suerte mientras Albus chupaba la poción del caramelo y caía dormido.
Levitó al dormido Director hasta la otra habitación y sacó el caramelo remanente
en su boca. Una vez que había dispuesto de él son seguridad, se apresuró a
regresar a la habitación de Harry y atrapó al joven mago intentando escapar.
-¡Oh, no. Tú no vas a ninguna parte, jovenncito!- lo regañó, mientras lo empujaba
de regreso a la cama.
-¡Me tengo que ir, Poppy!¡Tengo que regressar a la escuela!
-Te llevaré con Severus tan pronto te tomees esta poción. Está desesperado desde
que desapareciste.
-¿Lo está?
-Sí, lo está. Ahora bébelo. Mientras más ppronto lo hagas, más pronto podremos
partir- sonrió mientras veía como Harry tomaba la poción tan rápido como podía-.
Ahora inclínate sobre mí y viajaremos con polvos floo hasta la casa de Severus-
tomó un puñado de polvos floo y gritó “Thorwall Cottage! y desaparecieron en una
llama de fuego verde.
Una vez en la casita rural, Poppy condujo a Harry a la habitación principal y
llamó a un elfo doméstico con un cordón de seda colocado a un lado de la cama.
-¿Qué necesita la señora de Miffy?- pregunntó la elfina que apareció.
-Por favor, cuida a Harry hasta que lleguee tu Amo Severus, por favor- luego que
la elfina asintió, se giró hacia el chico-. Harry, duerme hasta que llegue
Severus. Si necesitas algo, pídeselo a Miffy.
-Bien, Poppy- aceptó Harry y se volvió haccia la elfina para agradecerle su
ayuda.
La medimaga abandonó la habitación y regresó a la chimenea para llamar a Sirius.
La cabeza del animago apareció en las llamas y la interrogó inmediatamente.
-¿Lo conseguirte, Poppy? ¿Está bien?
-Sí, está aquí, pero muy cansado. Trae aquuí a Severus nseguida- por encima del
hombro de Sirius, observó a Severus que entraba en la habitación-. ¡Severus,
necesito que me ayudes aquí inmediatamente! ¡Por favor!
-Sal del camino que allá voy- contestó Sevverus, sin cuestionar a Poppy-. ¿Cuál
es el problema con tu paciente y qué necesitas hacer?- preguntó sin preámbulos.
-Juzga por ti mismo, Severus. Está en la hhabitación principal con Miffy.
Severus caminó a grandes zancadas hacia la puerta sin notar que Sirius había
llegado y cerraba la red floo. Se encaminó hacia la habitación y se detuvo
aturdido por el impacto. Un grito de “Harry” se desgarró de la garganta del mago
embarazado mientras corría hacia la cama.
Los ojos de Harry se abrieron de improviso y la primera sonrisa que había visto
en el mago de ojos verdes desde que lo habían encontrado iluminó su rostro
cuando vio al Maestro de Pociones. El joven mago saltó de la cama hacia los
brazos del otro hombre y ambos gritaron a un tiempo “te amo”. Tanto Poppy como
Sirius tenían lágrimas en los ojos mientras eran testigos del reencuentro, pero
Poppy sabía que lo peor aún estaba por venir dentro de este peligroso embarazo.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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