|
|
Capítulo 6
Por Taran
Severus salió de su dormitorio, rascándose la cabeza y frotándose el estómago.
Todavía se sentía atontado por las pociones que Madame Pomfrey le había dado el
día anterior. Estaba en medio de un bostezo, cuando un sonido proveniente de su
sofá lo puso en alerta.
-Black, ¿qué demonios estás haciendo aquí todavía?- preguntó con irritación.
Sirius gruñó mientras se desperezaba, haciendo crujir su cuello de un lado a
otro.
-Me quede para asegurarme de que estuvieraas bien.
-No necesito una niñera, señor Black- Seveerus estaba demasiado cansado para
sentirse realmente enojado, pero no podía permitir que Black lo supiera.
-Es Sirius, y después de la manera en que te encontré ayer....¡maldición, claro
que me importa lo que hagas!- Sirius se había asignado a si mismo la tarea de
asegurar la salud y bienestar, tanto de Severus como del niño no nacido, y lo
estaba tomando con mucha seriedad-. ¡Además, si vas a llevar ese niño hasta el
final sin Harry, vas a necesitar toda la ayuda que puedas conseguir, Sev!
Severus se sentó cautelosamente en una silla al lado de Sirius, y se frotó la
frente. Sabía que Sirius tenía razón. Necesitaría mucha ayuda sólo para
permanecer con vida hasta que Harry regresara a él. Ya podía sentir como su
magia estaba siendo drenada hacia el niño. Pronto, las tareas diarias se
volverían muy difíciles.
-Vale- aceptó con abatimiento.
-Vale- repitió Sirius-. Entonces todo bienn...... – ahora que Severus había
aceptado su ayuda, no estaba seguro de por dónde empezar-. Bien,
supongo.....quizás deberíamos.....um, empezar con.....¿el desayuno?
Severus suspiró y elevó sus irritados ojos, dando al otro mago un breve
asentimiento. Se quedó en su silla y observó como Sirius daba traspiés alrededor
de la habitación, buscando tetera y tazas. Se cubrió la boca para sofocar la
risa mientras Sirius maldecía en voz cada vez más alta.
-¿Quieres algo de ayuda?- preguntó mientraas Sirius cerraba de golpe la puerta de
otra alacena.
-¡No!- el animago le sonrió y mencionó quee Severus debía permanecer sentado- .
No, no, todo está bien, lo tengo resuelto. Sólo quédate ahí y relájate.
-Bien, ¿si estás seguro?
-Oh, sí. No hay problema- Sirius se giró hhacia la hilera de armarios, olvidando
cuáles había revisado ya y murmurando en voz baja-. Té, ¿dónde está el maldito
té? ¡Había encontrado jarras y recipientes con cualquier cosa menos té! Había
toda clase de ingredientes para pociones, ¡Vaya lugar para guardarlos!
Y......¿qué demonios era eso?
Sirius tomó un recipiente transparente lleno de un líquido rojo. Mientras se
giraba hacia la luz, pudo distinguir algo flotando dentro. Sus ojos se abrieron
con la impresión.
-¿¿Huevos de Hipogrifo?? ¡El hombre guardaa un recipiente con huevos de Hipogrifo
en su armario!- se dijo para si mismo.
Severus bufó en su intento de amortiguar su risa ante la impresión y el asombro
en la voz de Sirius. El animago finalmente alcanzó el último estante. Un pequeño
letrero blanco mostraba la palabra ‘TE’. Abrió la puerta con gesto triunfante.
¡Si! Dentro había varias cajas con bolsitas de té de diversos sabores, una gran
tetera blanca y varias tazas.
-Té.......en el armario del té.....¡Lógicoo!- dijo suavemente, sacudiendo la
cabeza-. Entonces, Sev, ¿qué clase de te prefieres?- le preguntó hablando más
alto, ignorando intencionadamente el bufido que venía de Severus.
-Menta, por favor.
-Correcto.....menta- musitó Sirius mientraas sus ojos revisaban las hileras de
te-. Menta....- veía recipientes con te de varios tipos de yerbas, pero ninguno
con menta. Lanzó una mirada a la espalda de Severus y bajo una caja de Candy
Cane Mint, imaginándose que era bastante aproximado y Severus nunca notaría la
diferencia.
Se sintió bastante orgulloso de si mismo. Colocó la bandeja de té, junto con
bollos y mermelada que había convocado de los elfos domésticos, en la pequeña
mesa entre las dos sillas que estaban ubicadas frente al sofá donde había pasado
la noche. Sonrió feliz mientras le entregaba a Severus una humeante taza, y
luego se sentó a disfrutar su tan bien ganado té.
Sólo con el aroma, Severus pudo darse cuenta que era el té equivocado y
consideró hacer pasar al hombre un mal rato con eso. El Candy Cane Mint era un
té de menta, pero tenía un sabor dulzón que el té de menta normal no tenía. Pero
decidió dejarlo pasar al ver el orgullo en los ojos del hombre. Sirius realmente
estaba tratando de ayudar,
Gracias, Bla.....Sirius- expresó con sinceridad.
-De nada, Sev- contestó el otro, dándole uuna genuina sonrisa.
Severus tomó un bollo y le dio un mordisco. Inmediatamente sintió un peso en su
estómago y lo regresó al plato.
Sirius lo miró con preocupación.
-Tienes que comer, Sev.
-Lo sé- cerró los ojos por un momento mienntras su estómago se asentaba. Tomó
nuevamente el bollo y comió lentamente, recordándose constantemente que el bebé
lo necesitaba.
Este fue el inicio de una rutina. La siguiente semana, Sirius pasó casi todo el
tiempo con el Maestro de Pociones. Se aseguró que comiera con regularidad, que
descansara mucho, y no se entristeciera demasiado por la continua ausencia de
Harry.
Durante sus prolongadas charlas diarias, comenzó a entender realmente cuánto
amaba Severus a su ahijado. La fe de Severus en el regreso de Harry fue lo que
le dio fuerzas a ambos para resistir.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
|
|