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Capítulo VI
El día previo al baile
Ron y Harry estaban en los jardines exteriores. Era el único lugar en que podían
conseguir un poco de paz. Durante todo el día había estado gente Apareciéndose
dentro y fuera. La casa, habitualmente tranquila, repentinamente se había
llenado de personas, la mayoría de las cuales hacían que Harry se pusiera
nervioso. Todavía no tenía su varita, a diferencia de Ron, y no le agradaba ir
desarmado en una casa llena de magos oscuros. ¡El hecho de que la mayoría e la
gente que se había congregado no hubiera hecho nada más amenazante que saludarlo
antes de alejarse no era el punto!
Otra de las razones por las que necesitaba paz y quietud, era la enorme
confusión de sentimientos que tenía. La mezcla de amor y odio, ira y éxtasis,
intranquilidad y consuelo, todo ello centrado en su esposo. ¡Su esposo! Todavía
no lo podía creer. ¡Tenía un esposo! ¡Después que se había resignado a estar
solo! A nunca encontrar a alguien que le quisiera por si mismo. ¿Y quién había
resultado ser? ¡La única persona a quien creía odiar tanto como a Voldemort, si
no más!
Cuando le había preguntado sobre esto, Snape se había limitado a mirarlo con
ojos insondables, antes de decir que tenía un concepto demasiado alto de Harry
para siquiera pensar en darle una posición menor. Y pareció bastante disgustado
de que el joven hubiera siquiera considerado tal cosa.
Ron sabía por lo que estaba pasando Harry. Él había pasado por lo mismo. Sonrió
al recordar en los problemas que se había metido al principio de su captura. Sus
intentos de fuga, así como su encarcelamiento y sus sentimientos crecientes.
¡Una noche, Draco incluso había tenido que recurrir a atarlo a la cama para que
no pudiera intentar nada! Sí, las primeras semanas había sido rudo, pero cuando
Draco siguió tratándolo como su posesión más preciada, y no volvió a ser el
bastardo mocoso que Ron había conocido, empezó a darse cuenta con mayor
exactitud de qué había pasado y por qué estaba allí.
Abría la boca para compartir algunos de estos recuerdos con Harry, cuando ambos
fueron distraídos por un repentino grito de ¡¡CUIDADO!! y el sonido del aire
siendo golpeado.
Harry apenas logró lanzarse a un lado antes de ser aventado por una escoba que
pasaba. ¡¡DISCULPA!! se escuchó el grito antes que uno de los maniáticos
realizara un asombroso truco, dando una vuelta de 180 grados, un giro rotundo, y
una parada mortal. Esto parecía imposible dado la velocidad a la que se estaban
moviendo. El otro jinete no fue tan afortunado y chocó contra uno de los muchos
arbustos de Azalea esparcidos por los alrededores.
El primero era Oliver Wood, quien tenía una sonrisa en el rostro y parecía muy
complacido de si mismo.
-¿Ustedes dos están bien?
Para ese momento, Harry había logrado arrastrarse y levantarse del piso.
-¡¡¿Acaso estás loco?¡! ¡Si me hubieras ggolpeado, hubiera estado comiendo tierra
por las próximas dos semanas!
Oliver sólo sonrió y luego rió de manera descarada.
-Lo siento, estábamos haciendo una carrerra. Acabo de conseguir una escoba nueva
y ‘Su Señoría’ ha estado algo irritado por ello. ¡Me desafió y, bien, ya sabes
como reacciono ante los desafíos!- hizo una pausa, mirando alrededor-. Hablando
de ‘Su Señoría’, ¿qué demonios pasó con él?
Se escucharon varios gemidos y gruñidos mientras una figura emergía del arbusto.
Intentó acomodar sus ropas, antes de caminar pesadamente hacia ellos. Tanto
Harry como Ron mordieron sus labios para contener la risa ante la vista de
Marcus Flint, todo un detestable bastardo, con una flor de Azalea rosada en su
cabello. Ellos se voltearon eventualmente.
-¡Lo hiciste a propósito!
Oliver solo tenía una ligera sonrisa en los labios.
-Te lo advertí. Pero *no*, tú te tenías qque subir a una escoba no probada.
Flint murmuró algo en voz baja, antes de mirar a Ron y a Harry.
-¡Weasley, Potter!- dijo a modo de reconoocimiento, para luego girar la vista
hacia su pareja.
La sonrisa de Oliver se hizo aún más amplia, antes de transformarse en
seductora. Luego se movió sensualmente hacia su enojado esposo. Levantando una
cadera, corrió su mano sobre el pecho de Flint, antes de subirla hacia su
rostro. Su otra mano se enroscó sobre el frente de la túnica del hombre,
acercándolo contra si. Se inclinó y susurró en el oído de Flint, quien estaba
extasiado sobre el hombro de Oliver, lo que fuera que estuviera escuchando
captando toda su atención.
Retrocediendo ligeramente, Oliver retiró la flor del cabello de su esposo y
corrió los pétalos por su rostro antes de rozarlo con sus propios labios
sonrientes, sus ojos jamás abandonaron a Flint, cuyo rostro presentaba una
expresión de adoración y lujuria pura.
Harry estaba asombrado. Nunca habría pensado que dos personas tan diferentes
podrían volverse tan... Ron observaba como Harry miraba la escena que se estaba
desarrollando frente a ellos. Él la había visto antes. Sabía que era Oliver y no
Marcus quien llevaba las riendas en esa relación. Puede que Oliver estuviera
llevando el collar, pero la correa estaba firmemente sujeta en su propia mano.
-Marcus, amor, por qué no vas a la casa. Estoy seguro que Severus y los demás ya
saben que llegamos y querrán hablar contigo. Y yo quiero hablar algunas cosas
con Ron y Harry mientras tanto.
Flint no pareció demasiado entusiasmado con esto pero, luego de otro susurro,
que estremeció todo su cuerpo, decidió partir.
Sonriendo suavemente, Oliver observó mientras su esposo cruzaba el césped.
Girándose hacia Ron y Harry, su sonrisa se amplió.
-Bueno, hola. ¿Qué hay de nuevo en sus viidas?
°°°°°°
Harry luchaba con los botones de diamante de su nueva túnica de satín.
Simplemente, no querían encajar. Llenaban las amplias mangas en el frente y casi
llegaban al piso en la espalda. La túnica tenía el cuello alto, dejando apenas
el espacio suficiente para que pudiera verse el collar. El corpiño apretado y
con un corte excelente sobre los hombros y el torso, exponiendo su delgada
musculatura, para luego caer sobre su cadera y hasta el piso en abundantes
pliegues, que se arrastraba tras él casi como una cola. Era magnífica. Pero ese
no era el problema. El problema era que era verde. Verde Jade para ser exactos,
con brillantes hilos de plata pura corriendo a través de ella. Los colores
Slytherin. ¡Como si necesitara que se lo recordaran!
Murmurando para si mismo mientras luchaba con el último botón, no se dio cuenta
de que Snape entraba en la habitación y se detenía detrás de él.
Los ojos oscuros fluyeron sobre él con apreciación. Demonios, sólo su esposo
podía ser tan hermoso. Y aquellos colores realmente le quedaban perfectos,
combinaban con sus ojos. Lástima que él hiciera una mala asociación con ellos.
Tendría que asegurarse de que su consorte los usara con más frecuencia en el
futuro.
Harry estaba a punto de darse por vencido con el recalcitrante botón cuando unos
brazos le rodearon.
-Permíteme.
Unos dedos largos y flexibles abreviaron el trabajo del botón y luego lo
rodearon por completo abrazándolo.
Harry levantó la vista para agradecer a su esposo pero quedó mudo ante la visión
en el espejo. Parpadeó. No, eso no podía ser. Pero era, y la visión estaba
enviando señales hacia su rebelde ingle.
Snape vestía una túnica de diseño similar a la de Harry. Cuello alto, corpiño
ajustado, tela flotando alrededor de las delgadas caderas cayendo hasta el piso,
pero ahí terminaba la semejanza. Estaba elaborada en terciopelo. Acres de
terciopelo. Suave terciopelo, que parecía hecho para ser tocado y acariciado.
Terciopelo rojo. Para ser más precisos, terciopelo carmesí. Con un sutil matiz
dorado. Esto hacía que su piel brillara y su cabello y ojos parecieran incluso
más oscuros.
Con el cabello suelto a su aire, Snape lucía grandioso.
-¿Me apruebas?
Harry no pudo hacer nada más que asentir, la expresión de su rostro diciendo
todo lo demás.
Snape sonrió, su placer ante la aprobación de su pareja era más que suficiente
para compensar cualquier duda menor que pudiera albergar al lucir los colores
del enemigo.
-Entonces vamos. Estamos más retrasados dde lo que se considera elegante. Es hora
de hacer nuestra aparición.
Harry estuvo, una vez más, consciente de su propia incomodidad. Realmente no
deseaba estar parado frente a los aliados de Snape. Alejó la mirada y la fijó en
su túnica.
-Vamos ya- lo animó Snape, acunando sus mmanos alrededor del rostro de Harry-. No
es tan malo. ¡No será peor que cualquiera de esos diabólicos eventos que
Dumbledore acostumbraba endilgarnos a intervalos regulares!
Acariciando sus mejillas con sus pulgares, se acercó más, inclinándose hasta
quedar a no mas de un centímetro de distancia de Harry.
-Tengo que asistir. No tengo elección. Noo si quiero mantener el control. Y,
desafortunadamente, como mi Consorte, tú también debes asistir- besó a Harry con
cariño-. Sin embargo, si te sientes incómodo podemos abreviarlo al máximo. No
más de una hora. Luego podremos regresar aquí y...- se inclinó más aún para
susurrar directamente en el oído de Harry. El joven cerró los ojos y lanzó un
gemido. Genial, no había manera de que fuera capaz de enfrentar a todos ahora.
¡No con semejante erección! ¡Todos se darían cuenta en cuanto lo vieran!
Snape lo besó de nuevo, sus manos abandonando su rostro y bajando suavemente por
el frente de su cuerpo, para terminar descansando sobre sus caderas.
-¿Listo?
“¡Mejor terminar con esto de una vez!”
°°°°°°°°
Oliver estaba observando bailar a Harry y Snape. Snape había logrado persuadir a
su consorte para que lo acompañara a la pista de baile y ahora estaban
estrechamente abrazados. Sus ojos no se separaban ni un segundo. Esto estaba
haciendo que él se excitara sólo con mirarlos y estaba seguro que, más tarde esa
noche, las sábanas iban a arder, no sólo en la cama de Harry si no también en la
propia.
“Y hablando de camas ardientes... ahí viene la mía”
Flint llegó a su lado, una copa de vino frío en su mano, que ofreció a Oliver
con una ligera floritura.
-Aquí tienes, mi amor.
-Gracias, Marcus- dio un sorbo al vino, mmientras sus ojos regresaban a la pareja
de danzantes.
La mirada de Flint siguió la suya.
-Hacen una linda pareja.
-Sí, así es. Es realmente asombroso. ¡En la escuela eran las dos últimas
personas que uno pensaría podrían estar bien juntos!
-Igual que nosotros entonces.
Se sonrieron uno al otro.
Oliver recordó su captura y los meses que siguieron. Fue antes de que la
paranoia empezara a proliferar y él no había sido tan cuidadoso como debería.
Cuando miraba hacia atrás, se daba cuenta que había sido ridículamente fácil
dominarlo.
Culpándose a si mismo, siendo apresado por personas que no conocía, se había
vuelto loco tanto por la situación como por su propia estupidez.
Fue la vista de Snape lo que lo regresó a la realidad.
Sin embargo, si había pensado que su antiguo profesor lo ayudaría, tuvo que
desechar la idea rápidamente. Snape se limitó a sonreír. Una sonrisa verdadera.
Lo cual había sido lo más aterrador de toda la situación.
Snape había metido la mano en una bolsa y extraído un aro de oro. Todavía
sonriendo, se lo pasó a alguien más que sólo hasta ese momento Oliver fue capaz
de reconocer. ¡Marcus Flint!! Flint parecía un tanto inseguro, pero de inmediato
le había colocado el aro en el cuello. La repentina relajación de sus músculos
no había aminorado sus temores. Flint había mirado a Snape, y ante un gesto de
éste con dirección a la puerta, había empujado a Oliver fuera y luego de
ascender un par de tramos de escaleras, lo había hecho entrar finalmente en otra
habitación. Oliver había estado demasiado desquiciado como para darse cuenta que
se trataba de un dormitorio.
-¿Qué demonios está pasando? ¿Qué estoy hhaciendo aquí? ¿Qué demonios es esto?-
hizo un gesto hacia el collar, tratando de quitárselo-. ¿Cómo te atreves incluso
a pensar que... mrph.
La última oración fue interrumpida por un cuerpo que lo empujaba contra la pared
y una boca sobre la suya. Inmediatamente, se había vuelto obediente, sus
miembros aflojándose, y él había estado demasiado impactado para hacer algo más
que dejarse caer en los brazos de Flint.
La boca sobre la suya dejó de ser demandante y se convirtió en persuasiva,
suplicando permiso para entrar. Luego, como si resintiera su total falta de
respuesta, Flint se había alejado ligeramente, mirando directo a los ojos de
Oliver. Su expresión fue débilmente suplicante, algo que Oliver jamás había
visto en el rostro del otro hombre, pero su propia cara siguió reflejando un
inexpresivo aturdimiento.
Viendo eso, Flint se había dado la vuelta repentinamente y casi corrió fuera de
la habitación, aventando la puerta detrás de él.
Oliver había parpadeado, para luego deslizarse por la pared hasta llegar al
piso.
“Qué jodida...”
Después de eso, habían pasado semanas antes que Flint siquiera intentara besarlo
de nuevo. Meses antes que pasara algo más. En lugar de eso, Flint había
preferido cortejar a su pareja con palabras suaves y gestos amables. Era como si
fuera una persona completamente diferente.
Al final, Oliver estaba muy contento de que todo ocurriera así, si Marcus
hubiera intentado hacer las cosas del modo en que lo hicieron Draco y Snape, lo
más probable es que nunca se hubiera enamorado de él.
-Hmmm- masculló, regresando de sus reflexxiones.
Flint tomó la mano de Oliver, entrelazando sus dedos. Luego los llevó hasta su
boca, haciendo que Oliver sonriera. Después ambos se sentaron, felices de
observar a los demás.
°°°°°
La habitación era oscura, dotada de velas aquí y allá, que lanzaba una débil luz
sobre la única ocupante. La oscura cabeza inclinada, los ojos cansados, la boca
plegada en una línea delgada, demacrada, las arrugas grabadas en forma
permanente entre sus cejas, juntas en concentración.
Una pálida mano jaló otro libro hacia la figura, desplazando pergaminos y
cristales, pociones y encantamientos.
No habría descanso. No hasta que él estuviera en casa. No hasta que estuviera
seguro.
La figura ni parpadeó ante el sonido de la puerta al abrirse. La luz del pasillo
exterior entró a raudales, haciendo que sus cansados ojos parpadearan y se
anegaran. Fueron secados por una conveniente manga antes de regresar a su
incesante trabajo.
-No puedes seguir así. Te estás agotando.. ¿Qué pasará entonces?- la voz era
suave, preguntando, pero en verdad no esperaba una satisfacción.
-No todavía. No hasta que lo haya hecho- era una voz adormecida, delgada y
etérea. Sonaba como si lo único que la sostuviera fuera el conocimiento de lo
que debía conseguir.
-¡No has comido, ni dormido, en los últimmos tres días! ¡Debes descansar! Sólo un
rato. Para reponer fuerzas, luego seguirás- al ver que la pálida y agotada mano
se limitaba a alcanzar otra pluma, la otra persona hizo un sonido de disgusto-.
Al menos para a comer. Te he traído alimento. Toma aunque sea un poco. Por
favor.
La figura se detuvo, sabiendo que no tendría paz hasta que el otro saliera de su
camino. Asintiendo ligeramente en respuesta, una pequeña sonrisa cruzó
brevemente sus facciones que apenas recordaban cómo sonreír, antes de
desaparecer por completo de nuevo.
Hubo un suspiro de alegría, luego una conversación en susurros, antes que un
elfo doméstico se deslizara dentro de la habitación, con una pesada bandeja en
sus manos. Mirándolos con nerviosismo, colocó la bandeja en una mesa cercana y
se apresuró a abandonar el lugar.
-Por lo que veo, todavía los pones nervioosos.
Hubo una pequeña y amarga risa como respuesta.
-Come.
Después de unos momentos de asegurarse que sus deseos estaban siendo cumplidos,
el otro suspiró una vez más.
-¿Vas a trabajar toda la noche nuevamentee?
-Si debo. Estoy cerca. Muy cerca. Sólo unn poco más- una mano hizo un gesto hacia
el desorden de la mesa frente a ellos-. Está ahí. ¡Lo sé! Lo descubriré. Los
encontraré. Estaremos juntos nuevamente. A salvo.
-Sé que los extrañas. Todos lo hacemos. ¡¡Y los encontraremos! ¡Pero enfermándote
en el proceso no vas a ayudar!
Al ver que sus palabras no hacían mella en la otra persona, lanzó sus manos al
aire.
-Muy bien, puedes seguir. Pero sólo por eesta noche. Mañana abandonarás esta
habitación.
No pensaba partir hasta que tuviera, al menos, una pequeña señal de que sus
palabras habían sido comprendidas. Al ver el pequeño asentimiento de aceptación,
suspiró y se giró para salir.
-Gracias, Sirius. No quiero ser una cargaa para ti. Es sólo que necesito hacer
esto.
-De nada, Hermione. Y no eres una carga. Simplemente eres tan familia para mí
como lo es Harry. Como lo es Ron. Los amo a todos. Y nos reuniremos otra vez.
¡Lo sé!
Se sonrieron uno a otro con tristeza.
¸¸,ø¤º°º¤ø
°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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