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Capítulo VII
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Harry se encontraba en el laboratorio privado de pociones de Snape, ayudándolo.
Considerando el hecho de que en realidad nunca le había gustado Pociones, y que
nunca había sido aplicado en la materia, bajo la instrucción personal de Snape
se había vuelto bastante bueno. Ahora sentía un gran aprecio por el modo en que
reaccionaba cada ingrediente con los demás y por qué.
A medida que su esposo se preocupaba por él, prodigándole su afecto con
generosidad, asegurándose de que tuviera todo lo que pudiera pedir, Harry había
empezado a escalar las murallas del aburrimiento, apenas un mes o algo así
después de su captura. Aunque había muchas cosas que podía hacer ya ninguna le
resultaba atractiva.
Podía leer, lo que lo satisfacía profundamente, y así, la biblioteca era un
aliciente que lo atrapaba continuamente. También podía subir a su escoba nueva,
una ‘Relámpago Luminoso, Serie 1’ (y por Merlín, se había sentido entre
complacido y atónito cuando el vendedor de escobas había solicitado su permiso
para nombrar a su escoba más nueva y rápida después de él.
(N/T: no logramos encontrarle el sentido adecuado a esta última frase, lo
sentimos)
Y podía pasar tiempo con Ron, aunque su amigo parecía estar pasando más y más
tiempo con Malfoy y, dado que Harry todavía no se sentía cómodo en compañía de
Malfoy, los dejaba solos. Esa noche, ellos habían ido a visitar a los padres del
rubio.
El pensamiento de tener que sentarse a cenar con Lucius y Narcissa Malfoy, y
comportarse con cortesía, lo hacía estremecerse. Se alegraba de que los padres
de Sev estuvieran muertos. Todavía no pensaba, ni sentía, que Malfoy fuera lo
bastante bueno para Ron, pero era la elección de su amigo y no quería
interferir.
¡Incluso podía pasarse el día en la cama si quería!
Sin embargo, estaba acostumbrado a estar rodeado de gente, ir a donde quería
cuando quería, y la reclusión forzosa lo estaba escamando. Y se había encontrado
deseando cada vez con más frecuencia la compañía de su esposo, su Sev.
¡Su Sev! Esa era otra de las cosas que había cambiado. Durante los dos últimos
meses el nombre de su esposo había cambiado de Snape, a Severus, a Sev. Tenía la
vaga impresión de que debería haberse sentido más ansioso de cuán... natural...
había sido la evolución.
Sin embargo, excepto por el hecho de que no podía abandonar la zona, Sev en
realidad no lo había obligado ha acatar ninguna otra regla. No le había ordenado
hacer nada, excepto esa primera vez, y sólo había sido que cruzara la
habitación. Simplemente pedía que Harry estuviera ahí, en su vida, en su cama, y
en compensación le daba todo lo que pudiera desear. Amor, compañía, consuelo,
seguridad, la certeza de que alguien siempre estaría ahí para él. Alguien que
nunca lo dejaría caer. Que nunca lo decepcionaría. Que nunca lo haría a un lado
y lo ignoraría. Que lo apreciaba como Harry, ¡no como Harry,
El-Hombre-Que-Vivió-Dos-Veces!
Además, había comprendido, para su gran consternación, que el collar que llevaba
sólo permitía a su esposo asegurarse que no pudiera dañar inadvertidamente, a
Sev o a si mismo, en alguna pelea. Todas sus acciones y reacciones, todos sus
sentimientos, su lujuria y deseo por el otro hombre, ¡eran propios y siempre
habían estado allí!
Oh, sí, en lo profundo, estaba muy seguro de eso. El hecho de que le importaba a
Sev, eso era seguro. ¿El hecho de que a él le importaba Sev?. Bien, lo hacía.
Sólo que no estaba seguro de si era una emoción real o algo parecido a eso que
los muggles llamaban “Síndrome de Estocolmo”. Podría simplemente estar
sublimando sus sentimientos reales, cubriéndolos con falsas emociones para
tratar de permanecer cuerdo.
Lo que sí sabía, es que Sev nunca lo dejaría ir. ¡Nunca! Sólo tuvo que pasar una
noche en compañía del hombre para saberlo. Completos extraños le habían hablado
de cómo lo miraba su esposo cuando él no estaba consciente de ello. Una mezcla
de total amor y devoción en sus ojos. Pero si hubiera sido solamente amor y
devoción, hubiera podido tener una oportunidad de culpar a su esposo,
presionándolo para que le diera su libertad. Pero había otras emociones,
oscuras, entremezcladas allí. ¡Avaricia y lujuria, y unos celos profundamente
arraigados hacia todo aquel que reclamara a *SU* Harry!
Su esposo era muchas cosas, cosas conflictivas, generoso y egoísta, amable y
cruel, cálido y frío, gentil y despiadado. En esencia, no era malvado, pero
definitivamente tampoco era bueno. En todo caso, era amoral, sabía que existía
el bien y el mal pero todavía no había decidido qué hacer con ellos. Simplemente
tomaba lo que deseaba, cuando lo deseaba. ¡Bueno, no se llegaba a ser el Señor
Oscuro siendo amable, y la firmeza con que tenía aferrada a su corte así lo
atestiguaba! Podía ser más comprensivo y cuerdo que Voldemort, no mataría o
mutilaría por un capricho, ¡pero sólo se le podía decepcionar una vez!
Harry se estremeció al recordar la mirada de puro terror que una vez observó en
el rostro de un pobre miserable. Lo que había resultado más aterrador fue la
mirada objetiva y sin emoción de su esposo cuando aquella pobre alma regresó.
Había sido una que él mismo había sufrido en muchas ocasiones mientras estuvo en
la escuela, pero diez veces más poderosa. Harry nunca supo qué le había pasado
al hombre, y no preguntó, pero no lo había visto desde entonces.
Para si mismo, tenía que admitir que, si tuviera que enfrentar a su esposo en
una batalla, no creía poder ganar. Puede que él fuera más fuerte, más poderoso,
pero Severus era más astuto, más mundano, más acostumbrado a utilizar cualquier
medio para ganar. La idea de matar o ser muerto por su amante no era algo en lo
que le agradaba pensar.
Regresando a la razón de por qué estaba en ese momento rebanando y cortando en
dados varios ingredientes bajo la severa expresión de Sev, era simplemente
porque se sentía cansado de estar aburrido y había confrontado a su esposo
amenazándolo con que si no le encontraba algo que hacer, cualquier cosa,
¡abandonaría su cama! Sev había parpadeado ante eso, y luego sonreído
ligeramente, antes de guiarlo hasta el sótano e introducirlo en su propio
laboratorio de pociones. Ese había sido el comienzo.
Su esposo se había convertido en el Profesor de Pociones en cuanto pusieron un
pie en el laboratorio, y en realidad Harry no podía culparlo. El chico tenía un
mal record en pociones y dejarlo sólo con ingredientes potencialmente peligrosos
no era buena idea.
Eso había ocurrido un par de meses atrás y, luego de un tiempo, había comenzado
a apreciar la cálida sensación de paz y felicidad que la elaboración de una
poción podía proporcionarle. Además, observar a su esposo deslizarse alrededor
de la habitación era maravilloso para su libido.
Su principal molestia era el por qué, oh por qué, Sev insistía tener el
laboratorio de pociones en el sótano. Sabía que algunos ingredientes podían
estropearse con la luz, pero esto podía ser solucionado con unos pocos hechizos
para oscurecer. ¡No había una verdadera excusa para que lo mantuviera todo el
tiempo encerrado en la oscuridad! ¡Humm, quizás era que simplemente así era su
esposo! No debería sorprenderse.
Harry terminó de cortar, deslizando los ingredientes en sus recipientes
respectivos y clasificándolos, listos para usar, antes de regresar a la mesa de
trabajo y limpiar el equipo. Otra cosa que había aprendido, ¡*nunca* usar el
mismo cuchillo con más de un ingrediente! Lo contaminaba todo. Lástima que no lo
hubiera sabido mientras estaba en la escuela, ya que hubiera podido explicar
algunas de sus creaciones... más... explosivas. Cuando había confrontado a
Severus sobre esta pequeña pieza de información, su esposo se había limitado a
contestarle que la información estaba allí para que la encontrara, ¡y que si
hubiera estado suficientemente interesado en el tema la hubiera encontrado!
Harry había gruñido pero le había concedido del punto.
Girándose, se permitió el lujo de disfrutar de la visión de su esposo, atento a
su actual brebaje. Incluso vestido con gafas, guantes gruesos y una prenda
parecida a un delantal de piel de dragón, todavía lucía magnífico. Se
estremeció, casi celoso de la poción, sabiendo que ésta era la receptora de toda
su atención
Sev debía saber que estaba siendo observado.
-Ven acá. La etapa volátil ya pasó, así qque deberías estar bastante seguro
mientras saco estas cosas.
Cuando estuvo seguro de que Harry removía la poción con la fuerza suficiente
como para dejarlo satisfecho, Sev se alejó y se quitó el delantal y los pesados
guantes. Parpadeando, luego de quitarse los lentes, enfocó los ojos en la
pequeña figura de su esposo, que removía firmemente, primero en una dirección y
luego en otra. Suspirando apreciativamente, se giró y colocó a un lado la
vestimenta de seguridad.
“Umm, casi hecho” pensó Harry mientras seguía removiendo. “Sólo unos
minutos más y entonces...”
Sus pensamientos se vieron perturbados por los brazos que reptaron alrededor de
él y la sensación de el duro cuerpo detrás suyo. Sus manos casi vacilaron antes
que la suave mano de Sev cubriera una de las suyas y una suave voz le ordenara
‘continúa removiendo’ justo antes de que los labios provocaran su garganta con
besos húmedos.
“Oh, Dios” Harry se derritió dentro del cálido abrazo, la mano moviéndose
de manera automática. Después de una breve mirada para asegurarse que todo
estaba progresando como lo había planeado, Sev movió su mano desde la espalda
hasta la cintura de Harry, acariciándolo por encima de la túnica. Harry sabía
que Sev era un verdadero Maestro en Pociones, lo había sabido hacía mucho
tiempo, pero ahora había llegado a la conclusión de que también era un Maestro
de la seducción. Podía concentrarse en una poción potencialmente peligrosa y al
mismo tiempo conducir a Harry a la locura con su lujuria. Los ojos de Harry se
cerraron en éxtasis.
Después de unos minutos de chupar y besar la suave piel del cuello de Harry, Sev
levantó la cabeza. El joven gimió ante la pérdida. Sev sonrió por lo que veía.
La mano de Harry había dejado de batir por completo, sólo estaba apoyada
limpiamente en la cuchara.
“Hmmm, casi listo” pensó con satisfacción, moviendo la mano para apagar
las llamas sobre las cuales el brebaje hervía a fuego lento. “Es todo lo que
necesita cocer por ahora” Él necesitaba más atención que la poción.
Volviendo su atención hacia el joven en sus brazos, susurro:
-Siempre tuve la fantasía de tomarte sobrre la mesa de mi laboratorio, duro y
rápido, incapaz de resistirte, dándome el control total. Permitiéndome hacerte
todo lo que desee.
La respiración se retuvo en sus pulmones mientras Sev desgranaba las palabras y
pensó en lo duro que estaba. Gimiendo se dio vuelta y atrapó la boca de su
esposo con la suya, abriendo los labios en toda su extensión, enroscando todo su
cuerpo alrededor del otro hombre. Entregándose por completo.
********
”¡Vaya, esto fue diferente!” pensaba Ron mientras observaba a su esposo
pasear arriba y abajo de la habitación.
Acababan de regresar de la visita anual de Draco a sus padres. La gran
habitación y la inexistencia de conversación en la mesa no era algo a lo que
estuviera acostumbrado. La Mansión Malfoy, y sus fríos ocupantes, le recordaban
a la vieja leyenda de la Reina de la Nieve y su casa en el perdido y lejano
Norte. ¡Si hubiera pasado más tiempo allí, probablemente se hubiera convertido
en un carámbano.
Estaba mucho más acostumbrado al ajetreo de la casa Weasley, donde cada
almuerzo, merienda o cena era una lucha por alcanzar un asiento, elegir los
alimentos y ser escuchado por encima de todos los demás. Extrañaba eso. La
repentina visión de Draco tratando de mantener su fría y arrogante personalidad
en medio de una típica navidad Weasley hizo que se estremeciera. Oh, no, eso no
podría pasar.
-¿Qué es tan gracioso?- la fría expresiónn, la ceja alzada y la fría voz era una
buena muestra de que no los podría mantener juntos demasiado tiempo. Se tiró
sobre la cama, riendo desaforadamente.
-¡Qué? ¡Qué hice ahora? Oh, esto es senciillamente genial. ¡Te ríes de mí!
Ron intentó contener las lágrimas de risa pero no pudo, y dándose por vencido,
simplemente se acostó en el medio de la cama, abrazándose a si mismo, riendo de
la mirada de pura furia en el rostro de su esposo.
Pensando que su pareja debía haberse vuelto loco por el entumecimiento de mente
que le había provocado la cena familiar, Draco sacudió la cabeza y salió de la
habitación, lanzando su ropa al suelo mientras lo hacía. Ron rió quedamente
recreándose en la visión del cuerpo casi desnudo de su esposo que se alejaba de
él.
“Oh, no te vas a librar tan fácilmente, hay algo de lo que quiero hablar
contigo. Mejor ahora que nunca”
Con una pequeña y sádica sonrisa en su rostro, se levantó y caminó hacia el baño
tras su esposo. Inclinándose contra el marco de la puerta abierta, esperó hasta
que Draco estuvo sumergido en el agua y totalmente ocupado bañándose antes de
hacerle la pregunta que le había estado obsesionando toda la noche.
-¿Entonces, quieres decirme por qué acaboo de pasar dos horas siendo interrogado,
y no de una manera sutil, sobre cuándo voy a proveer el próximo heredero Malfoy?
Draco apenas logro salvarse de terminar ahogado
*****
Harry había notado que Ron llevaba un par de días distraído. Lo había observado
con la vista fija en el espacio, inconsciente de todo lo que lo rodeaba. Mover
las manos en frente de sus ojos y gritar en su oído no había tenido efecto
alguno, y al fin, había tenido que recurrir a darle un codazo en los riñones,
que era el lugar más sensible de Ron, para lograr su atención. Entonces el
pelirrojo miró alrededor, sonriendo distraído, antes de volver nuevamente a
perderse en sus pensamientos.
Esto era muy inusual y a ello se unía el hecho de que Malfoy se había presentado
de tanto en tanto con cara triste y arrastrado a Ron hasta afuera, lo que le
había dificultando mucho la tarea de averiguar cuál era el problema.
“Pronto lo agarraré y descubriré que demonios está pasando. ¡Pero no en este
momento! Oh, sí, justo ahí... mmmm”
Harry estaba en el cielo. Sentado horcajadas sobre Sev, la cabeza hacia atrás en
éxtasis. Sus propias manos fuertemente aferradas a la cama y las manos de Sev en
sus caderas eran sus únicos soportes. Todas esas horas aferrado a una veloz
escoba sólo con sus piernas estaban reportando beneficios.
Gemidos, suspiros y demandas de ‘Duro... rápido... ahora demonios’ era lo
único que se podía escuchar sobre el sonido de la húmeda piel encontrándose.
Él había estado aburrido más temprano, aburrido y cachondo, según podía
recordar.
”Mierda, él no es el único en esta relación. ¡Si yo quiero sexo ahora,
maldito si tendré sexo *ahora*!”
Revisando su apariencia en un espejo cercano, salió de cacería. Una sonrisa
predadora en su rostro. Sev no sabría lo que lo había golpeado.
Su esposo estaba hablando con uno de sus subalternos cuando detectó algo con el
rabillo del ojo. Levantando la mirada, quedó atrapado por la visión inclinada
contra una de las dobles puertas abiertas, con una expresión indescifrable en el
rostro. Había esperado hasta conseguir la total atención de Sev antes de esbozar
una pequeña sonrisa juguetona, llena de promesas.
Todo lo demás se desvaneció. La habitación, el hombre con quien estaba hablando,
nada existía excepto su esposo. Su Harry.
La sonrisa se transformó en una pequeña risa mientras Harry se alejaba
lentamente, corredor abajo. El otro hombre debió pensar que había dicho algo,
pues de repente se encontró hablándole a la espalda de un Señor Oscuro que
desaparecía rápidamente. Dejó de hablar, indeciso.
-Lo esperaré aquí entonces ¿cierto?.
Nunca obtuvo respuesta.
Harry había conducido a Sev a través del pasillo, escaleras arriba y corredor
abajo hasta su habitación, sin dejar que su esposo se le acercara en todo ese
tiempo. En cada vuelta o cruce
miraba sobre su hombro y le sonreía, antes de seguir.
Sev estaba intrigado por decir lo menos. Pero no tan intrigado como estuvo
cuando llegaron a la habitación y Harry se abalanzó hacia sus brazos, golpeando
su espalda contra la puerta. Las manos del joven aferraron su cabello oscuro,
las piernas se cerraron alrededor de su cintura, Harry apenas le dio un segundo
para recuperarse antes de tomar posesión de sus labios en un beso apasionado.
Ambos jadeaban cuando, pocos minutos más tarde. Harry rompió el beso.
-Cama. Ahora- fue todo lo que dijo antes de que ambos cruzaran la habitación.
Sev había estado asombrado, y excitado, cuando su esposo había hecho que ambos
rodaran hasta que él estuvo encima. Aferrando las manos de Sev sobre su cabeza,
susurró sedosamente a su oído:
-¡No, no, esta vez es mi turno!
Las ropas desaparecieron volando, los botones se reventaron, las costuras se
rasgaron, antes que Harry procediera a conducir a su esposo hacia una lujuria
enloquecedora.
Lo cual los había traído hasta su actual posición.
Las piernas empezaron a arder, así que aceleró sus movimientos, bajando la
cabeza y abriendo sus ojos para hundirlos en la mirada negro noche de los ojos
de Sev. Era como atrapar el fuego. Ninguno podía apartar la mirada y, en la cima
de su éxtasis, cada uno podía jurar que había visto eternidad en los ojos del
otro.
El acercamiento era, después de todo, tan bueno, o hasta en cierta forma mejor
que el sexo.
”Quizás estoy resignado a mi destino. Debo estarlo. Un par de semanas atrás,
jamás habría instigado al sexo. ¿Acaso llegué al punto en que ni siquiera me
importa?” Eso lo condujo a otro pensamiento. “¿Y si consiguen rescatarme?
¿Qué haré? ¿Todavía querré partir o tendrán que obligarme? ¿Oh, Dios, qué voy a
hacer?”
Harry presionó la cara con más fuerza sobre el hombro de su esposo, haciendo que
Sev enroscara sus brazos completamente alrededor de su cuerpo.
-Te quedaste muy quieto. ¿Estás bien? >
-Sí, sólo cansado.
Sev frotó su barbilla contra la coronilla de Harry.
-Vamos a dormir. Después de esta ejecucióón, tengo planes que van a durar al
menos el resto de la noche.
No más sexo, no más conversaciones intimas en la noche, no más caricias”
Sabía que Sev lo amaba. Lo amó lo bastante como para secuestrarlo y mantenerlo
encerrado hasta que pudiera convencerlo de su afecto. Y Harry se había
acostumbrado a sus atenciones. Y ahora no sabía si podría vivir sin ellas.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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