Titulo: Cadenas de Oro

Autor: Crymsym

Clasificación : NC-17

Comentarios: La muerte de un Señor Oscuro es seguida por el ascenso de otro. UA

Disclaimer: No son míos, snif, snif. Le pertenecen a Rowling, suerte para ella. No obtengo beneficios, sólo felicidad al tener tan amorosos juguetes, incluso si los tengo que regresar. No quiero infringir, etc, etc, etc, blah, blah, blah



Nota de traducción: Bueno, aquí les dejamos un nuevo Harry/Sevie, muy pero que muy calientito, es NC 17 a full, así que están advertidos. Sabemos que la segunda pareja, Ron/Draco, es un poco ‘extraña’ pero denle una oportunidad, les aseguramos que les va a gustar. Besitos.

 

@ traductoras: [email protected]

 

 

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Capítulo III




Harry estaba parado en una habitación que quedaba justo a un lado del pasillo principal. La casa... no… Mansión, era enorme. Y desconocida para él. No tenía idea de su paradero en las Islas Británicas, ni siquiera si todavía estaban en Gran Bretaña. Y tenía la impresión de que no se enteraría en un tiempo cercano.

Después de despertarlo temprano con una mamada genial, Snape no lo había dejado en paz hasta que se vistió y bajó las escaleras. Luego había sido abandonado con un beso y un subrepticio tanteo. Eso había ocurrido media hora antes. Había intentado abrir la puerta pero estaba cerrada con llave. Lo mismo ocurría con las ventanas. Había estudiado pensativo las sillas, analizando si era lo bastante fuerte como para alzar una sobre su cabeza y lanzarla contra el cristal, pero un zumbido de advertencia en el collar lo hizo detenerse. Maldita cosa. Suspirando, se arrojó sobre una de las sillas, cerrando los ojos y echando su cabeza hacia atrás hasta apoyarla sobre el cojín. Simplemente, tenía que buscar otra vía de escape.

El sonido de la puerta al abrirse y el tímido “Harry” hizo que sus ojos se abrieran instantáneamente.

¡Ron!- Harry dio un salto y estrechó a Ron entre sus brazos. ¡Dios, lo había extrañado! Toda la preocupación de los últimos meses lo inundó y aferró a su amigo firmemente contra él. Unos brazos lo rodearon con igual fuerza y un rostro se presionó contra su cuello.

-¡Vaya! ¡¿No es dulce?!

Ron se puso rígido ante el tono y bajó sus brazos, alejándose apresuradamente. Harry miró a su amigo pero éste no le devolvió la mirada, sólo observaba el piso, el rostro pálido.

Draco Malfoy se encontraba parado en el umbral de la puerta abierta, inclinándose con arrogancia contra la madera. Corrió una mirada posesiva sobre Ron antes de girarse para observar a Harry.

-Potter- no era un gran saludo pero era mmanifiestamente cortés si se comparaba con algunas cosas que le había dicho.

La codiciosa mirada que había barrido el cuerpo de Ron hizo que Harry se envarara indignado. ¡No! ¡También Ron no! Observó a Ron, evaluándolo, notando la fina ropa que vestía, el cabello excesivamente largo, las joyas, el rostro triste y, por último, un gemelo del collar que rodeaba su propio cuello.

-Oh, Ron.

Ron se ruborizó y volteó la cara, incapaz de mirar a su mejor amigo.

Malfoy sonrió y cruzó la habitación sin prisa. Deslizando un brazo alrededor de la cintura de Ron, cuidadosamente volteó el abatido rostro hacia él. Los ojos azules se encontraron con los grises por un momento antes que Malfoy doblara su cabeza y tomara posesión de su boca. Era como si estuvieran solos en la habitación. Harry no sabía dónde meterse. Por una parte quería alejar a su amigo del abrazo de ese bastardo, pero por la otra, deseaba girarse e ignorar los húmedos sonidos que estaban emitiendo, dándole a Ron cierto grado de privacidad. Sólo la comprensión de que él estaba exactamente en la misma posición, le dio la fuerza para tomar la segunda opción. Sabía exactamente lo que estaba sintiendo Ron. Sabía que era incapaz de controlarse.

Alejándose y observando la expresión cristalina en las facciones de su amante, Malfoy se deslizó detrás de él, jalando a Ron hacia atrás, antes de mover sus manos hasta que descansaron posesivamente sobre su estómago. Recostó la cabeza sobre el hombro de Ron, sonriendo con satisfacción a un pálido Harry.

-¡Ahora es mío, Potter! Ya no es tu sombrra. Él es mejor que eso. Merece mucho más.

-¡Como a ti!- no era un cumplido.

-Sssí, exactamente alguien como yo- esto fue dicho deliberadamente en un siseo bajo-. Soy el único que le puede dar lo que realmente necesita. Lo que merece. ¿Verdad, mi amor?.

Unos dientes blancos mordisquearon el lóbulo de una oreja. Los ojos de Ron estaban fuertemente apretados, negando todo. Una lengua rosada culebreó hacia arriba, lamiendo su piel hasta aterrizar sobre un punto del pulso, haciendo que Ron gimiera suavemente. Los ojos grises nunca abandonaron a Harry mientras Malfoy succionara suavemente la piel del pelirrojo. El desafío fue alto y claro. Harry enterró las uñas en sus manos con enojo.

-Draco, no es agradable atormentar a la ggente.

Todos los ojos se clavaron en la figura en el umbral. Snape miraba sólo a Malfoy, una ceja levantada. El rubio tuvo la cortesía de lucir un tanto avergonzado. Levantó la cabeza, deteniendo su tormento, pero no se alejó, sólo apretó aún más su agarre.

-Harry, lamento haber demorado tanto en rregresar contigo. Fue inevitable, sin embargo. Ya sabes como son estas cosas- entró en la habitación, exigiendo la atención de todos. Hizo una breve pausa para correr sus dedos por la mejilla de Harry, antes de sentarse regiamente en una silla-. Veo que el señor Weasley te encontró. Será lindo que puedan ponerse al día. Ron- dijo, dirigiéndose al pelirrojo-, ¿por qué no llevas a Harry a conocer los jardines? Se está muy bien allá afuera. El aire les sentará bien- no era una sugerencia.

Ron se arrastró lejos de Malfoy, lanzándole miradas a Snape. Al ver que hablaba en serio, se movió y jaló a Harry fuera de la habitación. Harry estaba más que consciente del par de ojos sobre ellos y estaba estático ante la idea de alejarse, aunque fuera por un corto tiempo, del hombre que tenía su destino en sus manos,



************

-Debo decir, Tío Sev, que tienes buen gussto. ¡Si no estuviera enamorado de Ron, probablemente lo hubiera intentado con Potter hace mucho tiempo!- Draco todavía miraba tras ellos dos. Se encogió de hombros y giró hacia su tío, captando la engreída mirada de su rostro.

-Sí, lo se- su expresión se tornó seria-.. Sin embargo, no te mandé llamar para conversar sobre nuestros respectivos cónyuges. Dame tu reporte.

-Todo está bien. Nadie sospecha nada. El Ministerio está desbastado. Están tratando de ocultar el hecho de que Potter ha desaparecido pero ambos sabemos que las noticias tienen el hábito de filtrarse. Si no por accidente, entonces deliberadamente- se rieron con comprensión-. Antes que pase mucho tiempo, todos lo sabrán. Y entonces... – miró interrogante a su pariente.

Poniendo sus dedos frente a él y presionándolos contra sus labios, con una expresión de aceptación, Severus consideró la pregunta no planteada. De hecho, ¿y luego qué?

-Nada- contestó, tomando una decisión. All ver la mirada en el rostro de su sobrino, explicó más extensamente-. ¿Por qué sacudir el bote? Las cosas se apaciguarán. ¿Por qué tratar de aferrar las cosas antes de que estén listas? Esa fue la perdición de Voldemort. Esperaremos hasta que sea el momento correcto.

-¿Y luego?

-Entonces atacaremos. Como dices, las cossas están desmoronándose. La confianza del público en el poder del Ministerio desciende cada día más. Pronto, serán incapaces de mantenerse unidos. Habrá un motín en masa. La civilización caerá en el abismo, gritando.

-Entonces atacaremos- Draco sonaba ansiosso.

-¡No!

-Pero, dijiste...

-Dije que atacaríamos cuando fuera el tieempo correcto- Severus iluminó a su sobrino con un destello de su retorcida psiquis-. Cuando parezca que no hay esperanza, cuando las familias se enfrenten las unas contra las otras, cuando se vendan entre sí por una barra de pan, entonces será cuando atacaremos. Cuando toda esperanza haya desaparecido.

Draco estaba excitado con el prospecto.

-Sí, para el momento en que las cosas emppeoren, no habrá ninguna clase de oposición. La gente se alegrara, incluso se pondrán eufóricos, de que alguien tome el control y les diga qué hacer. Nadie, ni siquiera nosotros, podría hacerlo mejor que esa locura. Será perfecto- hizo una pausa y en su rostro apareció una expresión de puro asombro-. Ya te lo dije, verdaderamente eres un taimado bastardo y me siento humilde ante tu presencia.

Severus estaba encantado de que su sobrino comprendiera la situación. Sólo un verdadero Slytherin podría apreciar la magnitud de sus planes y su sobrino se había probado una vez más.

Entonces cambió a otros temas más ligeros.

-¿Cómo está tu padre? Hace tiempo que no escucho de él.

-Bien, mi madre lo trae cortito, sin que él se de cuenta. Ha, él todavía está bajo la impresión de que es el cabeza de la familia.

Snape sonrió ante la mención de su media-hermana. Se podía contar con ella para hacer cualquier cosa que fuera necesaria.

Draco continuó.

-Aunque está machacando de nuevo con el aasunto de los herederos. Quiere que siente cabeza con una linda chica de sangre pura- bufó-. ¡Cómo no! Ya realicé mi elección. Ron es mejor para mí que cualquiera que pudiera encontrar.

-¡De hecho, luego de los Snape y los Malffoy, los Weasley son los más sangre pura que puedes encontrar! Sin embargo, necesitas un heredero. Aunque sea sólo uno.

Draco miró furioso a su tío

-¡¿Y qué?! Hay pociones para eso, como sii no lo supieras.

-¿Ya se lo mencionaste a Ron? Tengo la immpresión de que no estaría muy contento de ser la ‘madre’.

Draco suspiró, mirando sus manos. No le había dicho nada a su amado, sabiendo instintivamente que Ron todavía no estaba preparado para ese paso.

-Si no quiere llevarlo entonces yo lo harré. A mí me da igual- levantó rápidamente la vista-. Eso es, si no te importa perder a tu lugarteniente por un rato.

Severus rió, su sobrino era tan obvio a veces.

-No, no me importa. ¡Puedes hacer tu trabbajo igual de bien estando embarazado! Sólo avísame antes.

Draco asintió. Amaba a su tío y tenía garantizada una posición sin paralelo en el Nuevo Orden Mundial y no quería arriesgarse colocándose en el lado equivocado. Su tío podía ser bastante... despiadado... a veces.

-¿Qué te parece si vamos a los jardines?-- le hizo un gesto a Draco para que se levantara-. Te apuesto que a estas alturas ya Harry y Ron han caído en las trampas, así que deberíamos rescatarlos.

Ambos se sonrieron uno al otro.


**********

Esa noche, muy callado y tembloroso, Harry estaba siendo arrastrado por los corredores. De hecho, tanto él como Ron habían sido atrapados en las trampas. Primero Harry, mientras trataba de encontrar una ruta de escape, y luego Ron, cuando trataba de liberar a su amigo. La risa que los había recibido cuando habían sido encontrados no había hecho nada para calmar la cólera interna.

Después que fueron liberados, Malfoy reprendió a Ron antes de aferrarlo y ambos habían sido llevados de regreso a la casa. Para el castigo. No es que lo que había pasado pudiera denominarse precisamente como castigo, pero Harry ciertamente había gritado en algún momento.

Más tarde, tanto Harry como Ron se encontraban sentados para cenar, al lado de sus respectivos *dueños*. Fue una cena prolongada, con varios asistentes, tanto hombres como mujeres, algunos de los cuales Harry reconoció como Mortífagos, los otros eran desconocidos. Todos ellos tenían un acompañante, marcados con un collar similar a los que lucían Harry y Ron. Harry reconoció a un par de ellos, eran personas que habían desaparecido tiempo atrás. Algunos estaban quietos, los rostros pálidos mientras se sentaban a la mesa, seleccionando los alimentos frente a ellos. Otros, más resignados a su suerte, estaban felices de unirse a las charlas que fluían a su alrededor. Una o dos miradas se fijaron en Harry mientras se sentaba pero, aparte de eso, nadie dijo nada. Harry se alegró; no creía poder enfrentar sus preguntas esta vez.

Snape estaba en la cabecera de la mesa, con Harry a su derecha. Malfoy se ubicaba en el extremo opuesto, con Ron a su lado. Todos los demás se distribuían entre ellos. No se discutió nada más siniestro que el tiempo, o el precio del maldito bate, o los últimos resultados del Quidditch. Si Harry lo intentaba, casi podía imaginar que sólo era otra cena social, no una reunión de magos oscuros con el deseo de controlar el mundo.

Sosteniendo un vaso de vino en una mano, la otra fuertemente aferrada por Snape, miró a través de la mesa para observar que Ron estaba dominado. Más que él, al parecer. Estaba riendo suavemente ante algo que Malfoy susurraba a su oído. Sus ojos se encontraron y Malfoy corrió el dorso de su mano por la mejilla del pelirrojo, haciendo que enrojeciera.

Harry bajó los ojos. Era obsceno. La clase de comportamiento que debería darse entre enamorados, entre quienes deseaban estar juntos, no por obligación.

Sintiendo que su mano estaba siendo jalada hacia arriba, se giró para atrapar los ojos de Snape con los propios. Tragó con fuerza mientras sus dedos eran besados con persistencia.

Todos los ojos se giraron mientras Snape se paraba, arrastrando a Harry con él.

-Es tarde y, por muy agradable que sea laa compañía, tengo la sensación de que mi consorte está muy cansado y anhela ir a la cama- se escucharon las risas ante la doble intención. Harry enrojeció, hundiendo la cabeza. De repente deseó que su cabello fuera tan largo como el de Ron.

>>-Hay habitaciones preparadas para todo aquel que desee pasar la noche aquí. Pueden usarlas o no, como deseen. Por mi parte, ahora los dejo. Vamos, mi amor.

Harry fue sacado apresuradamente de la habitación.

Mucho después, acostado bajo un Severus profundamente dormido, a Harry lo abrumó la necesidad de alejarse. Moviéndose lentamente, de forma de no despertar al otro hombre, se deslizó fuera de la cama. Se detuvo sólo para tomar su túnica de cama, e inició su escapada.

Vagabundeando por los oscuros pasillos, se detuvo en frente de un par de puertas que no había visto antes. Empujando para abrirlas, se aventuró a entrar. La luz de un fuego que moría brillaba sobre el cuero y los pergaminos. La biblioteca era enorme.

Cerrando la puerta tras él, se acercó a los estantes respirando el olor, deleitándose en el aroma familiar. Siempre había amado los libros y la lectura, que le daban la oportunidad de sumergirse en historias de tierras lejanas y personajes místicos. Había sido una forma de escapar a la aburrida monotonía de su vida. Las viejas historias lo habían absorbido, contándole sobre reyes en armaduras, y alfombras voladoras, y fénix y dragones y doncellas. Y en las historias todo tenía sentido. El rey mataba al dragón, liberando a la doncella. El mago malvado era acabado. Negro era negro, blanco era blanco. No había tonos de gris. Ni áreas sombreadas. Se había necesitado la vida real para mostrarle que, aunque la magia era real y había héroes, los héroes no siempre eran fuertes y valientes, los magos malvados no siempre eran vencidos, la doncella a veces no deseaba ser rescatada y, ocasionalmente, la oscuridad ganaba.

Eligió un libro al azar y se acurrucó frente al fuego, que había comenzado a reavivarse desde su entrada. Debía haber ocurrido por alguna clase de encantamiento.

Corriendo sus manos por la superficie de cuero de el volumen que estaba en sus manos, miró a las llamas, preguntándose qué había hecho mal.

No reaccionó cuando la puerta fue abierta, ni ante la figura que se arrodilló delante de él. Largos dedos giraron su rostro hacia el otro hombre. Snape pudo leer en él igual que en un libro abierto y no pudo ocultarle su miseria ni su confusión.

Los labios se movieron por su frente, sobre sus ojos, besando cada uno suavemente, antes de seguir el resto del camino hasta su boca.

-Sólo acéptalo, mi amor. No luches.

Harry permitió que lo pusiera de pie y la sacara de la habitación, el libro olvidado en el piso tras él. Guiado sólo por la mano firme posada en el medio de su espalda, no tenía idea de dónde estaba ni hacia dónde lo dirigían.

Hubo un sitio al nivel del primer piso dónde un estallido lo regresó a la realidad.

Estaban pasando una serie de habitaciones, todas iguales, mientras bajaban por el corredor, cuando un audible gemido salió de un cuarto detrás de ellos. Éste fue seguido por otro, y otro, antes de bajar hasta convertirse en una serie de jadeos.

La cabeza de Harry se inclinó a un lado. ¡Ese había sido Ron!

Snape se acercó, descansando su barbilla en la coronilla de Harry, los brazos evitando que se moviera.

-Ah, veo que mi sobrino está ejecutando ssus deseos.

Proveniente del otro lado de la puerta se pudo escuchar un murmullo atenuado, por encima de los gemidos y jadeos. Era hipnótico, igual que el cántico que los encantadores de serpientes utilizaban para dominar a sus mascotas.

-¿Qu... qué... quieres decir?- no sabía ssi realmente estaba listo para enterarse de lo que estaba pasando al otro lado de la puerta.

-Draco me menciono temprano que quería inntroducir a su consorte en las delicias del puñismo- esto lo dijo en un tono que contradecía el impacto del contenido.

-Puñ...- Harry se calló, mirando a Snape para confirmar que había escuchado correctamente. No, no había modo alguno de que Ron tolerara eso. Sólo el pensamiento de tener a alguien subiendo la mano entera... por allí... hacía que se mareara.

-Veo que sabes de lo que estoy hablando. Estoy sorprendido. Quizás no eres tan inocente como aparentas- Snape le dio la vuelta, deslizando sus brazos a su alrededor, palmeando su espalda-. Oh, no te preocupes. Me gusta como eres. No hay necesidad de estar asustado- levantó la cabeza, mirando a la puerta evaluativamente-. A menos que...- no terminó la frase.

-¡No! ¡No! ¡Ni siquiera te atrevas a penssarlo!- Harry era inflexible.

Snape rió ante el enfurecido rostro de Harry,

-Piénsalo. Si la idea... te atrae, quizáss podamos hacer los arreglos. Si no, nadie pierde. Hay muchas otras cosas igual de placenteras que podemos hacer.

-Eres un enfermo, enfermo y bastardo.
>
.Sí, pero soy tu enfermo bastardo. Tú has disfrutado, incluso suplicado por mis atenciones, ¿verdad?

Snape lo retó a desmentir la veracidad de su declaración.

Fue otro sonoro gemido el que rompió la respuesta. Harry palideció, mirando la puerta; luego, tomando una decisión, se sacudió para liberarse y corrió pasillo abajo.

Mirando hacia atrás mientras doblaba una esquina, vio que Snape todavía observaba el umbral de la puerta, antes de tomar una decisión y seguirlo.

Arrojándose sobre la cama, se enterró bajo las cobijas, deseando alejarse de todo. Deseando tener once años nuevamente, y que el mundo todavía fuera un lugar maravilloso. No uno lleno de deseos y conceptos perturbadores.

Snape ni siquiera intentó desenroscarlo de su posición fetal, simplemente se acomodó a su lado rodeándolo, alcanzando tanta piel como le fuera posible.

Puedo asegurarte que Ron no está siendo herido. Al menos no en una manera que no desee serlo. Conozco a mi sobrino. Ni siquiera le hubiera mencionado la posibilidad si no hubiera pensado que Ron estaba, al menos, susceptible a la idea- suspiró, enroscándose más totalmente alrededor de Harry-. Si Ron no hubiera querido, habría dicho que no y eso hubiera terminado con todo el asunto. Él es el consorte de Draco, no su esclavo. Tiene los mismos derechos y privilegios que tú.

-¿Así que si yo te pido que dejes de tocaarme, lo harías?- escupió la pregunta.

Hubo un momento se silencio mientras Snape digería la pregunta. Bajando su mano en una caricia por el costado de Harry, se inclinó sobre él.

-¡Lo haría si realmente quisieras, pero nno quieres, ¿verdad?! ¡En lo más profundo de ti, bajo todo ese miedo y enojo, no quieres que me detenga!

Harry ocultó su cabeza en la almohada. Por mucho que deseara negar ese hecho, no podía, y eso estaba destrozándolo.



¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

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