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Capítulo III
Harry estaba parado en una habitación que quedaba justo a un lado del pasillo
principal. La casa... no… Mansión, era enorme. Y desconocida para él. No tenía
idea de su paradero en las Islas Británicas, ni siquiera si todavía estaban en
Gran Bretaña. Y tenía la impresión de que no se enteraría en un tiempo cercano.
Después de despertarlo temprano con una mamada genial, Snape no lo había dejado
en paz hasta que se vistió y bajó las escaleras. Luego había sido abandonado con
un beso y un subrepticio tanteo. Eso había ocurrido media hora antes. Había
intentado abrir la puerta pero estaba cerrada con llave. Lo mismo ocurría con
las ventanas. Había estudiado pensativo las sillas, analizando si era lo
bastante fuerte como para alzar una sobre su cabeza y lanzarla contra el
cristal, pero un zumbido de advertencia en el collar lo hizo detenerse. Maldita
cosa. Suspirando, se arrojó sobre una de las sillas, cerrando los ojos y echando
su cabeza hacia atrás hasta apoyarla sobre el cojín. Simplemente, tenía que
buscar otra vía de escape.
El sonido de la puerta al abrirse y el tímido “Harry” hizo que sus ojos se
abrieran instantáneamente.
¡Ron!- Harry dio un salto y estrechó a Ron entre sus brazos. ¡Dios, lo había
extrañado! Toda la preocupación de los últimos meses lo inundó y aferró a su
amigo firmemente contra él. Unos brazos lo rodearon con igual fuerza y un rostro
se presionó contra su cuello.
-¡Vaya! ¡¿No es dulce?!
Ron se puso rígido ante el tono y bajó sus brazos, alejándose apresuradamente.
Harry miró a su amigo pero éste no le devolvió la mirada, sólo observaba el
piso, el rostro pálido.
Draco Malfoy se encontraba parado en el umbral de la puerta abierta,
inclinándose con arrogancia contra la madera. Corrió una mirada posesiva sobre
Ron antes de girarse para observar a Harry.
-Potter- no era un gran saludo pero era mmanifiestamente cortés si se comparaba
con algunas cosas que le había dicho.
La codiciosa mirada que había barrido el cuerpo de Ron hizo que Harry se
envarara indignado. ¡No! ¡También Ron no! Observó a Ron, evaluándolo, notando la
fina ropa que vestía, el cabello excesivamente largo, las joyas, el rostro
triste y, por último, un gemelo del collar que rodeaba su propio cuello.
-Oh, Ron.
Ron se ruborizó y volteó la cara, incapaz de mirar a su mejor amigo.
Malfoy sonrió y cruzó la habitación sin prisa. Deslizando un brazo alrededor de
la cintura de Ron, cuidadosamente volteó el abatido rostro hacia él. Los ojos
azules se encontraron con los grises por un momento antes que Malfoy doblara su
cabeza y tomara posesión de su boca. Era como si estuvieran solos en la
habitación. Harry no sabía dónde meterse. Por una parte quería alejar a su amigo
del abrazo de ese bastardo, pero por la otra, deseaba girarse e ignorar los
húmedos sonidos que estaban emitiendo, dándole a Ron cierto grado de privacidad.
Sólo la comprensión de que él estaba exactamente en la misma posición, le dio la
fuerza para tomar la segunda opción. Sabía exactamente lo que estaba sintiendo
Ron. Sabía que era incapaz de controlarse.
Alejándose y observando la expresión cristalina en las facciones de su amante,
Malfoy se deslizó detrás de él, jalando a Ron hacia atrás, antes de mover sus
manos hasta que descansaron posesivamente sobre su estómago. Recostó la cabeza
sobre el hombro de Ron, sonriendo con satisfacción a un pálido Harry.
-¡Ahora es mío, Potter! Ya no es tu sombrra. Él es mejor que eso. Merece mucho
más.
-¡Como a ti!- no era un cumplido.
-Sssí, exactamente alguien como yo- esto fue dicho deliberadamente en un siseo
bajo-. Soy el único que le puede dar lo que realmente necesita. Lo que merece.
¿Verdad, mi amor?.
Unos dientes blancos mordisquearon el lóbulo de una oreja. Los ojos de Ron
estaban fuertemente apretados, negando todo. Una lengua rosada culebreó hacia
arriba, lamiendo su piel hasta aterrizar sobre un punto del pulso, haciendo que
Ron gimiera suavemente. Los ojos grises nunca abandonaron a Harry mientras
Malfoy succionara suavemente la piel del pelirrojo. El desafío fue alto y claro.
Harry enterró las uñas en sus manos con enojo.
-Draco, no es agradable atormentar a la ggente.
Todos los ojos se clavaron en la figura en el umbral. Snape miraba sólo a
Malfoy, una ceja levantada. El rubio tuvo la cortesía de lucir un tanto
avergonzado. Levantó la cabeza, deteniendo su tormento, pero no se alejó, sólo
apretó aún más su agarre.
-Harry, lamento haber demorado tanto en rregresar contigo. Fue inevitable, sin
embargo. Ya sabes como son estas cosas- entró en la habitación, exigiendo la
atención de todos. Hizo una breve pausa para correr sus dedos por la mejilla de
Harry, antes de sentarse regiamente en una silla-. Veo que el señor Weasley te
encontró. Será lindo que puedan ponerse al día. Ron- dijo, dirigiéndose al
pelirrojo-, ¿por qué no llevas a Harry a conocer los jardines? Se está muy bien
allá afuera. El aire les sentará bien- no era una sugerencia.
Ron se arrastró lejos de Malfoy, lanzándole miradas a Snape. Al ver que hablaba
en serio, se movió y jaló a Harry fuera de la habitación. Harry estaba más que
consciente del par de ojos sobre ellos y estaba estático ante la idea de
alejarse, aunque fuera por un corto tiempo, del hombre que tenía su destino en
sus manos,
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-Debo decir, Tío Sev, que tienes buen gussto. ¡Si no estuviera enamorado de Ron,
probablemente lo hubiera intentado con Potter hace mucho tiempo!- Draco todavía
miraba tras ellos dos. Se encogió de hombros y giró hacia su tío, captando la
engreída mirada de su rostro.
-Sí, lo se- su expresión se tornó seria-.. Sin embargo, no te mandé llamar para
conversar sobre nuestros respectivos cónyuges. Dame tu reporte.
-Todo está bien. Nadie sospecha nada. El Ministerio está desbastado. Están
tratando de ocultar el hecho de que Potter ha desaparecido pero ambos sabemos
que las noticias tienen el hábito de filtrarse. Si no por accidente, entonces
deliberadamente- se rieron con comprensión-. Antes que pase mucho tiempo, todos
lo sabrán. Y entonces... – miró interrogante a su pariente.
Poniendo sus dedos frente a él y presionándolos contra sus labios, con una
expresión de aceptación, Severus consideró la pregunta no planteada. De hecho,
¿y luego qué?
-Nada- contestó, tomando una decisión. All ver la mirada en el rostro de su
sobrino, explicó más extensamente-. ¿Por qué sacudir el bote? Las cosas se
apaciguarán. ¿Por qué tratar de aferrar las cosas antes de que estén listas? Esa
fue la perdición de Voldemort. Esperaremos hasta que sea el momento correcto.
-¿Y luego?
-Entonces atacaremos. Como dices, las cossas están desmoronándose. La confianza
del público en el poder del Ministerio desciende cada día más. Pronto, serán
incapaces de mantenerse unidos. Habrá un motín en masa. La civilización caerá en
el abismo, gritando.
-Entonces atacaremos- Draco sonaba ansiosso.
-¡No!
-Pero, dijiste...
-Dije que atacaríamos cuando fuera el tieempo correcto- Severus iluminó a su
sobrino con un destello de su retorcida psiquis-. Cuando parezca que no hay
esperanza, cuando las familias se enfrenten las unas contra las otras, cuando se
vendan entre sí por una barra de pan, entonces será cuando atacaremos. Cuando
toda esperanza haya desaparecido.
Draco estaba excitado con el prospecto.
-Sí, para el momento en que las cosas emppeoren, no habrá ninguna clase de
oposición. La gente se alegrara, incluso se pondrán eufóricos, de que alguien
tome el control y les diga qué hacer. Nadie, ni siquiera nosotros, podría
hacerlo mejor que esa locura. Será perfecto- hizo una pausa y en su rostro
apareció una expresión de puro asombro-. Ya te lo dije, verdaderamente eres un
taimado bastardo y me siento humilde ante tu presencia.
Severus estaba encantado de que su sobrino comprendiera la situación. Sólo un
verdadero Slytherin podría apreciar la magnitud de sus planes y su sobrino se
había probado una vez más.
Entonces cambió a otros temas más ligeros.
-¿Cómo está tu padre? Hace tiempo que no escucho de él.
-Bien, mi madre lo trae cortito, sin que él se de cuenta. Ha, él todavía está
bajo la impresión de que es el cabeza de la familia.
Snape sonrió ante la mención de su media-hermana. Se podía contar con ella para
hacer cualquier cosa que fuera necesaria.
Draco continuó.
-Aunque está machacando de nuevo con el aasunto de los herederos. Quiere que
siente cabeza con una linda chica de sangre pura- bufó-. ¡Cómo no! Ya realicé mi
elección. Ron es mejor para mí que cualquiera que pudiera encontrar.
-¡De hecho, luego de los Snape y los Malffoy, los Weasley son los más sangre pura
que puedes encontrar! Sin embargo, necesitas un heredero. Aunque sea sólo uno.
Draco miró furioso a su tío
-¡¿Y qué?! Hay pociones para eso, como sii no lo supieras.
-¿Ya se lo mencionaste a Ron? Tengo la immpresión de que no estaría muy contento
de ser la ‘madre’.
Draco suspiró, mirando sus manos. No le había dicho nada a su amado, sabiendo
instintivamente que Ron todavía no estaba preparado para ese paso.
-Si no quiere llevarlo entonces yo lo harré. A mí me da igual- levantó
rápidamente la vista-. Eso es, si no te importa perder a tu lugarteniente por un
rato.
Severus rió, su sobrino era tan obvio a veces.
-No, no me importa. ¡Puedes hacer tu trabbajo igual de bien estando embarazado!
Sólo avísame antes.
Draco asintió. Amaba a su tío y tenía garantizada una posición sin paralelo en
el Nuevo Orden Mundial y no quería arriesgarse colocándose en el lado
equivocado. Su tío podía ser bastante... despiadado... a veces.
-¿Qué te parece si vamos a los jardines?-- le hizo un gesto a Draco para que se
levantara-. Te apuesto que a estas alturas ya Harry y Ron han caído en las
trampas, así que deberíamos rescatarlos.
Ambos se sonrieron uno al otro.
**********
Esa noche, muy callado y tembloroso, Harry estaba siendo arrastrado por los
corredores. De hecho, tanto él como Ron habían sido atrapados en las trampas.
Primero Harry, mientras trataba de encontrar una ruta de escape, y luego Ron,
cuando trataba de liberar a su amigo. La risa que los había recibido cuando
habían sido encontrados no había hecho nada para calmar la cólera interna.
Después que fueron liberados, Malfoy reprendió a Ron antes de aferrarlo y ambos
habían sido llevados de regreso a la casa. Para el castigo. No es que lo que
había pasado pudiera denominarse precisamente como castigo, pero Harry
ciertamente había gritado en algún momento.
Más tarde, tanto Harry como Ron se encontraban sentados para cenar, al lado de
sus respectivos *dueños*. Fue una cena prolongada, con varios asistentes,
tanto hombres como mujeres, algunos de los cuales Harry reconoció como
Mortífagos, los otros eran desconocidos. Todos ellos tenían un acompañante,
marcados con un collar similar a los que lucían Harry y Ron. Harry reconoció a
un par de ellos, eran personas que habían desaparecido tiempo atrás. Algunos
estaban quietos, los rostros pálidos mientras se sentaban a la mesa,
seleccionando los alimentos frente a ellos. Otros, más resignados a su suerte,
estaban felices de unirse a las charlas que fluían a su alrededor. Una o dos
miradas se fijaron en Harry mientras se sentaba pero, aparte de eso, nadie dijo
nada. Harry se alegró; no creía poder enfrentar sus preguntas esta vez.
Snape estaba en la cabecera de la mesa, con Harry a su derecha. Malfoy se
ubicaba en el extremo opuesto, con Ron a su lado. Todos los demás se distribuían
entre ellos. No se discutió nada más siniestro que el tiempo, o el precio del
maldito bate, o los últimos resultados del Quidditch. Si Harry lo intentaba,
casi podía imaginar que sólo era otra cena social, no una reunión de magos
oscuros con el deseo de controlar el mundo.
Sosteniendo un vaso de vino en una mano, la otra fuertemente aferrada por Snape,
miró a través de la mesa para observar que Ron estaba dominado. Más que él, al
parecer. Estaba riendo suavemente ante algo que Malfoy susurraba a su oído. Sus
ojos se encontraron y Malfoy corrió el dorso de su mano por la mejilla del
pelirrojo, haciendo que enrojeciera.
Harry bajó los ojos. Era obsceno. La clase de comportamiento que debería darse
entre enamorados, entre quienes deseaban estar juntos, no por obligación.
Sintiendo que su mano estaba siendo jalada hacia arriba, se giró para atrapar
los ojos de Snape con los propios. Tragó con fuerza mientras sus dedos eran
besados con persistencia.
Todos los ojos se giraron mientras Snape se paraba, arrastrando a Harry con él.
-Es tarde y, por muy agradable que sea laa compañía, tengo la sensación de que mi
consorte está muy cansado y anhela ir a la cama- se escucharon las risas ante la
doble intención. Harry enrojeció, hundiendo la cabeza. De repente deseó que su
cabello fuera tan largo como el de Ron.
>>-Hay habitaciones preparadas para todo aquel que desee pasar la noche aquí.
Pueden usarlas o no, como deseen. Por mi parte, ahora los dejo. Vamos, mi amor.
Harry fue sacado apresuradamente de la habitación.
Mucho después, acostado bajo un Severus profundamente dormido, a Harry lo abrumó
la necesidad de alejarse. Moviéndose lentamente, de forma de no despertar al
otro hombre, se deslizó fuera de la cama. Se detuvo sólo para tomar su túnica de
cama, e inició su escapada.
Vagabundeando por los oscuros pasillos, se detuvo en frente de un par de puertas
que no había visto antes. Empujando para abrirlas, se aventuró a entrar. La luz
de un fuego que moría brillaba sobre el cuero y los pergaminos. La biblioteca
era enorme.
Cerrando la puerta tras él, se acercó a los estantes respirando el olor,
deleitándose en el aroma familiar. Siempre había amado los libros y la lectura,
que le daban la oportunidad de sumergirse en historias de tierras lejanas y
personajes místicos. Había sido una forma de escapar a la aburrida monotonía de
su vida. Las viejas historias lo habían absorbido, contándole sobre reyes en
armaduras, y alfombras voladoras, y fénix y dragones y doncellas. Y en las
historias todo tenía sentido. El rey mataba al dragón, liberando a la doncella.
El mago malvado era acabado. Negro era negro, blanco era blanco. No había tonos
de gris. Ni áreas sombreadas. Se había necesitado la vida real para mostrarle
que, aunque la magia era real y había héroes, los héroes no siempre eran fuertes
y valientes, los magos malvados no siempre eran vencidos, la doncella a veces no
deseaba ser rescatada y, ocasionalmente, la oscuridad ganaba.
Eligió un libro al azar y se acurrucó frente al fuego, que había comenzado a
reavivarse desde su entrada. Debía haber ocurrido por alguna clase de
encantamiento.
Corriendo sus manos por la superficie de cuero de el volumen que estaba en sus
manos, miró a las llamas, preguntándose qué había hecho mal.
No reaccionó cuando la puerta fue abierta, ni ante la figura que se arrodilló
delante de él. Largos dedos giraron su rostro hacia el otro hombre. Snape pudo
leer en él igual que en un libro abierto y no pudo ocultarle su miseria ni su
confusión.
Los labios se movieron por su frente, sobre sus ojos, besando cada uno
suavemente, antes de seguir el resto del camino hasta su boca.
-Sólo acéptalo, mi amor. No luches.
Harry permitió que lo pusiera de pie y la sacara de la habitación, el libro
olvidado en el piso tras él. Guiado sólo por la mano firme posada en el medio de
su espalda, no tenía idea de dónde estaba ni hacia dónde lo dirigían.
Hubo un sitio al nivel del primer piso dónde un estallido lo regresó a la
realidad.
Estaban pasando una serie de habitaciones, todas iguales, mientras bajaban por
el corredor, cuando un audible gemido salió de un cuarto detrás de ellos. Éste
fue seguido por otro, y otro, antes de bajar hasta convertirse en una serie de
jadeos.
La cabeza de Harry se inclinó a un lado. ¡Ese había sido Ron!
Snape se acercó, descansando su barbilla en la coronilla de Harry, los brazos
evitando que se moviera.
-Ah, veo que mi sobrino está ejecutando ssus deseos.
Proveniente del otro lado de la puerta se pudo escuchar un murmullo atenuado,
por encima de los gemidos y jadeos. Era hipnótico, igual que el cántico que los
encantadores de serpientes utilizaban para dominar a sus mascotas.
-¿Qu... qué... quieres decir?- no sabía ssi realmente estaba listo para enterarse
de lo que estaba pasando al otro lado de la puerta.
-Draco me menciono temprano que quería inntroducir a su consorte en las delicias
del puñismo- esto lo dijo en un tono que contradecía el impacto del contenido.
-Puñ...- Harry se calló, mirando a Snape para confirmar que había escuchado
correctamente. No, no había modo alguno de que Ron tolerara eso. Sólo el
pensamiento de tener a alguien subiendo la mano entera... por allí... hacía que
se mareara.
-Veo que sabes de lo que estoy hablando. Estoy sorprendido. Quizás no eres tan
inocente como aparentas- Snape le dio la vuelta, deslizando sus brazos a su
alrededor, palmeando su espalda-. Oh, no te preocupes. Me gusta como eres. No
hay necesidad de estar asustado- levantó la cabeza, mirando a la puerta
evaluativamente-. A menos que...- no terminó la frase.
-¡No! ¡No! ¡Ni siquiera te atrevas a penssarlo!- Harry era inflexible.
Snape rió ante el enfurecido rostro de Harry,
-Piénsalo. Si la idea... te atrae, quizáss podamos hacer los arreglos. Si no,
nadie pierde. Hay muchas otras cosas igual de placenteras que podemos hacer.
-Eres un enfermo, enfermo y bastardo. >
.Sí, pero soy tu enfermo bastardo. Tú has disfrutado, incluso suplicado por mis
atenciones, ¿verdad?
Snape lo retó a desmentir la veracidad de su declaración.
Fue otro sonoro gemido el que rompió la respuesta. Harry palideció, mirando la
puerta; luego, tomando una decisión, se sacudió para liberarse y corrió pasillo
abajo.
Mirando hacia atrás mientras doblaba una esquina, vio que Snape todavía
observaba el umbral de la puerta, antes de tomar una decisión y seguirlo.
Arrojándose sobre la cama, se enterró bajo las cobijas, deseando alejarse de
todo. Deseando tener once años nuevamente, y que el mundo todavía fuera un lugar
maravilloso. No uno lleno de deseos y conceptos perturbadores.
Snape ni siquiera intentó desenroscarlo de su posición fetal, simplemente se
acomodó a su lado rodeándolo, alcanzando tanta piel como le fuera posible.
Puedo asegurarte que Ron no está siendo herido. Al menos no en una manera que no
desee serlo. Conozco a mi sobrino. Ni siquiera le hubiera mencionado la
posibilidad si no hubiera pensado que Ron estaba, al menos, susceptible a la
idea- suspiró, enroscándose más totalmente alrededor de Harry-. Si Ron no
hubiera querido, habría dicho que no y eso hubiera terminado con todo el asunto.
Él es el consorte de Draco, no su esclavo. Tiene los mismos derechos y
privilegios que tú.
-¿Así que si yo te pido que dejes de tocaarme, lo harías?- escupió la pregunta.
Hubo un momento se silencio mientras Snape digería la pregunta. Bajando su mano
en una caricia por el costado de Harry, se inclinó sobre él.
-¡Lo haría si realmente quisieras, pero nno quieres, ¿verdad?! ¡En lo más
profundo de ti, bajo todo ese miedo y enojo, no quieres que me detenga!
Harry ocultó su cabeza en la almohada. Por mucho que deseara negar ese hecho, no
podía, y eso estaba destrozándolo.
¸¸,ø¤º°º¤ø
°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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