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Capítulo II
Todo había pasado tan rápido. En un minuto estaba parado ahí, pensando en sus
propios asuntos, y al siguiente había sido secuestrado.
Ni siquiera había tenido oportunidad de pelear. Las manos sobre él, sujetándolo,
lo habían despojado rápidamente de su varita, antes de murmurar un encantamiento
que lo habían hecho perder el control de los músculos de su cuerpo. Cayendo
limpiamente, el rostro contra el suelo, había escuchado pasos caminando
apresuradamente y luego sintió como era alzado hasta quedar colgado en los
brazos de alguien. Un jalón en su estómago fue la única pista que le indicó que
alguien se lo había llevado con un traslador. Odiaba esa sensación que pasaba a
través de su cuerpo, haciéndolo sentir enfermo. Si esto duraba mucho podría
vomitar. Hmmm...ese era un buen pensamiento, podría distraerlos el tiempo
suficiente como para lograr escapar.
Sin embargo, antes que pudiera hacer nada el giro a su alrededor se detuvo.
Habían llegado a su destino.
La repentina vida que fluía nuevamente dentro de su cuerpo hizo que arremetiera,
haciendo que los que lo rodeaban maldijeran y se lanzaran sobre él. Una seca
orden “¡sujétenlo, maldita sea!” fue escuchada. Luchando por mirar hacia atrás,
Harry se encontró enfrentando a una persona que nunca esperó volver a ver.
Permaneciendo de pie sobre su cuerpo postrado, Severus Snape le sonrió. La
visión lo congeló. Sin embargo, lo que Severus tenía en sus manos fue lo que
hizo que Harry redoblara sus esfuerzos por escapar. Ásperas palabras dirigidas a
los que lo retenían hizo que apretaran su agarre. Arrodillándose para montarlo a
horcajadas, Snape colocó un collar de oro alrededor de su cuello.
-Shhh, no te preocupes. Es una precauciónn, eso es todo. Por tu seguridad- el
collar fue cerrado firmemente, mientras encima de él, las palabras susurradas le
aseguraban que no había forma de que pudiera aflojarse.
-Bastardo- gruñó Harry, sintiendo que un repentino letargo corría a través de
él. Sus miembros rehusaban funcionar. Un dedo fue colocado contra sus labios.
-¡Basta ya!- luego, dirigiéndose a las ottras personas presentes en la
habitación, ordenó-: ¡Váyanse!.
Las manos que lo sostenían se retiraron mientras las personas se alejaban. Harry
ni siquiera miró hacia la puerta que se cerraba tras ellos, dejándolo solo con
Snape.
Sentándose más completamente sobre Harry, Snape dejó que sus dedos se movieran
sobre los labios del hombre tendido, sus ojos entrecerrándose con placer.
-No tienes idea de cuánto he esperado unaa oportunidad para tenerte para mí,
¿verdad?- el tono era contemplativo, como si se dirigiera una pregunta a si
mismo. Sus ojos se aguzaron repentinamente, mirando al chico-. Demasiado.
Se inclinó hacia abajo, colocando las manos a ambos lados de la cabeza de Harry.
Éste pudo sentir la total longitud del ardiente cuerpo enterrándose en el
propio. Abriendo lo ojos, fu incapaz de hacer nada por evitarlo. Debió ser la
impresión de sentir el roce de unos labios contra los suyos lo que hizo que
abriera la boca. Seguramente no pudo haber deseado que Snape tomara ventaja
sobre su boca. El gemido que salió mientras unos labios se movían contra los
otros, y una lengua contra la otra, definitivamente no venía de él, ¿verdad?
Lo que no se podía negar era la mirada de suprema satisfacción en el rostro de
Snape mientras levantaba la cabeza para mirar a Harry. Sonriendo, se levantó y
se alejó, sentándose en un sofá cercano, permitiendo que Harry recuperara el
sentido.
-¿Sabes?, deberías levantarte. El suelo eestá frío.
Tembloroso, el joven se paró y, sin apartar la vista del hombre que estaba al
otro lado de la habitación, se sentó con cautela en una silla. Observó al hombre
frente a él, las manos alzadas, los dedos descansando contra los labios, como un
halcón.
Después que Voldemort finalmente murió a manos de Harry, el mundo mágico se
había llenado de júbilo. Los años de terror terminaron y todos estaban más que
dispuestos a colmar de elogios, y otros productos más tangibles, a los héroes
cuyos esfuerzos habían logrado que ello pasara.
Arthur Weasley había sido nombrado Ministro de Magia, y toda su familia se vio
beneficiada con su ascenso. Sirius había sido perdonado y celebró su matrimonio
con su amor desde niños, Remus Lupin. Hermione, Ron, Harry y Snape habían
recibido numerosas medallas y reconocimientos por su participación en el triunfo
de la guerra. Tenían todo el mundo a sus pies. Nada era demasiado bueno para
ellos. Hermione y Ron se habían convertido en aurores. Snape, sin embargo, había
regresado a Hogwarts, aduciendo que no deseaba nada. Harry, buscando paz y
tranquilidad, se había retirado a una pequeña villa en Kent. Tenía dinero más
que suficiente como para vivir cómodamente el resto de sus días. Cuando las
cosas se calmaran, decidiría lo que quería hacer.
Los años pasaron, la paz y prosperidad apenas perturbada por uno que otro hecho
extraño, pero la gente sacudía las cabezas, desestimándolos, seguros de que ya
nada podría hacerles daño. El demonio que los había angustiado se había ido.
Entonces, la gente empezó a desaparecer.
Los susurros furtivos empezaron a crecer, pasando de una persona a otra con
ligereza, creciendo más y más con cada vez que contaban. Viejos rumores
volvieron a aparecer. Rumores que abundaban sobre la idea del ascenso de un
nuevo Señor Oscuro que, cual ave Fénix, había resurgido de las cenizas del
anterior. De repente era como si los anteriores tiempos de paz hubieran sido
sólo un sueño, y la gente empezara a despertar para vivir una nueva pesadilla.
Las sospechas fueron en aumento y la gente empezó a guardar sus negocios bajo
fuertes cerraduras.
Las protecciones mágicas se vendían a una velocidad alarmante y el Ministerio
trataba de encontrar al enemigo, aparentemente inexistente, pero todavía
tangible.
Harry había seguido las noticias, poniéndose ocasionalmente en contacto con el
Ministerio para informarse de qué estaba pasando. En realidad no deseaba
involucrarse pero, con cada nuevo suceso, la oportunidad de que lo dejaran solo
se hacía más remota. Él ya había luchado su guerra, y la verdad, no quería
pasarse el resto de la vida peleando contra magos oscuros. Estaba dividido entre
el deseo de ayudar y el deseo de vivir su vida en paz.
Entonces, un año atrás, el asunto golpeó más cerca de casa. Después de que los
elfos domésticos dieran la alerta de que Severus Snape no había sido visto
durante varios días, se realizó una investigación en sus aposentos. Nada había
sido tocado, toda la ropa estaba en su lugar, los ingredientes de pociones
guardados, listos para ser usados. En conjunto, todo lucía como si él se hubiera
ausentado apenas unos minutos antes y regresaría en cualquier momento. Sin
embargo, las personas que habían sido enviadas a investigar, habían dicho la
tribunal que en las habitaciones había una sensación de vacío, como si la
persona que vivía en ellas ya no estuviera allí y no fuera a regresar jamás.
Se investigó profundamente, al fin y al cabo Snape era un héroe de guerra, pero
no se encontró nada. Simplemente había desaparecido en el aire.
A Harry no le agradaba Snape, pero lo respetaba. Su desaparición lo había
entristecido. Además, le impactaba, pues si alguien podía someter a un mago tan
poderoso como Snape, ¡podrían atacar a cualquiera! ¡Nadie estaba seguro! Esta no
era una comprensión agradable.
Las cosas se habían calmado ligeramente por un tiempo y entonces, unos seis
meses atrás, el desastre los había golpeado nuevamente. Ron desapareció mientras
realizaba una investigación de poca importancia.
Ahora frenético, Harry se había convertido en un elemento permanente en el
Ministerio. Pero fue inútil. Al igual que en las ocasiones anteriores, nada fue
descubierto.
En su dolor, Harry y Hermione se hicieron aún más cercanos. Alguien estaba
eliminando a los héroes, de uno en uno, y no estaban más cerca de descubrir al
culpable que al principio. Quienquiera que lo hubiera hecho era muy inteligente,
y había eliminado en primer lugar a la persona que tenía mayor capacidad para
ayudarlos. Snape, cualesquiera que fueran sus fallas, sabía un montón de cosas y
tenía una inteligencia aguda. Había sido la única persona en quien Harry
confiaba para resolver cualquier problema. Ahora los había dejado dando tumbos
en la oscuridad.
Todo esto daba vueltas en los recuerdos de Harry, interrogantes que golpeaban su
mente; pero la situación en que ahora se encontraba traía implícita su propia
respuesta. Si Snape todavía estaba vivo entonces...
-¿Dónde está Ron?
Snape sonrió.
-El señor Weasley está perfectamente bienn. Bastante contento, en realidad.
Podrás verlo más tarde.
Los ojos de Harry se estrecharon, las cosas empezaban a aclararse.
-¡Usted nunca dejó a los Mortífagos! ¡Toddo este tiempo jugó a ambos lados!
Cuando Voldemort cayó, todo lo que tuvo que hacer fue ocultarse y esperar su
momento, ¿cierto?
Una sonrisa complacida iluminó el rostro de Snape.
-Cuando quieres, puedes usar tu cerebro ppara algo más que calcular la puntuación
del Quidditch, ¿verdad? Sí, jugué a ambos lados. No pensarás que iba a ser tan
estúpido como para quemar todos mis puentes, ¿verdad? Cuando fue claro que
Voldemort estaba perdiendo, y perdiendo malamente, simplemente elegí el bando
ganador. ¡Y fui lo bastante inteligente como para alejar cualquier sospecha!
-¡Así que ahora se va a arrastrar alrededdor del próximo Señor Oscuro!- Harry
estaba lívido.
Snape simplemente inclinó la cabeza, parpadeó lentamente y la levantó. Cruzando
la habitación, se colocó frente a Harry, poniendo las manos en los brazos de la
silla. Acercándose hasta que su rostro quedó a apenas unas pulgadas del de
Harry, contestó:
-Voldemort era un medio para llegar a un fin. Estaba loco, pero era bastante
bueno para desviar la atención de lo que yo estaba haciendo- se acercó aún más,
haciendo que Harry se echara hacia atrás-. Y no, no me voy a arrastrar
alrededor. Me conoces desde hace ¿cuánto tiempo? ¡Y aún no te has dado cuenta
que no juego a la sombra de nadie!
Los ojos de Harry se abrieron de par en par, comprendiendo al fin. ¡Snape no
estaba tratando de lograr tanto poder como pudiera del próximo Señor Oscuro!
¡Snape *era* el próximo Señor Oscuro!
-Veo que ya te diste cuenta de lo que esttá pasando- musitó, levantando una mano
y corriendo sus dedos por el rostro de Harry-. Sólo esperé hasta que la
tempestad amainara y luego avancé y agarré. ¡Fue ridículamente fácil!
Se movió hacia la chimenea, inclinándose contra la repisa. Observaba con avidez
cada expresión en el rostro de Harry.
La profundidad y alcance de los planes de Snape dejó pasmado a Harry. ¡Debía
haber estado planeándolo por años! Desde antes que Voldemort cayera.
¡Probablemente desde antes que Harry naciera!
-¿Qué...?
-¿Qué planeo hacer ahora? O, más precisammente, ¿qué planeo hacer contigo?
Harry asintió, mudo por el descubrimiento.
Cruzando los brazos, Snape puso una expresión contemplativa, mirando hacia el
piso, como si debatiera sobre si compartir sus planes con Harry. Los hambrientos
ojos oscuros se alzaron, haciendo que Harry contuviera el aliento.
-En este momento, no tengo planes para ell mundo. Estoy completamente satisfecho
con lo que tengo. El debilitamiento de Voldemort era algo que había deseado
demasiado. Me contento con que las cosas lleguen a mí a su debido tiempo. En
cuanto a ti, ¿todavía no sospechas por qué estás aquí? ¿No? Entonces creo que se
amerita una demostración. ¡Ven aquí!
La última fue una orden suave, y Harry no tuvo más remedio que acercarse.
Parándose justo en frente de Snape, se turbó al notar la avariciosa expresión de
su rostro. El recuerdo del beso todavía estaba presente. ¡Tenía el sentimiento
perturbador de saber de que se trataría exactamente la demostración!
Moviéndose lentamente desde su posición, Snape se acercó hasta que todo su
cuerpo estaba presionado contra el de Harry. Deslizó una mano alrededor de su
nuca, manteniéndolo quieto, y pasó el otro brazo alrededor de su cintura.
-Desde el primer momento que te vi, nuncaa abandonaste mi mente- las palabras
fueron susurradas-. No, no de este modo- se explicó ante la molesta expresión de
Harry-. Puedo ser muchas cosas pero no soy un pedófilo. El deseo vino después.
Ahora las frentes estaban juntas y Harry no pudo evitar cerrar los ojos. ¿Qué
diablos pasaba con él? Los escalofríos corrían arriba y abajo por su espina. Se
derretía dentro del abrazo del otro hombre. ¿Dónde estaba su poder? ¿Por qué no
podía luchar?
-Eras tan joven y aún así tan poderoso. LLleno de vida. Ansioso por explorar todo
lo que te rodeaba. Sin temer en absoluto lo que te aguardaba- ahora los labios
presionaban suavemente contra los propios-. Te observé durante años, sabiendo
que, un día, serías mío. Cada pulgada de ti. Cada parte de ti. Corazón, cuerpo y
alma. Puede que sea algo que no quieras creer en este momento, pero todo es para
nuestro mutuo beneficio. Incluso esto- toco el collar que rodeaba el cuello de
Harry-. Aunque parezca otra cosa, es sólo para tu protección. Sí, restringe las
cosas que puedes hacer, pero sólo por el momento. Eres mi igual en esto, en
todo. No eres mi esclavo. ¡Debes creerlo, no importa lo que parezca justo ahora!
Más adelante, cuando estés más...cómodo con la situación, las restricciones
serán retiradas. ¡Sin embargo, por ahora, hay algo más que necesita ser hecho!
En ese momento Harry estaba siendo presionado contra la pared, la mano de Snape
moviéndose para acariciarlo sobre los pantalones. La sensación de esa mano sobre
su carne hinchada hizo que gimiera en voz alta, que era la señal que el hombre
estaba esperando para cerrar su boca completamente.
Los dientes mordisquearon sus labios, la lengua alivió la pequeña herida para
luego entrar plenamente en su boca, jugueteando con él. Lamiendo, chupando,
saboreando.
Largas y diestras manos se movieron bajo su ropa, apartándola hasta dejarlo
desnudo, para luego acariciarlo posesivamente.
Cómo llegaron a la habitación es algo que Harry nunca sabría pero la sensación
de las sábanas de satén bajo él lo hicieron saltar. Snape lo calmó, la boca
ocupada en su garganta, las manos moviéndose entre sus piernas. Harry miró
deslumbrado mientras el hombre mayor se alejaba momentáneamente, para retornar
pocos segundos después con un envase con lubricante en su mano.
Carne desnuda presionó sobre él. Besos calientes, húmedos, recorrieron su rostro
y cuello antes que la boca se aplastara sobre la suya, la ágil lengua pidiendo,
y ganando, la entrada.
Las manos se deslizaron sobre sus caderas y húmedos dedos lo sondearon con
gentileza, antes de moverse en su interior. La sensación de un dedo frotándolo
internamente hizo que jadeara y se arqueara hacia arriba, el movimiento haciendo
que rozara contra Snape. Un sonoro gemido contra sus labios fue la respuesta,
junto con la sensación de carne ardiente empujando contra sus muslos internos.
Dos dedos ahora. Dedos largos, delgados. Llegando tan adentro que Harry pensó
que pronto acariciarían su corazón.
Tres dedos y sus ojos rodaron sobre sus órbitas. No sabía cuanto tiempo podría
aguantar. Algo tendría que pasar eventualmente
La pérdida de esos maravillosos dedos hizo que se sintiera despojado. Aferrado
al otro hombre, todo lo que podía hacer era gemir con excitación, arqueando las
caderas hacia arriba, buscando alguna clase de contacto.
Las manos le urgieron a abrir las piernas y él, feliz, las enroscó alrededor de
la cintura delgada. La sensación de algo caliente y, oh, tan grande, presionando
contra su entrada, hizo que se rebelara. El movimiento hizo que el objeto
saltara a través de la banda de músculo distendido.
Sintiendo un repentino dolor, Harry se contrajo. Se suponía que no haría daño,
¿cierto?. Bajos murmullos contra su piel y la sensación de que Snape retrocedía
le dio la fuerza para relajarse. Mirándolo con ansiedad, Snape notó la
aceptación con alivio. Presionó un poco más adentro del ardiente cuerpo.
Lentamente. Muy lentamente. Los movimientos hacia atrás y hacia delante
aumentaban. Le tomó todo un minuto entras completamente en Harry.
Descansaron, fuertemente abrazados uno al otro, sin estar dispuestos a moverse y
que todo terminara demasiado rápido.
Sin embargo, esto no podía durar y Snape comenzó a moverse. No podía creer que
al fin tuviera a Harry donde deseaba. En su cama, en sus brazos y moviéndose tan
sensualmente contra él. Aceptando todo lo que le podía dar y exigiendo aún más.
Bajando la cabeza para descansar contra un hombro húmedo, se movió aún más
rápido. ¡Dios, era tan estrecho! La sensación semejante a paredes de satén
rodeándolo, hizo que estuviera a punto de perder el control.
Harry estaba en el cielo. Nunca antes se había sentido así. Esta maravillosa
sensación de plenitud que lo invadía una y otra vez. Esto era completamente
distinto a sus otros encuentros. Mientras antes él había sido el agresor, el que
daba placer, esta vez lo estaba recibiendo. Todo lo que tenía que hacer era
aceptarlo y la recompensa sería múltiple.
La oscuridad se hizo añicos. Luces brillantes salieron detrás de sus párpados.
Todo su cuerpo se estremeció y se arqueó, cada músculo en tensión. Una boca
caliente se abrió contra su cuello, besando desesperadamente, procurando la
culminación.
Harry tembló ante la cálida sensación que fluía dentro de él. Sus nervios
estaban sensibilizados y el movimiento en su interior sólo lo empeoró, haciendo
que su propio orgasmo lo pillara desprevenido. La sensación fue demasiado fuerte
y la oscuridad lo abrumó.
Lentamente, Snape dejó de moverse. No deseaba tener que dejar esa cama nunca.
Levantando la cabeza, notó que Harry estaba muerto para el mundo. Una sonrisa
satisfecha embelleció su rostro. Un trabajo bien hecho. Murmurando un rápido
hechizo se deshizo de los restos, rodeó con sus brazos a su amante y cerró los
ojos.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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