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Capítulo I
¿Cómo había llegado a esto?
El hombre miró a través de la ventana, conmovido ante la ilusión de libertad.
Suspirando, corrió los dedos de una mano a través de su cabello demasiado largo,
usando la otra para correr las cortinas antes de inclinarse aún más sobre el
alfeizar. Sus dedos se deslizaron hacia el collar alrededor de su cuello.
Ignoró con firmeza el crujido de sábanas detrás de él y las suaves pisadas. Todo
lo que había querido en su vida lo había conseguido. Riqueza, estatus, el
respeto de sus compañeros. La diminuta queja de que estaba solo había sido
firmemente descartada.
Luego, apenas poco tiempo atrás, luego de una vida esforzándose por ser mejor de
lo que las circunstancias le permitían, se convirtió en nada más que la sombra
de otro, una persona más poderosa y carismática, que había venido repentinamente
a terminar con todo y reducirlo al simple papel de un juguete. Cerró firmemente
los ojos ante este pensamiento.
Los brazos que rodearon su cintura lo hicieron contraerse, luego se relajó. Un
estallido de auto-odio corrió a través de él. No podía evitar su reacción, era
algo automático, pero eso no evitaba que un escalofrío lo recorriera cuando unos
labios se cerraron a un lado de su cuello, justo arriba del collar. Unas manos
fueron a descansar sobre su abdomen, acariciándolo suavemente.
Doblando su cuello, permitió a la otra persona un mejor acceso y no pudo evitar
que escapara un tenue gemido. No opuso resistencia mientras era empujado a
través del salón, rumbo la cama.
Unos cálidos dedos se movieron suavemente sobre su piel, acomodando sus
extremidades. Labios presionando aquí y allí, dejando húmedas impresiones
detrás.
Con las manos retorciendo las sábanas de seda, el hombre jadeó y se arqueó
mientras era envuelto por una boca húmeda y caliente. Las manos acariciadoras
vinieron a descansar sobre sus caderas, los pulgares acariciando la piel justo
arriba del hueso, presionando hacia abajo con firmeza. Lengua y dientes
jugueteando, haciéndolo temblar. Una mano se movió hacia su muslo, acariciando
la suave piel de su interior, antes de moverse hacia arriba, hacia su meta.
El hombre gimió ante la repentina perdida de sensación y el sentimiento del otro
hombre alejándose ligeramente, con la intención de rebuscar en el cajón de la
mesilla de noche. Hubo una ligera pausa, y luego gimió, al sentir como un dedo
se deslizaba en su interior. Moviéndose lentamente, lo estiró antes de
retirarse, sólo para regresar con un amigo. La boca sobre él nunca dejó de
moverse. Los dedos frotaron firmemente en el punto de placer en su interior,
haciéndole gritar y perder el control completamente. Se escuchó un ronroneo
satisfecho mientras la hambrienta boca se aseguraba de no perder ni una gota
Los ojos del hombre se cerraron fuertemente, su cabeza se inclinó a un lado.
Podía sentir como los dedos acariciaban su pelo, mientras la figura encima suyo
se movía lentamente hacia arriba. Los labios succionaron brevemente, primero un
pezón y luego el otro, antes de moverse suavemente hasta el punto de unión entre
el cuello y el hombro.
Las manos se deslizaron bajo sus caderas elevándolas, la figura se deslizó entre
sus piernas abiertas. Lo dedos se retiraron, sólo para ser reemplazados por algo
más largo y duro. La sensación de el otro hombre deslizándose lentamente en su
interior hizo que se mordiera un labio, haciéndolo sangrar.
-Tranquilo, no te hieras a ti mismo. Aquíí, déjame hacerlo.
Una suave lengua lamió sus labios, chupando la sangre, luego se deslizó dentro
de su boca. Un brazo se deslizó alrededor de sus caderas y otro rodeó sus
hombros, hasta que la mano se deslizó por su cabello, abrazándolo para
estabilizarlo.
Levantando la cabeza un escaso milímetro, el otro hombre jadeó.
-Mírame. Abre esos hermosos ojos- los ojoos se abrieron lentamente, con la mirada
perdida-. Sé que te sientes atrapado aquí, retenido contra tu voluntad, pero yo
nunca te haría daño. Y nunca dejará que nadie más te hiera. Ahora eres mío. Mi
consorte. Mi amante. Mi compañero
Un ligero beso fue depositado en los hinchados labios.
-Las reglas están para tu protección. Sé que son severas pero debo insistir en
que las obedezcas- otro beso-. Sé que odias esto y las restricciones que
implica- un dedo tocó el collar alrededor del cuello del hombre- y prometo que
te lo quitaré. ¡Pero no todavía! ¡No hasta que estés más acostumbrado al modo en
que las cosas serán a partir de ahora!- otro beso.
Las caderas se estaban moviendo lentamente, haciendo que el hombre siseara con
placer y se arqueara, brazos y piernas tejidos alrededor del otro.
-Tan hermoso. Tan suave. Tan ardiente. Taan mío. Todo mío.
Las palabras eran enfatizadas con profundos y húmedos besos que drogaban al
hombre, acaparando sus sentidos. Todo lo que podía hacer era aferrar la cabeza
del otro hombre, sujetándola, deteniendo las palabras.
°°°°°°°
Un fuerte toque en la puerta despertó a Albus de un sueño profundo y agotado.
Murmurando para si mismo, juró que era mejor que la persona que se encontraba al
otro lado de la puerta tuviera un buen motivo o pronto estaría al final de una
maldición muy desagradable.
Lanzándose a abrir la puerta, se enfrentó con la visión de un frenético Sirius
Black.
-¡Harry se fue!
Albus apenas fue capaz de llegar a una silla antes de derrumbarse con
incredulidad. ¿Oh Dios, acaso las cosas podrían empeorar? Temblando, hundió la
cabeza entre las manos.
°°°°°°°°
Despertar fue una experiencia extraña. Desenroscándose de alrededor de la
almohada, Harry se desperezó lánguidamente antes de envararse ante el repentino
dolor que irradiaba la parte inferior de su cuerpo. Frunciendo el ceño, frotó la
ofendida área, preguntándose si se había estirado algún músculo.
Abrió los ojos perezosamente, parpadeando para alejar el sueño. Lo que vio, sin
embargo, hizo que se irguiera, ignorando los dolores. ¡Esa no era su habitación!
¡Y ésta definitivamente no era su cama! Sábanas de satén de colores verde y
negro profundo se deslizaban sobre él, repitiendo el esquema de color de la
habitación, y las aferró contra él cuando se dio cuenta que estaba desnudo.
“Que demonios……”
Una puerta abriéndose hizo que saltara y retrocediera, presionando contra la
cabecera de la cama, protegiéndose de lo que se revelaba frente a él.
La visión de Severus Snape, vestido sólo con un salto de cama de seda negra, el
cabello sobre la cara, hizo que todo regresara.
Con el rostro pálido por el recuerdo, Harry aferró el delgado collar dorado que
rodeaba su cuello. Luego de cerrar la puerta tras él, Snape se inclinó contra
ella, una expresión de evaluación cruzando sus facciones.
Luego de cruzar lentamente la habitación, se sentó en el borde de la cama, sus
labios moviéndose ligeramente mientras Harry intentaba de tirar de las sábanas
aún más arriba.
-Vamos, la modestia no te queda bien. Desspués de todo, ya he visto todo lo que
tienes que mostrar- hizo una pausa, sonriendo con la más pura satisfacción-, y
debo decir que todo es verdaderamente encantador.
Al ver que Harry se había quedado sin palabras, Snape hizo un gesto.
-Te traje el desayuno. Después de nuestroos......esfuerzos....la pasada noche, te
sentaría bien.
No deseando mirar la sonriente figura que se inclinaba desde el fondo de la
cama, Harry lanzó una mirada a la, ahora obvia, bandeja flotante que había
entrado a la habitación detrás de Snape. Un gesto del hombre, y la bandeja se
posó sobre las sábanas, justo frente a él.
Harry tragó el nudo que tenía en la garganta, sabiendo que probablemente
vomitaría si trataba de comer algo.
-No tengo hambre- aseveración que probó sser falsa por los ruidos que hacía su
estómago ante los olores que el aire llevaba hasta él.
-¿No?- Snape se movió hacia la cabecera dde la cama-. Esto dice algo diferente-
hizo un gesto hacia el estómago de Harry-. Que te mates de hambre no es
recomendable. Si no quieres comer por voluntad propia, tendremos que intentar un
método diferente- hizo una pausa y su cabeza se inclinó hacia un lado-. Sabes
que puedo hacer lo que sea necesario para lograrlo.
Harry recordó poderosamente la noche anterior, y la total y completa falta de
control que había tenido. Snape apenas había posado una mano sobre él y había
cumplido completamente hasta su último capricho. Temblando ligeramente, tratando
de luchar contra la náusea, extendió la mano y tomó lo que le parecía menos
repugnante de la bandeja. Una tostada. La mordisqueó lentamente, sin apartar los
ojos del hombre en ningún momento.
La expresión de auto-satisfacción del hombre no cambió mientras se incorporaba
lentamente y alcanzaba una rebanada de toronja. Esta goteó en su mano mientras
la deslizaba hasta su boca. Harry no podía apartar la mirada de la porción de
fruta que era devorada lentamente, ni de los dedos que fueron lamidos uno a uno.
A él llegaron vívidos recuerdos de esa boca sobre su cuerpo y de lo que esos
largos y delgados dedos podían hacer. Snape esperó hasta que Harry terminó la
tostada, picando ocasionalmente algunas exquisiteces de la bandeja, antes de
estirar nuevamente el brazo y asir una pequeña botella colocada en la mesilla de
noche.
-Ahora, bebe esto- le dijo, ofreciéndosella.
Harry miró la botella con sospecha.
-¿Qué es?
-Resoplando, Snape se recostó, sacudiendoo la cabeza con irritación.
-¡No es veneno! ¿Crees que habría pasado por tantos problemas para traerte aquí
sólo para deshacerme de ti?
Harry sacudió la cabeza. Sabía que no era veneno, pero no quería beber la
poción. Conociendo a Snape, estaba consciente de que, si el hombre hubiera
querido matarlo, lo hubiera podido hacer hace años. Sin embargo, también estaba
consciente de que Snape era lo bastante amoral como para tratar de
proporcionarle algo aún más siniestro.
Ligeramente apaciguado, Snape continuó:
-Es un analgésico- sonrió ligeramente-. EEn este momento debes estar bastante
adolorido.
Harry sintió como toda su piel se encendía con el rubor, haciendo que la sonrisa
satisfecha de Snape se profundizara aún más. Era mejor no pensar mucho sobre
eso. Pero las necesidades deben......
Extendió el brazo y arrancó la botella de la mano de Snape, asegurándose de no
tocar su piel, antes de tomarla de un trago. Un maravilloso adormecimiento giró
a través de su cuerpo, y el dolor desapareció por completo.
-Una de las cosas maravillosas de esta pooción es que puede ser usada tanto
interna como tópicamente- comentó Snape, antes de agregar en voz baja-. Pero no
creo que estés totalmente dispuesto a reclinarte boca abajo y dejar que yo te la
administre. Al menos, no todavía.
Harry enrojeció aún más profundamente ante el pensamiento de Snape inclinado
sobre él, frotando la poción sobre y dentro de sus áreas doloridas.
-Gracias- dijo Harry quedamente. Nunca haacía daño ser cortés. A veces las
palabras eran armas más poderosas que la magia.
Severus desestimó su agradecimiento.
-Es para beneficio de ambos. No estoy intteresado en tomar a nadie que no esté
cien por ciento dispuesto y capaz. Quiero escucharte gritando de placer, no de
dolor.
Harry tragó, una vez más, pensando que no podía ruborizarse más aunque lo
intentara. Se estaba convirtiendo en un hábito. No se sentía cómodo con que su
antiguo Profesor de Pociones le hiciera *sugestivos* comentarios. Las cosas
tenían más sentido cuando era manifiestamente repugnante.
-¿Terminaste?- Harry asintió-. Entonces ccreo que lo que procede ahora es un
baño. Las cosas estuvieron muy.....pegajosas......anoche y a mí también me
vendría bien. Levantándose, el hombre rodeó la cama, extendiendo su mano para
que Harry la tomara. Sin embargo, ese gesto hizo que tratara de alejarse aún
más. ¡Incluso la cabecera y el otro lado de la pared estarían bien!
Dando un irritado suspiro, Snape dejó caer su mano y se movió hacia una silla
cercana. Tomó una túnica de cama de seda verde y regresó, sosteniéndolo por los
hombros para que Harry pudiera meter sus manos en él.
-¿Esto está mejor?
Al ver que Harry lanzaba miradas tanto hacia la túnica como hacia él, agregó:
-¡No miraré! ¡Lo prometo!- los negros ojoos se pusieron en blanco y luego se
cerraron, una expresión de indulgencia en el rostro
Harry calculó la distancia hasta la puerta, pero sabía que no conseguiría ir muy
lejos. Mordiéndose el labio, regresó la mirada a Snape. Luego, se deslizó fuera
de las sábanas que lo cubrían, sosteniéndolas un último segundo, antes de
lanzarse a través la habitación y dentro de la túnica.
Unos brazos lo rodearon, atrapándolo contra un cuerpo duro. Se sintió
repentinamente dócil, derritiéndose cual mantequilla. Maldito collar. ¡Le
permitía a Snape hacerle todo lo que quisiera y no podía luchar contra él en
absoluto!
Los labios acariciaron un lado de su cuello, haciéndolo estremecer.
-No hay necesidad de ser tan tímido. Aquíí no hay nadie más que tú y yo. Tienes
un cuerpo hermoso, uno que debería ser mostrado- lo último lo dijo justo en su
oído, mordisqueando su lóbulo.
Las manos ataron el cinturón, dándole vuelta, antes de deslizarse hasta sus
hombros.
-Sin embargo no te preocupes. Soy muy celloso con lo que me pertenece y no dejaré
que nadie más te vea así.
Harry se preguntó si esto debía ser tranquilizante.
Tomando su mano, Snape lo condujo hasta la sala de baño.
°°°°°°°°°°
Ser bañado por otro era una experiencia inusual. Algo que nunca antes le había
pasado. Siempre se había lavado a si mismo, aún cuando era un niño pequeño. A
tía Petunia no le gustaba tocarlo más allá de lo necesario.
Ahora, sin embargo, otras manos estaban sobre él. Deslizándose, acariciando,
frotándole jabón con una fina espuma antes de quitársela suavemente.
Snape lo había conducido al baño. Era una habitación grande, aireada, con una
bañera a nivel del piso en el centro del cuarto. Era muy decadente, con montones
de aplicaciones de mármol negro y oro.
Todavía en su estado pasivo, Harry apenas había murmurado mientras Snape le
quitaba la túnica, sus manos frotando posesivamente su cuerpo, antes de
sumergirlo en el agua caliente. Luego había parecido bastante contento de lavar
al joven con gentileza. Harry pensaba que nunca antes había visto esa expresión
en el rostro de Snape. Una especie de mirada contemplativa, la mirada que se
obtenía al admirar una pieza de arte.
Después de unos diez minutos Snape había murmurado algo para si mismo y se
desnudó rápidamente, deslizándose también en el agua, con la intención de ganar
un mayor acceso al cuerpo de Harry.
El joven estaba ahora sentado al frente de Snape, recostado contra su pecho,
acurrucado entre sus piernas, mientras el hombre corría sus manos acariciadoras
sobre cada pulgada de su cuerpo. Una boca húmeda estaba besando su hombro. Harry
inclinó la cabeza hacia atrás, la boca abierta, jadeando pesadamente.
En medio de los besos, una voz dulce le decía cuan hermoso era, cuan suave era
su piel, cómo se sentía, lo que sus gemidos estaban haciendo al hombre detrás de
él. Harry luchaba por no perder la batalla. Podía sentir como se estremecía ante
esa voz. Haciendo todo lo que deseaba. Una combinación de dedos acariciando sus
pezones, una mano enroscada alrededor de su tensa carne y una boca que se abría
sobre la suya, fue todo lo que necesitó para llevarlo al límite. El repentino
orgasmo fue tan intenso y lo dejó tan aletargado, que apenas notó cuando lo
sacaba del baño, de regreso a su habitación, y lo acostaba en la cama.
Las manos y la boca hicieron que se despertara ligeramente, pero no parecía
capaz de rasguñar la suficiente energía como para abrir los ojos, o tomar parte
activa en lo que estaba pasando. Gimiendo, simplemente se dejó caer, sintiendo
como unos largos dedos lo preparaban con cuidado antes que un fuerte y enjuto
cuerpo se moviera sobre y dentro de él.
La larga y lenta oscilación le hizo gemir, y la presión contra su punto de
placer hizo que se arqueara y siseara ligeramente. El exquisito tormento sólo
termino cuando el movimiento en su interior se aceleró y sintió la repentina
sensación caliente fluyendo en su interior. Esto provocó su segundo, y más
sedentario, orgasmo de la mañana, sus entrañas apretando, haciendo que el hombre
que lo penetraba gimiera con placer.
Aferrado en un apretado abrazo, cayó dormido, soñando en la noche anterior y las
circunstancias que hicieron que su mundo cambiara.
¸¸,ø¤º°º¤ø
°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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