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Capítulo 23: Por fin Navidad
Era Nochebuena. Draco estaba en el baño preparándose para dormir, y Harry
acostado en la cama, inseguro sobre cómo comenzar lo que deseaba hacer. Faltaba
menos de una hora para Navidad......y él ya había planeado lo que quería darle a
Draco, pero dudaba de cómo hacerlo. No quería que Draco pensara que se burlaba
de él.
Mordiéndose el labio, jaló las mantas sobre su tembloroso cuerpo; sus ojos se
fijaron en la puerta que su pareja atravesaría pronto, para regresar a la cama.
Menos de cinco minutos después, tal como Harry había predicho, Draco reapareció,
su pálido cabello rubio brillando bajo la tenue luz de las velas, casi como
trigo bañado por la luz de la luna.
No había sentido temor de la presencia física de Draco desde el incidente de la
casi violación, pues sabía que el rubio nunca lo tocaría nuevamente de esa
forma. Narcissa lo había impulsado a dañarlo al sembrar la semilla de la duda en
la mente del Veela. Harry sólo temía no satisfacer a Draco.
Observó mientras Draco cepillaba su cabello cuidadosamente antes de dirigirse a
la cama, sonriéndole. Cerró los ojos mientras el Veela apartaba las sábanas,
observando un brusco jadeo y luego un repentino silencio. El corazón le golpeaba
salvajemente, y sin saber qué esperar abrió los ojos.
Draco seguía allí parado, su mano todavía aferrada a las sábanas, los nudillos
blancos. Sus ojos se posaron sobre Harry, corriendo arriba y abajo por su cuerpo
desnudo. Era claro que el rubio era incapaz de apartar la mirada, y Harry
tembló, sabiendo que su pareja lo quería sinceramente. El deseo era evidente en
su rostro, pero el Gryffindor no sintió temor. Sabía que Draco no iría más allá
de donde él quisiera ir.
-¿Harry?- le preguntó Draco, su voz ásperaa, sus ojos todavía asombrados ante el
cuerpo desnudo del moreno, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.
-Yo...
Harry se congeló, sin saber cómo llevar sus pensamientos a palabras. No estaba
acostumbrado a ser el que instigara tales situaciones. Siempre había sido Draco,
enseñándole cómo hacerlo, tocándolo primero y animándolo a que siguiera.
-Deberías… mejor deberías ir y… ponerte allgo de ropa…- susurró Draco, sus ojos,
abiertos y oscurecidos por el deseo, yendo hacia la parte baja del estómago de
Harry, pero obligándose a no perder el control, maldiciendo en silencio a su
sangre Veela y sin desear volver a lastimar a su pareja.
Harry sacudió la cabeza con firmeza. Deseaba hacer esto. Deseaba probarse a si
mismo que podía hacerlo. Deseaba que Draco supiera que no lo abandonaría, y
estaba determinado a entregarle su virginidad. Deseaba demostrarle su amor
físicamente... no deseaba la penetración, eso lo dejaría para su noche de bodas,
pero había otras cosas que podían hacer.
-No... pienso que podríamos... ya sabes.... no sexo pero...
La confusión inundó el rostro de Draco, sólo para ser reemplazada, segundos más
tarde, por el asombro. Los ojos del rubio buscaron cualquier evidencia de
reticencia en el rostro de su pareja, pero sólo encontraron sinceridad y anhelo.
Todavía dudaba, pues no deseaba asustar a Harry o recordarle la última vez que
lo había visto desnudo. Ese pensamiento todavía le atormentaba.
-¿Estás seguro?- preguntó con voz tembloroosa.
-Sí.
La firmeza en la voz de Harry animó a Draco a tomar el control. Se deslizó sobre
la cama, mirando el cuerpo de su pareja como si temiera tocarlo. Harry se
estremeció incómodo, sin saber si al rubio le gustaba su cuerpo... Draco lo
había visto así antes, pero la situación era diferente. Ahora se lo estaba
permitiendo, y el modo en que lo estaba mirando hizo que se sintiera incómodo.
No podía comprender las emociones en el rostro del Veela.
-¿Está todo bien? ¿Quiero decir... estoy....? O...
-¡NO! Eres... perfecto... tan perfecto...-- siseó Draco con fiereza, sus ojos
brillando, mirando directamente a las pupilas verdes de Harry, deseando que
supiera que en verdad creía lo que estaba diciendo, porque era verdad. Harry era
extremada e impresionantemente hermoso.
El moreno se ruborizó, claramente incrédulo ante el elogio. Draco recordó que
siempre aparentaba estar semi-consciente de su propia apariencia, y frunció el
ceño. Luchó contra el enojo que renacía hacia los parientes Muggles de su chico,
sabiendo que su comportamiento lo había reducido a esa falta de auto estima. Si
algún día los encontraba, no sobrevivirían intactos a esa reunión, de eso estaba
seguro.
-Extremadamente perfecto...- repitió Dracoo, levantando una mano para colocarla
en el muslo de Harry, tocándolo vacilante. Temía que ese toque trajera malos
recuerdos de la otra noche, y no quería apurar al moreno. Deseaba ser gentil.
Harry suspiro, pues sabía el por qué Draco se estaba comportando de esa manera y
no quería que lo hiciera. ¡Por Merlín, no se iba a romper porque Draco respirara
sobre él! ¡Había sobrevivido innumerables veces a Voldemort sólo con ligeras
heridas!
-Puedes tocarme- lo animó.
-No quiero perder el control- admitió Dracco, elevando sus ojos plateados para
mirar fijamente a Harry.
-¡Yo no sé qué hacer!- gritó Harry con fruustración.
No tenía experiencia en ese asunto, ni con chicos ni con chicas. Siempre que
habían tenido algún tipo de acercamiento, había dejado que Draco lo guiara, pera
al parecer el Veela quería que él iniciara la relación esta vez. Harry odiaba su
ingenuidad, deseando tener alguna idea sobre qué hacer.
Draco sonrió repentinamente, divertido por la frustración de Harry, y lo amó aún
más por su falta de experiencia. Para el Veela, no había nada más especial que
el conocimiento de que sería la única persona que tocaría a su pareja de esa
manera.
-Entonces tendré que enseñarte.
Antes que Draco pudiera tocarlo, se alejó con el ceño fruncido. De repente había
tomado conciencia de que no sabía nada sobre sus pasadas relaciones, pues sabía
que el Veela había tenido sexo antes. Había escuchado rumores sobre el
comportamiento de Draco, y de cómo se acostaba con las chicas y chicos sin
preocuparse después por los sentimientos de sus parejas. Había visto a varias
chicas llorando después de una noche con Draco Malfoy.
-¿A quién has enseñado?
Draco parpadeó, inseguro sobre como responder a esa pregunta. Sabía lo que Harry
estaba preguntando. Su pareja quería saber si había tenido verdaderas
experiencias y con quien. Estaba preguntando sobre su pasado amoroso.
-Varias personas- confesó finalmente.
Harry tragó, pero no dijo nada. Deseaba saber y al mismo tiempo deseaba
permanecer ignorante. Sabía que era una chiquillada, y que sería un milagro que
al menos uno de ellos hubiera entrado en su cama sin ser tocado, pero le hacía
daño saber que Draco había estado antes con otros.
-Blaise Zabini fue el primero. Yo estaba ttomado...- la voz de Dracó se fue
apagando.
-¿Cuántos?
-Hmmm, casi todos los Slytherins de sexto y séptimo... quizás uno o dos de
Ravenclaw...- Draco calló, repentinamente mortificado por su comportamiento
previo.
Los Malfoys siempre habían sido animados a tener experiencias sexuales. Era un
signo de madurez, pero sabía que Harry no lo entendería. Suspiró suavemente,
sabiendo que el otro chico se sentía herido y entendiendo el por qué. Ahora se
arrepentía profundamente por su comportamiento. Deseaba poder regresar el tiempo
y ser capaz de entregar su virginidad a Harry. Su padre le había mencionado,
antes de entrar a Hogwarts, que era su decisión a quien llevaba a su cama. En
ese tiempo, Draco había captado la tácita advertencia, pero la había
desestimado. Ahora sabía que Lucius estaba recordándole su herencia Veela y el
modo en que el Veela podía llegar a arrepentirse de tales acciones.
-Oh...
Harry le arrebató las sábanas a Draco, enrollándolas sobre su cuerpo, lejos de
los ojos fisgones del rubio. Se sentía repentinamente frío. Era virgen… no sabía
cómo complacer a Draco... ¿que esperaría su pareja de él? Repentinamente sintió
miedo... miedo de ser comparado con cualquiera de los amantes anteriores del
Veela.
-Ellos no significaron nada, Harry. Sólo ffue lujuria adolescente normal. Nunca
me preocupé por ellos...- trató de explicar, con desesperación, sabiendo que
podía perder a Harry de nuevo. Sabía que no sobreviviría otra pelea. Su pareja
era todo su mundo.
Harry no habló, sus ojos evitaban los de Draco, los párpados cerrados ocultaban
las esmeraldas de la vista. El Veela luchó contra la urgencia de gritar de
frustración. Deberían haber conversado esto antes. Sabía que Harry se lo
preguntaría en algún momento, pero no pensó que esto haría que se odiara a si
mismo del modo en que lo hacía. De repente comprendió cuan especial era la
inocencia de Harry, y que si él se hubiera sentido celoso de cualquier antiguo
amante de su pareja, no digamos amantes, ¿cómo se debería estar sintiendo su
chico?
-Ellos nunca podrían compararse contigo. TTú eres todo... tan bello...
perfecto... no es sólo sexo, Harry. Yo te haré el amor- susurró, observando al
otro cuidadosamente mientras deslizaba una mano bajo las sábanas para tocar su
espalda desnuda.
Harry levantó la vista hacia él, los verdes ojos muy abiertos. Las palabras de
Draco, suavemente susurradas, lo confortaban, pero el miedo de ser incapaz de
satisfacerlo del mismo modo que sus anteriores amantes persistía. Frunció el
ceño. Deseaba complacer a Draco.
-Pero no sé qué hacer, no sé cómo tocarte....
-Sólo deja que yo te toque, es todo lo quee deseo. Confía en mí, ya verás...-
suplicó el Veela.
Harry asintió, permitiendo que Draco retirara las sábanas de su cuerpo, y
envolvió los brazos alrededor de su pecho, más nervioso de lo que hubiera estado
jamás. Tembló mientras sentía el aire frío sobre su piel, elevando los nerviosos
ojos verdes para fijarlos en el rubio, las pupilas dilatadas.
-Pronto entrarás en calor- le prometió Draaco, la voz suavizada con paciencia y
comprensión.
Había tenido varios vírgenes en su cama, pero nunca se había preocupado por
complacerlos. Oh, lo había hecho, los Malfoy sabían como proporcionar placer
durante el sexo, era una cuestión de orgullo, pero deseaba que esto fuera
especial, por Harry. Deseaba que su pareja supiera que el sexo era algo especial
y que nunca lo volvería a dañar.
Harry lo miró con cautela mientras se quitaba la ropa, revelando su cuerpo
musculoso, bajando los ojos cuando la última prenda cayó al piso. Draco pronto
estaba de regreso en la cama, acomodando a Harry sobre su espalda. Observó
mientras el moreno se relajaba, antes de besar su pecho amorosamente.
-¿Dónde quieres que te toque?- le preguntóó, deseando que la noche le
perteneciera sólo a Harry.
Los ojos del moreno se abrieron con sorpresa, evidentemente no esperaba esa
pregunta. Draco rió levemente, las yemas de sus dedos frotando ligeramente la
barbilla de su pareja, mirándolo con cautela, anhelando una respuesta. Quería
hacer lo que Harry deseara que hiciera.
-¿Qué?
-¿Aquí?- murmuró el rubio, corriendo una mmano sobre el pecho de Harry, tocando
sus pezones brevemente, juguetonamente.
El Gryffindor jadeó y Draco sintió su propio deseo crecer. Dudaba que alguna vez
hubiera tenido un compañero tan sensitivo como Harry. Con el más ligero y breve
de los toques, su chico gemía y lanzaba suaves y breves susurros que lo
enloquecían. Los ruidos que emitía su compañero eran suficientes para satisfacer
al Veela, quien lo amaba por mucho más que su simple apariencia física. Lo amaba
apasionadamente, por su fuerte y voluntarioso espíritu.
-¿Aquí?- la mano de Draco bajó aún más, trrazando el suave botón del vientre, y
acariciando el oscuro camino de pelo que conducía hacia su ingle, sintiendo como
los músculos del otro temblaban ante su toque.
Gimiendo, Harry se retorció, arqueándose más cerca de la juguetona mano. Deseaba
animar a Draco a que fuera más allá, lograr que el Veela lo tocara de manera
apropiada, pero al parecer Draco estaba de humor para bromear con su compañero
sin piedad.
-¿O aquí?
La mano de Draco descendió, justo a donde Harry deseaba ser tocado y donde Draco
deseaba tocarlo con más ansia. Observó como los ojos de Harry se abrían de par
en par y busco un posible temor, más afortunadamente sólo encontró amor y deseo.
-¡Oh!- gritó Harry, arqueándose ante su tooque.
-¿Estás seguro?- siguió bromeando Draco, ddisminuyendo su toque apenas lo
suficiente como para llevar a Harry a la locura por la necesidad. Estaba
complacido con la reacción de su pareja, sabiendo que era la primera persona,
aparte del mismo Harry, que lo había tocado allí.
-¡Merlín! Draco…..por favor…..¡Oh!
El grito de Harry fue silenciado por la insistente boca de Draco, sus lenguas
entrelazadas en el ahora familiar baile mientras el moreno enroscaba sus brazos
alrededor de los hombros desnudos del Veela, urgiéndolo para que se acercara aún
más, los ojos cerrados con placer. Gimió cuando el rubio mordisqueó su labio
inferior.
-Te amo- murmuró.
-Yo también te amo- replicó Draco, su voz ronca por el placer, los ojos
plateados llenos con tanta admiración y amor que hicieron que el corazón de
Harry doliera. El moreno sonrió y se rindió a otro ansioso beso, sabiendo que
amaría a Draco hasta el día de su muerte, y que había tomado la decisión
correcta.
°°°°°°°
La siguiente mañana, Harry despertó sintiéndose cálido y seguro. Distraídamente,
se preguntó por qué se sentía tan contento, y se acurrucó más cerca del cálido
cuerpo que lo abrazaba protectoramente. Mientras sentía los brazos de Draco
enroscados alrededor de su cintura, los dedos rozando contra la piel desnuda
debajo del estómago, enrojeció salvajemente, mientras vívidos recuerdos de la
noche anterior regresaban a él.
No podía creer cuan apasionado había sido todo. Draco lo había atormentado
completamente, deteniendo su liberación hasta que su cuerpo ya no pudo
resistirlo, y le había suplicado al Veela que pusiese fin a su tormento. Había
sido la noche más asombrosa de su vida. Nunca pensó que el sexo pudiese ser así.
Oh, había escuchado las conversaciones de los otros Gryffindors, pero siempre
había creído que, en su mayoría, eran fantasías.
Apenas había tocado a Draco. Al principio había deseado hacerlo, moviendo sus
manos vacilantes sobre la suave piel del rubio, pero pronto tomó conciencia de
que el Veela sólo quería tocarlo... y se limitó a aferrarse a su pareja,
enterrando el rostro en su pecho, presionando suaves besos en la dulce piel
humedecida, murmurando palabras de cariño.
Más tarde, Draco lo había besado, tocado y acariciado hasta que había quedado
dormido, completamente agotado, murmurando entre sueños ‘te amo’, lo que el
Veela había contestado con alegría, acurrucándolo contra él, y cubriendo con las
sábanas sus cuerpos que se enfriaban rápidamente.
-Buenos días, amor- murmuró Draco con voz ronca.
Harry se retorció sobre si mismo hasta enfrentar a su pareja, sus cuerpos
presionando uno contra el otro. Al darse cuenta de esto, Harry se ruborizó,
recordando que ambos estaban desnudos, pero no protestó cuando Draco lo atrajo
más cerca con una pícara sonrisa, los ojos plateados brillando con amor y
afecto.
-Hmmm....creo que hoy vamos a quedarnos enn la cama- sugirió el rubio con un
guiño.
Harry sacudió la cabeza, riendo, sabiendo que debería haber esperado algo así.
Una sonrisa persistió en sus labios mientras acariciaba la suave piel de la nuca
de Draco, los ojos verdes llenos de amor mientras se hundían en los de plata
pulida.
-Gracias, Draco- murmuró suavemente.
-¿Por qué?- interrogó el otro, confundido..
-Por ser tan cuidadoso conmigo- Harry sonrrió, presionando un beso sobre el pecho
del Veela.
-No, gracias a ti por dejarme tocarte- conntestó Draco con seriedad, sus ojos
mirando directo en los del pelinegro. Sabía que haberle permitido tocarlo como
lo hizo había significado un enorme compromiso para el Gryffindor. Harry era el
tipo de hombre que sólo mostraría el cuerpo a una persona, y Draco lo respetaba
por eso. Además, sabía que si alguien llegaba a verlo como lo había hecho él,
moriría de una muerte muy lenta.
-Yo te deseaba- protestó Harry, recorrienddo distraídamente una mano a través de
los despeinados cabellos rubios, divertido.
-Hmmmm.......Supongo que sí. Nunca hubieraa imaginado que instigaras un
comportamiento tan inapropiado....sobre todo para un Gryffindor- bromeó
ligeramente, acariciando la espalda desnuda de Harry.
El otro rió, divertido por las payasadas de su amor. Draco se inclinó
ligeramente hacia delante, rozando los labios contra los de su pareja en un beso
cariñoso, pero luego lo profundizó abriendo los labios; Harry lo siguió,
mientras la lengua del rubio jugueteaba con el labio inferior de su chico antes
de penetrar en su cálida boca. Harry gimió suavemente cuando la lengua del rubio
rozó la propia.
Draco deslizó una mano entre sus cuerpos, sus hábiles dedos tocándolo de un modo
que hizo que su pareja se aferrara a él desesperadamente, murmurando súplicas y
otras palabras cariñosas. Había descubierto, para su deleite, que cuando
disfrutaba, Harry era muy hablador. Sonrió al escuchar las incoherentes palabras
del moreno, sabiendo ahora lo que se necesitaba para llevar a su amor hasta una
ferviente necesidad, besando el hombro desnudo como apoyo, mientras el orgasmo
convulsionaba el sistema de su pareja.
Harry se estremeció contra él, sintiendo que sus nervios hormigueaban con la
liberación, los músculos tensos, los brazos enroscados alrededor de los hombros
del rubio, manteniendo sus cuerpos juntos. Sus ojos revolotearon para abrirse,
ligeramente aturdidos y desenfocados, para gran satisfacción de Draco.
La última noche había excedido las expectativas del rubio. Harry había sido un
compañero muy expresivo y apasionado y él mismo estaba asombrado de cuán
satisfecho se sentía por hacer esa noche increíble para su compañero. Su pasada
explosión no sólo había sido placentera para su pareja sino para él mismo, y la
sensación de experimentar placer al provocar la satisfacción de su amado era una
nueva para él.
-¡Oh...!
-¿Te gusta esto?- murmuró Draco.
-Hmmm... Dios...- musitó Harry, todavía dee una manera inintelegible.
Draco rió, complacido. Esperaba que Harry siempre fuera tan sensible ante su
toque. Aún dentro de su inexperiencia, había resultado el amante más apasionado
que había tenido jamás, y él sólo había deseado tocarlo. Sabía que el otro
deseaba regresarle el placer, pero no necesitaba hacerlo. Había perdido el
control sólo de pensar que su pareja, su Harry, estaba ahí, en sus brazos.
Mientras el moreno se aplastaba en sus brazos, sus cuerpos íntimamente
entrelazados, el Veela recordó la última noche... la mejor noche de su vida...
Había sido puro placer, y sabía que su enlace, cuando ocurriera, sería
increíble.
-Gracias por mi regalo de Navidad, Harry- musitó suavemente, recordando cómo
había comenzado todo, y dándose repentina cuenta de que la razón por la que su
chico había estado tan distante en el carruaje camino a la Mansión, era porque
había estado planeando la pasada noche. Presionó otro amoroso beso en los labios
abiertos.
El moreno enrojeció, comprendiendo que Draco había entendido lo que había hecho.
Se movió ligeramente, enterrando su cara en el hombro desnudo del Veela.
-¿Te gusto?- preguntó, la voz ligeramente atenuada.
-Me encantó- corrigió, moviendo la cabeza para enfatizar el punto. Esto había
significado para él más que cualquier cosa que pudiera haberle dado,
especialmente después de que había estado a punto de... inmediatamente bloqueó
ese pensamiento, no deseaba arruinar el momento.
Harry rió suavemente, besando el pecho de Draco, complacido de que su Veela
hubiera apreciado su regalo tanto como había imaginado que lo haría. Al parecer,
había tomado la decisión correcta, y se alegraba de haber podido conseguir el
valor suficiente como para animarse a ejecutar su plan.
-Bien.
°°°°°°°
Eran ya las doce del mediodía cuando emergieron finalmente de sus aposentos. El
rubio había estado reacio a partir, contento con la idea de pasar todo el día en
cama, abrazado a su pareja, respirando la intoxicante esencia de Harry. El
moreno, sin embargo, quería pasar parte del día con su padrino y Remus, y Draco
al fin, cedió ante los ruegos de su pareja, incapaz de negarle nada que
estuviera en su mano proporcionarle.
Habían escuchado a China, Sirius y Caitlin, para gran molestia de Draco, golpear
su puerta , preguntando si estaban despiertos, pero el rubio había cubierto la
boca de Harry para silenciarlo, hasta que la persona desistía y partía, creyendo
que estaban dormidos. El Veela no deseaba abandonar la cama, y había insistido
en que su pareja pasara la mañana de Navidad con él.
Así que no hubo sorpresa cuando la familia Malfoy en pleno los miró mientras
entraban en el salón, ante la enorme vergüenza de Harry, quien murmuró un
saludo. Draco se limitó a sonreír, empujándolo hasta un sofá, y se sentaron uno
al lado del otro, sus cuerpos felices por el contacto.
Lucius sólo levantó una ceja, y Harry atrapó un destello de diversión en sus
habitualmente inexpresivos ojos plateados, antes de que fuera rápidamente
ocultado. Narcissa los observó emotiva, y Draco cerró su agarre sobre la cintura
de Harry, ofreciéndole silenciosamente consuelo y apoyo. No dejaría que su madre
dañara su relación otra vez.
-¿Supongo que compartieron una noche agraddable?- pregunto Lucius.
El ligero rubor de Harry se profundizó considerablemente, haciendo que el Malfoy
mayor sonriera. Sirius lucía como si estuviera dividido entre la desaprobación y
la diversión, pero permaneció en silencio cuando captó la mirada dorada de
Remus, sabiendo que el licántropo no quería que interfiriera.
-Encantadora- fue la suave respuesta del mmoreno, mientras sus ojos se movían
para encontrar los de Draco.
El Veela rió, un pícaro brillo en sus ojos plateados, inclinándose para dejar un
casto beso en los labios de Harry, con un gesto extrañamente posesivo. Harry
parpadeó, antes de enterrar su cabeza contra el hombro del rubio, ignorando las
risas de las trillizas.
-¿Por qué? ¿Qué hicieron?- preguntó China con sospecha.
El Gryffindor vio que su pareja abría la boca para responder pero golpeó su mano
para detenerlo, no deseaba que Draco contara a todos en la habitación lo que
habían hecho con exactitud la noche anterior... y en la mañana. El rubio rió,
con ojos alegres, mientras Harry lo miraba furioso.
-¡No te atrevas!- siseó venenosamente, sinn estar consciente que de repente había
comenzado a hablar en parsel.
-¿Disculpa?- preguntó Draco, la voz atenuaada, los ojos abiertos ante la
revelación.
-¡Sabes lo que quiero decir!- siseó el otrro nuevamente, todavía inconsciente de
que había cambiado de lenguaje de manera automática y que Draco era incapaz de
entenderlo.
Quedó totalmente impactado cuando el rubio se abalanzó sobre él, aplastándolo
contra el brazo del sofá, el peso ya familiar reposando contra su cuerpo,
evitando que escapara. Gritó con sorpresa cuando las manos del Veela vagaron por
su cuerpo, consciente de que estaba siendo estrechamente observado. Enrojeció
profundamente, tratando de rechazarlo, pero pronto sus protestas fueron
acalladas por los insistentes labios de Draco.
-¡Draco!- siseó finalmente, cuando el otroo liberó su boca por falta de aire.
-¡Merlín!- jadeó el Veela, sus ojos brillaando mientras miraba fijamente a su
amado.
-¿Qué?- siseó Harry, obviamente confundidoo.
Draco gimió, derrumbándose encima de él, enterrando su rubia cabeza en su pecho,
sabiendo que era, como siempre, ignorante de cuan seductor era el lenguaje de
las serpientes. Esos siseos...Draco tembló...se preguntó si Harry podría hacer
eso en su cama.
-Parsel...- murmuró, tratando de explicarsse.
-¿Qué?- preguntó Harry, esta vez en ingléss.
-Hablaste parsel.
-¿De veras? ¿Cuándo?- inquirió, visiblemennte sorprendido. Trataba de no utilizar
el lenguaje de las serpientes, sabiendo que asustaba a la mayoría de las
personas, debido al hecho de que el Señor Oscuro compartía el mismo rasgo. Había
aprendido esa lección después de su segundo año, cuando toda la escuela creyó
que él era quien estaba dejando libre al Basilisco para que matara a sus
compañeros de clase.
-Justo ahora.
-Oh...-murmuró, avergonzado.
Enrojeció, confundido mientras se preguntaba por qué Draco virtualmente había
perdido el control sobre sus deseos en frente del resto de su familia, sólo
porque había hablado parsel. No era tan extraño. Pero luego, se dio cuenta que
en realidad sí lo era. Después de todo, sólo él y Voldemort eran capaces de
hablar con las serpientes.
-¿Ni siquiera sabes cuando lo estás hablanndo?- le preguntó Sirius con sorpresa,
no habiendo escuchado que su ahijado usara el parsel antes. Dumbledore le había
hablado del don de Harry, pero lo había desestimado, al no considerarlo
importante.
Había escuchado al Señor Oscuro hablarlo una vez, en una incursión con
Dumbledore, y había sido incapaz de olvidarlo. Voldemort hacía que el lenguaje
sonara oscuro y malévolo, controlando las serpientes para que dañaran a sus
enemigos, sabiendo que ninguno podría comprenderlas o controlarlas.
Con Harry, la cosa era completamente diferente. El sonido resultaba extrañamente
relajante, tan fluido como el de Voldemort, aunque raramente lo hablara, pero
sin trazas de maldad. En realidad, era algo hermoso de escuchar.
Harry se encogió de hombros con incomodidad, deslizando sus brazos sobre Draco
para abrazarlo gentilmente, notando que el rubio todavía estaba un tanto fuera
de si. El Veela suspiró, enroscando sus brazos alrededor del chico de pelo negro
en un gesto posesivo al que ya Harry se había acostumbrado.
-No en realidad- admitió.
-Es un don asombroso- comentó Lucius. Y loo era. Después de pasar años escuchando
hablar al Señor Oscuro, el lenguaje de las serpientes lestaba asociado con algo
de temor; escucharlo de alguien tan puro como Harry, lo hacía aparecer como...
un regalo inapreciable.
Los Malfoys asintieron, conviniendo. Claramente ya habían escuchado sobre este
don con anterioridad, y no parecía sorprenderlos nada, excepto el hecho de que
él lo hubiera hablado. Los más jóvenes nunca lo habían escuchado, obviamente, y
miraban a Harry con asombro.
-Supongo. Trataré de no volverlo a usar- sse encogió de hombros.
-¿Por qué diablos no? Es un don inapreciabble- preguntó Caitlin.
-No nací con él. Lo recibí cuando Voldemorrt intentó matarme siendo un bebé.
-Ah, esto te recuerda a tus padres- notó LLucius, sabiendo que una de las razones
por las que Harry luchaba con el Señor Oscuro era en venganza por lo que le
había quitado.
-Sí, supongo que lo hace, pero mi principaal razón es que a la gente no le gusta.
La primera vez que descubrí que podía hablar con las serpientes tenía once años.
Los Dursley me habían llevado al zoológico local para celebrar el cumpleaños de
Dudley. Fuimos al serpentario y vi una boa constrictor. Empecé a hablar y me
entendió- explico Harry-. Luego mi primo apareció, empezó a llamar a gritos al
tío Vernon, y el vidrió desapareció. Aunque por aquel entonces no sabía que
podía usar magia, de algún modo lo hice. Dudley calló por el hueco donde estaba
el vidrio y la serpiente escapó. Nunca había visto Brasil porque había nacido en
cautiverio así que asumo que se dirigía hacia allí. Me agradeció.
-¿Soltaste una serpiente para que pudiera marchar a Brasil, te lo agradeció y
nunca te preguntaste por qué?- preguntó China asombrada.
-Pensé que era como el Doctor Dolittle- muurmuró Harry.
-¿Qué?- preguntó Draco, confuso.
-Es una película Muggle sobre un hombre quue habla con los animales. En realidad,
sencillamente lo olvidé hasta mi segundo año- explicó, mirando detenidamente a
su chico, quien recordó el duelo.
-¿No peleaste contra un basilisco?- pregunntó China, recordando las historias que
había leído en el periódico.
Draco se contrajo, tomando conciencia que pudo haber perdido a su pareja incluso
antes de haberlo encontrado. El pensamiento hizo que sintiera náuseas. Era
incapaz de imaginar la vida sin Harry a su lado, y no deseaba llegar a saber
jamás cómo sería.
-Segundo año, en la Cámara de los Secretoss- Harry se encogió de hombros, mirando
a Draco con preocupación.
-¿Así que realmente existe?- insistió la cchica.
-Sí. Pero sólo puede ser abierta por alguiien que hable parsel. Ron y yo bajamos
allá. Descubrimos donde estaba gracias a Hermione. Lo juro, esa chica es la
bruja más inteligente de Hogwarts- musito Harry
Recordando de repente como todo había comenzado en primer lugar, levantó la
vista hasta Lucius Malfoy, el hombre que había colocado el diario entre los
libros de Ginny Weasley. Lucius enfrentó su mirada serenamente, sin avergonzarse
por sus acciones. Siendo Mortífago, había hecho cosas mucho peores.
-Nunca escuché toda la historia- dijo simpplemente.
-Gilderoy Locket intentó lanzarnos un Obliiviate a Ron y a mí con una varita que
estaba rota y petardeaba. El túnel se derrumbó y fui separado de Ron y el
idiota. Seguí solo hasta la Cámara. Encontré a Ginny desmayada allí, y vi a Tom
Riddle. Le dije que necesitábamos ayuda. Empezó a hablar como si no ocurriera
nada malo, y entonces me percaté de que tenía mi varita. Y entonces me dijo
quien era en realidad......Lord Voldemort.
Convocó el Basilisco de la estatua de Salazar y le ordenó matarme. Recuerdo
haber gritado que Voldemort no era el mayor mago vivo, que su lugar había sido
tomado por Dumbledore, y esto lo hizo enloquecer. Que puedo decir, Voldemort es
un poquito vanidoso- Harry rió entre dientes.
-¿Hiciste enojar a un mago poderoso, sin uuna varita para protegerte, cuando
estabas a punto de ser devorado por un maldito basilisco?- preguntó Draco, la
voz ronca por la incredulidad.
-Supongo que probablemente hice lo peor, ppero yo estaba loco. En todo caso,
Fawkes, el Fénix de Dumbledore, apareció transportando el sombrero
seleccionador. Voldemort pensó que era hilarante, que lo único que el gran Albus
Dumbledore enviara a su salvador fuera un estúpido sombrero seleccionador y un
pajarraco.
Tomé el sombrero, sin saber por qué, y extraje la espada de Godric Gryffindor.
Fawkes cegó al basilisco de manera que no pudiera petrificarme, pero todavía era
capaz de percibirme. Luchamos y lo apuñalé, pero al mismo tiempo me atravesó el
brazo con un colmillo. Al principio no sabía que era venenoso. Cuando me di
cuenta, estaba muriendo. Recuerdo que me sentí débil... y Voldemort me estaba
imitando, y antes que entendiera qué estaba pasando, Fawkes lloraba sobre la
herida. No sabía que las lágrimas de Fénix podían curar, hasta entonces al
menos.
Tomé el diario y lo apuñalé con el diente de basilisco. Riddle, Voldemort, o
quien fuera, murió y Ginny y yo conseguimos salir de allí e ir al encuentro de
Ron.
-Pudiste haber muerto- susurró Draco, obviiamente horrorizado ante el pensamiento
de perder a su pareja.
Harry se giró para mirarlo fijamente, sorprendido por la angustia en la voz del
Veela, y se encontró dentro de un apretado abrazo, el rostro presionado contra
la túnica de Draco. Suspiró, permitiendo que el otro se tranquilizara con el
hecho de que aún seguía vivo, ileso, y con él.
Harry todavía no se acostumbraba a la idea de que alguien se preocupara por si
vivía o moría. Desde que asistía a Hogwarts, había encontrado dos amigos que
darían voluntariamente su vida por él, y también estaban su padrino, y el que
ahora era su futuro esposo, Remus Lupin. Y ahora él también tenía un futuro
esposo. Repentinamente se dio cuenta de que si él moría, la vida de Draco
acabaría. Era el mundo para Draco Malfoy.
Cuando el Veela se calmó ligeramente, Harry se apartó y lo miró, el rostro y los
ojos serios. Le tomó de la barbilla, pensando en cómo expresar lo que tenía que
decir.
-Sobreviví. Me he enfrentado a él varias vveces y es inevitable que lo haga de
nuevo.
Los ojos de Draco se encendieron con una ira silenciosa ante el prospecto
presentado por esa declaración y Harry supo, sin lugar a dudas, que su pareja
haría lo que estuviera en su mano para protegerlo de la realidad. Suspiró
mentalmente. Draco tenía que aprender que él estaba en guerra. Era el heredero
de Gryffindor y era su deber poner fin a una batalla que había comenzado mil
años atrás.
¡Olvídalo! ¡Yo...!
Las disgustadas palabras de Draco fueron instantáneamente silenciadas por los
labios de Harry. Sabía que era un truco Slytherin, pero funcionaba. Lo hizo. En
cuanto Harry se alejó, Draco fue incapaz de recordar de qué habían estado
hablando.
-Abran sus regalos- interrumpió Remus, sinn desear que su primera navidad juntos
se estropeara. ¿Quién sabía si el próximo año sería igual.
°°°°°°
Harry pronto descubrió qué era exactamente lo que habían planeado Remus y
Sirius. Era un libro marrón, titulado ‘Los Merodeadores’. Dentro habían páginas
de fotografías, notas, planos, diagramas, y una guía llena de travesuras. Al
parecer, los Merodeadores habían planificado cada broma al detalle, y los dos
Merodeadores que aún quedaban, fieles a su origen, las habían recolectado.
Harry parpadeó para apartar las lágrimas, reconociendo la escritura de su padre.
Tenía tan pocas posesiones que habían pertenecido a sus padres, y significaba
mucho para él tener otra. Contuvo un sollozo estrangulado y elevó sus verdes
ojos llenos de lágrimas y de gratitud para mirar a los dos hombres.
-Gracias- susurró roncamente.
Sirius le sonrió, pero había una tristeza en sus ojos que le indicó a Harry que
comprendía. Su padrino había sido el amigo más cercano a su padre, y Harry sabía
que había adorado a su compañero Merodeador. Remus sólo sonrió dulcemente, sus
ojos dorados plenos de comprensión y sabiduría, pasando un brazo por los hombros
de Sirius para ofrecerle consuelo. Había tenido años para tratar de lidiar con
su pena, pero el animago no había tenido oportunidad. Había sido encerrado en
Azkaban, donde nunca había conocido la paz, y luego estuvo huyendo del
Ministerio, tratando de sobrevivir. Draco sostuvo a Harry ligeramente, a
sabiendas de que necesitaba su consuelo.
-Toma, Draco, abre tu regalo- Harry le sonnrió con nerviosismo, apartando su
tristeza. Era su primera Navidad con Sirius, Remus y Draco, y no lo iba a
arruinar con lágrimas.
Le entregó al Veela una pequeña cajita, cuidadosamente envuelta en papel verde y
plata. La abrió para revelar una bolsita de terciopelo negro. Dudando, la sacó y
deslizó su mano en su interior, preguntándose qué demonios le había comprado
Harry. Sacó un pequeño objeto y lo sostuvo en su palma, mirándolo aturdido.
Era un anillo. Una sencilla pieza elaborada en oro, con una simple piedra roja
en el centro. Era obviamente masculino, y completamente Gryffindor, pero Draco
sintió algo especial sobre él, mientras escuchaba como Remus y Sirius aceleraban
su respiración. Lo habían reconocido.
-Fue el anillo de compromiso de mi padre- explicó Harry-. Le envié una carta a
Dumbledore preguntándole si tenía anillos de mi padre y me lo envió como
respuesta.
Draco sintió cómo las lágrimas llenaban sus ojos, enturbiándole la visión. Supo
cuanto debía amarlo su pareja para darle este objeto invaluable. Sabía que Harry
tenía pocas posesiones que hubieran pertenecido a sus padres y atesoraba cada
una de ellas. Entregarle el anillo de su padre significaba que amaba
sinceramente al Veela
Harry tomó el anillo y lo colocó con cuidado en el dedo de Draco, y la magia que
poseía hizo que se adaptara al tamaño correcto.
-Gracias, amor- murmuró, sintiendo que lass palabras eran menos que adecuadas
pero sin saber qué decir.
-De nada- Harry sonrió, comprendiendo. >
Draco se inclinó, profundamente emocionado, y presionó un amoroso beso en los
labios de su pareja, elevando su otra mano, la que no tenía el anillo, y
acercando la cabeza de su chico aún más, profundizando el beso, deseando
mostrarle su agradecimiento con algo más que palabras. Harry se rindió una vez
más, correspondiéndole al beso, emocionado de que Draco comprendiera su
significado.
Sirius miró Remus, cada uno recordando el día en que Lily había colocado el
mismo anillo en el dedo de James, y el modo en que James había besado a su
prometida de manera similar. Les hería ver el anillo en manos de otro hombre,
pero sabía que eso era decisión de Harry, y que si el chico estaba preparado
para compartir el anillo, tenían que aceptar que se preocupaba sinceramente por
el Veela. Lily y James hubieran deseado esto.
-Ahora mi regalo- dijo Draco después, su ssonrisa amorosa hizo que todos rieran.
Vacilando, Harry aceptó el regalo. Estaba envuelto en papel verde y oro, una
mezcla de los colores de sus casas, lo cual apreció. Le sonrió al rubio, quien
le correspondió la sonrisa, lanzándole un guiño.
El moreno lo abrió, revelando una pequeña caja. Miró a Draco con curiosidad,
esperando conseguir una pista sobre lo que le había dado pero el Veela
simplemente volvió a sonreír. Harry rió, sacudiendo la cabeza mientras abría la
caja.
Jadeó.
Dentro había un collar en oro blanco. Era una sencilla cadena, pero lo que más
atrajo la atención de Harry fue la brillante serpiente plateada que siseaba en
la cadena, sus ojos verde esmeralda extrañamente vivos mientras la serpiente
sacaba la lengua.
-Está encantada para actuar como si estuviiera viva.......responderá en todo a
ti- le informó Draco, complacido con su regalo.
-Hola- siseó Harry a la serpiente.
-Hola, no he hablado con un hablador de paarsssel en mucho tiempo......
-¿De verassss?
-Ssssí.....el último fue el misssmissimo SSssssalazar Sssslytherin....
-¿Ssssalazar Sssslytherin?
-Sssssí.....
-Entoncesssss me ssssiento honrado de conoocerte- siseó Harry.
-Y yo a ti.....Amo.
-No ssssoy tu Amo.
-Ssssí lo eresss... eressss mejor que essssa otra malvada ssserpiente.....Sssalazar
ssse removería en sssu tumba...- Harry rió, divertido.
-¿Qué dice?- preguntó Draco, curioso, deseeando detener a Harry antes de
abalanzarse nuevamente sobre él. Nunca antes había considerado que el parsel
fuera atractivo, pero lo era. Era hipnótico, y relajante al mismo tiempo.
Harry se giró hacia Draco.
-Dice que soy el primer hablador de parsell con quien ha hablado desde Salazar y
que me prefiere a Voldemort- Harry soltó una risita.
-¿Es el collar de Salazar?- inquirió Dracoo, atónito. No sabía eso cuando lo
compró. Lo había elegido porque recordaba que Harry hablaba parsel y podría ser
capaz de entender a la serpiente.
-Aparentemente- musitó.
Draco rió, encantado de que a Harry le hubiera gustado su regalo, pero se detuvo
de repente cuando éste depositó un amoroso beso sobre sus labios. Fue breve,
pero le dijo a Draco cómo se sentía exactamente. A Harry no le gustaba fomentar
las muestras públicas de afecto, frecuentemente estaba demasiado avergonzado
para hacerlo.
-Gracias, amor- murmuró, mirando directo aa los ojos plateados.
-De nada...
-Pero de verdad no debiste hacerlo- lo reggañó, pensando en la cantidad de dinero
que debió haber costado.
Draco encontró el comentario hilarante. Seguramente, a estas alturas ya Harry
tenía que haberse dado cuenta que los Malfoys tenían más dinero del que podrían
gastar y su pareja valía hasta el último knut de esa fortuna. Recordaba como
Harry siempre había llevado ropa usada e internamente se enfureció ante lo
injusto de la situación. Por todo lo que les quedara de vida, no vestiría nada
más que lo mejor.
-El dueño no sabía que había pertenecido aa Salazar- contestó simplemente.
-¿Y tú?- preguntó Harry, divertido.
-No- confesó-. Aparentemente, puedes hacerr que se convierta en un colgante
normal sólo con decirle “quieto”.
Harry rió y lo hizo, y de inmediato la serpiente se convirtió en una pieza
normal de joyería. Draco lo tomó y con cuidado lo pasó alrededor del cuello de
su pareja, mirándolo con satisfacción, gustándole el modo en que lucía contra la
piel de su amado.
-Abre este ahora. Es de parte de Narcissa y mía, y del resto de la familia-
interrumpió Lucius, entregándole un regalo.
Harry lo tomó, sonriendo en agradecimiento al hombre mayor, a quien extrañamente
había tomado mucho cariño. Confiaba en que el mago no le haría ningún daño y se
sentía seguro en su compañía.
Dentro había un hermoso reloj. Pero lo que más le asombró fue el hecho de que
era un reloj mágico, y tenía dos manecillas, una marcaba Harry y la otra marcaba
Draco. Era una señal que demostraba que ellos habían aceptado su relación. Al
abrir su propio regalo, Draco encontró un reloj idéntico.
-Gracias- dijeron al mismo tiempo, sonriénndose uno al otro con amor.
-Actúan como relojes Muggle normales, peroo el número doce, además significa
peligro. Si una de las manecillas se mueve hacia ese número, sabrán que algo
anda mal- explicó Lucius-. Pensamos que sería un regalo apropiado, dadas las
circunstancias.
Harry comprendió. Lucius estaba preparando a su familia para la guerra. Sabía
que lo consideraba ya un miembro de la familia y lo protegería con su vida de
ser necesario. Esto caldeó su corazón.
Desechó los pensamientos oscuros que la idea de la guerra le había creado. Ese
era un día feliz, se recordó con firmeza. Ya discutirían sobre la guerra más
adelante, cuando fuera esencial hacerlo. Voldemort no arruinaría sus Navidades.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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