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Capítulo 18: MUÉRDAGO
Era diez de Diciembre. El invierno se había tornado cada vez peor, y la última
semana había nevado dos veces, para el gran deleite de Harry. Los estudiantes
esperaban impacientes por las acostumbradas vacaciones de Navidad, ansiosos por
ir a casa y pasar unos días con sus familiares, que no habían visto en meses.
Harry esperaba con especial ansia las fiestas. Por primera vez desde que tenía
memoria tendría una familia para pasar Navidad..... y tenía a Draco, el
Niño-Que-Vivió las compartiría con él. Habitualmente pasaba las fiestas
navideñas en la escuela, con sus amigos, o solo, cuando ellos habían tenido que
regresar con sus familias.
Los Dursley nunca lo habían querido tener en su casa por Navidad, deseando que
permaneciera alejado el mayor tiempo posible, y ni siquiera mientras vivía con
ellos antes de asistir a Hogwarts había sido bienvenido en Navidad. Se había
visto obligado a cocinarles la cena de Nochebuena y observar como Dudley era
consentido más allá de lo creíble, mientras él recibía un ínfimo regalo,
generalmente un par de medias viejas de Tío Vernon, y ni siquiera las envolvían
en papel de regalo.
-¿Harry?
-Hmmm?
Ron puso los ojos en blanco, dando un fuerte codazo en las costillas de Harry
para atraer la atención de su amigo. Éste gritó, ocasionando que los demás
ocupantes de la biblioteca los miraran fijamente. Miró a Ron con el ceño
fruncido, frotándose bajo la ropa la costilla dolorida.
Notando que toda la atención se enfocaba en su dirección, enrojeció. Le gustaba
mezclarse entre la multitud, y odiaba que la gente lo mirara con atención. Se
sentía como una exhibición en un museo. Miró a Ron con el ceño fruncido, todavía
frotando la roja marca que le había dejado. Su amigo tenía unos codos muy
puntiagudos.
-Muy maduro, Ron- murmuró Hermione, sin appartar la vista del libro que estaba
leyendo.
Estaba acostumbrada a sus payasadas y pretendió ignorarlos, siempre y cuando no
interfirieran en su trabajo. Con frecuencia, Harry creía que Hermione amaba sus
payasadas pues le daban un descanso a su ritmo de estudio, aunque nunca se lo
diría a ella. Le daría un sermón sobre la importancia de dar su mayor esfuerzo y
conseguir la mejor educación posible mientras todavía estaban en la escuela. O
comenzaría a gemir sobre cuán cerca estaban los Éxtasis, aún cuando todavía
faltara un año.
-Harry estaba mirando al espacio- argumenttó Ron, enfurruñado.
-¡Me empujaste!- se defendió el otro
-¡No me estabas escuchando!
-Estaba pensando- contestó Harry con vehemmencia.
-¿En qué?
Harry se tornó carmesí, bajando los ojos y fijándolos en el libro que estaba
sobre el escritorio frente a él. Ron lo miró desconcertado, sin saber si debía
forzarlo a hablar. Ciertamente, no quería escuchar sobre nada que su amigo
hubiera estado haciendo con el maldito Veela. Había aceptado que él amaba al
hurón, pero eso no quería decir que le gustara la situación. La soportaba por
Harry, pues no deseaba perder a su amigo como había hecho en su cuarto año.
-No importa- gruñó Harry, aún sin mirar a Ron
-Dime- lo urgió Ron, de repente deseando ssaber.
Harry sacudió la cabeza frenéticamente, con mirada aturdida.
De repente, Ron se dio cuenta que podía no querer saber exactamente lo que Harry
estaba pensando, especialmente si su rubor tenía algo que ver con eso. Sentía
náuseas sólo de pensar en Harry y el hurón tocándose, y secretamente se alegraba
de que todavía no se hubieran enlazado. Sería demasiada información para poderla
manejar.
“Después de todo”, pensaba Ron ausente, “Harry tiene al Veela suspirando por
tener sexo con él”
Volvieron su atención al trabajo, Harry intentando, aunque fallando
miserablemente, centrar su atención en el libro que se suponía estaba leyendo
para investigar sobre su proyecto de Historia. Miró con cautela a Hermione,
quien lo observaba con ojos perspicaces por encima de su libro, y rápidamente
desvió la mirada hacia su propio libro, pues no deseaba enojarla. Pretendió
leer, frunciendo ligeramente el ceño. Hermione, satisfecha, giró la vista hacia
sus propios asuntos, para gran alivio de Harry
Estaba pensando en su relación con Draco. Desde que se reconciliaron el Veela se
había comportado completamente diferente. Estaba mucho más calmado en lo que se
refería a su enlace, y parecía que no deseaba otra cosa que sostener a Harry en
sus brazos, que Harry lo amara. Le había demostrado su afecto de una manera aún
más pública que antes, poniendo excusas a cada rato para tocarlo, no que le
molestara. Y le gustaba el hecho de que el Veela lo encontrara tan atractivo,
aún cuando no sabía por qué.
No tenía conceptos equivocados ni se hacía ilusiones acerca de su apariencia.
Era prácticamente insignificante a la vista. Tenía un desordenado pelo negro, un
cuerpo promedio, y la única ventaja en su apariencia eran sus brillantes ojos
verdes, herencia de su madre. El hecho de que Draco lo amara era increíble e
inexplicable. El hecho de que Draco, quien era grandioso, quizás el chico más
atractivo de la escuela, pudiera amarlo, era asombroso. Aún cuando no fuera un
Veela que arrastraba a la gente hacia él, no tenía duda de que seguiría siendo
codiciado. El hecho de que proclamara francamente su amor por Harry, hizo que se
diera cuenta que el rubio no lo había elegido solamente para procrear herederos
atractivos.
El rubio había comenzado a hablar civilizadamente con Ron, para regocijo de todo
el colegio. Aún podía recordar la mirada de asombro en el rostro del pelirrojo
cuando Draco le dijo que su cabello lucía muy bien cuidado por una vez. Ron, por
supuesto, no supo si tomarlo como un insulto o como un halago y se sentó
pensativo a comer mirando a Draco con sus abiertos e incrédulos ojos.
Harry le había dado al Veela un premio por su buen comportamiento..... un
profundo y apasionado beso que los había aturdido a ambos con su intensidad. Eso
había animado al rubio para comportarse más civilizadamente con todos los amigos
de Harry, con la esperanza de recibir otra declaración pública de su amor.
Mas tarde, el Gryffindor había estado pensando y repensando en la conversación
que había sostenido con Sirius. Ahora sabía lo que podía pasar, y tenía que
admitir que sentía curiosidad por saber cómo se sentiría. Todavía no estaba
listo para enlazarse y tener sexo, pero se encontraba con que era incapaz de
evitar imaginar otras cosas que podían hacer en su lugar, cosas que Harry sabía
que al Veela le gustaría hacer.
Draco no había mantenido en secreto que consideraba a Harry físicamente
atractivo, y siempre le hacía cumplidos sobre su apariencia o le lanzaba
brillantes miradas, con los ojos llenos de lujuria. Toda la escuela pronto
aprendió que era mejor si mantenían en secreto sus sentimientos hacia el
Niño-Que-Vivió, luego que Draco, ante el gran horror del Gryffindor, maldijera a
una chica a la que había escuchado lamentándose sobre su amor por Harry,
mientras conversaba con una amiga en la biblioteca.
El Veela no había mostrado una onza de culpa, en lugar de eso había bufado como
si fuera su derecho proteger lo que era suyo. Dumbledore se había limitado a
sonreírle satisfecho, asintiendo y ofreciéndole a un enojado Draco, un caramelo
de limón. El rubio, por supuesto, lo rechazó, mirando el caramelo muggle como si
estuviera lleno de veneno.
Secretamente, Dumbledore se había sentido aliviado de que alguien controlara la
naturaleza temeraria de Harry. El moreno era famoso por lanzarse de cabeza al
fuego sin considerar el peligro o las consecuencias de sus actos, mientras el
Slytherin era propenso a pensar antes de actuar.
En varias oportunidades, Harry se había encontrado mirando fijamente a Draco,
imaginando cómo luciría el rubio desnudo, y cómo se sentiría ser tocado por
él........y si a su pareja le gustaría su cuerpo. Todavía no había visto al
Veela totalmente, y el pensamiento hizo que enrojeciera.
“Quizás.......podríamos......en Nochebuena......como un regalo de Navidad”
pensaba Harry distraídamente, enrojeciendo aún más.
Satisfecho con la idea, se sentó a trabajar.
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Varios días después del incidente en la biblioteca, llegaron. Harry estaba
inclinado sobre Draco en el Gran Comedor, mordisqueando una tostada, los brazos
del Veela rodeando apretadamente su cintura, mientras escuchaba al rubio hablar
de pociones con Hermione. De repente, el Comedor guardó un silencio casi
dramático, y una pequeña figura se lanzó sobre Harry.
-¡Harry!
Harry se ahogó, retirándose ligeramente para mirarse en un par de traviesos ojos
color chocolate El chico sonrió al instante, recordando quien era la extraña, o
al menos creía que sabía quien era. Las tres lucían iguales, después de todo, y
era fácil confundirlas, aún cuando Draco sabía claramente quien era quien.
-China- sonrió cálidamente, abrazando a laa sonriente jovencita.
-¡Te extrañé! ¡Fue horrible! ¡Frances y Anngela tiraron las botellas de vino del
Tío Lucius y me culparon a mí!
Draco sonrió, imaginando la reacción de Lucius ante la travesura, El Mortífago
debió estar furioso, de hecho, lo cual era comprensible. En realidad, ya había
castigado a las muchachas más veces de las que podía recordar por sus
imprudentes bromas. Después de la vez en que habían sido obligadas a sentarse en
una habitación vacía por cuatro horas, sin poder hablar o moverse, lo cual era
realmente difícil para las energéticas trillizas, Draco pensó que habían
aprendido la lección.....nunca molestar a Lucius Malfoy. Aparentemente, no había
sido así.
-Apostaría que trató de matarte.
-¡No seas antipático, Draco! ¡Apenas sobreeviví! Estoy molida, Harry.....ni
siquiera puedo jugar afuera- murmuró China, girando sus húmedos ojos hacia el
moreno quien instantáneamente se suavizó. Claramente, la chica había descubierto
que Harry le concedería cualquier cosa que le pidiera si actuaba como un pobre e
inocente ángel.
-Trataré de hablar con él- se ofreció Harrry.
Draco sacudió la cabeza, pero guardó silencio, sabiendo que una vez que el
Gryffindor prometía hacer algo lo hacía. China lo tenía enrollado alrededor de
su dedo meñique, aún cuando Harry no se hubiera dado cuenta todavía. Sería
interesante, reflexionó, ver el resultado de la charla de su pareja con su
padre.
-Awww. ¡Gracias, Harry! Eres genial. Podríías casarte conmigo cuando crezca-
sonrió China, abanicando sus pestañas y adoptando la sonrisa seductora de
Caitlin.
Draco apretó la mandíbula, y su brazo, que rodeaba la cintura de Harry, apretó
su agarre. Aún cuando China era familia y era claro que quería contrariarlo, no
le gustaba que nadie, nadie en absoluto, flirteara con su Harry. La trilliza era
apenas afortunada de que tuviera una debilidad especial por ella, y que
estuvieran en un sitio público. Los Malfoy se respetaban los unos a los otros en
frente de otras personas, era un asunto de cortesía. Las discusiones con la
familia ocurrían detrás de las puertas fuertemente cerradas.
-¡Demonios! Sabía que Caitlin tendría una mala influencia sobre ti.
Harry rió, sonriéndole al rubio.
-No podría casarme con China...... la estrrangularía cada diez minutos- confesó,
haciéndole un guiño a la pequeña.
China hizo un puchero, tirando su dorado cabello sobre sus hombros
obstinadamente. Harry encontró el gesto increíblemente dulce. No había conocido
muchas jovencitas como ella. Era muy madura para su edad, y a pesar de eso
poseía la inocencia de una niña pequeña. Era una mezcla intrigante, y eso, junto
con sus bromas malévolas, hacía que fuera muy valioso llegar a conocerla.
-¡Pero soy más linda que Draco! Él es malvvado. ¡Le dijo a mamá que yo incendié
la biblioteca!
-Lo hiciste- señaló el aludido tranquilameente, subiendo una ceja retándola a
decir lo contrario..
-¡No lo hice!
-¡Estás mintiendo!- Draco arrastró las pallabras.
-Fue un accidente- gimió China, con los ojjos humedecidos una vez más.
-¡Chicas!- murmuró Draco, mirando a China inseguro.
No tenía mucha experiencia con doncellas llorosas. En ese momento, se sintió
repentinamente complacido de que Harry fuera un chico. Podía ser terriblemente
inseguro, pero dudaba que se echara a llorar por nimiedades. Al menos no hasta
que estuviera embarazado con su niño......
-Escuché eso- le regañó Hermione, con los ojos puestos en China, interrumpiendo
el hilo de los pensamientos del rubio..
-¿Qué demonios estás haciendo aquí, China??- preguntó Draco cautelosamente, sin
desear saber pero curioso al mismo tiempo. Dudaba que fueran buenas noticias.
-¿No te dijo mamá?- China sonrió con picarrdía.
-No.
-Tía Narcissa nos trajo a Hogwarts con ellla- declaró China, luciendo complacida.
Draco lució como si acabaran de decirle que Ron estaba enamorado de él. Sus ojos
se abrieron momentáneamente antes que se estrecharan hasta dos líneas delgadas,
una franja plateada brillando bajo sus pestañas caídas. Luchó por controlar su
genio, sabiendo que su madre sólo estaba preocupada por él, pero resintiendo su
intrusión al mismo tiempo. Deseaba pasar más tiempo con Harry, trabajando en su
relación. No quería que Narcissa y las trillizas le obligaran a pasar menos
tiempo juntos, en privado, ahora que anhelaba más y más mientras su sangre Veela
lo impulsaba a enlazarse con su pareja.
-¿Qué?- graznó.
-¡La tía estaba intentando hacer que me puusiera un vestido pero escapé! Angela y
Frances me cubrieron...me lo debían- China se encogió de hombros.
Harry bajo la vista para descubrir que China estaba vestida con un par de jeans
muggles y una desteñida blusa con lo que lucía muy desaliñada. Dudaba que
Narcissa hubiera pasado por alto su apariencia. A estas alturas, Harry había
aprendido que la apariencia lo era todo para la familia Malfoy, y que todos sus
miembros habían sido educados para mantener el orgullo de sus ancestros.
-Te matará en cuanto descubra que aparecisste en público vestida así- recalcó
Draco con tono casual, mirándola con sus perspicaces ojos plateados.
China puso los ojos en blanco puerilmente, enviándole a Harry un breve guiño con
sus traviesos ojos marrones. El chico no pudo evitar sonreírle.
-Harry puede decirle que me encontró e inssistió en que lo acompañara a cenar.
¿verdad, Harry?- los oscuros ojos de China derritieron inmediatamente el corazón
del chico.
-Claro que lo haré- suspiró, asombrado de la facilidad con que la chiquilla lo
manipulaba para que mintiera, pues sabía que era incapaz de negarle nada.
-¡Harry, no puedes mentir!- lo regañó Hermmione, resoplando con desaprobación.
Siempre había reñido a Ron por mentir, diciéndole que era un rasgo negativo que
podía causarle problemas cuando la mentira fuera descubierta. A veces, Hermione
era demasiado maternal para su propio bien, y Harry no tenía dudas de que no
cambiaría a China.
-¿Por qué no?- preguntó China, confundida..
-Está mal- objetó Hermione, mirándola horrrorizada al tomar conciencia de que
China no sabía por que estaba mal mentir.
-¿Por qué?- repitió China.
-Sólo por eso- Hermione resopló, claramentte aturdida por la insistencia de China
en pedir una explicación.
-Pero mi mamá miente.....¡y el tío Lucius!!
Hermione abrió la boca y la cerró nuevamente, obviamente sin saber qué decir.
Sabía que los Malfoy eran un manojo de mentirosos, pero realmente, pensó, ¿cómo
podían enseñar a una niña, a una muchacha inocente, a mentir con tanta facilidad
que ni siquiera sabía que estaba mal? No era extraño que Draco hubiera crecido
como lo había hecho, aún si Harry lo había apaciguado bastante pronto.
-Lo que ella quiere decir es que se suponee que debes mentir sutilmente, sin que
nadie lo sepa. En estos momentos la escuela en pleno sabe que vas a mentir-
Draco suspiró.
Chica sonrió, obviamente aceptando su respuesta. Volvió sus angelicales ojos
marrones hacia Hermione y le sonrió de manera adorable llevando un implícito ‘te
lo dije’. Hermione no resultó impresionada.
-¿Draco, cómo puedes decirle a tu prima quue está bien mentir?- lo regañó
Hermione.
Harry volteó para ver a Draco que estaba girando los ojos al cielo, una
expresión malhumorada en la cara. Se mordió el labio, luchando por no reír.
Sabía que Hermione no compartiría su hilaridad ante la situación. Una vez que la
chica pensaba que tenía la razón, podías tener por seguro que nunca cambiaría de
opinión y podría molestarse si Harry se mofaba de ella.
-Es una Malfoy, se supone que miente- Dracco arrastró las palabras.
-¿De veras?- preguntó Harry, curioso.
Draco asintió, girando sus suaves ojos plateados hacia su pareja, y apretó su
cerco alrededor de su cintura ligeramente. Harry se ruborizó ante el amor
claramente visible en los ojos del Veela, todavía sin acostumbrarse a ver las
emociones dirigidas hacia él, aún cuando el rubio le confesaba su amor
constantemente.
-Vamos a la Torre para darle a China algo de ropa decente antes que mi madre la
vea- sugirió Draco tranquilamente, los ojos reluciendo de una manera extraña.
Harry se encogió de hombros, sabiendo que esa era probablemente la mejor opción.
Narcissa Malfoy se aseguraría de castigar a China si la descubría vestida con
esas fachas en público. Sin duda creería que las acciones de China habían traído
vergüenza a la familia Malfoy, pensó con una sonrisa.
-Claro.
Mientras Harry, Draco y China dejaban el recinto, Ron se volvió hacia Hermione.
Puso sus ojos en blanco e hizo un gesto inconsciente hacia Harry, quien estaba
hablando con la pequeña a su lado, un brazo del Veela rodeando posesivamente su
cintura.
-¿Cuán inocente puede llegar a ser él? >
Hermione soltó una risita, su enojo anterior desvanecido. Después de todo, la
inocencia de Harry había sido fuente de gran entretenimiento por años.
La Torre ya había sido decorada e inclusive tenía su propio árbol de Navidad en
la salita, iluminado por pequeñas velas mágicas cuyas llamas parpadeaban creando
una sensación íntima en la hermosa habitación. Acebo y muérdago estaba repartido
aquí y allí añadiendo un toque romántico y una pizca de color. Harry amaba esto,
especialmente porque nunca había tenido una habitación o un hogar decorado por
él. Draco había insistido que compartieran unas Navidades apropiadas.
En una semana irían a casa, a pasar las vacaciones de Navidad y Año Nuevo con
los Malfoy, Sirius y Remus en la Mansión. Harry esperaba con impaciencia sus
primeras vacaciones en familia, con las personas que amaba. Extrañaría sus
Navidades con Ron y Hermione, pero deseaba algo más estable, algo que no lo
hiciera sentir aislado y deprimido. Ahora tenía una familia.
-¡Draco!
Harry, que estaba en la cama haciendo la tarea de Adivinación, sacudió la cabeza
al escuchar salpicar agua. Al parecer Draco había lanzado a una China totalmente
vestida en la bañera para que se bañara. La muchacha había rehusado bañarse,
clamando que ya había tomado una ducha, y Draco siendo Draco, había ignorado sus
protestas.
-¿Qué estás haciendo?
Harry levantó la vista, sonriendo cuando vio a Draco reclinado contra el marco
de la puerta, sus ojos plateados observándolo atentamente. Esos ojos barrieron
la cama, fijándose en los pergaminos, plumas y botellas de tinta esparcidas
sobre ella y en las rodillas de Harry.
-Mi tarea- contestó el Gryffindor, aún cuaando pensaba que la respuesta era
obvia.
-¿Adivinación?
-Sí.
Draco sonrió, sacudiendo la cabeza mientras le arrebataba el pergamino y
comenzaba a revisarlo rápidamente, ignorando la indignada mirada de Harry, quien
estaba avergonzado de que su prometido estuviera leyendo sus predicciones,
sabiendo del poco respeto que sentía por esa inexacta rama de la magia.
‘Hacia el día veinte, la nueva alineación de Plutón traerá un rápido
cambio en las relaciones sentimentales. Las nuevas
relaciones se fortalecerán.
Para el día veintidós, un miembro de la familia contará un secreto de
familia, algo que yo desconozco.
Para el veintitrés la cuarta estrella en la quinta casa anuncia
un peligro que se complica.
El veinticuatro ocurrirá un nuevo acontecimiento y dos caminos se
abrirán.
El día veinticinco elegiré el camino correcto que me conducirá a hacer
una confesión debido a que la luna estará alineada con Júpiter’
-¿Un camino?
-Sí....¡Draco!
-¿Qué camino? ¿Qué vas a confesar?
Harry se ruborizó.
-Ya te enterarás- le dijo acalorado, arrebbatando el pergamino de las manos del
rubio.
-¿Lo haré?
Esa fue toda la advertencia que tuvo antes de ser lanzado contra la cama, con
Draco montándose a horcajadas sobre sus caderas y apresando sus manos por encima
de su cabeza. Harry trató de empujarlo, sabiendo que estaba virtualmente
impotente debajo del Veela, y amando internamente el sentimiento de ser amado,
deseado y necesitado.
Draco sonrió, mientras sus ojos recorrían el combativo cuerpo de Harry y los
familiares ojos plateados se encendían con un fuego repentino. El Gryffindor
contuvo la respiración en su garganta cuando sintió el empuje de la atracción
magnética, sabiendo que Draco lo encontraba deseable.
-¿Estás seguro que no puedo persuadirte?- ronroneó el rubio seductoramente,
oprimiendo sus caderas ligeramente.
Harry jadeo, abriendo los ojos. Podía sentir el comienzo del deseo
arremolinándose en su estómago y lucho entre empujar al Veela lejos o empujarlo
aún más cerca para lograr más contacto. Odiaba que el Veela se burlara, sabiendo
que si bien no deseaba otra cosa que lo tomara en la cama, su relación aún no
estaba lo bastante fuerte como para que se enlazaran.
-¿Draco?- le preguntó inseguro.
-¿Tienes una idea de lo hermoso que eres?<
Harry abrió la boca para preguntarle a Draco qué estaba haciendo cuando sintió
unos suaves labios rozar los propios. Gimió, quejándose cuando los labios se
alejaron. El pensamiento de alejar al Veela fue barrido de su mente al instante.
Deseaba que Draco lo tocara.....su propio cuerpo se sentía como si abrasara y si
no recibía otra caricia pronto, pensaba que se incendiaría
-¿Quieres que te bese?
-Sí- Harry respiró con fuerza, la cara enrrojecida y los ojos oscuros por el
deseo.
“Me va a volver loco” pensó Harry, aturdido.
-¿Dónde?
-Yo......
Draco, sintiendo la confusión de Harry, se dobló y lo besó en la mejilla,
trazando un húmedo camino hasta la tierna piel justo tras la oreja. Succionó
ligeramente, los dientes mordisqueando cuidadosamente la suave piel, antes de
atrapar el lóbulo de la oreja entre sus dientes, mordiendo ligeramente, teniendo
cuidado de no herir a su pareja.
-¡Ohhhh!- Harry jadeó, el cuerpo en tensióón.
-¿Todavía no piensas decirme?- bromeó Dracco mientras se alejaba.
Harry cerró los ojos, luchando contra la idea de contarle todo a Draco y tener
esos burlones labios de nuevo contra su piel. Bajó su estremecida respiración,
calmándose, antes de abrir los ojos. Miró al rubio con decisión.
-El Día de Navidad- declaró finalmente.
Draco sonrió suavemente, un destello de comprensión en sus inteligentes ojos
plateados. Sabía que Harry todavía no estaba listo para avanzar, pero la promesa
del Día de Navidad hizo que su sangre hirviera con la necesidad. Elevó sus
caderas precipitadamente, pues no deseaba que Harry sintiera cuánto lo había
excitado ese pensamiento, aunque ya fuera demasiado tarde.
-No puedo esperar.
-¡Merlín! ¡Consíganse una habitación!- griitó China desde el baño.
Harry enterró el rostro en el pecho de Draco, mortificado al haber sido oído.
Habían sido cuidadosos al asegurase que las demostraciones públicas de afecto
fueran limitadas, principalmente debido a la vergüenza del Gryffindor. El Veela
no había querido forzar a su pareja dentro de una situación para la que no
estaba listo, y definitivamente Harry no estaba listo para esto. El hecho de que
alguien los hubiera escuchado juntos, cuando habían perdido el control, era muy
vergonzoso para el habitualmente reservado muchacho.
-Estamos en NUESTRA habitación- apuntó Draaco.
-¡Ese no es el punto!
Harry suspiró suavemente, al darse cuenta que estaba a punto de experimentar el
infierno de las vacaciones, viviendo en una casa llena de Malfoys. Por mucho que
le gustara China y las otras dos chicas, sabía que eran traviesas, y juntas
representaban el triple de problemas. Eso sin mencionar al resto de los
Malfoy.....quien sabía como reaccionarían a su escapada, aún cuando ya hubieran
estado durmiendo para ese momento.
-¡Sirius!
-¿Qué?
-Remus puso los ojos en blanco, arrebatanddo la fotografía de la mano de su amigo
con la facilidad que da la práctica. Sirius hizo un puchero, intentando
recuperarla, pero no le dio resultado. La fuerza de licántropo en Remus a veces
resultaba útil, reflexionó Sirius, y al momento desechó ese pensamiento, sin
desear que Remus sintiera las imágenes que su mente había conjurado..
-Por alguna razón, dudo que Harry quiera uuna foto de su padre con una pantuflas
rosa- dijo Remus finalmente, claramente frustrado.
-¿Por qué no?- preguntó Sirius. Quería darr a Harry una imagen clara de quién era
su padre, con pantuflas rosa incluidas. Su ahijado no tenía recuerdo de su
padre, con excepción de su voz cuando se encontraba muy cerca de un Dementor, y
Sirius sospechaba que había sido influenciado por las grandes historias que todo
el mundo contaba sobre los difuntos Potters. James una vez había sido un
adolescente temerario, y a Harry probablemente le gustaría saber eso.
-¿Te gustaría ver a tu padre con unas panttuflas rosa?- insistió Remus,
comprendiendo el razonamiento de Sirius pero sin estar de acuerdo con él
todavía.
Sirius se encogió de hombros ante la pregunta, observando como Remus colocaba la
fotografía en el montón del ‘no’. Frunció la nariz ante la imagen de su padre,
ahora difunto, llevando tal indumentaria. No era una imagen agradable.
-Supongo que tienes razón- concedió.
Remus sacudió la cabeza, dando un golpe a otro montón de fotografías. Sirius lo
observó en silencio, maravillado del modo en que brillaban los ojos dorados de
Remus bajo la débil luz, una ligera sonrisa curvando las comisuras de sus
labios.
-El otro día estuve hablando con Harry- coonfesó el animago.
Remus lo miró, sus ojos dorados repletos de curiosidad. Sirius hablaba a su
ahijado siempre que podía, entonces, ¿por qué había sido tan significativa su
última conversación que el merodeador sentía que debía contarle?
-¿Acerca de qué?- preguntó, planteando en voz alta su duda.
-El enlace y esas cosas- Sirius bajó la vooz.
-¿Qué? Oh.....- Remus enrojeció, al darse cuenta de lo que Sirius quería decir-.
Le contaste la verdad ¿no?- le preguntó de repente, atisbando al otro duramente.
Sabía que para el animago debía haber sido muy embarazoso sostener esa
conversación con su ahijado, pero era necesaria. Harry era demasiado inocente
para su propio bien.
-¡Claro! Nunca dejaría que Harry se enlazaara sin tener conciencia de lo que
estaba haciendo. Le dije que Draco haría que fuera placentero para él, después
de todo es un Veela.
-¿Qué dijo Harry?
-Me prometió que me diría de antemano cuanndo decidiera unirse a Draco. Le conté
un poco sobre....bueno....ya sabes.....
-Oh......
Mientras Remus se levantaba, dirigiéndose a tomar otro montón de polvorientas
fotografías, Sirius se preguntó distraídamente por qué el otro hombre era tan
inconsciente de sus atenciones. A veces parecía como si Remus fuera más inocente
que el despistado Harry. No creía que el licántropo ignorara deliberadamente sus
muestras de cariño......era demasiado amable para hacer algo así, pero era
frustrante preocuparse por un hombre que no sabía como se sentía.
Sirius suspiró con exasperación. “¿Por que me molesto?, pensó.
-¿Cuál es el problema, Padfoot?
Mientras miraba el preocupado rostro de Remus supo por qué. El viejo dicho
“porque el amor es ciego” vino a su mente y Sirius estaba incondicionalmente de
acuerdo con él. No podía dejar ir a Remus, sin importar cuanto le doliera estar
alrededor del hombre que amaba sin que éste pareciera corresponder a sus
sentimientos, pues había, como siempre, un persistente rastro de esperanza de
que Remus eventualmente confesara que también lo amaba.
-Nada, Moony.....absolutamente nada.
Draco miraba a Harry sutilmente mientras el chico jugaba Snap Explosivo con
China....Narcissa y las otras dos trillizas todavía no habían llegado. No sabía
como su madre reaccionaría ante Harry, consciente de que ella había estado
furiosa ante la supuesta infidelidad de su pareja. Esperaba que simplemente
pretendiera que todo el evento nunca había ocurrido.
Desde su conversación sobre la niñez de Harry, él y su pareja habían estado más
unidos que nunca. Quería darle al moreno todo el amor y el apoyo que
necesitara..... el amor que siempre le había sido negado. Harry merecía ser
amado más que nadie y Draco iba a asegurarse que su pareja supiera que siempre
lo amaría.
-¿Harry?
-¿Qué?
-Mírame.
Harry lo hizo, parpadeando asombrado cuando vio una rama de muérdago sobre sus
cabezas. Miró la decoración con sus ojos verdes muy abiertos, antes de fijarse
en el sonriente Veela que instantáneamente se lanzó hacia él.
Mientras los labios de Draco descendían hacia los suyos, vagamente se preguntó
por qué el Veela parecía haberse convertido en una droga, una droga sin la cual
ya no podía estar. Ansiosamente se rindió al beso, acercándose más al otro chico
y suspirando con satisfacción cuando los brazos de Draco lo rodearon,
abrazándolo apretadamente.
-Te amo- Draco suspiró en su boca.
-Yo también te amo- susurró Harry mientrass se alejaban, sus ojos diciéndole a
Draco cuanto lo adoraba.
-Eso es todo lo que necesito- fue toda su respuesta.
-¡Ewww!
Harry le lanzó una almohada a la chica quien estaba imitando ruido de besos y
poniendo rostro de enamorada. Desde su llegada había decidido pasar su tiempo
burlándose de la pareja......o como Harry pensaba, humillándolos.
-Compórtate, China.
Sobresaltado, Harry alzó la vista para encontrarse nada más y nada menos que con
Narcissa Malfoy. Lucía tan bella como siempre, vestida con una túnica azul
oscuro, el pelo inmaculadamente recogido encima de su cabeza en un elegante
cucurucho. Los pálidos ojos azules valoraron el grupo cuidadosamente con una
amplia mirada, una sonrisa formándose en sus labios carmín mientras descendía
sobre su hijo.
-Draco- saludó fríamente.
-Madre- le contestó el saludo tranquilamennte.
Se dirigió a abrazarla, complacido como siempre que la veía. El abrazo era la
mayor expresión emocional que hacía en público; el código Malfoy habitualmente
insistía en un breve abrazo para mantener las apariencias. Ella era su madre,
después de todo, y compartía sus maneras. Mientras la abrazaba, respirando su
esencia familiar, una suave fragancia a rosas, no notó la oscura mirada que
Narcissa lanzó a Harry por encima de la cabeza de su hijo.
Harry mordió su labio, sabiendo que, internamente, la mujer estaba furiosa con
él por abandonar a su hijo como lo había hecho. Sabía que negar la huída sería
inútil. A Narcissa no le importaría que hubiera estado dormido y que hubiera
sido Sirius quien se había llevado a su ahijado de regreso a Hogwarts.
-¿Cuánto tiempo te vas a quedar?- le preguuntó Draco afectuosamente..
-Al menos una semana.
-Eso es fantástico. ¿Supongo que las trilllizas también se quedarán?
-Sí, si se portan bien, querido. Te extraññé- Narcissa sonrió a su hijo.
-Siéntate, iré a buscar algo de beber- Draaco hizo un gesto hacia el sofá.
-Gracias- le sonrió graciosamente, sentánddose frente a Harry.
Draco le dio a su chico una brillante sonrisa y salió, creyendo claramente que
todo estaba perfectamente bien. Amargamente, Harry se preguntó si Draco
realmente creía eso o sólo ignoraba la obvia frialdad que había sido dirigida
hacia su pareja, aunque sabía que el Veela lo protegería de todo, incluso de sus
padres.
Tan pronto como el retrato se cerró tras él, Narcissa se giró hacia Harry, sus
ojos brillando con antipatía. Sonrió fríamente, aunque con un gesto cortés, pero
era evidente que no disfrutaba ante la vista de la pareja de su hijo,
-Harry, juega conmigo- le pidió China, sinn notar el modo en que su tía estaba
viendo al Gryffindor.
Instantáneamente las otras dos jovencitas se reunieron alrededor de donde China
y él estaban jugando, riendo excitadas mientras comenzaban una partida. Harry
luchó por contener las lágrimas que escocían en las comisuras de sus ojos, sin
desear parecer débil.
-¿Recibiste la carta de Lucius?
Alzó la vista hacia su futura suegra, sorprendido de que hubiera hecho un
esfuerzo por hablarle, cuando obviamente estaba muy enojada con él, por mucho
que hubiera hecho en el pasado. Tragó con nerviosismo.
-Sí, señora Malfoy.
-Bien.
En ese momento Harry supo que Narcisa nunca lo perdonaría por herir a su hijo.
Era obvio que iba a fingir frente a Draco, pero solos nunca tendrían la amistad
cercana que había pensado que eventualmente podrían llegar a tener.
Parecía que incluso ahora, cuando tenía el amor del muchacho que adoraba, se le
negaba la familia que siempre deseó. Se apresuró a girarse, enjugando
discretamente una solitaria lágrima que escapó de sus pestañas caídas y corrió
por su mejilla.
Se sentía tonto. Estaba siendo egoísta, razonó silenciosamente. No podía tenerlo
todo; era imposible, y tenía más que suficiente. Sin embargo, aunque intentaba
consolarse recordándose que tenía mucho más de lo que había tenido en el pasado,
la actitud de Narcissa todavía le hería.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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