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Capítulo 15: Un nuevo día.
Harry despertó en la Torre Gryffindor. Se estiró ligeramente mientras lentamente
recuperaba la conciencia, su mente todavía aferrada al sueño, renuente a
regresar a la realidad. Escuchó voces susurrantes a su lado y gimió, no
queriendo despertar todavía y enfrentarse a la pesadilla de lo que,
infructuosamente, había intentado creer que era en verdad una pesadilla.
Su corazón dolía por la pérdida del cálido cuerpo de Draco a su lado; de los
largos y fuertes brazos que habitualmente lo acunaban durante la noche,
consolándolo. Anhelaba desesperadamente abrir los ojos y encontrar la mirada de
los ojos plateados llenos de amor.....una mirada que la pasada noche había
bullido de odio hacia él.
-¿Harry?
Enterró más profundamente su cara entre las cobijas, no deseaba contestar.
Quería pretender que nada había pasado. Deseaba creer que Draco sólo estaba en
el baño y que se encontraba en su habitación de La Torre.
Con un suspiro Sirius se adelantó, jalando la cobija con brusquedad, sabiendo
que el chico necesitaba enfrentarse a la realidad y no ocultarse como deseaba.
Con el tiempo, Harry agradecería su persistencia.
El chico se removió, estirando su cuerpo como un gato perezoso. Mientras un par
de empañados ojos verdes se encontraban con los de él, Sirius maldijo a Draco
internamente por herir a su ahijado, la única persona que significaba para él
más que la vida misma.
-Vamos, chiquillo- murmuró Sirius, bajandoo la voz.
Harry sonrió levemente, sin darse cuenta que Sirius estaba destrozado por la
equivocación. A Sirius le hería ver a su normalmente alegre ahijado hecho polvo,
todo porque se había enamorado y el bastardo Veela había roto su corazón. Harry
ya había perdido tanto: se le había negado una vida normal y una niñez amorosa,
a causa de los Dursley; se le había negado la seguridad, incluso en Hogwats,
debido a Voldemort; y se le había negado una familia real debido a que sus
padres habían muerto, y cuando finalmente había encontrado la felicidad, había
sido destruida tan rápidamente como había llegado. Sirius iba a lograr que Draco
Malfoy pagara, aunque fuera la última cosa que hiciera.
-Estoy bien- murmuró Harry, deslizándose ffuera de la cama y dirigiéndose al
baño.
Ron, Hermione, Sirius, Seamus, Dean y Neville lo observaron en silencio. Remus
había ido a hablar con Dumbledore sobre lo que estaba pasando. Tan pronto como
se cerró la puerta del baño, los muchachos se giraron hacia Sirius, inseguros
sobre qué hacer. Sirius pasó la mano sobre su cabello, demostrando cuan agotado
se sentía.
-Si pudiera mataría al maldito Veela- dijoo finalmente.
Ron soltó una débil sonrisa.
-Sí.....nunca ha sido más que un hurón.
Seamus frunció el ceño.
-Él sólo está confundido.......creo que ess por la vez de la biblioteca......
-¿Qué vez de la biblioteca?- preguntó Deann agudamente, viendo a Seamus con
cautela.
Seamus enrojeció.
-Yo......este......yo.....- tartamudeó, saabiendo que se había metido en un serio
problema. Fue debido a él que Harry había tenido problemas con Draco. Después de
todo, había sido la causa de los celos del rubio en primer lugar.
-¿Si?- insistió Sirius.
-Besé a Harry- Seamus se ahogó.
Todos quedaron con la boca abierta, demasiado aturdidos para hablar. Sabían que
Seamus había estado intentando seducir a Harry, pero creían que no era otra cosa
de toques inocentes, nunca les había dicho que había besado al Gryffindor de
pelo oscuro.
-¿Tú qué?- preguntó Ron estúpidamente. >
-Lo besé. Harry intentó apartarme pero fuee demasiado tarde. Malfoy llegó y
sufrió un ataque- explicó Seamus, encogiéndose ante las expresiones acusadoras
en el rostro de los demás.
-Oh......así que por eso Malfoy piensa quee Harry es una zorra- musitó Neville,
comprendiendo repentinamente. Se había preguntado por qué Malfoy había perdido
los estribos tan fácilmente, especialmente a causa de un baile inocente, pero el
Veela debió pensar que Harry estaba teniendo un romance con Seamus.
-¡No tuvo razón de llamarlo así! ¡Harry coonfiaba en él!- protestó Seamus con
firmeza, frunciendo el ceño.
-Es un Veela, Seamus- dijo Hermione con seencillez, como si eso aclarara todo.
-¿Y?- preguntó Sirius sin entender.
Hermione le lanzó una oscura mirada con el ceño fruncido. Honestamente, pensaba,
¿alguno de ellos prestaría atención a algo? Harry era alguien cercano a todos
ellos, de diferentes maneras, y aún así seguían sin tener idea de cuán seria era
realmente la situación.
-¿Ninguno de ustedes lee? ¿Ni siquiera parra tratar de saber en qué está metido
Harry?- les acusó.
Débilmente, todos sacudieron la cabeza. Ella bufó con desaprobación. De verdad
pensaba que todos los chicos eran iguales, sin importar la edad. Decidió
informarles de unos cuantos detalles que había aprendido en su investigación
para encontrar más sobre Draco y el proceso de apareamiento.
-Los Veela son posesivos y por una razón. Para ellos, sus parejas lo son todo.
Para Draco, Harry es el mundo entero. Imaginen ver al muchacho que aman siendo
abrazado por otro chico.....perderían los estribos. Draco obviamente pensó que
Harry estaba haciendo esto a propósito y supuso incorrectamente que se estaba
viendo con Seamus, quien, puedo agregar con justicia, no ha hecho otra cosa que
causar problemas desde que esto empezó.
-Oh....- murmuró Dean.
-Correcto.....- Sirius asintió, sintiéndosse repentinamente un poco más
comprensivo hacia el Veela. El pensamiento de que alguien tocara al hombre que
amaba también podría enloquecerlo. Puede que nunca le hubiera confesado sus
sentimientos, pero los celos eran un arma poderosa.
-¿Entonces?
-¿Entonces? ¡Entonces! Ron, Draco necesitaa a Harry. ¡Por si no lo sabes, en
menos de cuatro meses comenzará la estación de celo.....cuando Draco querrá
unirse a Harry más que nunca! ¡Y en caso de que lo hayas olvidado, nuestro mejor
amigo está enamorado de él!- despotricó Hermione, furiosa. No podía creer que
todavía no se hubieran dado cuenta de que el asunto podría tener serias
consecuencias.
-Ok- gritó Ron, alzando las manos para deffenderse, sabiendo cuan protectora era
Hermione respecto a Harry..
-Entonces, Harry necesita estar con Draco-- concluyó Seamus.
Hermione asintió, complacida de que al menos Seamus pareciera entender su línea
de pensamiento. Era en situaciones como esta cuando Hermione se daba cuenta de
cuan inmaduro era el sexo masculino cuando se trataba de problemas emocionales.
A ellos les gustaba ocultarse detrás de sonrisas y rostros felices, cuando el
amor traía emparejado lágrimas y dolor, un dolor que Harry ahora estaba
sintiendo.
-Así que tenemos que hacer que se reconcillien......de alguna manera- comentó
Sirius, pensativamente.
Hermione bufó.
-Ambos son tan testarudos, así que ¿cómo ddemonios sugieres que hagamos eso?
-No lo harán.
La firme voz los sobresaltó y se giraron para ver a Harry parado en el umbral,
apoyado contra el marco de la puerta. No los miraba, tenía la vista clavada en
el anillo en su dedo. Dudó antes de quitárselo, sus ojos verdes melancólicos; la
señal del cálido metal persistió sobre su piel un largo rato hasta que
finalmente desapareció.
-Él no me quiere por mi mismo. Malfoy sóloo se interesa por mí porque el enlace
lo está obligando, anoche lo demostró. No me uniré a alguien que no me ama
verdaderamente- susurró, sabiendo que aunque amara al Veela con todo su estúpido
corazón Gryffindor, no podía permitirse sentir dolor innecesario por disculparse
con el Veela por algo que no había hecho. Era demasiado pronto. Demasiado
doloroso.
Los demás lo observaron impactados, mientras Harry se dirigía hacia su baúl. Lo
abrió y deslizó el anillo en su interior para guardarlo con llave, sus dedos
acariciando el metal aún caliente por su propio cuerpo cálido, su corazón
renuente a librarse de él. Hacer eso culminaría su ruptura con Draco. Traería
autenticidad a la situación.
“Con mi corazón” pensó Harry, las lágrimas forzando por escapar.
No debía llorar, no de nuevo. Era Harry Potter, el Niño-Que-Vivió. El chico que
se suponía salvaría a todo el mundo mágico del mal. De Lord Voldemort. Y lo
haría, porque era su deber, un deber que le había sido asignado incluso antes de
nacer.
“Soy más fuerte que esto...” pensó, pero mientras el pensamiento inundaba su
mente sabía que no era así. Internamente, su corazón todavía lloraba. Era humano
y los humanos tenían debilidades, dolores y sentían tristeza. Ni siquiera el
Salvador del mundo mágico podía escapar a eso.
-Vamos a desayunar- dijo finalmente.
Su tono indico a los demás que no habría forma de persuadirlo, así que con los
corazones pesados los otros lo siguieron fuera de la Sala Común de Gryffindor,
sabiendo que Harry no podría aguantar mucho más, y que necesitaba su apoyo más
que ninguna otra cosa..
El Gran Comedor quedó en silencio cuando los Gryffindor de sexto año y Sirius
Black entraron en el salón. Todos los rostros se fijaron en el rostro sin
emoción de Harry Potter, quien inmediatamente caminó hacia su lugar habitual, se
sentó y se obligó a tomar una tostada. Para ser alguien que había tenido una
pelea con el chico que amaba, parecía casi despreocupado, para sorpresa de
todos.
Sirius le lanzó una mirada preocupada antes de dirigirse a la mesa de los
profesores. Se deslizó en su asiento, al lado de Remus. Éste alzó una ceja,
deseando saber qué había pasado esa mañana y si Harry estaba bien.
-Él no quiere hablar sobre eso- le advirtiió Sirius.
Remus asintió, observando a Harry pensativamente.
-¿El muchacho está disgustado?- preguntó DDumbledore, aunque ya sabía la
respuesta. Era obvia.
-No sé. Se despertó, se ducho, metió el annillo dentro de su baúl y prácticamente
nos ordenó venir a desayunar- resumió Sirius, no queriendo decir a Dumbledore
las palabras de Harry.
Por mucho que preocupara a Sirius, era un asunto privado. Nunca traicionaría la
confianza de Harry contándole a otra persona. Mas tarde le relataría a Remus, ya
que era parte de la familia de su ahijado.......pero a nadie más.
-Él esta ocultándose- intervino una voz neeutral.
Sirius y el resto de los profesores se giraron y miraron a Severus Snape
impactados. El hombre estaba observando a Harry con una mirada calculadora en
sus ojos oscuros, sus dotes de observación activadas mientras estudiaba al chico
en la mesa de Gryffindor.
-¿Cómo tú.......?
-Personalmente considero que Potter está een todo su derecho de gritar y maldecir
a muerte. Draco necesita aprender que el muchacho no podrá ser controlado. La
terquedad de Potter no dejará a Draco ninguna duda de que su actitud necesita
cambiar antes que puedan lograr una relación estable- comentó desdeñoso.
Los profesores lo miraron boquiabiertos, inseguros sobre cómo reaccionar.
Severus Snape, el azote de la existencia de la mayoría de los chicos, no daba
consejos sobre los problemas amorosos de la gente. La sola idea era alucinante.
La mayoría incluso pensaba que Severus nunca había tenido una relación.
-¡Oh, por Merlín! El chico se ha embarcadoo en una relación con un completo
extraño y ustedes esperan que sea malditamente perfecta. Potter y Malfoy son
demasiado diferentes para que sean capaces de actuar felices de la vida sin que
haya discusiones. ¡Personalmente, me preocuparía si se entendieran a la primera
y se mostraran como la pareja perfecta!
-Severus, tienes razón, como siempre- conccordó Dumbledore, sus ojos brillando
con respeto hacia el Profesor de Pociones.
-¿Entonces estás diciendo que debemos dejaar que Malfoy se quiebre primero?-
preguntó Remus lentamente, comprendiendo repentinamente.
-Sí.
-Oh- dijo Sirius, la comprensión aparecienndo en sus rasgos.
-¿Así que básicamente es una prueba de límmites?- musitó Minerva McGonagall.
-Por supuesto. ¿Qué harías si fueras acusaada de ser infiel? Si alguien es más
ridículamente noble que Potter yo soy un maldito Gryffindor- bufó Snape, con un
profundo sarcasmo implícito en cada palabra.
Dumbledore rió entre dientes, su mirada tornándose afectuosa mientras miraba al
hombre que había espiado para él y arriesgado su vida por el bien de la Orden y
el mundo mágico. Severus Snape era un hombre muy complicado, un genio, de hecho.
Era quizás el mejor Maestro de Pociones de Gran Bretaña, y dudaba que hubiera
uno mejor en el mundo, y era tan Sly como cualquier otro Slytherin en la
historia.
Había tomado como suya la tarea de cuidar de Harry Potter, sin duda tratando de
pagar la deuda de vida que todavía tenía con James Potter, quien lo había
salvado de ser atacado por un hombre lobo mientras estaban en la escuela.
Severus odiaba esto, pero lo aceptaba.
Era un hombre en quien Dumbledore confiaba con su vida, y un querido amigo. Un
muy querido amigo.
Harry estaba sentado en el Gran Comedor, durante el almuerzo, pretendiendo comer
mientras movía los alimentos alrededor del plato ignorando el ojo vigilante de
Hermione Granger, cuando Draco Malfoy apareció finalmente en Hogwarts. El Veela
irrumpió en el lugar, su rostro llevando su habitual máscara fría, y caminó
hasta la mesa de Slytherin, donde lo miraron con algo parecido al terror,
especialmente Pansy, quien estaba recordando la última vez que el Veela había
perdido el control.
Todos sabían que con frecuencia los Veela era emocionalmente inestables cuando
su relación con sus parejas era amenazada, y no querían ser receptores de la
furia de éste en particular. Draco Marfoy era bien conocido por su autocontrol,
pero sabían que incluso él era incapaz de ignorar el empuje del Veela.
-¿Estás bien, Draco?- le preguntó Blaise, cauteloso.
-Bien- siseó Draco, evitando mirar la rígiida silueta de Harry
Se sentó y acercó algo de comer. El silenció desapareció mientras los
estudiantes comenzaban a murmurar, mirando a Draco con cautela, y lanzando a
Harry miradas de simpatía que el Gryffindor ignoró.
-¿Estás bien, Harry?- susurró Hermione.
-Sí. ¿Quieres ir a volar, Ron?- preguntó eel moreno, cambiando inmediatamente de
tema sin siquiera preocuparse por molestar a la chica.
-Claro, compañero- Ron sonrió, complacido de que su amigo mostrara algún
entusiasmo por algo. Odiaba tener que verlo actuando así; era como un
autómata.....¿cuál era la palabra que había empleado Hermione?....un robot, eso
era. Los Muggles eran criaturas extrañas, meditó.
-Yo también voy- añadió Hermione apresuraddamente.
-¿QUÉ?- gritó Ron, incapaz de evitar el esstallido. Hermione odiaba volar.
Consideraba que era una herramienta útil para aprender pero un desperdicio de
tiempo cuando podría estar estudiando o leyendo otro libro extracurricular.
Todos se giraron y clavaron la mirada en la cabeza roja. Harry se rió, aún
cuando el sonido fue ligeramente falso, incapaz de evitarlo al ver la atónita
expresión en el rostro de su mejor amigo. Hermione le lanzó una mirada severa
que recordaba la de la Profesora McGonagall.
-Sí Ron, y no grites- dijo con desdén. >
-¡Tú no puedes volar!
-¿Cómo te atreves? ¡Puedo volar si quiero hacerlo!- despotricó Hermione, sus
ojos echando fuego.
Ron bufó, ignorando las señales de advertencia que Harry sabía significaban
problemas. Hermione siempre perdía los estribos cuando le decían que no era
capaz de hacer algo. No dudaba que ella volaría sólo para probar que podía.
Odiaba ser incapaz de hacer algo.
-¡Díselo, Harry! ¡Ahora!- ordenó la chica en voz alta.
Todos los ojos se giraron al sonriente Harry. Éste amortiguó su risa con la mano
izquierda, apresurándose para detener la mirada furibunda de sus amigos. Al ver
la ira en los ojos de Hermione, le lanzó a Ron una mirada de disculpa y se giró
hacia la bruja.
-Claro que puedes volar, Mione. ¡Ron sólo está comportándose como un idiota!
¿Verdad, Ron?- preguntó, deseando aplacar la ira de la bruja, enfatizando la
última pregunta para que el pelirrojo captara su punto.
-Sí! ¡Por supuesto! Era una broma, Mione- Ron asintió como loco su acuerdo con
Harry.
Hermione sorbió, preguntándose si debía continuar su diatriba. Odiaba el modo en
que la escuela la catalogaban como una buena Gryffindor, la chica que debió
haber sido Ravenclaw debido su amor a los libros. Lanzó a Ron otra mirada
furiosa antes de salir volando del Comedor, con la cabeza en alto.
En cuanto ella partió, Harry se relajó, aliviado por haber evitado otra de las
famosas peleas que ocurrían entre sus mejores amigos. Podían estar
desesperadamente enamorados, y eso era innegable, pero también eran
completamente irritables.
-Creo que estás en las últimas, compañero-- dijo riendo.
Ron suspiró.
-¡Malditas mujeres!
-¡Ron!- exclamó Ginny indignada.
Draco apenas se contuvo para no gritar con frustración cuando su pareja terminó
su comida en silencio y abandonó el comedor, rodeado por sus amigos que parecían
ofrecerle apoyo moral. Distraídamente, tomo nota del hecho que Harry apenas
había comido, preocupado, incluso ahora, por la salud de su pareja.
Lo que más había herido a Draco era el hecho de que Harry se hubiera quitado el
anillo, el anillo que le había entregado como símbolo de su amor y compromiso.
Lo había notado cuando Harry se tapó la boca para amortiguar la risa, dejando
ver su mano desnuda. Esto había sido como un cuchillo en su corazón.
-¿Estás bien, Draco?- insistió Blaise con voz neutra.
-Sí- contestó calmadamente.
Sus amigos lo miraron como si estuviera demente, sabiendo que su humor oscilaba
bastante y estaba lo suficientemente loco como para lanzar a Harry Potter, su
propia pareja, un maleficio de olvido.
Draco los ignoró, mientras los recuerdos de la pasada noche se deslizaban en su
mente, sin importar con cuanta fuerza intentara impedirlo. No quería rememorar
nada ni sentir el profundo dolor que le ocasionaba en conocimiento de que había
sobre-actuado y obligado a su pareja a alejarse de él.
Narcissa había ido averiguar sobre Harry y sacarlo del lugar en que se ocultaba,
furiosa por el modo como éste había arruinado todo. Había regresado con el
rostro ensombrecido por el disgusto y el conocimiento de que el chico había
partido de la Mansión, en brazos de su Padrino.
No importando lo que su familia había tratado de decir, sus palabras no habían
logrado penetrar la muralla que había construido a su alrededor. Finalmente
habían logrado que se fuera a dormir, esperando que pudiera salir del
aturdimiento luego de una noche de sueño decente.
Draco se había dormido rezando por el regreso de Harry, necesitando al otro
chico acurrucado junto a él, su oscuro cabello rozando su cuello y sus suaves
labios presionados contra la sensible piel tras las orejas. Se sentía vacío al
no ser capaz de rodear sus brazos alrededor de las delgadas caderas de Harry,
sentir el cuerpo masculino fuertemente presionado contra el suyo, y ver los ojos
esmeraldas abatidos bajo el sueño.
Había despertado sólo para encontrarse con que su ruego no había sido escuchado.
Harry no había regresado. Entonces se enojó nuevamente. Estaba furioso con él
por abandonarlo, por regresar con su amante irlandés.
En lo más profundo de su mente sabía que había reaccionado excesivamente. Sabía
que Harry nunca había tenido un amante, nunca estuvo en su mente Seamus Finnigan,
pero su posesividad natural había obligado a sus dudas a desechar este
conocimiento.
Recordó los verdes ojos de Harry, plenos de furia, mientras se encontraban con
los propios. Sus palabras todavía le obsesionaban:
‘¡Estás así porque no me quiero unir contigo! ¿Es por eso que soy una zorra?
¿Por qué no quiero abrir las piernas como una buena pareja y dejar que me
jodas?’
Las palabras de Harry habían sido duras, burlándose cruelmente de su amor. Se
había burlado de su enlace, sabiendo que eso heriría a Draco más que cualquier
otra cosa. Le había dado todo a su pareja, hasta su corazón que era lo más
sagrado, y Harry se lo había lanzado en el rostro. Draco ignoró deliberadamente
el hecho de que lo había llamado zorra, aún sabiendo que, de hecho, el chico era
virgen y no había tenido sexo con nadie y nunca se le había pasado por la mente
Seamus Finnigan; Harry se preocupaba por Seamus sólo como hermano, nada más.
‘Pero él nunca dijo que te amaba, ¿verdad?’ una traidora voz susurraba en su
mente.
Levantó la vista y posó sus disgustados ojos en los ojos de Seamus Finnigan. No
mostraban la felicidad que esperaba. De hecho, Draco juraría que podía ver
tristeza reflejada en los ojos del muchacho, oculta bajo el enfado.
“Por qué podría estar enfadado” pensó, internamente furioso. Había sido Seamus
quien había causado la ruptura entre él y su pareja por tratar de seducir a
Harry, aún cuando éste había sido ingenuo al respecto, y meterse en su cama
incluso después de descubrir que Harry estaba con Draco.
Las palabras de Seamus hicieron eco en su cabeza.
‘No te lo mereces, Malfoy’
Draco las excluyó, incapaz de desnudar la verdad, sabiendo que sus acciones no
eran redimibles. Había herido a Harry de la peor manera posible al llamarlo
zorra, algo que el chico nunca había sido, ni nunca sería. Despreció al muchacho
irlandés, quien todavía lo miraba fijamente, y regresó su atención a la comida,
sus nudillos blancos mientras apretaba sus cubiertos.
Harry estaba volando rápidamente alrededor del campo, intentando desterrar el
dolor de su corazón por agotamiento, de forma que no pudiera pensar y al final
lograr dormir sin soñar. No podía sacar de su mente al rubio Veela. Draco ni
siquiera lo había mirado.....no lo quería......
‘No’ gritó en su mente. ‘No lo necesito’
-Harry! ¡Reduce la velocidad! – gritó Hermmione, tratando se sacar a Harry de sus
pensamientos.
Esto no funcionó y Harry se lanzó hacia ella a una velocidad temeraria, apenas
evitando chocar contra ella. Ron apareció instantáneamente a su lado, con una
expresión de desaprobación adornando su rostro, mientras miraba al muchacho de
cabello oscuro.
-¿Qué?- preguntó Harry, el disgusto en su voz.
-No puedes ocultarte de tus problemas, Harrry- lo regañó Hermione, apretando
fuertemente su escoba. Había insistido en unirse a ellos, pues no quería dejar a
Harry lejos de su vista mientras estaba de ese humor, y además deseaba demostrar
a Ron que podía volar.
-Puedo tratar- bufó Harry, desafiante. >
Hermione sacudió la cabeza con tristeza, los ojos marrones llenos con una
inteligencia que Harry envidiaba. El moreno sabía que ella tenía razón, pero
dolía. Dolía pensar en el Veela, sabiendo que se había enamorado del rubio y
que, obviamente, éste sólo lo necesitaba como pareja para su unión. Él no sería
su zorra, por mucho que lo amara.
-Si ignoras la situación sólo la empeoraráás- lo reprendió Hermione.
-Si Harry quiere olvidar que Draco Malfoy existe, entonces estoy con él- se
enfurruñó Ron tercamente.
-Dices eso porque lo odias- razonó Hermionne.
-¿Y?- resopló Ron.
Harry frunció el ceño a ambos antes de volar en picada en un ángulo en que
podría romperse el cuello. Escuchó a Hermione gritar mientras apenas lograba
enderezar su escoba, evitando un grave choque contra el terreno. Subió con
facilidad e ignorando los gritos de sus amigos, abandonó el campo de juego.
Deseaba estar solo. Estaba enfermo de tener siempre a alguien vigilándolo,
hablándole, tratando de animarlo. ¿No podían entender que quería reflexionar,
analizar la situación y entender por que todo había salido mal?
Apreciaba su ayuda, pero no la deseaba. Sabía que lo estaban haciendo porque lo
amaban y se preocupaban por él, pero no iba a encerrarse en el baño y cortarse
las muñecas porque tenía roto el corazón. No tenía intención de morir antes de
matar a Voldemort.
Mientras caminaba por el corredor rumbo al retrato de la Dama Gorda, se
sorprendió al encontrarse clavado contra la pared, la enojada cara de Blaise
Zambini mirándolo fijamente. Harry se retorció, vanamente, necesitaba escapar.
No conocía muy bien a Zabini, debido al hecho de que las relaciones de los
Gryffindors con los Slytherins eran frecuentemente ligeras.
Repentinamente el rostro cambió, transformándose en el contorno borroso de nada
más y nada menos que Vernon Dursley. Harry se encogió mientras su rostro
presionaba más cerca, temeroso de que a eso pudiera seguir el puño del hombre.
En lo más recóndito de su mente, sabía que no era posible que Vernon Dursley
estuviera en Hogwarts, pero no podía enfocar debido al miedo.
-¡Vete!- rogó, desesperado.
-¿Potter? ¿Estás bien?- preguntó Blaise, ssorprendido ante la reacción que su
presencia había causado.
-¡Aléjate de mí!- gritó Harry.
Blaise se apartó y observó impactado mientras Harry colapsaba en el piso, sin
color en el rostro y con los verdes ojos aterrados. Finalmente respiró para
calmarse y alzó la vista vacilante para fijarla en el rostro del otro chico.
Blaise se agachó en el suelo al lado de él, asegurándose de que sus cuerpos no
se tocaran.
-¿Estás bien, Harry?
La voz era suave, y extrañamente gentil. Harry asintió débilmente. No podía
creer que hubiera reaccionado de esa manera, y encima en frente de un Slytherin.
Bajó deliberadamente los ojos, sintiéndose avergonzado. ¿Cómo pudo haber tenido
la guardia baja? ¿Cómo pudo haber pensado por un segundo que Vernon Dursley
estaba en Hogwarts? La sola idea era risible. Los Dursley despreciaban la magia.
-Me recordaste a alguien.....eso es todo.........-explicó Harry firmemente,
tratando de convencer al muchacho de que todo estaba bien, al tiempo que lo
hacía consigo mismo.
Blaise, quien no era un Slytherin por nada, sabía que estaba mintiendo. Debatía
si ignorar lo que había pasado, pero la curiosidad lo ganó. No le agradaba dejar
misterios sin resolver, y Potter era tan enigmático como un Slytherin.
-No me mientas, Potter- gruñó, bajando la voz a un nivel persuasivo.
-¡No lo hago!- protestó Harry, con voz toddavía temblorosa.
-¡Entonces dime la verdad!
-¿Por qué quieres saber? De todas formas, sólo le dirás a Draco. ¿Por eso estás
aquí? ¿Estás tratando de arreglar esto para Malfoy?
Blaise se estremeció ante el tono acusador. Consideraba si mentirle al otro
chico o no, pero se dio cuenta que Harry estaría más dispuesto a decirle la
verdad si eran honestos uno con el otro. Después de todo, era un Gryffindor, y a
veces éstos eran peores que los Hufflepuffs.
-Todo comienza con sí- contestó finalmentee, sin avergonzarse por admitir el
hecho..
Los ojos de Harry se cerraron, ocultando las esmeraldas verdes. Blaise encontró
eso extraño. Generalmente, el Gryffindor era un muchacho abierto, en el que se
podían leer las emociones como en un libro abierto. No le gustó el hecho de que
Harry pudiera cerrarse tan fácilmente a todo y a todos, eso quería decir que
había tenido práctica, mucha práctica. Esto era algo por lo que los Slytherin
eran famosos. El pensamiento de Potter, el Héroe de Oro de Gryffindor, teniendo
rasgos Slytherin, podría haber sido divertido si las circunstancias hubieran
sido diferentes.
-Es mejor que vaya.....
Harry se levantó, cuidando de no tocar al otro chico. Trató de ocultar el temor
que todavía corría por su cuerpo pero sabía que no tenía éxito. En silencio se
maldijo por permitir que su guardia bajara con tanta facilidad.
Blaise lo observó girar en redondo, entendiendo que Harry necesitaba controlarse
a si mismo y a su cuerpo. Distraídamente, notó el hecho de que Potter podría ser
un perfecto Slytherin antes de bufar mentalmente por la idea. Hizo una pausa
antes de preguntar lo que necesitaba saber.
-¿Quién te hirió, Potter?
El cuerpo de Harry se tornó rígido, y sintió que lo asaltaba la habitual pérdida
de control. Estaba atrapado. Tan atrapado como estaba con los Dursley.....En su
habitación. En su alacena.
-Vete, Blaise.....- pidió finalmente, con voz débil.
Harry se alejó, dejando a un desconcertado Blaise mirando fijamente tras él.
Sacudiendo la cabeza, decidió regresar a la Sala Común de Slythrin y decirle a
Draco lo que había descubierto. Al parecer, había muchas cosas que el Veela
ignoraba de su pareja, y si Draco tenía intención de luchar por recuperarlo,
necesitaría toda la ayuda que pudiera conseguir.
Los Slytherins en general habían quedado impactados al descubrir que la pareja
de su amigo era nada más y nada menos que Harry Potter, pero después de
observarlos juntos, supieron que Draco necesitaba a Harry. El Gryffindor había
hecho algo que ninguno de ellos había sido capaz de hacer, había abierto al
Slytherin y le había enseñado a relajarse, especialmente en público.
Draco adoraba al Gryffindor de cabello oscuro, y su amor resultaba obvio. Ni
siquiera el entrenamiento Malfoy que había recibido desde la cuna, había sido
capaz de ocultar ese hecho. Draco sólo necesitaba entender las necesidades de su
pareja, y Blaise sabía que la información que acababa de descubrir podía ayudar
en esta tarea. Sonrió.
Blaise encontró a Draco sentado en uno de los sillones de cuero cerca del fuego,
su cuerpo tumbado con elegancia. No había querido regresar a La Torre todavía y
Blaise lo entendía. La Torre estaba llena de recuerdos de Harry y oler la
esencia de su pareja podría enloquecer al Veela, al saber que no podía tocarlo,
verlo, abrazarlo. Sus ojos estaban oscurecidos por el dolor pero su rostro
permanecía neutral. Draco era, después de todo, un Malfoy.
-Draco- lo saludó.
-Blaise- saludo el rubio a su vez, con la voz fría y distante.
-Me acabo de encontrar con Potter en los ppasillos- comenzó Blaise, sin saber
como reaccionaría Draco. Si no estuviera consciente de que esto era necesario,
ni siquiera se hubiera molestado; temía por su integridad física. Desde su
regreso, Draco se había negado a hablar sobre su pareja, y había evitado el tema
religiosamente.
Instantáneamente la cabeza del rubio dio la vuelta y se enfrentó con él, la
máscara deslizándose ligeramente de forma que Blaise fue capaz de atrapar un
vistazo de lo que el Veela sentía realmente. Internamente lo compadeció,
sabiendo que Draco estaba casi inundado por el dolor, pero no lo demostró. Su
amigo no aceptaría la compasión con amabilidad.
-¿Qué te dijo?- la voz de Draco estaba cassi exenta de emoción, pero Blaise,
quien estaba acostumbrado a sus maneras, sintió una urgencia subyacente.
-Nada en realidad- Blaise se encogió de hoombros, pero la severa expresión de su
rostro le indicó a Draco otra cosa.
-Cuéntame- gruñó el Veela, anhelando saberr. Podía tratar de engañarse a si mismo
pensando que podía vivir sin Harry, pero la expresión del rostro de Blaise le
decía que pasaba algo malo con su pareja y supo que no podría. Luchaba con la
urgencia de encontrar a Harry, tomarlo en sus brazos y llevarlo hasta su Torre,
donde pudieran ocultarse en el lecho.
Blaise dudó, no sabía si debía traicionar la confianza del Gryffindor. Le dio un
vistazo a la cara de agonía de su mejor amigo. Draco necesitaba saberlo para
poder solucionar los problemas de su pareja. Necesitaba entender a Harry, pues
estaba claro que no lo hacía.
-No dijo nada en realidad- murmuró Blaise,, casi para si mismo.
-¿Entonces por qué me estás diciendo esto??- bufó Draco.
-No es lo que dijo, es más bien la forma een que reaccionó......- Blaise trató de
explicarse.
-¿Qué quieres decir?- preguntó el rubio, bbajando la voz ligeramente con
frustración, una advertencia a Blaise de que su amigo estaba perdiendo el
control rápidamente. Draco podía sentir como la sangre Veela le urgía a atacar
al otro Slytherin, para extraer la información que necesitaba para proteger a su
pareja.
-Lo asusté, lo pegué contra la pared para atraer su......
-¿QUÉ?
La furia en el rostro de Draco le dijo a Blaise que era mejor que su explicación
fuera buena. El rubio era posesivo con su pareja, todo lo que podía ser un
Veela, y no tomaría con amabilidad que alguien tocara a Harry. Dudando, Blaise
comenzó a explicar, pues no deseaba encontrarse en el extremo final de un
desagradable maleficio.
-Estaba alucinando..me suplicó que lo dejaara ir. Estaba aterrado. Se alejó de mí
como si fuera a golpearlo.....le pregunté si estaba bien.....Potter sólo dijo
que le recordaba a alguien.....le pregunté quien lo había herido y él se
fue.....
El cuerpo de Draco se quedó sin fuerzas, el rostro con una calma surrealista.
Esto congeló a Blaise, aunque no dejó que su rostro traicionara su emoción. Los
Slytherins no temían a nada, y menos unos a los otros. Sabía que Draco sólo
estaba preocupado por su pareja, aunque la preocupación de un Veela podía ser
mortal para cualquiera que se encontrara en su camino.
-¿Alguien lo tocó......contra su voluntad??- preguntó Draco, la voz llena con una
furia implícita.
El calmado comportamiento de Draco aterraba al Slytherin que lo observaba más
que si hubiera manifestado abiertamente su enojo. Cuando un Malfoy perdía el
control sabías que estabas en problemas, pero el modo en que los ojos de Draco
se habían tornado negros hizo que el cabello de la nuca de su amigo se pusiera
de punta.
-No lo sé, Draco. Quienquiera que fuera loo asustaba.....Parecía como si fuera
una reacción automática......casi una llaga de su mente......
-¿Así que piensas que ha sido herido antess........hace tiempo?
-Sí- admitió Baise, un poco a regañadientees. No le había gustado la reacción de
Draco a sus noticias.
-¿Cuánto tiempo?- insistió Draco.
Blaise vaciló antes de contestar. Podría asegurar que el Veela estaba perdiendo
el control rápidamente, y para ser honestos, Blaise no podía culparlo. Harry era
todo para su amigo. Mordió sus labios, tratando de explicar lo que había
descubierto sin exagerar. Sabía que si había llegado a la conclusión equivocada,
Draco podría llegar a herirlo.
-Reaccionó como un chiquillo asustado...... como si estuviera atrapado.....
-¿Cuánto tiempo?- repitió Draco, elevando la voz.
-Años, Draco. Lo que fuera que lo aterra oocurrió seguramente hace mucho
tiempo......probablemente cuando era niño.....
Las palabras de Blaise hicieron que Draco emitiera un gemido desesperado y el
otro chico se adelantó rápidamente para consolar el corazón roto de su amigo,
sabiendo que el rubio necesitaba ese consuelo más que ninguna otra cosa, aún
cuando se negara a recibirlo.
Al día siguiente Harry se dirigió apresuradamente a desayunar, sintiéndose
física y emocionalmente drenado. La noche anterior, finalmente había caído en un
sueño irregular, y sentía como si no hubiera dormido en semanas. Su cuerpo
estaba tan acostumbrado a tener a Draco abrazado a su alrededor, que no podía
dormir sin la protección del Veela.
Al despertar en la mañana, dejó una nota a sus compañeros de cuarto, pidiéndoles
que lo dejaran volar hasta que estuviera listo para regresar. Había volado por
horas, y ahora estaba empapado a causa del la lluvia que caía en el exterior.
Draco alzó la cabeza bruscamente, reconociendo por su esencia que Harry estaba
en el salón. Había estado aguardando con impaciencia la presencia de su pareja,
deseando asegurarse que estaba bien después de lo que Blaise le había confesado.
Se quedó mirando fijamente, su boca cada vez más seca ante la visión. Ausente,
escuchó a Blaise reír suavemente ante su reacción, pero sus ojos estaban fijos
en su pareja. Su hermoso Harry. ¿Cómo pudo llegar a considerar la posibilidad de
vivir sin este muchacho en su vida?
Harry estaba empapado. Su negro pelo se pegaba a su cabeza por la humedad, en
mechones despeinados, enmarcando sus verdes ojos que miraban a través de las
pestañas cubiertas con gotas de lluvia, mientras su mano derecha aferraba su
famosa Saeta de Fuego. Ni siquiera parecía notar el hecho de que sus ropas
estaban empapadas, adhiriéndose a sus largas piernas y su torso musculoso, y
revelando el cuerpo que habitualmente ocultaba con sus túnicas escolares
reglamentarias.
Nunca le había parecido tan frágil como en ese momento. No parecía para nada el
legendario héroe que el mundo mágico suponía. Era un solitario, helado muchacho,
que pretendía ser fuerte ante todos los demás y todo lo que Draco deseaba era
abrazarlo apretadamente, protegiéndolo del resto del mundo. Él era su pareja.
Harry se dejó caer al lado de Ron, sin molestarse en responder al saludo que le
dieron varios Gryffindors, pasando algo de lluvia a la roja cabeza de su amigo,
ante la gran molestia de Ron. El moreno ni siquiera lo notó.
-Ewww! Harry, muchas gracias- gruñó Ron.
Harry parpadeó, mirando sus ropas mojadas. Frunció la nariz con desagrado,
alcanzando a tocar la ropa húmeda. Se sacó la camisa, temblando cuando el aire
frío golpeó contra su piel.
-Lo lamento, Ron. No me di cuenta que estaaba mojado.....
Ron lo miró extrañado, preguntándose si estaría completamente perdido y
necesitaba ser encerrado en St. Mungo para tratamiento psiquiátrico. Sabía que
estaba muy afectado por su rompimiento con Malfoy, pero no había tomado
conciencia de que estaba tan mal.
-¡Harry, ha estado lloviendo por horas! ¡TTú has estado volando por horas! ¿Cómo
diablos no.....?- despotricó Ron.
-Hey, Harry- lo interrumpió Hermione, pasaando su varita y secando mágicamente la
ropa del chico, mirándolo con preocupación pero sin manifestarlo en voz alta,
sabiendo que por ahora eso no sería bienvenido. Hablaría cuando estuviera listo,
no antes.
Harry le sonrió débilmente, expresando su agradecimiento por su paciencia.
Hermione le regresó la sonrisa, pero el joven pudo ver que era forzada. La chica
estaba preocupada por él......todos lo estaban. Internamente suspiró, sabiendo
que nada de lo que pudiera decirles haría que se alejaran. Si no otra cosa, al
menos eran persistentes en su preocupación por él.
-¿Disfrutaste tu práctica?- le preguntó suuavemente.
-Sí.....supongo que sí- recalcó con aire aausente.
-Sólo no vuelvas a hacer eso bajo la lluviia- lo reprendió Hermione.
-Yo no.....- murmuró Harry, bajando la cabbeza ligeramente como un niño
reprendido, para gran diversión del Comedor.
-Nos preocupaste cuando despertamos y no eestabas ahí- agregó Seamus.
Harry lució sorprendido. Miró fijamente a su amigo irlandés, viendo el alivio en
los ojos azules de Seamus. Pronto se dio cuenta que el resto de los Gryffindors
lo miraban con preocupación y un semi-reproche. Sintió que su enfado subía un
tanto ante ese pensamiento. ¡No era un niño para ser mimado!
-¡Dejé una nota!- bufó.
Ron gruñó.
-Ron.....volando.......lejos....Harry......, eso no es una nota, Harry- lo regañó
Neville, uniéndose a los demás.
-¿Qué querían? ¿Cinco pies de ensayo sobree el disfrute de volar?- gruñó,
demasiado cansado para enojarse.
-Hubiera sido mejor que cinco palabras garrabateadas- Hermione frunció el ceño.
-Pues pude haberme ido sin escribir nada- amenazó Harry, claramente malhumorado
por verse obligado a dar explicaciones. Sabía que ella tenía razón, pero no
quería que lo asfixiara. Necesitaba espacio para organizar su vida.
-Claro que pudo......irse solo. Harry neceesita algo de tiempo para pensar- lo
apoyó Seamus.
-Gracias, duendecillo- bostezó Harry, trattando de contenerlo con una mano; sus
oscuras pestañas caían ligeramente sobre sus somnolientos ojos verdes.
Los ojos de Seamus se abrieron ligeramente por la sorpresa ante el nuevo apodo
pero lo desestimó, sabiendo que Harry apenas era capaz de pensar racionalmente.
No estaba sorprendido por la reacción de su amigo a la pelea con Malfoy. Harry
amaba a Draco Malfoy, aún cuando era un mocoso egoísta y consentido, pero no lo
podía controlar.
-¿Duendecillo?- se rió Ron, divertido. >
-Duendecillo irlandés- murmuró Harry, sus ojos cerrándose ligeramente.
-¿Dormiste anoche, Harry?- le preguntó Herrmione, obviamente preocupada por el
estado de su amigo. Se veía apenas lúcido.
-Sí......aunque me desperté muy temprano- murmuró Harry, pronunciando mal.
-Harry......- comenzó Ron.
-Creo que me estoy cayendo...
Fue toda la advertencia que tuvieron antes que Harry cayera dormido. Ron apenas
pudo evitar que su rostro aterrizara contra su desayuno. Las personas en el
comedor rieron, sin notar que Draco apretaba la mandíbula.
El rubio trató de luchar contra su sangre Veela, que lo urgía a correr hacia su
pareja y sostenerlo en sus brazos, disculparse y rogarle que regresara con él,
pero al final ganó su parte humana, como ocurría habitualmente.
-Es mejor que lo regresemos a la cama, neccesita dormir- sugirió Hermione,
mirando a Dumbledore, quien asintió discretamente.
-¿Qué? ¿La gran Hermione Granger sugirienddo que Harry falte a clases?- bromeó
Ron ligeramente, intentando animar a la chica.
-¡Ron! ¡Harry necesita dormir!- chasqueó HHermione, ayudando al pelirrojo a
cargar a su mejor amigo en brazos.
-Apenas pesa- declaró Ron asombrado, miranndo a Harry con temor reverencial.
-Estar casi anoréxico no es algo de lo quee estar orgulloso- murmuró Hermione,
guiando a Ron a través de la puerta, bufando con desaprobación.
Miró sobre su hombro y atrapó una imagen del rostro ligeramente pálido de Draco.
Sus ojos se encontraron y Hermione pudo ver el temor y la angustia interior, y
suspiró suavemente. “Chicos” pensó. Eran tan tercos como las mulas.
Dependía de Draco, sin embargo, hacer el primer movimiento. Él había causado el
problema y su relación nunca se habría perdido si no se hubiera dejado llevar
por su naturaleza posesiva y aprendiera a confiar en su pareja. No había nada
que ella pudiera hacer sin empeorar la situación. Lo más que podía hacer era
asegurarse que Harry se preocupara por si mismo, cosa que parecía difícil de
lograr.
-Va a estar bien- le susurró Blaise a Dracco, comprendiendo el comportamiento de
su amigo.
Éste le lanzó una mirada mortal. Nada podría estar bien hasta que él y Harry se
reconciliaran, hasta que pudiera ver al Gryffindor y asegurarse que se estaba
cuidando apropiadamente, lo cual claramente no hacía, a la luz de la escena que
acababa de contemplar.
-Eres imposible, Draco. Sólo discúlpate coon él, o al menos averigua por qué está
así- Blaise suspiró, perdiendo la paciencia con su amigo. Crabble y Goyle
gruñeron su acuerdo antes de continuar desayunando.
-Quizás duendecillo lo sepa- replicó Dracoo mordaz.
-Potter estaba difícilmente consciente..... e incluso Seamus pareció pasmado por
el apodo. Dale una oportunidad a Harry. Sabes que tenía razones para gritarte.
¿Qué harías si alguien te llamara zorra? Honestamente, Potter es más
malditamente inocente que la Virgen Maria- bufó Blaise, pero había preocupación
en su voz.
-Blaise- le advirtió Draco, estrechando loos ojos.
-Al menos averigua lo de la última noche- suplicó.
-¿Por qué estás tan preocupado?- pregunto finalmente Draco, estrechando sus ojos
hasta dos ranuras celosas y mirándolo con astillas de hielo.
-No estoy fascinado con Potter pero sé quee tú lo amas. Nunca me interpondría
entre ustedes. Además, quiero averiguar por qué perdió los estribos cuando lo
toqué- Blaise frunció el entrecejo.
Draco asintió. Blaise era incapaz de soportar un misterio sin resolver, y estaba
seguro de descubrir el fondo del problema con Harry, incluso si tenía que
obligar al otro chico a confesar. Y él no podía contener sus celos, sabiendo que
no podía estar ahí para vigilar a la gente que rodeaba a su pareja.
Harry era un chico muy bello. Con su cabello oscuro, sus luminosos ojos verdes y
esa fácil cortesía con que se relacionaba con todas las Casas excepto Slytherin,
quienes odiaban su popularidad en el mundo mágico por algo que ni siquiera
podían recordar. Sabía que muchas personas habían notado como lucía Harry desde
la pubertad, y ese pensamiento hacía que hirviera su sangre.
Además, secretamente estaba preocupado por Harry. Éste apenas parecía consciente
de lo que ocurría a su alrededor. Pero lo que más le preocupaba era su reacción
ante Blaise. Era obvio que alguien lo había herido físicamente en el
pasado......
Y si encontraba a quien había herido a su pareja, si descubría qué había hecho
para aterrarlo de esa manera, el responsable sufriría una muerte muy dolorosa,
eso se lo prometía a si mismo. Nadie hería a su pareja y se salía con la suya.
-Ahora vamos a pociones, Draco- Blaise intterrumpió la cadena de sus
pensamientos, pues no le gustaba la malévola sonrisa que se había formado en el
rostro del rubio. Sabía que significaba problemas.
-Y no podemos dejar esperando al Profesor Snape- dijo Draco con desprecio,
levantándose en un movimiento fluido, e irguiendo la cabeza mientras ignoraba
las miradas enfocadas en su dirección.
Después de todo, era un Malfoy
¸¸,ø¤º°º¤ø
°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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