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Capítulo 14: El Baile. (Parte 2)
Era ya tarde esa noche cuando Harry dejó a Draco para ir a encontrarse con sus
amigos. Habían pasado la mayor parte de la noche bailando, contentos de estar
uno en brazos del otro, ignorando las miradas que les dirigían. Dracó lo soltó a
regañadientes ante la fuerte diversión de Harry. El Veela lo miraba como si se
fuera a ir para siempre.
Caminó hacia donde estaban sentados Ron y Hermione. Sabía que los había
ignorado, aunque no deliberadamente; eran sus mejores amigos, pero su relación
con Draco había creado una brecha que odiaba. Se tiró en una silla al lado de
ellos, riendo ante sus expresiones de sorpresa. Levantó una ceja.
-¿Qué?
-¿Malfoy te dejó ir?- preguntó Ron, incréddulo.
Harry se ruborizó, retorciéndose incómodo. ¡Draco no era su dueño! El modo en
que Ron había dicho eso hizo que se preguntara si su amigo pensaba que estaba
siendo sumiso ante el Veela. Peleó por evitar sonreír, al recordar el modo en
que había castigado al Veela por ignorarlo.
Amaba a Draco con todo su corazón, pero ni siquiera él podía lograr que le
obedeciera. Nadie podría hacerlo. Los Dursley habían hecho grandes esfuerzos por
transformarlo en un sirviente obediente y no tenía intención de volver a pasar
por lo mismo, por nadie.
-¡Por supuesto! ¡No soy su esclavo! – murmmuró
Hermione lanzó a Ron una mirada furiosa, antes de girarse al moreno con una
suave y maternal sonrisa. Siempre había tratado de protegerlo de los impulsivos
comentarios y comportamiento de Ron, aún cuando eso causara desavenencias entre
ella y el chico que amaba.
-Por supuesto que no. Esta fiesta es increeíble, Harry. La señora Malfoy incluso
se detuvo a hablar con nosotros.....- comenzó Hermione.
-Harry- interrumpió una voz.
Sorprendido, se giró y se encontró con los vívidos ojos violeta de Caitlin. Se
preguntó distraído por qué se encontraría allí, antes de encogerse internamente
de hombros, desestimando el asunto. Después de todo, era familia de Draco.
Ella vestía una ajustada túnica plateada, que enfatizaba su plateado cabello que
caía en cascada sobre su espalda. Le recordó a una versión femenina de Draco,
excepto por los ojos. Sacudió su cabello de su hombro y lo miró con los ojos
entornados detrás de las largas pestañas.
Harry, siendo Harry, ni siquiera notó la mirada, en vez de eso, le sonrió
cálidamente.
-Hola Caitlin- le sonrió.
-¿No vas a presentarnos, Harry?- le pregunntó Hermione suavemente, sus ojos
estrechándose mientras observaba a la bella chica al lado del chico.
A Hermione no le gustaba la manera en que veía a su amigo. Era una forma casi
predadora, y sabía que Draco podría tener un ataque si lo notaba. El Veela era
posesivo con Harry, y no lo culpaba. El Gryffindor era difícil de alcanzar, pero
una vez que lo atrapabas su corazón permanecía leal hasta la muerte.
-Es Caitlin, la nieta del esposo de Marisssa- explicó Harry.
Caitlin lanzó a Ron y Hermione el relámpago de una falsa sonrisa antes de
girarse una vez más hacia Harry, las pestañas bajando con coqueta timidez. Era
obvio que estaba interesada en el chico, y no en sus amigos. El desaire no fue
obvio, pero Hermione se sintió molesta. Podía ser de origen muggle, y puede que
Ron no fuera rico, pero merecían respeto.
Hermione sonrió diplomáticamente, con un poco de frialdad, mientras Ron miraba
fijamente, evidentemente encontrando atractiva a Caitlin. El enfado de Hermione
aumentó cuando lo notó, codeando al pelirrojo bruscamente en las costillas
-¿Te gustaría bailar, Harry?- preguntó Caitlin, acercándose más, los ojos
brillantes.
-¡Harry! Te he buscado por todas partes!- gritó una voz a la izquierda del
chico, salvándolo de tener que responder a la pregunta de Caitlin.
Éste giró y se encontró con los cálidos ojos marrones de una de las trillizas.
Sonrió y se inclinó hacia delante, genuinamente complacido de ver a la muchacha,
quienquiera que fuera. Las trillizas le recordaban a los gemelos Weasley.
-¿Cuál eres tú?
-¡China!- se rió la chiquilla.
-Eres más bonita que tus hermanas- sonrió Harry.
-¡Lucimos iguales, bobo!- rió China, enrojjeciendo ampliamente.
-¡Si seré bobo!- sonrió Harry, logrando quue la joven enrojeciera una vez más.
-En este momento Harry iba a bailar conmiggo- intervino Caitlin, mirando furiosa
a China. Era obvio que la estaba despidiendo; no era una demanda categórica,
sino sutil. Después de todo, era una Malfoy y estaban en público.
China levantó la cabeza desafiante, mostrando la arrogancia que, como bien sabía
Harry, tenía toda la familia Malfoy. Caitlin sonrió dulcemente, haciendo un
gesto a China para que se fuera, cosa que la chica, por supuesto, no tenía
intención de aceptar. No era una Malfoy por nada, y Harry le gustaba
sinceramente.
-Daniel me dijo.........
-Deja a Daniel fuera de esto- comentó Caittlin fríamente.
Harry las miró sin expresión, sin estar seguro de lo que estaban hablando. Alzó
una ceja hacia Ron quien se veía igual de despistado. La boca de Hermione estaba
fruncida, su frente arrugada en un profundo ceño.
-Draco estará.....-argumentó China, sus ojjos brillando con furia.
-No está aquí....- Caitlin sonrió fríamentte.
-¿Cuál es el problema, China?- preguntó Haarry, decidiendo que la pequeña le
daría una respuesta más honesta.
-Daniel me pidió que te encontrara y te diijera que Draco te está buscando-
sorbió China, sus ojos ligeramente anegados.
Frunciendo el ceño hacia Caitlin por disgustar a la jovencita, Harry se levantó
y deslizó un brazo sobre los hombros de China. La boca de Caitlin se apretó
ligeramente ante el gesto, era claro que no le gustaba el modo en que el chico
pretendía partir, sin bailar con ella.
-Entonces será mejor ir al encuentro de Drraco- comentó Harry sencillamente.
Pareció como si Caitlin fuera a discutir. Sus ojos relampaguearon con furia.
Abrió la boca pero antes de hablar la cerró nuevamente, Al parecer, los Malfoy
ejercían un fuerte auto-control sobre su comportamiento en frente de sus
invitados.
Deslizó una mano hacia Harry quien cortésmente la tomó. Se inclinó sobre ella y
beso la punta de sus nudillos. Mientras lo hacía, el anillo en su dedo refulgió.
Ron y Hermione, quienes no lo habían notado anteriormente, encontraron que sus
ojos bajaban hacia el objeto que relucía en el dedo de su amigo, extasiados.
-¡Diablos!
El grito de Ron hizo que todos giraran y los miraran. Los ojos del pelirrojo
estaban fijos en el anillo en el dedo de Harry, un anillo del cual su amigo no
les había hablado.
-Malfoy te dio un anillo de compromiso- jaadeó Ron, reconociendo el anillo que se
legaba a las parejas prometidas de todos los herederos Malfoy.
De inmediato, todos los ojos se fijaron en el anillo. Harry lo ocultó,
avergonzado. La gente a su alrededor comenzó a susurrar excitada, sabiendo lo
que simbolizaba ese anillo. Parecía que todos habían escuchado acerca del anillo
que cada Malfoy daba a su pareja destinada, o compañero.
-Por supuesto, Weasley, Pensaba que estabaas consciente de la tradición de los
Malfoy de dar el anillo a su pareja- Draco arrastró las palabras, apareciendo
repentinamente de ninguna parte.
Caminó hacia Harry, enroscando un posesivo brazo en torno a su cintura, en el
familiar gesto que el Gryffindor amaba. Mientras Harry se relajaba contra él, la
boca de Draco se torció luchando por no emitir una sonrisa, los ojos fijos en la
cabeza del pelirrojo.
-No hay razón.......sólo......bien.... >
-Tan elocuente como siempre, Weasley- lo iinterrumpió Draco.
Harry le dio un codazo en las costillas.
-Sé agradable- le ordenó.
China emitió una risita, antes de sofocarla apresuradamente cuando vio los
acusadores ojos de Draco sobre ella. Sabía que el rubio podía tener un
temperamento infame cuando lo provocaban
-Estoy comenzando a lamentar haber dejado que ustedes tres vinieran- Draco
frunció el ceño mirando a China.
-Pero si he sido buena Draco, de veras. Noo traje super goma, ni pintura, ni
huevos, ni harina o bombas de agua o........- insistía China, sus ojos abiertos
con falsa inocencia.
-Ya nos hacemos una idea- rió Draco, interrrumpiéndola. No tenía duda de que de
no hacerlo, la lista continuaría por un buen rato.
-Voy a decirle a mamá que tú piensas que hhe sido odiosa- lo amenazó China.
-Y yo le diré a Amethyst quien puso talco en el recipiente de la sal- replicó
Draco simplemente.
China palideció.
-Y yo estaré muerta- gimió dramáticamente..
Draco alzó una ceja para demostrarle que no le importaba y China salió
disparada, murmurando algo como “le diré a mi papi que Draco ha sido malvado”
-Eres imposible- gruño Harry, notando que todos los estaban observando, cosa que
odiaba. Semi-inconscientemente, se inclinó sobre Draco, sintiéndose nervioso
ante la reacción de todo el mundo.
-El chantaje es muy efectivo- sonrió Dracoo.
Harry estaba nuevamente bailando con Draco. El Veela no se había apartado de su
lado desde el incidente de Caitlin, para alivio de Hermione. A Harry no le
importó. De hecho, le gustaba tener a Draco cerca. Se sentía seguro.
-Mi madre ya le dijo a todos sobre su futuuro nieto- murmuró Draco en su oído.
Harry tembló ante el cálido aliento que golpeaba la sensible piel detrás de su
oreja. A veces pensaba que el rubio trataba deliberadamente de tentarlo, a pesar
de su apariencia inocente. Draco sonrió ante el temblor, probando que la teoría
de Harry era correcta.
-Ella es feliz así- Harry se encogió de hoombros.
-No me lo recuerdes- gimió Draco.
-¿Cuándo nosotros tengamos.......- Harry eempezó a preguntar.
-Draco, tu padre quiere que vayas a la bibblioteca inmediatamente- lo interrumpió
Blaise Zabini, apareciendo al lado del Veela.
El rubio frunció el ceño y se alejó de su pareja. Le lanzó a Harry una sonrisa,
indicándole que debía partir. Harry sonrió a su vez, ocultando su abatimiento.
Había estado muy a gusto bailando con Draco y deseaba continuar mucho tiempo
más.
-Regresaré pronto- le prometió, dejándolo en la pista de baile.
Harry se dirigió al lugar donde Sirius estaba sentado con Remus. Los dos
parecían mantener una intensa conversación. Cuando se acercó lo suficiente para
poder oírlos, la pareja guardo silencio de inmediato mientras giraban los ojos
hacia él.
-Harry- sonrió Sirius.
-Hey- sonrió Harry, cauteloso.
-Es un baile increíble, ¿verdad?- preguntóó Remus.
Remus vestía una túnica Borgoña oscuro, sus ojos marrón dorado brillaban cálidos
y amistosos en la débil iluminación. Tenía el cabello bastante corto, así que
los mechones apenas tocaban su barbilla. Lucía mucho mejor de lo que Harry lo
hubiera visto nunca y no podía dejar de notar cuan atractivo era.
-Luces grandioso- confesó Harry, logrando que el hombre lobo se ruborizara.
Sirius sonrió ante el comentario de Harry.
-Es cierto, Moony- agregó, un tono de burlla en su voz.
Remus resopló ante eso, era obvio que no creía una palabra de lo que Sirius
decía. Harry pensó que era razonable, considerando que el hombre lobo había
pasado casi toda su vida con el animago, si no se contaban los doce años en que
Sirius estuvo preso injustamente.
-Y Sirius luce.......bueno.....luce como.......Sirius- agregó Harry, viendo a su
padrino con una sorprendida sonrisa.
Sirius vestía una túnica azul claro, que hacía juego con sus traviesos ojos. Por
una vez, su largo cabello negro había sido pulcramente atado a la espalda. Harry
se preguntaba por qué ninguno de los dos hombres había considerado sentar
cabeza. Ambos eran atractivos a su modo; Remus era dulce mientras Sirius era
posesivo e inquieto, lo que hacía que la gente fuera hacia ellos como moscas a
un faro.
-Tomaré eso como un cumplido- señaló Siriuus.
-Si dijera que luces espléndido se te subiiría a la cabeza- Harry sonrió.
-Pero soy espléndido, ¿verdad Moony?- preguntó Sirius, volviendo sus azules
ojos hacia Remus.
El licántropo claramente no sabía qué contestar, y el rubor subió a su rostro
mientras trataba de encontrar una manera de escapar de la situación en la que
estaba metido.
Harry no lo pudo ayudar, pero notó que Sirius estaba observando detenidamente a
Remus, sus ojos moviéndose sobre su pequeño cuerpo. Reprimió una sonrisa. Ahora,
resultaba obvio que la razón por la que Sirius nunca había sentado cabeza, era
el hombre lobo de cabello dorado que se sentaba a su lado.
-Por supuesto, Padfoot- dijo Remus finalmeente, el rubor cubriendo sus mejillas.
-¿Por qué no sacas a Remus a bailar, Siriuus?- sugirió Harry con aire inocente.
Sirius le lanzó una mirada agradecida y empujó a un asombrado Remus hasta la
pista de baile. Harry notó distraídamente que Remus no se alejaba de Sirius. De
hecho, estaba ruborizado una vez más.
Se giró para dar a la pareja algo de privacidad y vio que Seamus Finnigan se
dirigía hacia él. Entró en pánico, pues no deseaba que Draco perdiera nuevamente
el control al ver a su pareja hablando con el chico que al parecer despreciaba,
y se sintió aliviado cuando alguien avanzó detrás de él.
-Señor Potter- saludó Severus Snape sucinttamente, sus ojos fijos en Seamus quien
se detuvo abruptamente.
Harry sonrió agradecido al hombre, reparando en las familiarmente severas
túnicas negras, el pelo lacio y el ceño fruncido.
-Profesor- lo saludó cortésmente.
-¿Dónde está Draco?
-En la biblioteca, hablando con su padre. Blaise Zambini le trajo el mensaje
mientras estábamos bailando- le informó Harry.
-¿Y lo dejó solo, con Finnigan alrededor?-- preguntó Severus, claramente
asombrado.
-Creo que se sintió seguro al saber que esstoy siendo cuidadosamente vigilado por
su madre- sentenció Harry con ironía.
Severus sonrió y asintió ligeramente, mirando a Narcissa quien estaba hablando
con varios conocidos acaudalados, pero cuyos ojos constantemente revisaban la
multitud, persistiendo ligeramente en las mellizas y en Harry.
-Tiene razón. Dígame, acabo de tener una iinteresante conversación con Narcissa,
quien parecía estar balbuceando algo acerca de bebés, ¿tiene algo que ver con
usted?- Severus arrastró las palabras, enfatizando burlonamente la palabra
‘interesante’
-No, nosotros aún no nos hemos enlazado- HHarry negó, enrojeciendo violentamente.
Severus sonrió aún más ampliamente.
-Ya vi que conoció a Caitlin- comentó Seveerus tranquilamente, sus ojos
observando el rostro de Harry detenidamente.
El chico frunció el ceño, preguntándose por qué el hombre mencionaba a la chica.
Difícilmente la conocía, habiéndose reunido con ella sólo ese día. A lo sumo
habrían intercambiado una docena de palabras.
-Es un miembro de la familia de Draco.
-Muy bonita- comentó Snape.
-¿Qué....?- preguntó impactado.
-Caitlin. Es una hermosa muchacha- repitióó Snape.
-Supongo......en realidad no lo había notaado- dijo Harry con el ceño fruncido,
recordando los ojos violeta de la chica y preguntándose si acaso le gustaría a
Snape.
-¿De veras?
-Sí......ella habló conmigo temprano....
-Lo sé. Una palabra de advertencia, señor Potter......- murmuró Snape,
inclinándose más cerca.
Harry asintió, sabiendo que el otro hombre no le mentiría. Más bien, Snape era
brutalmente honesto, al grado de ser severo. Confiaba en que no mentía; aún
cuando no le gustaba el hombre, gradualmente había comenzado a respetarlo por su
papel de espía. No muchos podían sobrevivir espiando a Voldemort.
-Tenga cuidado con ella.......tiene el dessagradable hábito de hurtar las cosas-
susurró Snape.
Harry se quedó pasmado y observó como Severus se alejaba.... Estaba tan
preocupado mirando a su profesor que no se dio cuenta que Draco había regresado.
Parpadeó al verlo, estremeciéndose ligeramente ante su cálida sonrisa.
-¿Qué ocurre?- le preguntó, la preocupacióón evidente en su voz.
-Snape estaba hablándome.......- murmuró HHarry, una expresión pensativa en su
rostro.
“Es casi como si Snape estuviera cuidándome....me dio la poción y ahora me está
advirtiendo sobre Caitlin....seguro que no quiso decir que Caitlin está
intentando robarme de Draco.....?”
-¿Qué te dijo?- preguntó, claramente diverrtido.
-Me advirtió sobre Caitlin- murmuró Harry,, incómodo de compartir el hecho con el
posesivo Veela.
Los ojos de Draco se estrecharon ligeramente sin mostrar otra emoción, pero
Harry sabía que internamente estaba furioso. Tímidamente, se empinó y colocó un
beso en la mejilla del rubio, haciendo que la mente del Veela abandonara a
Caitlin y regresara a él.
Justo en ese momento, sonó una campana.
-Es hora de cenar- murmuró Draco, conducieendo a Harry al gran comedor, que había
sido ampliado para poder acomodar a todos los invitados.
El moreno suspiró suavemente, aliviado de haber prevenido la erupción que estaba
seguro habría ocurrido de no haber interferido. Era un truco Slytherin, pero
funcionaba
-Harry, querido, ¿está todo bien?- pregunttó Narcissa, tomando al chico por el
codo y guiándolo hacia su lugar en la enorme mesa que parecía que pudiera
albergar a todos los estudiantes de Hogwarts.
-Estoy bien, Narcissa- la tranquilizó Harrry.
Le habían pedido que, al igual que a Lucius, llamara a Narcissa por su primer
nombre. En realidad no había hablado con Lucius Malfoy, excepto su conversación
privada en su estudio la mañana siguiente que recibió el anillo de Draco. En su
fuero interno pensaba que el hombre lo evitaba a toda costa. Encontraba la
situación graciosa, nunca hubiera esperado que Lucius Malfoy se avergonzara por
nada. El hombre siempre era tan frío, calmado y calculador.
-Tú y Draco se sentarán con Lucius y conmiigo en la cabecera de la mesa. La
señorita Granger y el señor Weasley, así como el profesor Dumbledore, se
ubicarán cerca- le informó Narcissa.
Harry se sentó en un asiento al lado del Profesor Dumbledore, quien lo miró
radiante, sus ojos azules brillando detrás de sus anteojos de media luna. El
anciano vestía una vívida túnica roja, decorada con abejorros, lo que a Harry le
resultó muy gracioso. Sofocó una risa, que se convirtió en bufido.
Draco se sentó a su lado, mirándolo con interés.
-¿Cómo estás, Harry?
-Bien, profesor. ¿Y usted?- replicó Harry,, cortésmente.
-Bien, bien. Es una noche encantadora- conntestó Dumbledore, mirando a Harry con
ojos penetrantes por encima de sus lentes de medialuna.
-Lo es- Harry estuvo de acuerdo.
-Parece que las felicitaciones están a la orden- continuó el Director, sus ojos
orientados hacia el anillo que el chico estaba luciendo.
Harry se ruborizó.
-Draco me hizo la proposición la primera nnoche que pasamos aquí- confesó,
girando el anillo con aire medio ausente.
-Y debo suponer que aceptaste, ya que usass su anillo- sonrió.
Harry asintió y sus ojos se encontraron con los de Draco. Sintió el familiar
empuje de la Atracción Magnética y sintió que, extrañamente, le faltaba el
aliento, perdido en el destello hipnótico de los ojos plateados
-¿Regresarán a Hogwarts mañana?- preguntó Dumbledore, rompiendo la conexión. Su
tono era amable pero Harry podría decir que se trataba de una orden.
-Sí- contestó Draco sucintamente, mirando a Dumbledore con frialdad.
Dumbledore rió por lo bajo, divertido ante el modo en que Draco parecía
desconfiar de él, y el aire malhumorado que reflejaba por haber visto
interrumpido el momento íntimo con su pareja.
-Harry es bienvenido a regresar cuando gusste. Por supuesto, le ofrecemos la
oportunidad de permanecer en la Mansión todo el tiempo que quiera- comentó
Lucius con calma, sus ojos burlándose de Dumbledore.
-Por supuesto, pero no debe olvidar su eduucación- Albus sonrió, pero sus ojos se
reunieron con los de Lucius con una dureza que Harry raramente veía.
-Por ahora la educación es importante, perro si un niño llegara a ser concebido,
el pequeño estaría primero- comentó Lucius, entrecerrando los ojos.
-Por supuesto, Lucius. Un niño sería una ddelicia y estoy seguro que tanto Draco
como Harry serán unos padres maravillosos. Lily y James Potter tuvieron un niño
en condiciones desesperadas durante el primer reinado de Voldemort, y el niño
fue una bendición ¿cierto? No se puede detener el destino.
Harry estaba seguro de que había un mensaje oculto en las palabras de Dumbledor,
pero no sabía qué. Pero podía jurar que Malfoy sí había entendido, en vista de
las ventanas de la nariz ligeramente ensanchadas del hombre.
Mientras la comida aparecía en la mesa, Harry se preguntó vagamente por qué
parecía que Lucius y Dumbledore peleaban sobre él. También se preguntaba si
hubiera llegado a descubrir la naturaleza manipuladora del Director, si no
hubiera descubierto la verdad sobre su herencia. Lo dudaba.
Después de la cena los invitados regresaron al salón de baile a charlar o bailar
lentamente. Harry se dirigía hacia el baño cuando se encontró cara a cara con
Seamus Finnigan. Al principio Seamus no dijo nada, ante el desconcierto de
Harry, mientras lo miraba fijamente.
-Hola Seamus- Harry rompió el silencio.
-Harry. ¿Cómo estás?- el chico irlandés soonrió finalmente.
-Bien. ¿Te lo estás pasando bien?- le pregguntó cortésmente.
-Si..... pero estaría mejor si pudiera baiilar contigo- bromeó Seamus, aunque sus
ojos le decían que hablaba en serio.
Harry dudo, mordiéndose el labio. Estaba dividido. Seamus era su amigo y no
tenía problema en bailar con él. Sin embargo, no quería tener otra pelea con
Draco por el joven irlandés.
-Un baile no puede hacer daño....- aceptó finalmente.
Una mirada asombrada apareció en el rostro de Seamus antes de que se adelantara,
rodeando ligeramente la cintura de Harry, casi con timidez. Tuvo cuidado de no
aferrar al otro chico, por miedo a que se alejara
Harry le sonrió.
Bailaron lentamente, cuidando de no acercarse demasiado, para alivio de Harry.
No quería que Draco se subiera por las paredes si lo encontraba.
-¿Así que de verdad estás comprometido?- lle preguntó Seamus quedamente.
Harry se puso rígido en sus brazos, preguntándose por qué Seamus traía este tema
a colación. Sabía que tenía que ser honesto con el otro chico, no podía darle
cuerda a Seamus cuando su corazón pertenecía a Draco.
-Sí.
-¿Lo amas?
-Sí- Harry suspiró.
Harry se alejó ligeramente, inclinando su cabeza para estudiar el rostro del
otro chico. Tenía una mirada resignada, una mirada que nunca antes había visto
en su usualmente alegre rostro, y odiaba ser el que la había puesto allí.
-Lo lamento- susurró.
-No lo hagas. Pero si te hiere......- Seammus advirtió, sus ojos diciéndole que
lo que fuera que estaba pensando no sería placentero para el Veela.
Harry rió ligeramente. Sabía que Draco jamás le dañaría. El Veela casi temía
tocarlo por miedo a lastimarlo. Era incapaz de herirlo.....su sangre Veela no lo
permitiría.
-Él nunca......
-¿Qué demonios está ocurriendo aquí?- siseeó una voz fría.
Harry se congeló, reconociéndola al instante, y sabiendo que estaba en
problemas.
Se alejó de los brazos de Seamus y giró el rostro a Draco Malfoy. Había una
expresión de furia absoluta en el rostro del Veela. Mezclada con el dolor y el
sentimiento de traición. Harry estaba impactado al darse cuenta que el disgusto
iba dirigido principalmente hacia él.
-Draco.....- comenzó, moviéndose hacia su pareja, deseando explicarle la
situación. Sabía cómo veía esto, y necesitaba hacerle entender antes que sacara
las cosas fuera de toda proporción. Sólo había sido un baile, y ni siquiera
estaban demasiado pegados.
-No. Lo discutiremos después- siseó Draco,, sus ojos entrecerrados en una grieta
venenosa.
Harry se sobresaltó ante el tono glacial, que no había usado con él desde que
había descubierto que era su pareja. Le dolió el darse cuenta que una vez más
estaba al final de la cólera de Draco. Trató una vez más de explicar todo,
desesperado, intentando calmar al Veela antes que ambos hicieran algo de lo que
se arrepintieran después.
-Esto no.......
-¿De veras? Parece que tienes excusas paraa todo- lo interrumpió Draco, los ojos
como hielo.
Harry se le quedó mirando impactado, sintiendo como si Draco lo hubiera
abofeteado físicamente.
-¿Por qué estás.......?- preguntó rápidameente, cuidando de mantener la voz baja
debido al silencio de los invitados que se habían detenido a observarlos.
-Dije que lo discutiremos después- repitióó Draco, con voz helada.
El disgustó afloró a los ojos de Harry. Bulleron oscuros, llamas de luz
esmeralda en un frío jade desconocido, que pocas personas habían visto.
Precipitadamente, las personas se alejaron de él y Draco, temerosas, sabiendo
que Harry habitualmente perdía el control de su magia cuando se sentía
abrumado....los estudiantes de Hogwarts recordaban vívidamente el modo en que
había explotado todos los objetos rompibles en el Gran Comedor cuando descubrió
que Albus Dumbledore, el hombre en quien confiaba, le había mentido sobre sus
padres y su linaje.
-Entonces me temo que tendremos esta conveersación aquí- espetó Harry, no iba a
permitir que Draco lo tratara como a una mascota obediente.
-No te atrevas.....-siseó Draco, furioso ppor el hecho de que Harry no diera
marcha atrás.
-¿Qué?¿Qué me vas a hacer? ¡No eres mi dueeño!- bufó Harry colérico, furioso por
el despectivo modo en que Draco estaba tratándolo......como si fuera un niño que
no conocía nada mejor.
-¡Eres mi pareja y tenemos invitados! ¡No voy a discutir esto en público!
-¡Pues quizás ya no quiera ser tu pareja!-- replicó Harry, deseando herirlo tanto
como lo estaba haciendo él .
Draco palideció y se puso rígido. Sus ojos plateados, que habitualmente
contemplaban a Harry con adoración, lucían resentidos y llenos de desdén y de un
dolor oculto, un dolor del que Harry odiaba ser causante, pero no iba a ser
sumiso. Draco tendría que aprender que no estaba bajo su control. Él era
independiente, sin importar cuanto se amaran.
-Pero si quieres al maldito Gryffidor, ¿noo? ¿Por quién me has tomado? ¿Un tonto?
Apuesto a que se han estado viendo a mis espaldas.....
-Yo no soy una zorra- estalló Harry, entreecerrando los ojos. No podía creer que
estuviera acusándolo de dormir con Seamus Finnegan. No podía creer que lo
considerara capaz de ser infiel. Nunca lo heriría de esa manera, diablos, ¡sería
incapaz de hacer eso a nadie!
-Entonces no actúes como una- replicó Dracco fríamente.
Harry miró impactado al chico que amaba, sin preocuparse de ocultar el dolor de
sus ojos ante ese comentario. ¿Cómo podía Draco pararse ahí y decir que estaba
actuando como una zorra? Sabía que Harry nunca había dormido con nadie. Sabía
que era sexualmente inexperto....¡él le había dado su primer beso!
-¡Estás así porque no me quiero unir contiigo! ¿Es por eso que soy una zorra?
¿Por qué no quiero abrir las piernas como una buena pareja y dejar que me
jodas?- gritó Harry, incapaz de evitar que las palabras escaparan.
-¡Fuera!- siseó Draco, furioso con su pareeja por hacer escarnio de su enlace.
No podía creer que Harry estuviera tratando su relación como si tuviera poca
importancia para él. Tampoco podía creer que hubiera bailado con Finnegan, un
muchacho que quería seducirlo, en frente de la gente que estaba allí para
celebrar su compromiso.
-Con mucho gusto- espetó Harry.
Le lanzó a Draco una última mirada furiosa, que hizo que todos miraran
incrédulos, antes de salir como una tromba del salón, su cuerpo parecía brillar
con la magia que estaba tratando de controlar desesperadamente. De hecho, varias
chispas habían escapado de sus dedos, asustando a todo el mundo.
Sirius abandonó el salón precipitadamente, intentando encontrar a su ahijado,
Remus lo siguió inmediatamente. Hermione y Ron pronto los siguieron; sus rostros
estaban llenos de preocupación por su amigo.
Seamus quiso seguirlos, pero se detuvo por un doloroso agarre en su brazo.
Levantó los ojos para reunirse con la helada mirada de Draco. Se estremeció
internamente ante el rencor presente en los ojos del Veela, pero permaneció
aparentemente calmado.
-Quiero que salgas de mi casa, ahora- le ddijo fríamente, sus ojos demostrándole
lo que eso significaba.
-No te lo mereces, Malfoy- murmuró Seamus,, lo bastante alto como para que lo
escucharan las personas presentes en el silencioso salón.
La tenaza de Draco se apretó aún más, pero Seamus ni retrocedió ni se alejó. No
retrocedería ante el Veela, el muchacho que Harry amaba aún cuando el rubio no
lo merecía. Harry merecía a alguien que lo amara, confiara en él, y creyera en
él. Seamus sabía que su amigo nunca tendría sexo sin una relación estable. No
era una zorra.
-Te sugiero que te vayas antes que te lancce una maldición.
Las palabras estaban repletas de advertencia, de una promesa de lo que Draco
insinuaba. Seamus buscó sus ojos por un momento antes de asentir.
Draco lo dejó ir. Mientras se alejaba, Seamus se detuvo en la puerta.
-No te lo mereces- repitió, antes de desapparecer de la habitación.
Draco apretó la mandíbula, luchando por controlar la urgencia de lanzarle una
maldición mortal al chico que se había atrevido a intentar tomar a su pareja
para él. El chico a quien Harry había visto a sus espaldas, o al menos eso
pensaba. La imagen de Harry, bailando, sonriendo, con Seamus Finnigan, era como
ácido que carcomía su alma.
Tan pronto como Seamus salió, el resto de los invitados desaparecieron
precipitadamente, esperando partir de la casa antes que Draco explotara. La fría
furia en los ojos del joven Veela los aterrorizaba. Todos sabían que los Veela
eran muy posesivos con sus parejas y parecía que la pelea con su compañero había
hecho que Draco perdiera todo el control.
El rubio se había sentado al lado de su madre, casi desde que Harry había
abandonado la habitación, sin escuchar sus murmullos afligidos.
Todo lo que podía ver era a Harry parado frente al rostro de Seamus Finnigan,
sus ojos brillando por la risa. Los ojos esmeraldas habían estado sonriendo,
sonriendo a un hombre que abiertamente quería seducirlo. Un hombre que lo que
más deseaba era robar a Harry y alejarlo de Draco.
Tenía serias dudas de que Harry pudiera ser tan inocente. ¡El irlandés
virtualmente había estado seduciendo a Harry frente a cientos de invitados!
“¡Quizás Harry no estaba temeroso el día de la biblioteca......tal vez sólo
actuó así cuando me vio....!”- pensaba furioso.
El pensamiento de Harry, clavado debajo de Seamus, gimiendo, su espalda arqueada
y el rostro enrojecido por el placer, hizo que Draco estallara. ¡Harry era SUYO!
Harry sólo podía comportarse así para él, él era el único que podía hacerlo
gritar de placer, hacerlo suplicar por que lo tocara.
“Esa es la razón por la cual no quiere unirse a mí”, pensaba el furioso
muchacho.
-Draco, Draco, por favor escúchame- supliccaba Narcissa, mirando a Lucius para
que la ayudara.
Lucius permanecía en silencio, los ojos fijos en su hijo. Sabía que Draco debía
decidir qué hacer sobre su pareja. Pensaba que su hijo había sacado de
proporción la situación, pero siempre había tenido una flama para lo dramático,
se parecía a su madre.
-Harry nunca.....él nunca......Lucius, dille......él se preocupa por ti.....te
ama- lo apaciguó Narcissa, tocando suavemente el rostro de su hijo.
Draco se alejó, sin desear escuchar su incesante parloteo. Recordó como Harry se
sentía en sus brazos, el modo en que se ruborizaría ante un comentario burlón.
-El no quiere enlazarse conmigo- le recorddó fríamente.
Narcissa lució afligida por el recuerdo, consciente de que no podía negar ese
hecho. Harry había sido inflexible sobre no estar listo todavía para unirse a
Draco.
-El chico le teme al compromiso- comentó MMarissa suavemente, intentando razonar
con su nieto.
-Es obvio que no le importa comprometerse con el bastardo irlandés- espetó
Draco.
-¡Draco!- le advirtió Marissa, moviendo loos ojos hacia las trillizas que
gimoteaban.
-A nosotras nos gusta Harry- se acongojó FFrances.
-Él dijo que era bonita- sorbió China. >
-Y nos preguntó por las fotografías- agreggó Angela gimiendo.
-El muchacho es demasiado Gryffindor para dañarte- murmuró Amethyst, conviniendo
con los demás.
Draco rió amargamente, y el sonido hizo que la mujer se estremeciera. Estaba
lleno de dolor; el dolor de un Veela rechazado por su pareja.
-Peter Pettigrew- siseó Draco.
El nombre fue suficiente para que el pequeño grupo guardara silencio. Peter
Pettigrew había traicionado a sus mejores amigos y el hijo de estos en beneficio
del Señor Oscuro.
-Potter nunca te heriría- dijo Lucius finaalmente, ante la vista del atormentado
rostro de Draco.
-¿Cómo sabes eso?- preguntó Draco venenosaamente.
-Porque el tonto muchacho está enamorado dde ti- dijo Lucius sencillamente,
creciendo rápidamente su enojo ante lo ciego que estaba siendo su hijo.
Cualquiera podía ver que Harry estaba desesperadamente enamorado del rubio
Veela. ¡Incluso se lo había confesado en el estudio!
Draco alzó la vista, sus ojos seguían relampagueando con disgusto ante el
pensamiento de Harry con otro. Sentía náuseas, y apenas se sostenía en pie. El
Veela en su interior clamaba venganza.
-Me ama tanto que dejó que otro lo inclinaara sobre una mesa y lo tocara. Me ama
lo suficiente como para bailar con el chico que no quiere otra cosa que dormir
con él- Draco miró furioso.
-¿De qué demonios estás hablando?- jadeó NNarcisa, quien sentía que estaba
perdida en la conversación.
-Estuvo antes con Seamus. Los atrapé besánndose en la biblioteca hace unos días-
fue todo lo que Draco dijo.
-Oh....- fue todo lo que Marissa murmuró.<
Los ojos de Narcisa brillaron furiosos. No podía creer que Harry Potter, el bien
conocido mártir de Gryffindor, jugara así con las emociones de su hijo.....pero
él pagaría. Pagaría hasta que suplicara clemencia.
Harry había colapsado sobre la cama que compartía con Draco, sollozando
fuertemente. No podía creer que Draco hubiera hecho eso......le había entregado
su corazón y en cuanto el Veela lo tuvo se lo lanzó en el rostro. Debería haber
escuchado a Ron y a los demás desde el comienzo. Nunca debería haberse permitido
enamorarse de Draco
Draco, quien lo había sostenido, le había hecho reír, y le había levantado el
ánimo cuando estaba deprimido.....Quien estaba a su lado constantemente,
ofreciéndole su apoyo silencioso, su compasión, su amor.....A quien Harry había
planeado entregar su cuerpo, alma y corazón.
Cuando Sirius, Remus, Ron y Hermione llegaron a la habitación, se congelaron.
Harry estaba enroscado sobre su costado, su rostro medio enterrado en las
sábanas de seda, las lágrimas fluyendo silenciosamente por su demacrado rostro.
Había una expresión de angustia y horror en su cara; pero lo peor de todo era la
pérdida de luminosidad en sus ojos.
Sirius fue el primero que se adelantó. Tomó al sollozante joven en sus brazos y
lo apretó suavemente contra él, permitiendo que Harry llorara sobre su hombro.
Sus sollozos hacían eco por la habitación, sobresaltando a Ron. Ninguno había
visto a Harry tan afligido con anterioridad.
-Pensé que me amaba- gemía Harry, desconsoolado.
-Te ama- le susurró Hermione, su corazón rroto por su amigo.
-Entonces por qué...por qué....¿por qué piiensa que me gusta Seamus?- sollozó.
-Es un Veela. Es muy inseguro de sus sentiimientos- lo calmó Remus.
-Yo casi me entregué a él- Harry lloraba ddesesperadamente.
-No lo hiciste, ¿verdad? Dime que no lo hiiciste, ¿Harry?- suplicó Sirius,
alejándose para poder ver los anegados ojos de su ahijado.
Harry sacudió la cabeza frenéticamente, consciente de lo que Sirius necesitaba
saber. Lo había deseado, ¡cómo lo había deseado!, pero había resistido, y ahora
estaba agradecido.
Instantáneamente Sirius y los demás se relajaron. Sabían que la situación
hubiera sido aún peor si Harry estuviera atado al Veela. Nada podía romper un
enlace Veela. Incluso en la muerte seguirían enlazados....tendrían un amor
eterno.
-Gracias, Merlín- resopló Ron.
Hermione lo miró furiosa, aunque reconocía que la situación sería más fácil de
solucionar si el enlace no estaba en medio. Eso podría haber sido desastroso.
-En todo caso, ¿por qué bailaste con Seamuus, Harry?- le preguntó Hermione,
ignorando la mirada de furia de Sirius.
-Yo le estaba diciendo que amaba a Draco, y que estaba comprometido con él.
Seamus me dijo que se las vería con Draco si éste me hería y yo le estaba
diciendo que él nunca lo haría....y....y....y entonces llegó Draco- balbuceó
Harry.
-Oh- exclamó Ron parpadeando, pensando intternamente que el comentario de su
amigo acerca de que Draco nunca lo lastimaría había llamado a los problemas,
pero no expresó en comentario en voz alta. Hermione lo mataría si hacía que
Harry se sintiera peor.
-Draco sólo está celoso, Harry- le explicóó Hermione.
-¡Pero yo no hice nada! Le iba a decir a DDraco que veía a Seamus como un
hermano, pero no me quiso escuchar- gimió Harry.
-Es un Veela celoso que tiene miedo que loo abandones- repitió Hermione.
-¡Me llamó zorra!
Hermione se estremeció ante la fría voz, no estaba acostumbrada a que Harry le
hablara de ese modo. La última vez que su amigo había alzado la voz contra ella,
fue cuando perdió el control en la sala común de Gryffindor, cuando intentó
fisgonear sobre sus visiones luego de que Ginny hubiera dado a conocer su
secreto. Ni siquiera ahora los Gryffindors podían hablar sobre lo que se habían
dicho, y muchos lo habían olvidado, pero Hermione recordaba.
Recordaba cada palabra. Además, sabía que Harry había estado durmiendo mucho
mejor desde que estaba con Draco. Podía asegurarlo por el modo en que habían
desaparecido las sombras bajo sus ojos, y porque ya no se quedaba dormido en
clase.
-No soy una zorra! ¡Nunca dormí con nadie!! ¡Él sabe eso!- espetó Harry.
-Lo sé- lo apaciguó Sirius.
Remus le lanzó a Hermione una mirada que le pedía que se detuviera; Harry no
estaba en condiciones de pensar con claridad, o ser interrogado.
-Quería que él fuera el primero- gemía Harrry.
-Lo sé, querido, lo sé- lo consolaba Siriuus, deseando ayudar a su ahijado y
lograr que el dolor de su corazón cesara, pero sabía que todo lo que podía hacer
era estar ahí para Harry cuando lo necesitara.
Harry se relajó en los brazos de su padrino, sabiendo que allí estaba seguro.
Cuando sus párpados se cerraron y cayó en un atormentado sueño, a causa de su
agotamiento emocional, Sirius miró a los otros tres.
-Empaquen sus cosas. Voy a llevarlo de reggreso a Hogwarts- susurró, sus ojos
oscuros por la furia.
-Sirius- protestó Hermione, sabiendo que eel mago estaba siendo irrazonable.
Harry necesitaba quedarse y hablar con Draco, tratar de arreglar las cosas.
El hombre la miró furioso y ella guardó silencio. Era bien conocido que Sirius
Black era sobreprotector con su ahijado. Era como un hijo para él y lo
defendería de quienquiera que lo hiriera.
-Voy a llevarlo de regreso a Hogwarts- reppitió, testarudo.
Remus suspiró, sabiendo por el tono de su amigo que cualquier argumento
resultaría inútil. Sirius no escucharía y nada evitaría que hiciera lo que creía
que era correcto, y eso era alejar a Harry de la persona que le había causado
tanto dolor.
Unos diez minutos más tarde Sirius tomó nuevamente en sus brazos a Harry,
cuidando de no despertarlo. Sabía que necesitaba dormir. Observaron mientras
Remus creaba un traslador para regresarlos a Hogwarts. Mientras alcanzaban el
traslador, y el familiar sentimiento de mareo lo azotaba, Sirius sólo capturó un
vistazo de una furiosa Narcissa Malfoy entrando en la habitación.
Sus ojos permanecieron fijos en el muchacho en los brazos de Sirius, claramente
disgustada.
Cuando aterrizaron en la oficina de Dumblendore les sorprendió ver al Director
mirándolos con los ojos entornados, una triste sonrisa en su rostro, mientras
estudiaba al inusual grupo atentamente. Sus ojos se suavizaron notablemente
cuando se posaron en Harry, todavía dormido en los brazos de Sirius.
-¿Esto quiere decir que el problema no se solucionó?- preguntó suavemente.
Hermione sólo sacudió la cabeza, mirando a Sirius con cautela. Sabía que el
animago era irracional y tenía un temperamento terrible cuando lo provocaban.
Sólo esperaba que la ausencia de Harry hiciera que el Veela recuperara el
sentido.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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