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Capítulo 13: El Baile (parte 1)
Harry irrumpió en la habitación que compartía con Draco y decidió ignorar al
Veela por su comportamiento en el comedor. Estaba avergonzado y quería
asegurarse que Draco no intentaría hacer algo parecido nunca más. No quería
discutir su próxima relación física con nadie, especialmente con Sirius.
Se sentó en el sofá, observando sutilmente a Draco por debajo de las pestañas,
preguntándose cómo es que Sirius y Remus no habían notado su anillo de
compromiso. Muy pronto, Draco se cansó de ser ignorado y se sentó en su
escritorio, intentando estudiar pero fallando miserablemente. Parecía que el
Veela no podía concentrarse sin la certeza de que su relación estaba segura.
Entretanto, Harry seguía pensando, distraídamente: “Quizás no estaban buscando
un anillo”.
Draco se movió inquieto una vez más, girando sus lujuriosos y arrepentidos ojos
a su pareja. No quería pelear con Harry. Sólo había bromeado con el Gryffindor,
pero parecía que éste, quien era indudablemente inocente, había tomado sus
comentarios del modo equivocado. No había nada que deseara más que abrazar a su
pareja, asegurándose que estaba allí, con él, y no se iría.
-No estoy disgustado contigo- suspiró Harrry finalmente, incapaz de enojarse con
el Veela cuando obviamente estaba sufriendo.
Draco instantáneamente se sentó a su lado en el sofá, un par de fuertes brazos
lo rodearon de tal modo que quedó eficazmente atrapado en el abrazo del Veela.
Harry lo permitió, consciente de que su pareja necesitaba tocarlo.
-Siento haber bromeado contigo, Harry- sussurró suavemente, su respiración
rozando la zona sensible tras la oreja del chico.
Cerró los ojos, disfrutando la sensación. Amaba estos momentos junto al rubio.
Draco lo trataba como si fuera de cristal, como si fuera algo tan precioso que
temía tocarlo por miedo a dañarlo. El Gryffindor encontraba esto extrañamente
divertido, especialmente dado que el Veela parecía tener necesidad de estarlo
tocando continuamente. Draco parecía estar dividido entre la admiración y el
deseo por él.
-Está bien, es sólo que me avergüenza habllar de esas cosas frente a los demás-
confesó Harry, con el rostro ruborizado.
-¿Tu no estarás avergonzado...?- preguntó Draco de repente, retrocediendo hasta
que sus ojos plateados se encontraron con los de Harry. Estaba preocupado, pues
no sabía si al otro muchacho le avergonzaba la idea de estar enlazado y atado a
un Veela por el resto de su vida.
Harry se sorprendió ante el pánico y el temor que transmitían los ojos del otro
chico.
-¡NO! Es sólo que Sirius......y tus padress.....sólo estoy....
Draco entendió, interrumpiendo sus palabras con un suave beso.
Al principio el moreno se sobresaltó por el toque pero cuando Draco trató de
alejarse, deslizó sus manos detrás de su cuello, tirando de las suaves hebras de
cabello rubio plateado. Los ojos verdes estaban inundados de un posesivo fuego
cuando se encontraron con los plateados.
-Quédate- demandó Harry, esperando....no....necesitando ser tocado, amado,
acariciado. Después de todo, pensó amargamente, nunca había sido amado o
acariciado por los Dursley. Sus únicos parientes consanguíneos vivos lo odiaban
con pasión por algo que no podía controlar. Era un mago y estaba orgulloso de
eso.
Draco lo besó inmediatamente, empujándolo de regreso al sofá. Mientras exploraba
la suave piel de su pareja, se preguntaba si podría ser capaz de sacar de su
sistema su necesidad por Harry. El quería.......no, necesitaba al Gryffindor de
oscuro cabello, pero nunca lo obligaría a hacer nada de lo que pudiera
arrepentirse después. Deseaba que Harry se uniera a él por su propia voluntad.
Quería que Harry lo amara, sin dudas ni pensamientos inciertos.
Lo quería todo de Harry.....cuerpo, corazón y alma.
Fue unas pocas horas más tarde cuando los elfos domésticos les informaron que el
resto de la familia había llegado. Harry palideció dramáticamente y Draco casi
se soltó a reír, pero se detuvo al tomar conciencia de que internamente estaba
tan ansioso como su pareja. Su familia era un grupo extraño, y le desagradaba
que los extraños se entrometieran en sus pacíficas vidas. Además, no quería
disgustar al Gryffindor dos veces en un mismo día. Definitivamente, no le
agradaba un Harry silencioso y malhumorado.
Luego de que su pareja regresara del baño, Draco se giró y se detuvo, tan
asombrado como siempre por la belleza ante él. Harry vestía unos jeans negros
ajustados, una camisa de seda blanca y una túnica de seda negra a juego, que
resaltaba su musculatura. Su cabello estaba más desordenado de lo habitual, los
mechones húmedos lo hacían lucir como si simplemente hubiera pasado la mano a
través de ellos.
-Te amarán- le prometió Draco, con intenciión. ¿Cómo podrían no hacerlo, cuando
Draco estaba desesperadamente enamorado de él?
Harry enrojeció, pues todavía no se acostumbraba a la abierta admiración que el
rubio le manifestaba constantemente.
En realidad, Draco ya lo había visto en un conjunto similar, excepto que aquel
era azul marino oscuro. El Veela le había dicho que no era una reunión formal,
pero requería túnicas adecuadas. La familia Malfoy era, después de todo, una
familia de sangre pura y estaban orgullosos de ello.
Draco deslizó con facilidad un brazo alrededor de la cintura de Harry y lo
condujo de su habitación hacia la sala, donde sabía que estaba reunida su
familia. Sintió el temor de su chico y lo aferró con más fuerza, tratando de
demostrarle su apoyo y amor a través de ese gesto.
Harry le sonrió débilmente con el rostro pálido. Le preocupaba lo que los demás
pudieran pensar sobre él, dado que nunca antes se habían reunido. La primera
impresión contaba, y Harry estaba determinado a que fuera buena.
-Gracias- susurró suavemente.
-Eres mi pareja. No te harán daño- le trannquilizó Draco.
-Lo sé- suspiró Harry.
Pronto llegaron a las enormes puertas de roble del salón. Draco abrió la puerta
y condujo a través de ella a un Harry que pareció vacilar debido al silencio que
los rodeaba.
El Gryffindor miró alrededor del salón, observando hombres y mujeres con la
usual apariencia pálida Malfoy, así como varias mujeres de pelo oscuro.
Distinguió fácilmente a Remus y a Sirius, quienes estaban sentados al lado de
Marissa Malfoy. Narcissa se levantó de inmediato.
-¡Harry!¡Draco! Se retrasaron- los regañó,, empujando a Harry hacia el interior
de la habitación.
Harry lucía claramente incómodo al tener a la familia Malfoy en pleno
estudiándolo, para ver si era lo suficientemente bueno para Draco. Éste lo notó
y lanzó a su familia una mirada de furia, su naturaleza posesiva apareciendo
instantáneamente.
-¿Veo que disfrutaron su cena de anoche?- inquirió Marissa, al posar sus ojos en
el anillo en el dedo de Harry.
Harry observó como los ojos de Sirius y Remus seguían la mirada de ella. Una
expresión de incredulidad cruzó el rostro de Sirius, ante la vista del anillo de
compromiso; el anillo que completaba el enlace de su ahijado con Draco. Él
obviamente había reconocido el objeto.
-Realmente están comprometidos- murmuró ássperamente, mientras en su mente
aparecía la imagen de un bebe de cabello negro, pequeño y lleno de vida, que
había iluminado los oscuros años de guerra durante el primer reinado de
Voldemort. No pudo evitarlo, se sintió nostálgico al recordar que había perdido
la mayor parte de la infancia de Harry, algo que no podría ser recuperado.
Remus sonrió, yendo a abrazar a un avergonzado Harry para felicitarlo. Le lanzó
a Sirius una mirada de furia sobre el hombro del chico, ya que era varias
pulgadas más alto que el joven.
Sirius hizo un gesto sabiendo que Remus lo mataría si hería a Harry. El hombre
lobo era extremadamente protector con el chico, todos sabían eso. A veces Sirius
se preguntaba si Remus podría ser más protector del desatendido y emocionalmente
abusado muchacho de lo que ya lo era
Avanzó y empujó a Remus fuera de su camino, lanzándole una sonrisa juguetona.
Éste sacudió la cabeza murmurando algo sobre “perros imposibles” pero agradecía
que Sirius no protestara por lo del compromiso. Harry amaba al Veela, ya fuera
que lo supiera o no, y sólo sería feliz con Draco a su lado. Sirius tendría que
aceptarlo.
Fácilmente, Sirius estrechó a Harry en sus brazos, relajándose cuando sintió su
suspiro de satisfacción. Adoraba a su ahijado, y todo el que lo conocía lo
sabía. Su ahijado era lo único por lo que vivía. Amaba a su mejor amigo, Remus,
pero Harry era su hijo, por todo excepto por la sangre, por supuesto. Era el
hijo de James, la única unión que tenía con su amigo muerto.
-Felicitaciones- le dijo bruscamente.
-¿Lo apruebas?- murmuró Harry con alivio een su voz.
-No en realidad, pero Remus me matará si nno me comporto- le sonrió, haciéndole
ver que estaba bromeando.
Harry se echó a reír, retrocediendo para ver los ojos de su Padrino. Éste
sonrió, depositando un tierno beso en su cicatriz.
-¿Le temes a Moony?- Harry rió.
-Por supuesto......la luna llena es en poccas semanas......hoy me gritó sólo
porque le dije que si Snape estaba aquí no me comportaría- Sirius sonrió con
timidez.
-Te está bien empleado- Harry sonrió, lanzzándole un guiño al avergonzado Remus.
-Vi eso- Sirius hizo un puchero.
-Bien.
Harry se alejó de su padrino, sintiéndose más relajado al saber que los dos
hombres que más le importaban en el mundo aceptaban su relación con Draco. No
quería tener que elegir entre los hombres que amaba como dos padres y el chico
que amaba.
-Harry, déjame presentarte a la familia- hhabló Narcissa, empujando de inmediato
al chico en dirección de la familia Malfoy-. Ya conoces a Marissa, mi madre.
Este es su esposo, Henry- hizo un gesto hacia un hombre alto y fuerte, de
cabello blanco, y que parecía estar en sus sesenta.
Henry sonrió con ojos amistosos, y extendió su mano para que Harry la tomara. El
chico sonrió a su vez y aceptó el apretón, aliviado de haber sido aprobado al
menos por uno de los otros Malfoys.
-Es un placer conocerte- dijo Henry, sus oojos mostrando honestidad.
-Para mí también- replicó el muchacho. >
Draco se acercó a su pareja, rodeando su cintura con un brazo. Harry no pareció
sorprendido por la acción. En lugar de eso, le lanzó a Draco el relámpago de una
cálida sonrisa, sintiéndose más cómodo contra el cuerpo del Veela.
-Este es el hijo de Henry, Alexander, su eesposa Georgina y sus tres hijos:
Caitlin, Daniel y Mercedes- continuó Narcissa.
La mirada de Harry se dirigió al pequeño hombre con el aspecto común a los
Malfoy. Era el doble exacto de su padre. Su esposa, Georgina, era una hermosa
mujer con una masa de cabello rojo, penetrantes ojos violetas y una amable
sonrisa. Sus ‘niños’, de hecho, ya no eran niños.
Caitlin era obviamente la mayor. Era alta y había heredado de su padre el pelo
rubio plateado y de su madre los vivaces ojos violeta. Su sonrisa parecía
bastante genuina, pero semejaba estar estudiando a Harry muy detenidamente, lo
cual le hizo sentir incómodo.
Los ojos de Draco relampaguearon como advertencia.
-Es un placer conocerte, Harry- ronroneó eella.
-Gracias, igual para mí- Harry sonrió, incconsciente del modo predatorio en que
la chica lo observaba.
-Daniel- interrumpió precipitadamente un mmuchacho alto con oscuro cabello marrón
y los ojos plateados de su padre. Pareció mirar con furia a su hermana mayor,
pero sonrió a Harry.
-Encantado de conocerte- sonrió Harry, cómmodo con la presencia del muchacho.
-Me alegra poder conocer finalmente al amoor de la vida de Draco- arrullo Daniel,
sonriendo dulcemente a Draco.
Éste sonrió peligrosamente, apretando su abrazo alrededor de la cintura de
Harry.
-Gracias Daniel- murmuró con evidente regoocijo, pero había una cuidadosa
advertencia oculta en su voz. El otro Malfoy la captó mientras Harry, como era
usual, permanecía inconsciente
Daniel sonrió.
-Esta es Mercedes.
Narcissa hizo un gesto hacia una pequeña muchacha que se encontraba al lado de
sus hermanos mayores.
A Harry le gustó de inmediato. Tenia el llameante cabello de su madre y un par
de honestos y amistosos ojos azules. Sólo tenía catorce años pero de cierto modo
parecía mayor. Harry supuso que era por la forma en que se paraba. Era
orgullosa, casi tan orgullosa como Draco.
-Es un placer conocerte, Mercedes- sonrió Harry.
Mercedes se ruborizó y asintió agradecida.
Harry parpadeó, ¿por qué se ruborizaba? Por un momento le recordó a una joven
Ginny, cuando se perdía entre la gente evitando hablar con él. Precipitadamente
alejó estos pensamientos. Él no podía gustarle de esa manera, era la pareja de
Draco.
-Y ésta es mi prima Amethyst y su esposo HHewitt Spencer. A su lado están sus
cuatro hijos, Matthew, Angela, China y Frances- presentó Narcissa.
Harry les sonrió. Amethyst no se parecía a Narcissa. Era alta pero su cuerpo no
era tan esbelto. Tenía una masa de cabello negro ébano, un par de maliciosos
ojos marrón chocolate y una traviesa sonrisa. Su esposo era un hombre callado,
con un par de tranquilos ojos marrones y un corto cabello rubio miel. Ambos
sonrieron a Harry, su curiosidad era evidente para todo aquel que la quisiera
ver.
-Bienvenido a la familia- sonrió Amethyst..
Hewitt apretó su mano.
-Gracias- dijo Harry suavemente, agradeciddo por su amable bienvenida.
Giró su mirada para encontrarse con los obviamente divertidos ojos plateados de
Matthew. Tenía el pelo rubio oscuro de su padre, pero era evidente que era
pariente de Narcissa. Su estructura facial era casi idéntica.
Angela, China y Frances eran trillizas idénticas. Todas tenían el pelo rubio
plateado y sonrisas angelicales, para diversión de Harry, pero podía ver la
travesura oculta tras las coquetas pestañas. Sus ojos eran de un vívido marrón
chocolate, obvia herencia de su madre.
-Trillizas- sonrió Harry.
-El trío terrible- murmuró Draco en su oíddo.
-Draco dice eso sólo porque colocamos supeer pegamento en su gel para el pelo-
explicó una de ellas inocentemente.
Harry sonrió, divertido por la broma. Tomó nota mental de presentar a las
trillizas con Fred y George Weasley. Sospechaba que podrían establecer una
relación maravillosa.
-¿Super pega?- repitió.
-Nos la dio un amigo que es medio muggle. Es muy travieso- dijo otra de ellas
sonriendo, obviamente divertida por el rostro furioso de Draco.
-¿Pero por qué colocaron eso en su cabelloo?- preguntó Harry asombrado, deseando
saber por qué habían pensado en esa broma.
-Dijeron que mi pelo quedaría igual de tieeso con goma que con gel y querían
comprobar de hecho si era goma o no lo que me ponía en el cabello- murmuró
Draco, mirando furioso a las trillizas que sonrieron inocentemente.
-Tu cabello luce mejor suelto de cualquierr manera- Harry se encogió de hombros.
Se inclinó más cerca de las trillizas de modo que nadie más que ellas pudiera
escucharlo. Sabía que Draco quería oír, pero temía hacer enojar a Harry
nuevamente. Internamente sonrió, al darse cuenta que el rubio se estaba
volviendo obediente. Luchó para no reír ante ese pensamiento.
-¿Tomaron fotografías?- susurró
-¡Sí! ¡Miles! – gritaron todas a la vez. &
Harry sonrió, indicando con los ojos que le encantaría verlas alguna vez. Las
trillizas asintieron comprendiendo, lanzando a Draco miradas malévolas.
-¿Qué les preguntaste?- inquirió Draco conn desconfianza.
-Nada- sonrió Harry, sus ojos irradiaban iinocencia.
“Demasiado inocente” pensó Sirius con una sonrisa.
Dracó bufó, pero no se ocupó de decirle a Harry que sabía que estaba mintiendo.
El Gryffindor estaba relajado, y no quería arruinar la atmósfera, o desatar el
huracán Harry. Después de sufrir que su pareja lo ignorara y no le hablara
durante varias horas, lo cual había sido una tortura, Draco no quería repetir la
sesión.
-Entonces, ¿a qué hora llegan los invitadoos? – preguntó Harry de manera casual,
sonriendo a las trillizas.
-Alrededor de las 5:45, empezarán a llegarr a través de polvos floo o del
traslador que hemos dispuesto- explicó Lucius.
-¿Quiénes vienen?
-Todos tus amigos y los míos- contestó Draaco suavemente.
-¿Invitaste a Seamus?- preguntó Harry, asoombrado.
-Sí- murmuró Draco, con los ojos relampaguueando y los dientes apretados.
-Gracias- dijo Harry suavemente, sabiendo lo que esa acción le había costado al
Veela, quien constantemente luchaba contra sus instintos posesivos.
-¿Quién es Seamus?- preguntó Caitlin, miraando a Draco divertida.
-Un muchacho irlandés que está en mi cursoo- Harry se encogió de hombros.
-¿Por qué no le gusta a Draco?- preguntó LLucius tranquilamente, con el interés
brillando en sus ojos plateados.
Harry se ruborizó, evitando mirarlos a los ojos. Sabía por qué a Draco no le
gustaba Seamus, pero no quería tener que decirlo en voz alta. Sabía que Sirius
se burlaría hasta la saciedad, y los Malfoys se preguntaría si había animado a
Seamus y discutirían si él era lo suficientemente bueno para el heredero de los
Malfoy.
-Bueno.....he....ermm....
-Es un fastidioso imbécil que tiene suertee de que no lo haya castrado- apuntó
Draco, interrumpiendo a Harry, mostrando en su voz trazas de enojo.
Sirius estalló en carcajadas ante el comentario del muchacho, recordando
vívidamente que había dicho algo similar en la oficina del Dumbledore. Varios de
los miembros menos reservados de la familia Malfoy se le unieron.
-¿Castrado?- preguntó una de las trillizass, una pícara sonrisa jugando en la
esquina de su boca.
-Draco cree.......
-Sé- corrigió Draco.
Harry le lanzó una oscura mirada.
-Draco CREE que yo le gusto- corrigió al VVeela.
-No, yo SE que le gustas- insistió Draco, los ojos brillantes.
Harry frunció el ceño ante el enojo en los ojos del Veela; no deseaba discutir,
pero le molestaba la falta de confianza que Draco le estaba demostrando. Si
confiara en que él no le sería infiel, entonces no desconfiaría de
Seamus.....pero no lo hacía.
-Él se arrepintió- argumento Harry a su veez.
Draco bufó, mostrando claramente su incredulidad ante ese hecho. Mentalmente se
preguntaba por qué había sido bendecido con una pareja cuya apariencia causaba
tan obvio interés, y no era sólo por ser el Niño-Que- Vivió. Harry era un joven
hermoso, y siempre tendría admiradores, para gran disgusto de Draco.
-Lo hizo- protestó Harry.
-¿Entonces por qué siempre está clavando llos ojos en ti?
-¿Qué? ¿Cuándo?- preguntó Harry asombrado..
Draco puso los ojos en blanco, jalando a Harry más cerca de su cuerpo mientras
encontraba un par de ojos verdes abiertos con asombro. El chico era tan inocente
que a veces hacía que Draco temiera tocarlo. No quería destruir la inocencia de
Harry, que era parte de las razones por las que amaba al Gryffindor.
-Eres demasiado inocente para ser cierto- murmuró.
-No lo soy- protestó Harry con el ceño fruuncido.
-Si, claro- Draco bromeó arrastrando las ppalabras.
-¿Qué significa eso?- preguntó Harry suspiicaz.
-Nada- sonrió, alzando las cejas sugerenteemente.
Harry lo miró furioso.
-¿Quieres un tratamiento de silencio por ootras dos horas?- le preguntó
dulcemente, recordando como el rubio había resentido que lo ignorara.
-No- contestó Draco apresuradamente, sabieendo que Harry hablaba en serio.
Harry sonrió, inclinando su cabeza hasta reposar en el hombro del rubio.
-Entonces, compórtate- murmuró, sonriéndolle ante la diversión de la familia
Malfoy y de Sirius, quien al parecer reía en silencio, mientras Remus,
alternativamente, lo miraba con el ceño fruncido y sonreía a las acciones de
Harry.
Ya casi era la hora del baile y Harry estaba vestido, esperando que Draco
apareciera. Casi eran las seis. Narcissa les había mandado a acomodarse a las
cuatro, muy pronto para el asombro de Harry, quien había protestado que sólo
necesitaba diez minutos para estar listo. Narcissa se había horrorizado ante la
idea, y había obligado a Draco a que llevara a su pareja a arreglarse para la
fiesta con una ‘adecuada cantidad de tiempo’
Ya estaba listo, vestido con una camisa de seda verde y unos apretados
pantalones negros, que habían sido diseñados especialmente para el baile. La
ajustada túnica estaba abierta por el calor y su cabello había sido domado. La
única joya que lucía era el anillo de compromiso en oro blanco, que brillaba
radiante en su dedo.
Draco apareció pronto, saliendo del baño vestido con un par de pantalones de
seda gris. La camisa blanca enfatizaba su cabello claro y su bronceado. Esa
noche llevaba el cabello suelto y Harry estuvo de acuerdo con las trillizas;
Draco lucía impresionante con su dorado cabello suelto, las suaves ondas
rodeando su orgulloso rostro.
La túnica color azul bebé que llevaba acentuaban el matiz azul de sus ojos
plateados, y Harry repentinamente se dio cuenta de cuan desesperadamente
enamorado estaba de Draco. El cabello claro del Veela era todo lo que podía
desear y sabía que jamás lo dejaría, no podría, no sin que se rompiera su
corazón.
-Luces increíble- confesó Harry.
Draco sonrió, mirándolo apreciativamente.
-Y tú luces tan grandioso como siempre- soonrió.
Harry enrojeció, preguntándose si llegaría el día en que la admiración de Draco
no causara esa reacción en él. No estaba acostumbrado a cumplidos tan honestos y
al rubio le deleitaba ofrecérselos en cada oportunidad.
-Será mejor que nos vayamos, ¿no? Sino mi madre vendrá como un temporal,
insistiendo en que estoy ocultándote- Draco lanzó una risita.
Cuando entraron al salón se hizo un profundo silencio. Harry estaba inclinado
contra Draco, sus ojos iluminados con afecto, mientras su pareja lo aferraba
posesivamente, sus ojos resplandeciendo con adoración y amor mientras fijaba la
mirada en el joven más bajo.
Formaban un hermoso cuadro; la apariencia oscura de Harry complementaba la
palidez de Draco y viceversa. Se complementaban uno al otro perfectamente, y ni
siquiera Ron podía negar el hecho de que hacían una hermosa pareja, al menos
físicamente.
Narcissa no pudo evitar sentirse un poquito engreída al reconocer que su hijo
iba a unirse a un muchacho tan hermoso como él. Harry y Draco harían la
combinación perfecta para producir niños impresionantes.
Los ojos de Harry de inmediato se posaron en el cabello rojo de su amigo y se
dirigió hacia allá riendo, arrastrando a Draco con él. El Veela se limitó a
seguirlo, sin querer molestar a Harry rehusándose a saludar a la comadreja, y
además era un Malfoy y los Malfoys siempre eran indefectiblemente corteses con
sus invitados.
-¡Ron!
Ron sonrió, complacido al darse cuenta que su amigo obviamente lo había
extrañado. Hermione le lanzó una mirada sagaz que el pelirrojo ignoró
rápidamente mientras abrazaba a su mejor amigo. Cuando se separaron, Hermione
tomó su lugar y besó a Harry en la mejilla con afecto. Draco no protestó. Sabía
que Harry y sus amigos se querían muchísimo unos a otros y no representaban
ninguna amenaza.
-Luces increíble, Harry- lo elogió Hermionne.
Harry se ruborizó.
-Gracias, también tú, ¿verdad, Ron?- sugirrió Harry astutamente.
Hermione giró sus ojos hacia el ruborizado rostro de Ron quien asintió
precipitadamente. La chica se relajó, obviamente aplacada por ahora.
-¿A qué vino todo esto?- le siseó Ron a Haarry, quien sonrió inocentemente.
-¿Qué? ¿Acaso no piensas que luce grandiossa? Si no estuviera comprometido, ya
mismo le pediría una cita- declaró con una sonrisa.
Los ojos de Draco brillaron divertidos.
-Harry tiene razón, Weasley. Granger pudo haber sido mi pareja, después de todo-
agregó Draco con una sonrisa.
Ron lució aterrorizado ante tal pensamiento.
-Tomaré eso como un cumplido, Draco, y por favor, llámame Hermione- insistió
ella con una sonrisa radiante, la diversión brillando en sus ojos marrones.
Draco asintió en señal de aceptación. Acercó con facilidad a Harry hacia su
propio cuerpo, separándolo un poco y todos vieron la sencillez con que su amigo
se apretaba contra el alto muchacho, sus cuerpos perfectamente alineados.
Descansó sus manos alrededor del cuello de Draco, levantando la cabeza para
encontrar sus ojos mientras bailaban, completamente olvidados de cuanto había en
el salón.
-Se ven bien juntos, ¿verdad, Ron?- musitóó Hermione, observándolos, sintiendo
una ligera envidia de su amigo, quien había encontrado a alguien que lo amaba
incondicionalmente.
-Sí........supongo que sí........- confesóó Ron.
-¿Y?
-¿Y de qué?- preguntó Ron, sin entender.
Hermione suspiró con impaciencia
-¿Me invitarás a bailar o debo hacerlo yo??
La mandíbula de Ron cayó ante la pregunta tan directa. Tragó con fuerza, mirando
nervioso a Hermione. Secretamente pensaba que la chica estaba absolutamente
hermosa, vestida con una túnica color miel dorada, su cabello domado enmarcando
su rostro. No llevaba maquillaje, y Ron no pensaba que lo necesitara.
-¿Te gustaría bailar?- murmuró.
Hermione sonrió dulcemente.
-Caramba, Ron, pensé que nunca me lo pedirrías.
-¿Estás disfrutando?- preguntó Draco en unn murmullo, acercando a Harry aún más
hacia si.
-Sí........es asombroso- confesó el morenoo.
-Bien- ronroneó Draco, inclinando la cabezza de modo que sus labios se rozaran en
un tierno beso.
Harry suspiró, ansioso por entregar lo que el Veela demandaba. Presionó su
cuerpo más cerca, ignorando los asombrados rostros que los rodeaban o a sus dos
mejores amigos bailando. De lo único que estaba consciente era del chico que
estaba aferrado a él.
No notó la tristeza en los ojos de Seamus mientras lo observaba o la sonrisa
divertida de Sirius ante la pública declaración de aceptación. Estaba demasiado
ocupado entregándose al beso de Draco y por el momento, se contentaba con besar
al chico que amaba y saber que éste también lo amaba.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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