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PRUEBA
DE LA RAZÓN
Hay
una incongruencia en la suposición de que la carne, a partir de la cual
la carne del Hijo de Dios fue formada, pertenecía a la de quien fue
esclavo del antiguo enemigo, cuyo poder Él vino a destruir en la tierra.
De ahí el axioma del Pseudo-Anselmo (Eadmer) desarrollado por Duns
Escoto, Decuit, potuit, ergo fecit, convenía que la Madre
del Redentor estuviese libre del poder del pecado desde el primer momento
de su existencia; Dios podía darle este privilegio, luego se lo dio. De
nuevo se remarca que un peculiar privilegio fue concedido al profeta Jeremías
y a San Juan el Bautista. Ellos fueron santificados en el seno de sus
madres, porque por su predicación tenían una especial participación en
el trabajo de preparar el camino de Cristo. Consiguientemente, la más
alta prerrogativa es debida a María. (Un tratado del P. Marchant,
reclamando también para San José el privilegio de San Juan, fue colocado
en el Índice en 1833). Escoto dijo que «el perfecto Mediador debía, en
todo caso, hacer el trabajo de mediación más perfecto, excepto en el
caso de que fuese una persona menor, en cuya mirada la ira de Dios fuese
prevenida y no meramente apaciguada».
Indice
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