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HISTORIA
DE LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
La
antigua fiesta de la Concepción de María (Conc. de Santa Ana), que tuvo
su origen en los monasterios de Palestina como muy pronto en el siglo VII,
y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en sus
objetivos. Originariamente la Iglesia celebró sólo la Fiesta de la
Concepción de María, manteniendo la Fiesta de la concepción de San
Juan, sin discusión sobre la impecabilidad. Esta fiesta se convirtió en
el curso de los siglos en la Fiesta de la Inmaculada Concepción,
aportando argumentación dogmática sobre ideas precisas y correctas, así
como ganaron fuerza las tesis de las escuelas teológicas sobre la
preservación de María de toda mancha de pecado original.
Después
el dogma ha sido universalmente aceptado en la Iglesia Latina y ha ganado
autoridad sostenido por los decretos diocesanos y decisiones papales. El término
antiguo continuó, y antes de 1854 el término «Inmaculada Conceptio» no
se encuentra en ninguna parte, excepto en el Invitatorio del Oficio Votivo
de la Concepción. Griegos, sirios, etc. hablan de la Concepción de Santa
Ana (Eullepsis tes hagias kai theoprometoros Annas, «la Concepción
de Santa Ana, la antepasada de Dios»). Passaglia en su «De Inmaculato
Deiparae Conceptu» fundamenta esta opinión en el «Typicon» de San
Sabas: el cual fue compuesto sustancialmente en el siglo V, creencia que
refiere que la fiesta forma parte del auténtico original, y que
consecuentemente fue celebrada en le Patriarcado de Jerusalén en el siglo
V (III, n. 1604). Pero el Typicon fue interpolado en el Damasceno,
Sofronio y otros, y desde el siglo IX hasta el siglo XII fueron añadidas
muchas fiestas y oficios nuevos. Para determinar el origen de esta fiesta
debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos, el más
antiguo de los cuales es el canon de la fiesta, compuesto por San Andrés
de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del
siglo VII, cuando era monje del monasterio de San Sabas cerca de Jerusalén
(… Arzobispo de Creta hacia el 720). Pero la Solemnidad no fue
generalmente aceptada en todo Oriente. Juan, primer monje y último obispo
de la Isla de Euboea, hacia el año 750, hablando en un sermón a favor de
la propagación de esta fiesta, dijo que no era todavía conocida por
todos los fieles (ei kai me para tois pasi gnorizetai; P.G., XCVI,
1499). Pero un siglo más tarde Jorge de Nicomedia, hecho metropolita por
Focio el año 860, dijo que la solemnidad no era de origen reciente (P.G.,
C, 1335). Por lo tanto, se puede afirmar con seguridad que la fiesta de la
Concepción de Santa Ana aparece en el Oriente no antes de finales del
siglo VII o principios del VIII.
Otro
caso parecido es la fiesta que tuvo su origen en las comunidades monásticas.
Los monjes, que concertaron la salmodia y compusieron varias piezas poéticas
para el oficio, eligieron también la fecha del 9 de Diciembre, que fue
siempre mantenida en el calendario Oriental. Gradualmente la solemnidad
emergió del claustro, entró en las catedrales, fue glorificada por los
predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario,
aprobada por la Iglesia y el Estado. Está registrada en el calendario de
Basilio II (976-1025) y en la Constitución el Emperador Manuel I Comneno
en los días del año parcial o totalmente festivos, promulgada en 1166,
contada entre los días de descanso. Hasta el tiempo de Basilio II, la
Baja Italia, Sicilia y Cerdeña estuvieron bajo el Imperio Bizantino; la
ciudad de Nápoles estuvo en poder de los griegos hasta que Roger II la
conquistó en 1127. Consiguientemente, la influencia de Constantinopla fue
fuerte en la Iglesia Napolitana, y, a comienzos del siglo IX, la Fiesta de
la Concepción fue sin duda celebrada allí, como en cualquier otro lugar
de la Baja Italia el 9 de Diciembre, tal como aparece en el calendario de
mármol fundado en 1742 en la Iglesia de San Jorge el Mayor de Nápoles.
Hoy la Concepción de Santa Ana es una fiesta menor del año en la Iglesia
Griega. El rezo de Maitines contiene alusiones al apócrifo «Proto-evangelium»
de Santiago, que data de la segunda mitad del siglo II (ver SANTA ANA).
Para la Ortodoxia Griega actual, sin embargo, la fiesta significa
verdaderamente poco: continúan llamándola «Concepción de Santa Ana»,
indicando inintencionadamente, quizá, la concepción activa que, cierto,
no fue inmaculada. En la Menaea del 9 de Diciembre esta fiesta ocupa sólo
un segundo plano, el primer canon es cantado en conmemoración de la
dedicación de la Iglesia de la Resurrección en Constantinopla. El hagiógrafo
ruso Muraview y varios autores ortodoxos levantaron su voz contra el dogma
después de su promulgación, aunque sus propios predicadores enseñaron
fundamentalmente la Inmaculada Concepción en sus escritos antes de la
definición de 1854.
En
la Iglesia Occidental la fiesta aparece (8 de Diciembre) cuando en el
Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva
fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte
ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción
en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando. Pero el intento
de introducirla oficialmente provocó contradicción y discusión teórica
en relación con su legitimidad y su significado, que continuó por siglos
y no se fijó definitivamente antes de 1854. El «Martirologio de Tallaght»
compilado hacia el año 790 y el «Feilire» de San Aengus (800) registran
la Concepción de María el 3 de Mayo. Es dudoso, sin embargo, que una
fiesta actual correspondiese a esta rúbrica en la enseñanza del monje
San Aengus. Ciertamente, esta fiesta irlandesa se encuentra sola y fuera
de la línea del desarrollo litúrgico. Aparece aislada, no como un germen
vivo. Los escolásticos añaden, en los restringidos márgenes del «Feilire»,
que la concepción (Inceptio) cae en Febrero, y que María nació después
del séptimo mes –una singular noción que se encuentra también en
algunos autores griegos. El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta
en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old
Minster, Winchester (Conceptio Sancta Dei Genitricis Maria), datado hacia
el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito
entre 1035 y 1056; un pontifical de Exeter del siglo XI (datado entre 1046
y 1072) contiene una «benedictio in Conceptione S. Mariae»; una bendición
similar se encuentra en un pontifical de Canterbury escrito probablemente
en la primera mitad del siglo XI, ciertamente antes de la Conquista. Estas
bendiciones episcopales muestran que la fiesta no se encomendaba sólo a
la devoción de los individuos, sino que era reconocida por la autoridad y
observada por los monjes sajones con considerable solemnidad. La evidencia
muestra que el establecimiento de la fiesta en Inglaterra fue debido a los
monjes de Winchester antes que a la Conquista (1066).

Los
normandos, desde su llegada a Inglaterra, trataron de un modo
despreciativo las observancias litúrgicas inglesas; para ellos esta
fiesta aparecía específicamente inglesa, un producto de la simplicidad e
ignorancia insular. Sin duda alguna, la celebración pública fue abolida
en Winchester y Canterbury, pero no murió en el corazón de los
individuos, y en la primera oportunidad favorable restauraron la fiesta en
los monasterios. En Canterbury, sin embargo, no fue restablecida antes de
1328. Numerosos documentos expresan que en tiempo de los normandos comenzó
en Ramsey, siendo concedido a Helsin o Aethelsige, Abad de Ramsey, al
regreso de su viaje a Dinamarca, adonde fue enviado por Guillermo I hacia
el año 1070. Un ángel se le apareció durante una fuerte galera y salvó
el barco depués de que el abad prometiese establecer la Fiesta de la
Concepción en su monasterio. No obstante considerar el carácter
sobrenatural de la leyenda, debemos admitir que el envío de Helsin a
Dinamarca es un hecho histórico. La explicación de la visión se
encuentra en varios breviarios, incluso en el Breviario Romano de 1473. El
Concilio de Canterbury (1325) atribuye el restablecimiento de la fiesta a San
Anselmo, Arzobispo de Canterbury (… 1109). Pero aunque este gran
doctor escribió un tratado especial «De Conceptu virginali et originali
peccato», en el que deja de lado los principios de la Inmaculada Concepción,
es cierto que no pudo introducir la fiesta de ninguna manera. La carta que
le es atribuida, y que contiene la carta de Helsin, es espuria. El
principal propagador de la fiesta después de la Conquista fue Anselmo, el
sobrino de San Anselmo. Educado en Canterbury, hubo de tener conocimiento
de todo esto por algún monje sajón que recordaría la solemnidad en
tiempos anteriores; después de 1109 él fue por algún tiempo abad de San
Sabas en Roma, donde el Oficio Divino era celebrado según el calendario
griego. Cuando en 1121 fue nombrado Abad de San Edmundo de Bury estableció
allí la fiesta; en cierto modo, al menos por sus esfuerzos, otros
monasterios también la adoptaron, como Roading, St. Albans, Worcester,
Cloucester y Winchcombe.
Pero
como la observancia de algunos decreció hasta límites inauditos y
absurdos, la antigua fiesta oriental fue desconocida por ellos. Dos
obispos, Roger de Salisbury y Bernard St. David, manifestaron que la
festividad fue prohibida por un concilio y que la observancia debía ser
frenada. Y cuando, estando la sede de Londres vacante, Osbert de Clare,
Prior de Westminster, intentó introducir la fiesta en Westminster (8 de
Diciembre de 1127), un grupo de monjes arremetió contra él en el coro y
dijo que la fiesta no debía ser guardada porque no había autoridad de
Roma para su establecimiento (cf. Carta de Osbert a Anselmo en Bishop, p.
24). Entonces la cuestión fue llevada ante el Concilio de Londres de
1129. El sínodo decidió a favor de la fiesta, y el Obispo Gilbert de
Londres la adoptó en su diócesis. Después se extendió en Inglaterra,
pero por un tiempo tuvo carácter privado, por lo cual el sínodo de
Oxford (1222) rechazó elevarla al rango de fiesta de precepto. En Normandía,
en tiempos del obispo Rotric (1165-83), la Concepción de María fue
fiesta de precepto con igual dignidad que la Anunciación en la Arquidiócesis
de Rouen y en seis diócesis sufragáneas. Al mismo tiempo, los
estudiantes normandos de la Universidad de París la eligieron como fiesta
patronal. Debido a la cercanía de Normandía con Inglaterra, pudo ser
importada desde este último país a Normandía, o los varones normandos y
el clero pudo traerla de sus guerras en la Baja Italia, donde era
universalmente celebrada con solemnidad por los habitantes griegos.
Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente
llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era
celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la
Europa Occidental. Passaglia sostiene (III, 1755) que la fiesta era
celebrada en España en el siglo VII. El obispo Ullathorne encontró
igualmente esta opinión razonable (p. 161). Si esto es verdad, es difícil
entender por qué desapareció completamente en España más tarde, ya que
no la contienen ni la genuina liturgia mozárabe ni el calendario de
Toledo del siglo X editado por Morin. Las dos pruebas que da Passaglia son
fútiles: la vida de San Isidoro, falsamente atribuida a San Ildefonso, la
cual menciona la fiesta, es interpolada, mientras que la expresión «Conceptio
S. Mariae» del Código Visigótico se refiere a la Anunciación.
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