Santa
María, Madre de Dios
Así sigue esta humilde oración. Y sencillamente comprendemos que lo
único que hacemos es nombrar a aquella a la que estamos hablando o
dirigiendo esta oración. O sea que estamos solo enfocando nuestras
palabras hacia la persona a la que nos estamos dirigiendo.
¿No es Cristo
el único mediador entre el Padre y nosotros? Espera, no te apures. Cada
cosa a su tiempo. Ya verás que no hacemos otra cosa que seguir las
inspiraciones del Espíritu Santo.
Decíamos que en esta parte, después de una introducción que es casi la
mitad de la oración, recordamos a aquella que saludamos y bendecimos en
la primera parte. Reconocemos su Santidad, propia de su aceptación de la
voluntad divina, que no era otra cosa que ser Madre de Dios. Y estas
palabras también tienen su asidero en la Palabra.
Recuerda
que el Arcángel Gabriel la llamó "llena de Gracia". Y que esto
sino el culmen de una vida santa! Es justamente el camino de todo
Cristiano. Vivir en Gracia de Dios para ser Santos. "Sean santos como
nuestro Padre Celestial" dice el Señor. Y aquí no hacemos mas que
reconocer, repito, la santidad de María, que había hallado gracia
delante de Dios.
Todo el
capítulo 1 de Lucas nos lleva a esta conclusión. Pero sigamos adelante.
Ahora viene la petición.
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