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  HUMO

         

            LAS RAMBLAS

 ¡ Que invierno con mas gente !

 ¡ Cuanto roce de almas !

 Las Ramblas hacia arriba

 y abajo , el bullicio, las Ramblas.

 con gente paseando calle arriba

 y abajo, los payasos, los mimos

 de las Ramblas.

 Entre toda esa gente esa otra gente

 que vigila o que busca el contacto

 o quizás simplemente el calor

 del tumulto; el alma de las Ramblas.

 Yo también paseando, calle arriba

 y abajo  absorbiendo y gustando

 y mirando y tocando con la gente mi alma

 en las notas distintas

 de mil ritmos distintos

 llegando y alejándose en las Ramblas.

 ¡ Que intensidad de heridas !

 ¡ Que risas mas amargas !

 ¡ Que emociones mas vivas !

 ¡ Cuanta ilusión tan vana !

 ¡ Que invierno tan distinto

 paseando por las Ramblas !

 

DECREPITUD

Así, el anciano acalla la furiosa

tempestad que el tiempo le depara.

En su decrepitud, es su hermosura

nadir y oscura presa.

Con paciente maldad, le deposita

su muerte la cizaña,

premonición de blanda levadura.

La tierra expresa el vínculo

y el alma el cuerpo humilla,

poniéndole grilletes de torpeza.

¡Para que simular opacidades

donde la arruga puso transparencias

Expone penas, augurio,  evocaciones

de un mar que le carcome las rodillas

y un paso más le cuesta

un año de segura pesadilla

A ciencia cierta

tendrán que arrebatarle con violencia

lo que, con voluntad, ya desconfía

razón de ser: su vida confiada.

Y ambas manos opone con firmeza

descomunal al viento y a la nada.

 OTRO TREN (Con perdón de don A.  Machado )

No tengo memoria. 

que pasé por aquí,

pero no sabría decir

porqué

El paisaje ¡ que ironía !

va al compás

del tren y del alma mía,

Un pueblo anónimo y frío,

( ¿ Estuve en él ?. ¡ Quien lo sabe ! )

al pie de un monte suave,

al borde mismo de un río.

Y siento; tal vez presiento

que es aquel

en el que mi sentimiento

se desbordó aquella vez.

Amé allí

o quizás

en parecido lugar

pero amé y lo conocí.

Es tal la velocidad

del tren que mi corazón

se queda atrás.

Se desvaneció...

El revisor se ha parado

ante mí.

¿ El billete ?. Lo perdí.

Lo habré guardado

u olvidado...

¡ Ah, pues no ! : Tenga, está aquí.

 

                     MARINA

 Pasó cual gaviota de sombra por mi barca.

Por el río de mis años como sala de espera,

con un sabor oscuro como de haber llorado

y la sonrisa triste de una rosa marina.

No se sabe quién puso, ahogado entre sus manos

apretando que alas, un pañuelo de Otoño.

Que vientos y que olas la mueven, la conmueven

como un beso sin aire flotando a la deriva

después de haber dormido bajo el agua salada,

hasta morir desnudo por encontrar su boca.

Hoy tan solo la noche, brillando entre dos luces

con ese escalofrío de la brisa afilada

que anuncia la catástrofe, la llama por su nombre.

Han pasado los años. En la ciudad de piedra

que aprisiona mentiras sembradas de carteles,

grises carteles, grises cristales, lápidas

que amontonan deseos, cementerios marinos,

yo busco aún ese faro, esa luz alargada

disuelta entre la bruma que pasó por mi barca

sin poder detenerse... Como una gaviota.

 

           PUEBLO SIN MAÑANA

Pola de Viana, pueblo

antiguo, piel, madera, pizarra

amarilleando hojas de Otoño, tierra

confundida en la ceniza de la sierra.

Perfil y solamente silueta

de horizonte pegado codo a codo

uña con uña, carne con piedra, lodo.

Pirueta, torre desesperada sin campana

sin camino hacia el cielo, descolgada.

Tu única sombra, leve abrigo

tiene a sus pies, un pueblo sin mañana.

 

                      A M. H. V.

Hecha de raíz y enredadera

el verde sube por los arcos donde

filtra la luz su débil rayo.

Rompe largos caprichos entre grietas.

Quedas , las aguas fluyen y caen,

por la pendiente de su seno, fuente honda,

delgadas, rebotando.

Sobre el iris se yergue la sirena

y el niño sueña con sus profundidades.

Otro mar, olvidó de sus corrientes

e inmóvil verterá siglo tras siglo

en dócil mármol.

¿ Qué tendrá éste rincón de la arboleda

para encoger el corazón y echarlo

pasto de soledades ?.

Humedad sigilosa por las ramas, tibias oscuridades.

Ni una rosa, quiebra la piel umbrosa de sus cobijos,

ni arpegio más, que el roce de una hoja

que cae, meciendo su tristeza, al fondo del estanque.

Mi mano torcerá, de su destino final, el débil tallo

y morderé la pulpa verde y agria, esquina rota,

el diente consintiendo por la herida,

hasta hartarme de vida con su savia,

" amargo, yo también y anochecido ".

                      

                   LA TIERRA

La tierra es la primera palabra y el principio.

El dominio sin límites del reptil y la rosa.

Tierra arada y herida de surcos paralelos

donde el calor es savia y humedad calculada.

Enterradme la mano con que toco la vida

en esa confluencia de rejas y sudores.

Que en mi puño cerrado, el grano semental,

perfore de raíces su entraña complaciente.

Y así, donde la muerte y la vida convergieran

al llanto de las nubes y al Sol recuperado,

de tallos emergentes pobladas mis orillas,

surgirán, verdes, más altos aún, los sentimientos.

Y más tarde ¡ Oh ! : Las flores, el insecto solícito,

las nupciales diásporas, las alas invisibles.

Abril vistió a la novia, el sacrificio espera.

Al fin será posible , de nuevo, la Promesa.

 

       

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