|
2ª
Parte de la Reconquista
Córdoba,
capital cultural de Europa durante varios siglos.
Esta complejidad étnico-religiosa, que no facilitaba la
convivencia en los núcleos urbanos era, al mismo tiempo, un
fertilizante cultural excelente. No hay duda de que todos se
beneficiaron con el mestizaje, pero el peso de la aportación
se lo llevó la cultura árabe
En
los reinos cristianos no surgieron figuras de la talla de
Averroes, Avicena o Avempace, no hubo matemáticos, filósofos,
astrónomos o cirujanos extraordinarios. No quedaron
monumentos literarios comparables con los producidos en al-Andalus
por artistas como Ibn Hazm o de Ben Quzmán
Durante
siglos, Córdoba fue la ciudad más culta de Europa. La
enciclopédica civilización de los muslimes devolvió al
viejo continente algunos de sus tesoros olvidados. Le devolvió,
por ejemplo, a los clásicos griegos, que los árabes habían
traducido cuidadosamente, mientras que los últimos
manuscritos originales ardían en las piras de la noche
altomedieval europea
Pero
el prestigio de Córdoba no se limitaba a la cultura. Por sus
fronteras salían mercancías refinadas hacia los mejores
palacios y Castillos del Continente. Su potencia comercial
queda patente por el hecho de que los dinares cordobeses eran
atesorados hasta en el Báltico
Son
siglos en los que la exuberancia y el refinamiento de Oriente
chocan frontalmente con el oscurantismo y la ignorancia que
reinan en Europa
Los
sofisticados príncipes musulmanes, capaces de entender un
tratado de álgebra y de escribir inspirados poemas líricos,
no comprendían, sin embargo, que los aristócratas cristianos
contra los que luchaban fueran orgullosamente analfabetos e
incapaces de hacer una sencilla división
Claro
está que, con el tiempo, aprendieron. El siglo XIII,
coincidiendo con un auge demográfico y económico que también
daría lugar a la catedral gótica, alumbra en Europa las
primeras Universidades, un concepto que los musulmanes habían
hecho realidad muchas centurias antes. En Bolonia, París,
Oxford o Salamanca comienzan a agruparse maestros de varias
disciplinas que necesitan y producen textos, sabios que
manejan con soltura el latín y el árabe, el griego y el
hebreo. Son los tiempos, en Castilla, de Alfonso X el Sabio,
que acierta a promover las escuelas de traductores de Toledo y
Sevilla
Pero,
hasta entonces, faltaba todavía por correr mucha sangre en
los campos de la futura España. Emboscadas, razzias,
expediciones de castigo y batallas campales se sucedieron,
alternándose con largos períodos de paz. Ambas partes
tomaban tierras que luego volvían a ceder. Madrid, por
ejemplo, fue conquistado y reconquistado al menos un par de
veces. Sólo las grandes batallas producían efectos profundos
y duraderos en las líneas fronterizas
Cuando
hablamos coloquialmente de aquellos tiempos y de la guerra
contra los moros, o incluso cuando lo hacemos para referirnos
al legado que la civilización islámica dejó en nuestra
tierra, no podemos deshacernos de la imagen mental que nos
presenta a esos moros o musulmanes como extranjeros ocupantes
Pero
confundimos la sangre con la cultura. Los sistemas de acequias
levantinos o los palacios de la Alhambra no los hicieron los
moros: los hicimos nosotros cuando éramos moros. La sangre árabe
que podía correr por las venas de un musulmán de Teruel en
el siglo XII, por ejemplo, era como una gota de tinta en un
barril de agua
Claro
que pasaron miles de guerreros desde África (muchos de ellos
murieron; otros regresaron) pero no pasaron mujeres y, por lo
tanto, no pasó raza. Los hijos del guerrero compartían la
mitad de su sangre. Sus nietos sólo una cuarta parte. Los
nietos de sus nietos, un dieciseisavo
A
pesar de los sucesivos aportes almorávides y almohades,
cuando en 1212 cristianos y musulmanes pelean en las Navas de
Tolosa, se está desarrollando en realidad otro episodio más
de nuestra primera guerra civil bajo la apariencia de una
guerra de religión
La
derrota que les infligió Carlos Martel en Francia frenó su
avance.
Si
la conquista fuera un vídeo que pudiéramos pasar a velocidad
ultrarápida, veríamos primero el fácil avance de las tropas
invasoras, que en menos de veinte años ocupan la Península y
siguen sin detenerse hasta el corazón de Francia, donde los
derrota Carlos Martel en Poitiers
Desengañados
de aventuras ultrapirenaicas, se consolidan en España, cuya
independencia del califa de Damasco proclama Abderramán I al
fundar el Emirato de Córdoba
Son
150 años de prosperidad que dan paso a la gran reunificación
que supone el Califato entre 929 y 1035, el mejor siglo de la
España musulmana
Luego
el poder central se hunde y al-Andalus se fragmenta en una
multitud de señoríos que viven en guerra permanente: los
reinos de Taifas
En
1085, los cristianos de Alfonso VI (que tuvo por vasallo al
Cid) toman Toledo. Conscientes de su debilidad, pero incapaces
de unirse frente a los empujes cristianos, los reyes taifas
reclaman ayuda en África, donde ha aparecido un nuevo poder
imperial impuesto por los temibles monjes-guerreros de la
frontera mauritana, los almorávides
Pasan
los almorávides a España y contienen el avance de los
cristianos infligiéndoles la derrota de Sagrajas
Tras
este auxilio, bien celebrado y agradecido por los taifas,
regresan a África. Unos meses más tarde vuelven a avanzar
los cristianos y vuelven los taifas a solicitar la ayuda almorávide
quienes, efectivamente, regresan. Pero esta vez lo hacen para
derrocar a todos los reyezuelos y apoderarse de todas sus
riquezas y territorios. La España musulmana pasa a depender
de Marrakech, sede del imperio almorávide
Cuando
los miembros del grupo religioso de los almohades, procedentes
de las montañas del Atlas, se imponen a los almorávides en
Marruecos, al-Andalus cae también en sus manos
Aún
consiguen los almohades una gran victoria sobre los cristianos
(la de Alarcos, en Julio de 1195), pero el éxito dura poco
tiempo. En 1212, el triunfo cristiano de Las Navas de Tolosa
señala el principio del largo fin de los mahometanos hispanos
Sucesivamente
van cayendo Sevilla, Córdoba, Jaén y Murcia. Quedan sólo
los ziríes granadinos. En enero de 1492, Boabdil rinde
Granada a Isabel y Fernando
Este
es el resumen de la conquista desde el lado musulmán: un
largo camino desde la euforia de Tarif hasta las lágrimas de
Boabdil
Desde
el bando cristiano, la Reconquista (con mayúscula porque al
final la historia la escriben los vencedores), se apoya mucho
más en el factor geográfico, concretamente en la existencia
de la Cordillera Cantábrica
El
hecho de que el Norte peninsular sea un interminable murallón
montañoso detrás del cual no hay tierras particularmente
ricas, ha planteado desde siempre un problema estratégico a
sus conquistadores, fueran romanos o árabes: no merece la
pena arriesgar las importantes fuerzas que requiere la lucha
en un territorio así para obtener tan poco beneficio, de modo
que el ejército invasor se detiene al pie de los montes
Pero
es una frontera muy larga, y los montañeses la vigilan
constantemente. Cuando el invasor debilita una posición, los
montañeses la atacan. Si el ejército acude en su defensa,
los atacantes se retiran al otro lado de los montes y esperan
una nueva oportunidad. Si no lo hace, fortifican el territorio
y lo repueblan
Esta
táctica -la de don Pelayo- dio origen a los primeros reinos
cristianos. Goteando desde los montes nacieron Asturias (luego
León) y Navarra. En la zona de contacto entre ellos se
produjo un híbrido llamado Castilla que con el tiempo
desarrolló su propia lengua, la cual, en origen, no es otra
cosa que latín medieval pronunciado por hablantes vascos
La
correría musulmana en el interior de Francia alertó a los
galos del peligro islámico. Así, las tierras situadas entre
el Pirineo y el cauce del Ebro son ocupadas preventivamente
por las tropas del emperador Carlomagno, que establece en
ellas la Marca Hispánica
Con
el tiempo, una parte de esas tierras conformarán el reino de
Aragón, mientras que las más orientales se integrarán en el
condado de Barcelona. A principios del siglo XII el imperio
almorávide luchaba contra seis reinos cristianos: Portugal,
León, Castilla, Navarra, Aragón y Cataluña
A
partir de entonces, los frecuentes pactos y uniones
matrimoniales entre los titulares de estos reinos demuestran,
con altibajos, una voluntad constante de integración que se
traduce en la fusión de Aragón con Cataluña y de Castilla
con León. Y, más tarde, en la unión de los dos reinos
mayores con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de
Aragón, esa pareja de la que ha hecho la historia un objeto
maniqueo: bestia negra de los nacionalismos periféricos y
sublimación mística del nacionalismo imperial
En
todo caso, será precisamente una empresa suya la que
apuntille a la Edad Media apenas unos meses después de que
concluya la Reconquista con la toma de Granada. Cuando Colón
divise por vez primera las playas caribeñas, habrá nacido la
Edad Moderna.
|