El Greco
Uno de los mejores
pintores del siglo XVI – y, si a ello vamos de
cualquier siglo de la historia de Occidente- fue El
Greco. Su nombre de pila era Domenikos Theotokopulos
y por sus declaraciones, ya en fecha tardía, se
deduce que El Greco nació entre 1540 y 1541 en
Candia, capital de la isla de Creta, a la sazón
dominio veneciano. Nunca olvidó sus orígenes griegos
y solía firmar sus obras con su nombre completo,
escrito en caracteres griegos. Como Creta era una
posesión veneciana en el siglo XVI, así que, como
ciudadano de Venecia, 1566 fue a estudiar allí y se
cree que fue discípulo de Tiziano. también queda la
sensación de que puede haber estudiado con Giulio
Clovio, pintor de miniaturas, porque sus obras de
formato pequeño, aunque pintadas al óleo, muestran
la destreza de un miniaturista. Permanece el
misterio sobre los primeros clientes y amistades de
estos años. más allá de su relación con Tiziano y
con otros maestros que trabajaban en Venecia , entre
los cuales es fácil pensar en un encuentro con
Bassano y Tintoretto, dada la influencia que de
éstos manifiestan algunas de sus pinturas.
Domenikos
Theotokopulos comienza su segundo y largo viaje, se
supone que este viaje lo hace a petición de Pedro
Chacón, canónigo de la catedral de Toledo, pero
también algunos indicios hacen pensar que su meta
era Madrid, el corazón de la corte y a la vez centro
de búsqueda de la cultura y de estudio donde se
encuentran las más importantes corrientes culturales
del momento. Llega a España hacia 1577. (El
enfermizo, apasionado y fanático rey Felipe II quien estaba
construyendo el gigantesco palacio de El Escorial a
unos 40 kilómetros al noroeste de Madrid y quien
trataba
de organizar una guerra santa por el reino del
cielo). Atraído por la posibilidad de trabajar para
el rey y en busca de fortuna, permanece unos meses
en la capital. Recibió algunos encargos importantes
de retablos después de pintar dos grandes lienzos
para El Escorial: uno es la gran escena de El
martirio de san Mauricio (1580), notable por el
áspero contraste entre los brillantes amarillos y
los azules ultramarinos. El rey detestaba el cuadro
y lo reemplazó por otros. (Afortunadamente la obra
maestra de El Greco cuelga hoy en El Escorial.) Esto
acabó con el mecenazgo real para el griego errante.
Y en julio de
aquel mismo año se traslado a la que había de ser su
residencia definitiva, Toledo. Y como su nombre era
muy difícil de pronunciar, los toledanos resolvieron
llamarlo el Greco, por su origen griego.
Hacia mas de una
década Toledo no era ya la capital del imperio.
Continuaba siendo empero, un centro muy floreciente
de cultura. En poco tiempo consiguió allí el
cretense una consagración absoluta, que explica la
intensidad de su trabajo, no sólo como pintor, si no
también en escultura y arquitectura
No era un pintor
rutinario, y los documentos lo señalan como un
instruido humanista versado en la antigüedad
clásica, capaz de leer y escribir en latín y en
griego clásico, lo mismo que en el griego de su
época. En 1585, pintó su obra más ambiciosa y
posiblemente la mejor “El entierro del conde de
Orgaz”, Resulta irónico que un griego, instruido en
Venecia y despreciado por el Rey de España,
realizará lo que de hecho realizó El Greco: Dar
nacimiento a la estética verdaderamente española. En
Toledo se dedicó a una construcción que existe
parcialmente aún y que se señala erróneamente como
su casa (algunas de sus fascinantes obras están
allí).
Felipe II no ha
sido la única persona intrigada por sus obras, a
causa de su estilo singular de figuras alargadas,
colores ácidos y un torbellino de efectos
atmosféricos irreales. Se le ha llamado astigmático,
manierista violento y aun el último de los pintores
bizantinos. Nada de eso tiene sentido. El Greco fue
formando su estilo personal, relativamente libre de
influencias marcadas, y pintó algunos de los cuadros
más atrayentes, apasionados y universales de la
historia.
El Greco
permaneció en Toledo, llevando lo que se ha
denominado una vida de “pompa y pobreza” hasta su
muerte, en 1614
Fuentes
Bibliográficas