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FILOSOFOS PRESOCRÁTICOS
DIALÉCTICA
Heráclito de Efeso
(570-475 a de Cristo)
Heráclito de Efeso alcanzó su madurez sobre el año
504 a de Cristo. Algunos dicen que fue discípulo de Jenófanes aunque el
tono crítico, con que Heráclito lo trata, no sugiere una relación formal de
maestro - discípulo. Podemos aceptar que estaba en la mitad de su vida a
finales del siglo V y que su actividad filosófica más destacada había
cesado hacia el año 480 a de Cristo.
Sobre la vida de Heráclito existe una gran proliferación de ficción
biográfica. Diógenes nos dice que rehusó componer leyes para los
efesios, prefiriendo jugar con los niños en el templo de Artemis.
Muchas de las anécdotas pretendían ridiculizarle y la mayoría son producto de
helenistas resentidos con aire de superioridad. Asi, por ejemplo, lo
acusan de misantropía; de vegetarianismo y de hidropesía
por su afirmación de que es muerte para las almas el convertirse en agua. Se le
conocia tambien por ser un oscuro propositor de enigmas y se nos
transmite que esta afición le costó la vida, ya que los médicos, a los que
parece criticar en una de sus máximas, no hicieron nada para salvarle. Se
afirma tambien que se enterró el mismo en estiercol porque había dicho que los
cadaveres valen menos que el estiercol.
De todo este anedoctario unicamente se puede aceptar como seguro lo siguiente:
nació y vivió en Efeso. Procedía de una familia aristocrática y estuvo en
malas relaciones con sus conciudadanos.
Timón de Fliunte, el escritor satírico del siglo III, denominó a
Heráclito como enigmático (ainiktés). Esta denominación, justa sobre
su estilo, dió origen, más tarde, al epíteto de el oscuro (Cicerón).
Otra calificación corriente en el período romano fue la de el filósofo
llorón, juicio trivial basado en su idea de que todas las cosas fluyen
como ríos; (Platón, en el Crátilo (440 c) afirma que los que creen en
el flujo son como gentes de catarro ), y, tambien, en la conocida
atribución de melayjolía (Teofrasto) con lo que Heráclito quiso
significar impulsividad y no la melaconlía entendida en su
sentido posterior.
ACERCA DE SU OBRA
Los biógrafos e historiadores antiguos de filosofía
supusieron que todos los presocráticos escribieron uno o más libros y, por
ello, dieron por supuesto que Heráclito escribió uno, sobre el cual, Diógenes,
nos dice que su titulo era: Sobre la naturaleza. Estos títulos se le
asignaban normalmente a las obras escritas por aquellos a quienes Aristóteles,
y los peripatéticos, denominaron como filósofos naturales y no hay
porque considerarlos auténticos en todas los casos. La afirmación de que su
obra estaba dividida en tres secciones ( universo - política - teología
) sugiere que Diógenes, al escribir esto, siguió una colección de
sentencias, hechas en Alejandria, y que seguía un análisis estoico de
las partes de la filosofía.
Diels sostiene que Heráclito no escribió un libro seguido sino que
simplemente adujo una serie de opiniones cuidadosamente formuladas. Es
posible que esto sea correcto ya que los fragmentos transmitidos tienen
un marcado aspecto de declaración oral, expuesta de una forma concisa y
chocante y, por tanto, fácil de recordar. No dan la impresión de ser extractos
procedentes una redacción continúa. El único óbice a este punto es la
existencia de una sentencia ( relacionada con el Lógos ) de
estructura complicada, que se asemeja mucho a la introducción escrita
hecha a un libro. Por todo ello, es posible que cuando, Heráclito, adquirió
fama de sabio se hiciera una colección de sus declaraciones más famosas
componiéndose para ello un prólogo especial. De todas formas, las
fragmentos que poseemos fueron en su mayor parte mas apotegmas verbales
que partes de un tratado discursivo.
En algunos textos se sugiere tambien que Heráclito formó escuela y que
sus discípulos, los heracliteos, eran adictos a la lectura de su obra.
Incluso Platón
y Aristóteles hablan sobre este asunto. Sin embargo esto no parece más que una
conjetura ya que, a Heráclito, no se le conoce ningún seguidor destacado hasta
Crátilo, contemporaneo de Platón, quien desarrolló un heracliteismo
degradado, exagerando y combinando la creencia de Heráclito en la
inevitabilidad del cambio.
DIFICULTADES DE INTERPRETACIÓN
Ya hemos señalado que Heráclito tenía fama de ser oscuro.
Pues bien, a la propia dificultad que implica el entender sus propias citas, hay
que añadir tambien los testimonios que se nos han transmitido acerca de
su pensamiento. Estos testimonios podrían resumirse de este modo:
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Platón y Aristóteles ( auténticos
gurus de la filosofía griega ) pusieron escaso empeño en penetrar
en la real significación del pensamiento de Heráclito.
Platón menciona a Heráclito pocas veces y cuando lo hace, lo lleva
a cabo de un modo humorístico e irónico, insistiendo, sobre todo, en una
de sus opiniones más trillada y peor entendida, es decir, aquella que dice
que todas las cosas fluyen (panta rei). Lo curioso del
caso es que Platón, (según Aristóteles), estuvo influenciado, en su
momento, por Crátilo (seguidor de Heráclito) y sus ideas
sobre el cambio. Es evidente que, o bien Crátilo ya había adaptado
a su propio pensamiento (modificándolas) tales ideas, o Platón
interpretó incorrectamente la concepción de Heráclito sobre el cambio. Y
es que, como veremos más adelante, para Heráclito no era tan
importante la idea del cambio, como la idea anversa de la medida
inherente al cambio, y, por tanto, la estabilidad subsistente.
-
Por su parte, Aristóteles, aceptó la
interpretación platónica e incluso la exageró aún más. Aristóteles
ataca a Heráclito por haber negado el principio de contradicción
cuando afirma que los opuestos son lo mismo. El problema es que
Aristóteles no se paró a pensar que cuando Heráclito afirma ésto no
quería decir que los opuestos fueran lo mismo, es decir, idénticos;
sino que estaban esencialmente separados o que pertenecían a un
único complejo.
-
Por otro lado, Teofrasto, de quien depende toda la
tradición doxográfica posterior, basó su interpretación de Heráclito en
Aristóteles.
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A su vez, los estoicos deformaron aún más la
versión, ya que adoptaron a Heráclito como su máxima autoridad en
cuestiones físicas. Aunque es cierto que, en algunos aspectos,
desarrollaron bien sus ideas, sobre todo, en lo que se refiere a su ideal de
vivir de acuerdo con la naturaleza; lo cierto es que, otras veces,
readaptaron sus opiniones a sus propias y especiales exigencias, como por
ejemplo sucede con al atribución a Heráclito de la ecpyrosis, es
decir, la consunción periódica de todo el mundo mediante el fuego.
EL PENSAMIENTO DE HERÁCLITO
Suele situarse a Heráclito en oposición a Jenófanes
y tambien a Parménides. A pesar de todo coincide con Jenófanes en la total
superación que ámbos manifiestan ante el politeismo antropomórfico,
asi como en el reconocimiento de la unidad de todo ente, ya que
ámbos piensan que es propio del sabio reconocer que todo es uno. Pero
esta coincidencias desaparecen desde el momento en que Jenófanes identifica lo uno
con la divinidad inmovil. Y es que Heráclito no ve en el mundo (
ni fuera de él ) ningún ser permanente sino cualidades
contrarias conexionadas entre sí, asi como el paso de unos contrarios a otros
en un eterno vencer y ser vencidos, aunque la sangre, como veremos, nunca llegue
al río. Y es que, según Heráclito, el enfrentamiento de contrarios y el
devenir del mundo no implica que este sea un caos sino todo lo contrario,
es decir, un kosmos. Y no es un caos porque existe el Logos
(al que Heráclito identifica con el fuego) que permite que todo lo que sucede
en el mundo, aún habiendo lucha y enfrentamiento entre los elementos contrarios
de la naturaleza, sea fruto de la proporción,del orden y de la medida.
EL LOGOS Y LOS OPUESTOS
Según Heráclito, los hombres deberían tratar de
comprender la coherencia subyacente en las cosas. Esta coherencia está
expresada en el Logos, el elemento ordenador de todas ellas.
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¿Cual es el significado del Logos?
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El concepto de Logos tiene, en Heráclito, el
significado general de medida y proporción. Esto implica que,
para Heráclito, el universo está dispuesto según un plan o medida
que hace que todas las cosas, aparentemente diversas, sean realmente una. El logos
es quien explica la existencia de tal coherencia que permite que las cosas, en apariencia
plurales, se encuentre en realidad unidas en un complejo coherente del
que los hombres mismos constituyen una parte. En este contexto, Heráclito,
tilda de almas bárbaras a todos aquellos que no son capaces de entender
el lenguaje de los sentidos o que no pueden interpretarlo correctamente sino que
se dejan engañar por sus manifestaciones superficiales. Al mismo tiempo el logos
no es una mera idea sino el constitutivo real de las cosas, coextensivo
con el fuego, y, por tanto, elemento cósmico primario lo que no quiere
decir que Heráclito creyese, al modo de los milesios, que tal principio era el
origen de donde procedía todo. En Heráclito el universo siempre habría así
y, en él, el fuego ( identificable con el logos ) es elemento primario en el
sentido de ser el responsable de que los elementos naturales, aún siendo
contrarios y enfrentados entre sí, funcionen de modo coherente y equilibrado.
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¿Cual es el significado de los
opuestos?
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Según Heráclito en el mundo es algo fundamental la existencia
de los opuestos así como la unidad esencial de los mismos. Existen
multitud de textos que ejemplifican esta idea de Heráclito. Tal
ejemplificación podría resumirse del modo siguiente:
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Las mismas cosas producen efectos opuestos sobre
clases distintas de seres animados. Asi, por ejemplo, el mar es saludable
para los peces pero para los hombres es insalubre.
-
Aspectos diferentes de una misma cosa pueden
justificar descripciones opuestas. Esta parece ser la interpretación
más correcta aplicada a la expresión el camino abajo y arriba es uno y
el mismo, aunque Teofrasto le dió a la expresión un sentido
cosmológico que es aceptado por algunos tratadistas modernos (Capelle).
Hipólito, sin embargo, una fuente muy fidedigna en relación a
Heráclito, la consideró como una mera ilustración de los opuestos
y no como una metáfora cosmológica. En este sentido, deberíamos pensar en
un mismo camino, al cual denominan camino hacia arriba los que
lo ven desde abajo, y camino hacia abajo los que lo ven desde arriba.
Vlastos afirma que esta interpretación es una banalidad.
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Ciertas realidades solo son comprensibles si se
reconocen sus opuestos. Esto sucede, por ejemplo, con la salud o
el descanso que solo tienen sentido si se reconoce la existencia de
sus opuestos la enfermedad y el cansancio.
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Ciertos opuestos estan enlazados de un modo esencial
porque se suceden mutuamente sin más. Así sucede, por ejemplo, con el calor
y el frío o con el día y la noche, padre e hijo.
En definitiva, según Heráclito, tendemos a considerar la
realidad como formada por elementos como separados unos de otros y como opuestos
unos a otros, es decir, como una realidad desconexionada y diversa. Pues bien,
esa desconexión y diversidad es algo meramente accidental ya que la
razón nos muestra que se encuentra intimamente conexionada formando un todo.
Ello significa que, según Heráclito, no existe una división realmente
absoluta entre lo que consideramos como elementos opuestos.
Ahora bien el que los opuestos formen una unidad no
implica que no exista la pluralidad diferente y encontrada. Cuando
Heráclito habla de las cosas tomadas en conjunto se está refiriendo a
los opuestos formando un todo continuo (dia-noche-frío-calor). Esos
opuestos no conviven, sin más, sino que luchan y se enfrentan entre sí. Lo que
sucede es que en esa lucha ningún elemento acaba por imponerse y anular al
otro, sino que es una lucha racional (lógos) en donde lo que prima es el orden,
la proporción y la medida. En este sentido, cada uno de los opuestos podría
expresarse, según Heráclito, en términos de dios ya que todos ellos
están impregnados por el rector de la armonía cósmica (logos). En este
sentido, Heráclito, contrapone la visión sintética de las cosas por parte de
la divinidad (para él no existe realmente la separación entre los opuestos)
frente a la visión caótica de los humanos.
Según Heráclito el mundo, como un todo, está, por tanto,
intimamente conexionado aunque esta conexión sea invisible y no se nos muestre
a primera vista. Pero lo cierto es que, gracias al equilibrio entre los
opuetos, el complejo funciona armonicamente. Y es que si el equilibrio entre
los opuestos no se mantuviera, por ejemplo, si el calor comenzará en su
lucha con lo frío, (o el dia con la noche), a imponerse el uno sobre otro, de
tal forma que lo hiciera desaparecer, entonces el complejo (universo) se
destruiría. Sucede lo mismo que si alguien tensiona la cuerda de un arco
de tal forma que la fuerza de los brazos se impone a la forma del arco; es
evidente que, en este caso, el arco se rompería porque uno de los opuestos (la
fuerza de lo brazos que tensiona el arco) se habría impuesto a la forma del
arco, anulándolo en sus funciones.
LA DISCORDIA ENTRE OPUESTOS CAUSA DEL CAMBIO
La guerra o discordia es una metáfora que
emplea Heráclito para expresar el cambio en el mundo. Esta guerra
es la que se produce entre opuestos ( calor - frío - día - noche -
salud -enfermedad - guerra - paz ) por lo que cabe inferir que el cambio
en el mundo, según Heráclito, se debería a esta lucha entre opuestos.
Heráclito define la guerra o discordia como díke, el camino
señalado o regla normal de comportamiento. Este modo de expresarse
es una corrección a Anaximandro el cual decía que, las cosas se
pagaban mutua pena y retribución por su injusticia, por su alternativa
usurpación en los procesos del cambio natural. Esto implicaba, claro está, que
en un momento determinado, la guerra se paraba.
Pues bien, para Heráclito si la discordia cesara, el vencedor en
cada lucha establecería un dominio permanente sobre el vencido con lo que el
mundo quedaría destruido. Ahora bien:
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¿Significa esto que la discordia y la
guerra entre los elementos opuestos es total y sin ningún tipo de
interrupción? |
Con otras palabras:
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¿Defendía Heráclito que el cambio
en la naturaleza era algo continúo y que no existe
nada permanente? |
Para responder a estas cuestiones deberían analizarse
aquellos textos en donde aparece la expresión, machaconamente repetida, y
referida a Heráclito, de la imagen del rio fluyente. En este contexto,
habría que señalar lo siguiente:
-
Según autores como Platón, Aristóteles,Teofrasto y los
doxógrafos, Heráclito, defendería la existencia de una absoluta
continuidad en los cambios de la naturaleza ya que, según él, todo
estaría, como un río, en un continúo flujo. Aristóteles
llega a señalar algo que ya está implicito en Platón, es decir, que
Heráclito pensaba que no existía nada permanente sino que, incluso
lo que parecía ser estable, experimentaba tambien cambios invisibles. Es
posible que en esta imagen del río fluyente y continuo,
Platón, se viera influenciado por las exageraciones de Crátilo
quien creyó que no se podría uno sumergir dos veces en el mismo río.
Es el mismo Aristóteles quien nos dice que estas ideas de Crátilo
influyeron grandemente en Platón. Parece, por tanto, que ni Platón ni
Aristóteles nos transmiten el auténtico pensamiento de Heráclito. Y es
que Heráclito a través de la imagen del río lo que realmente quiso
transmitir es la unidad que depende de la conservación de la medida y del
equilibrio en el cambio
-
¿Es posible que Heráclito hubiera pensado que, por
ejemplo, una roca o un caldero de bronce experimentan en sí mismos cambios
continuos? No parece probable que defendiera este tipo de ideas ya que
él defendió una positiva confianza en los sentidos siempre que se
utilizaran de modo inteligente. Pues bien, en este contexto, lo lógico es
suponer que, tanto la roca como el caldero, sufren cambios
producidos por el uso y por el paso del tiempo; pero, en tal caso, tales
cambios serían absolutamente perceptibles. Es cierto que Meliso
llamó la atención sobre el hecho de la realidad del cambio en algunas
cosas que parecen estables, como por ejemplo, el hierro que se
desgasta por la fricción de los dedos. Ahora bien, eso no quiere
decir que Meliso estuviera pensando ( lo mismo debió pasar con
Heráclito ) que el cambio, por ser invisible, fuera tambien
continuo: siempre que los dedos frotan un caldero de bronce se produce
un desgaste por fricción en una parte invisible del hierro; pero cuando no
se frota ¿qué motivos se podrían aducir para pensar que el caldero
sigue cambiando?
-
Parece, por tanto, que el punto de vista, tanto de Meliso,
como de Heráclito, debíó ser el de que los sentidos nos muestran
que cualquier cosa, aun cuando aparentemente sea estable, está sujeta a
cambios pero siempre que sean deducibles. Y lo cierto es que un cambio
continuo, (algo que Platón le atribuye a Heráclito), no es
deducible en muchos objetos aparentemente estables.
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Ahora bien, el que Heráclito niegue que el cambio
sea algo continúo no quiere decir que no defendiera la existencia del
movimiento y del cambio en la naturaleza. La existencia del
cambio y del movimiento son ideas esenciales en el pensamiento de
Heráclito. Ahora bien, el cambio no es algo caótico y sin sentido sino el
fruto de la racionalidad y el orden cósmicos. Si se analizan aquellos
textos en donde Heráclito habla del movimiento, por ejemplo, de un río es
de destacar que lo que prima no es el movimiento continuo del mismo sino la
imagen de que la unidad y estabilidad del mismo ( río ) dependen de la regularidad
del flujo de las aguas que lo forman. Con ello se quiere hacer ver, por un
lado, que existe un equilibrio entre los constitutivos opuestos del mundo,
y, por otro, que debería rechazarse la idea de que cada cosa se comporta
individualmente como un río. Los objetos de la naturaleza, (una roca,
una montaña, etc) se nos presentan a los ojos como realidades
momentaneamente estáticas. Ahora bien, según la teoría de la discordia
de Heráclito, esos objetos acabarán por cambiar. Pero lo harán de una
forma proporcional y equilibrada de tal modo que terminarán
por contribuir a mantener el proceso armónico de los constitutivos del
mundo.
Ahora bien: ¿cuáles son los opuestos de la roca y de la
montaña (tierra)? ¿En qué sentido son algo estático? ¿Por qué terminarán
por cambiar?
Para poder contestar todas estas cuestiones debemos analizar la concepción que
Heráclito tenía acerca del Cosmos.
El MUNDO EN HERÁCLITO
Heráclito afirma que el cosmos, como totalidad,
podría ser descrito como fuego
en el sentido de que, cuando una determinada cantidad se extingue se vuelve a
encender una parte proporcional al extinguido en otra parte. Todo el cosmos
estaría ardiendo a la misma vez y siempre lo estuvo y siempre lo estará. No
existe, por tanto, en Heráclito, una cosmogonía como en los milesios,
ya que el fuego no es una materia prima original de la que procede todo como
sucedía, por ejemplo, con el agua de Tales. Para Heráclito el fuego
es la fuente continúa de los procesos naturales: de su región parece
proceder la lluvia que es fuente del mar. Este se convierte en tierra,
y, ésta, en lugares y momentos distintos, se convierte en agua. Son las tres
masas ( fuego-tierra-mar ) más importantes del mundo. Pues bien, en un
momento concreto, esos elementos serían estáticos (como lo eran la roca
y la montaña de los ejemplos anteriores) y estables.
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¿Cómo comienzan a cambiar?
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Según Heráclito si una cantidad de tierra se
disuelve en mar, otra equivalente de mar se disuelve en tierra
y lo mismo acontece entre el mar y el fuego. Esta parece ser la
interpretación que se desprende de los textos . Ello implica, al margen de la
literalidad de tales textos, que la medida, el orden y la proporción
son elementos que rigen el proceso de cambio en la lucha de los
contrarios. Ningún elemento se impone sobre al otro anulándolo; y es que, en
esta lucha, no existen vencedores ni vencidos absolutos sino luchadores
(opuestos) que ceden parte de las posiciones que ganan. Este parece ser, por
tanto, el sentido de aquellos textos en donde Heráclito destaca las ideas de proporción
y medida. Tales ideas aparece descritas con toda claridad cuando
Heráclito hace referencia, por ejemplo, al intercambio del oro y de las
mercancías, en donde viene a decir que, del mismo modo que, en tal intercambio,
no se produce una situación en la que todas las mercancías se
conviertan por absorción en oro, hasta el punto de que todo sea oro y
nada mercancías; asi tambien en el cosmos, sus tres elementos
fundamentales ( tierra, mar, fuego ), aún estando enfrentados y en discordia,
no se imponen unos sobre otros buscando su desaparición sino que, unicamente,
intercambian sus elementos. En definitiva, el cosmos se encuentra regido por un
logos (fuego) el cual personifica la regla de la medida del cambio y que, de
algún modo, contola la materia, ejerciendo sobre ella una función directiva.
LOS CUERPOS CELESTES
En relación con los cuerpos celestes, ningún
fragmento transmite de forma clara el pensamiento de Heráclito. Diógenes
Laercio es quien conserva una versión más completa al señalar lo
siguiente:
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Los cuerpos serían, según Heráclito, cubetas
sólidas llenas de fuego alimentado por las exhalaciones húmedas
procedentes del mar las cuales le servían de combustible. Es de
suponer que esta era la forma en que, según Heráclito, el agua se
convertía en fuego.
-
Al mismo tiempo, sin aducir causa alguna que no fuera
mecánica, explica los eclipses y las fases de la luna por la
desviación, en su giro, de las cubetas. Diógenes constató que
Heráclito no dijo nada sobre la constitución de dichas cubetas, por lo que
es probable que se limitó a adoptar mitos populares ya que sus sólidas
cubetas nos recuerdan el mito de que el sol navegaba cada noche
de oeste a este sobre un cuenco dorado en torno a la corriente del
océano.
-
Heráclito decía tambien que el sol es nuevo cada
día en el sentido de que su fuego se vuelve a llenar cada noche
con exhalaciones enteramente nuevas. Tambien aquí podemos observar como las
ideas de medida y proporción son esenciales en el pensamiento
de Heráclito. Existe un texto en donde díke, que personifica la
regularidad, la proporción y la medida, impide que el sol sobrepase
sus medidas y, con ello, que se acerque demasiado a la tierra.
-
La idea del orden y regularidad del cosmos
físico es aplicada por Heráclito al ámbito del mundo humano en
tanto en cuanto éste es parte de este orden general: del mismo modo que,
dentro de la naturaleza, aún existiendo elementos contrarios que
luchan entre sí, nunca uno de ellos acaba por imponerse totalmente al otro,
anulándolo; lo mismo debería suceder, en el ámbito de lo humano,
en donde aun existiendo ideas contrarias y enfrentadas entre sí, no, por
ello, deberían imponerse unas sobre otras. Hasta la llegada de los sofistas,
con su división entre physis y nomos, esta idea seguirá
estando presente en Grecia.
EL MUNDO HUMANO EN HERÁCLITO
Heráclito no sintió unicamente interés por investigar el
mundo de la naturaleza sino que pensaba que tanto la vida del hombre como
sus instituciones estaban intimamente ligadas al mundo natural que
les rodeaba. Por ello, afirma que la sabiduría consiste precisamente en
ser consciente de este hecho,es decir,en entender el modo en que opera el mundo
aunque, deje entrever que el único ser completamente sabio es dios que,
Heráclito, no identifica ni con los dioses antropomórficos de Homero ni
con un un dios al que haya que rendir culto, pero que, si se asemeja al dios
Zeus convencional. Tanto el fuego como el logos son coextensivos con este dios,
e, incluso, manifestaciones suyas.
Las opiniones de Heráclito sobre el hombre y sus instituciones no
las concibe al margen del mundo natural ya que, según él, todas las cosas
estarían regidas por las mismas leyes.
Entre las ideas de Heráclito sobre el hombre y
sus instituciones serían de destacar las siguientes:
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Mientras Anaxímenes, como ya hemos visto,
identificaba el alma con el aliento - aire; Heráclito la concibe
como algo que estaría hecha de éter igneo, es decir, fuego. Piensa
que el alma nacería de la humedad con lo que estaría señalando
que, del mismo modo que con el firmamento, el alma sería mantenida como tal
gracias a la humedad y que acabaría por ser destruida cuando se
convierte totalmente en agua. Es curioso notar que cuando describe el
alma es como si estuviera enumerando las relaciones existentes entre
las tres masas (mar, tierra, agua) que formarían el mundo. Un alma
excesivamente humedecida, por ejemplo, por el exceso de bebida, hace que su
dueño se comporte como un niño.
-
Heráclito coloca explícitamente al entendimiento en
relación con el alma y ésta, que pude moverse por todas las partes del
cuerpo, según sus necesidades, tiene unos límites inalcanzables. Con esto
parece que quería expresar no tanto que la capacidad intelectiva del hombre
fuera absoluta, sino que, en cuanto es una porción representativa
del fuego cósmico, abarcaría una vasta extensión.
-
Al mismo tiempo, para Heráclito, el alma era como un
fragmento adulterado del fuego cósmico y con poder directivo, lo que
implica que, de algun modo el cuerpo sería regido por el alma. Vlastos
niega todos estos presupuestos cósmicos del alma ya que, según él, debió
ser común la observación de que el calor estaba asociado al cuerpo vivo,
mientras que el cuerpo muerto y sin alma se asociaba al frío. Pues bien,
sobre esta base, y, sin necesidad de grandes reflexiones, podrían deducir
el caracter igneo del alma y no, precisamente a partir del fuego cósmico
, como hace Heráclito.
-
La vigilia, el sueño y la muerte
estarían en relación con el grado de ignición del alma. Durante el
sueño le parece al hombre que la oscuridad está iluminada. Esta luz
es engañosa ya que es una luz individual y propia que suplanta a la
verdadera luz del logos común a todos. Heráclito tambien pensaba
que el hombre durante el sueño estaría en contacto con la muerte ya
que alma-fuego ardería debilmente y estaría casi extinta; por ello,
según Heráclito, en la mayoría de los aspectos, el que sueña se parece a
un hombre muerto. El sueño sería, pues, un estado intermedio
entre la vida y la muerte, es decir, durante el sueño el alma estaría
parcialmente separada del mundo (fuego) con lo que su actividad disminuye
sensiblemente.
-
El alma, en tanto manifestación del fuego, sería una
realidad física y, por ello, es de suponer que Heráclito
negaba toda dimensión espiritual de la misma. En estado de vigilia,
la conexión con el exterior estaría suministrada por un contacto directo,
con lo circundante, es decir, con el fuego exterior, a través de los
sentidos. En este sentido, el alma sería un producto más de la naturaleza
que mantiene contacto con el logos (fuego). Según Sexto, durante el sueño
el contacto se produce a través de la respiración que inhalaría, dado que
las almas proceden del agua, humedad para seguir viviendo. Pero al no ser
tan intensa la inhalación, como cuando está despierta, se hallaría en un
estado semejante a la muerte. Según Aecio (en quien se nota reflejos
estoicos) las almas se nutren de exhalaciones internas y externas: las internas
procederían de la sangre y otros liquidos del cuerpo, mientras que las externas
serían las que se absorven mediante la respiración. Por su parte, Calcidio,
le atribuye a Heráclito una opinión completamente distinta a la de Sexto.
El alma solamente tendría contacto con la razón cósmica durante el sueño
por estar libre de la interrupción de los sentidos. Es evidente que todas
estas ideas referidas a la razón cósmica no proceden de Heráclito
sino que son estoicas, y el resto de la interpretación es evidentemente
platónica.
-
Heráclito afirma tambien que algunas almas
(virtuosas) no se convierten en agua a la muerte del cuerpo, sino que sobreviven
para unirse definitivamente al fuego cósmico. Hemos visto como, para
Heráclito, la muerte de las almas consistía en convertirse en agua. Existe
sin embargo algún texto en donde parece sugerirse que ciertas almas sobreviven
a la muerte y se convierten en démones (vigilantes de vivos y
muertos) lo que sería un desarrollo de un pasaje de Hesíodo. La clave de
esta creencia estaría en la cita en donde se dice que las almas muertas
en combate son más puras que las que perecen de enfermedad. Según
Heráclito ello se debería a que las almas de los hombres enfermos
estarían húmedas debido a que sus poseedores estarían en estado
semiinconsciente y semejante al sueño, mientras que los muertos en
batalla habrian sido eliminados en la plenitud de su actividad anímica
(fuego). De esta forma, las almas de los enfermos pierden con
la muerte tranquila su último residuo de fuego y se convierten en acuosas
para dejar de existir como almas; por su parte, las almas de los caidos
en combate continúan siendo igneas y, por tanto, libres de convertirse
en agua. Por todo ello, al abandonar el cuerpo se vuelven a unir con el
fuego cósmico; si bien, antes de llegar a este estado puede ser que
sigan siendo démones sin cuerpo durante algún tiempo. Aquí,
Heráclito, seguiría el patrón de Hesíodo. Todo esto no quiere decir que
Heráclito defendiese la supervivencia individual eterna en calidad
de fuego etereo, ni que tal realidad individual se insertase
posteriormente en otro cuerpo, al modo de la teoría de la transmigración
de Pitágoras. No puede olvidarse que para Heráclito las porciones de
fuego estarían intercambiándose continuamente con los otros elementos
del cosmos para contribuir asi a su orden y estabilidad.
RELIGION ETICA Y POLITICA
En relación con la religión, la ética y la
política, el pensamiento de Heráclito era el siguiente:
-
En asuntos de religión, Heráclito, siguió a
Jenófanes en su crítica al antropomorfismo e idolatría de la religión
tradicional. Según él las prácticas de la religión convencional son
necias e ilógicas, aunque, a veces, apuntan accidentalmente hacia la
verdad. De todos modos, parece que no rechazó toda idea de divinidad como
puede verse en algunos textos. Señala tambien que los misterios no
serían del todo despreciables si se celebraran correctamente; y es que,
según Heráclito podrían conducir inderectamente al Logos. Es el caso de
las fiestas Leneas en honor a la vida (Dionisos) y a la muerte
(Hades). La implicita identificación de estos dos opuestos
impediría, según Heráclito, que el culto sea vergonzoso del todo. Es
importante hacer notar, sin embargo, que es dificil que los participantes en
estas fiestas comprendieran el significado de lo que hacían, al menos antes
de que Heráclito se lo revelara. Es curiosa tambien la identificación que
Heráclito parece hacer entre su estilo oscuro y oracular con el método que
adoptaba Apolo en sus pronunciamientos délficos.
-
Por lo que se refiere a la ética sus consejos
tienen forma gnómica y son semejantes a los de sus precedesores. A veces
los expresa con gran sinceridad lo que explica que no cayese nada bien a sus
conciudadanos. Sus consejos éticos (comparables a las máximas
délficas del conocete a tí mismo) tienen una significación
clara: se fundamentan en sus teorías físicas ya que, según
Heráclito, solo entendiendo la norma central del mundo puede un
hombre llegar a ser sabio. Es la primera vez que encontramos, en la historia
de la filosofía, enlazadas ética y física.
Por otro lado, Heráclito, niega tajantemente la opinión - generalizada
desde Homero - de que al individuo no se le puede imputar responsabilidad
por sus actos. Heráclito afirma que el hombre debe buscarse a si mismo y
que su destino está determinado unicamente por su caracter, lo que implica
que es el propio responsable de sus actos y no el producto de poderes
caprichosos (destino, dioses).
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En cuanto a la política parece que sus ideales
fueron antidemocráticos: un solo hombre vale para mi tanto como 10.000
si es el mejor. De todas formas lo esencial de su pensamiento, en
política, se centra en la necesidad de respetar la ley pero en el sentido
siguiente: las leyes humanas están nutridas por la ley divina
universal (cósmica) que concuerda con el Logos. Hay que
seguir esas leyes ya que son el producto de hombres sabios con almas
igneas que tienen clara la relación existente entre hombre y cosmos.
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