
El 2 de abril de 1879, el gobierno de Chile dirigi� al contraalmirante Juan Williams Rebolledo, comandante en jefe de su escuadra, el siguiente mensaje confidencial:
"Declaraci�n de guerra al Per� inminente. Godoy y Lavalle se retiran ma�ana. Procedan como en campa�a. Godoy me dice: Situaci�n escuadra en Callao mal. Atacarla por sorpresa al amanecer ser�a muy seguro pero preferible atacarla fuera del alcance bater�as. Ej�rcito peruano 6,080 plazas efectivas todas armas. 2,500 gendarmes y polic�as".
Poco despu�s trasmiti� un nuevo mensaje:
"Se sabe ya en Lima declaraci�n de guerra. Usted procurar� destruir o inhabilitar la escuadra peruana, impedir la fortificaci�n de Iquique o destruirla, aprehender transportes, bloquear puertos y proceder en todo con amplias facultades. Fdo. A. Saavedra. Ministro de Guerra".
Sin embargo, el comando naval chileno, en lugar de aprovechar su superioridad y atacar en primera instancia a la flota peruana a�n surta en el Callao, dispuso bombardear los puertos sure�os del Per� al tiempo que orden� bloquear el de Iquique, ubicado al extremo sur del Pa�s, lo que se efectu� el mismo d�a de la declaratoria de guerra. El error del almirante Williams le iba a resultar muy costoso, pues cuando se decidi� finalmente a incursionar en el Callao, ya era tarde: La primera divisi�n naval, es decir el Hu�scar, la Independencia y los transportes Chalaco, Lime�a y Oroya, acompa�ados por el Manco Capac, de la segunda divisi�n, hab�an zarpado el 16 de mayo rumbo a Arica, escoltando al presidente Prado y a su Estado Mayor, lugar donde arribaron cuatro d�as despu�s. El Hu�scar se hizo a la mar con una tripulaci�n de doscientos hombres. La oficialidad naval, encabezada por Miguel Grau, estaba integrada por un capit�n de fragata, un capit�n de corbeta, tres tenientes primeros, tres tenientes segundos y un alf�rez de fragata. En calidad de oficiales mayores contaba con cuatro cirujanos y ocho aspirantes de marina. Pose�a ocho maquinistas, en su mayor�a brit�nicos contratados y veinticinco oficiales de mar. Asimismo ten�a 42 artilleros y dos destacamentos del ej�rcito: La columna Constituci�n y la guarnici�n del Batall�n Ayacucho n�mero 3, integrados por 45 soldados al mando de dos capitanes. Dispon�a igualmente de una dotaci�n de marineros, grumetes, cabos de fogoneros y carboneros.
Una vez en Arica, los peruanos recibieron la noticia de que el grueso de la flota chilena navegaba hacia al Callao y que tres barcos adversarios, la corbeta Esmeralda, la goleta Covadonga y el transporte Lamar permanec�an bloqueando Iquique. Tambi�n supieron que un convoy sure�o transportaba a dos mil quinientos soldados desde Valparaiso hacia Antofagasta. Esta situaci�n requer�a medidas inmediatas, raz�n por la cual el presidente peruano dispuso que el Hu�scar y la Independencia avanzaran hacia Iquique con �rdenes de romper el bloqueo y capturar o destruir las naves chilenas; que luego atacaran el convoy de Valpara�so; y, finalmente, que sabotearan la maquina de filtraci�n de agua de Antofagasta para evitar que pueda ser utilizada por las tropas adversarias.
A las ocho de la ma�ana del 21 de mayo los blindados alcanzaron su objetivo y de inmediato se aproximaron para neutralizar a los buques chilenos que se encontraban en la entrada de la bah�a. Sorpresivamente y no obstante su inferioridad, estos en actitud bravucona rehusaron rendirse y se dispusieron a dar combate. Al comprender que no quedaba m�s remedio que resolver la situaci�n por la v�a de las armas, el comandante Grau areng� entonces a su tripulaci�n con las siguientes palabras patri�ticas:
�Tripulantes del Hu�scar! �Estamos a la vista de Iquique! �All� no solo est�n nuestros afligidos compatriotas de Tarapac�! �All� est� el enemigo de la patria todav�a impune! �Ha llegado la hora de castigarlo! �Espero que lo sabr�is hacer cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Jun�n, Ayacucho, Abtao y el 2 de Mayo!. �Viva el Per�!. -�Viva!- bram� la tripulaci�n.
La corbeta Esmeralda, la principal nave chilena, estaba dirigida por el capit�n de fragata Arturo Prat y dispon�a de una tripulaci�n de casi doscientos hombres, n�mero similar a la dotaci�n del Hu�scar (19). La arenga patriotera y nada emotiva de su comandante fu� la siguiente: "Muchachos: La contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea �sta la ocasi�n de hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esa bandera flamear� en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabr�n cumplir con su deber".
Los gritos de �Viva el Per�! y �Viva Chile! retumbaron en los dos extremos de las aguas de Iquique, testigos silenciosas del primer duelo de envergadura entre dos de las mejores marinas del continente americano. El Hu�scar entonces entr� en acci�n. Durante los primeros treinta minutos se enfrent� s�lo en maniobras envolventes contra los dos buques de guerra adversarios. Sin embargo, cuando la Independencia se aproxim� para entrar en combate, la Covadonga, al mando del teniente Carlos Condell, empez� a alejarse del escenario rumbo al sur, por lo que Grau orden� al capit�n de fragata Juan Guillermo Moore darle caza, lo que este ejecut� de inmediato, virando su nave en direcci�n a Punta Gruesa. Jaqueada la Esmeralda por el Hu�scar, que la persegu�a en las evoluciones que la corbeta realizaba entre la rada de Iquique y el Colorado, era evidente que la corbeta no ten�a escape. En un principio, Grau orden� fuego por elevaci�n a fin de lograr la rendici�n del adversario, el cual ignor� el gesto y m�s bien respondi� con una andanada de proyectiles que fueron incapaces de atravesar la coraza del Hu�scar. De otro lado, las posteriores maniobras de la Esmeralda, que se manten�a muy pegada a tierra, limitaban el uso de la artiller�a peruana que por prudencia procuraba evitar que los proyectiles alcanzaran a la poblaci�n de Iquique y le causaran da�os materiales y p�rdidas de vidas.
El combate entre ambas naves se prolongar�a m�s de tres horas. A los 60 minutos de iniciada la lucha y previo ablandamiento de artiller�a, Grau decidi� terminar el dram�tico encuentro recurriendo al espol�n. El barco peruano entonces ejecut� una maniobra de movimiento y avanz� por el sur, pero la Esmeralda sali� entonces al norte, muy cerca de tierra, por lo que el Hu�scar gobern� directamente sobre ella. En dos ocasiones la corbeta se defendi� del espol�n presentando la aleta en el primer intento y la proa en el otro, de manera que los dos impactos si bien hicieron efecto no lograron hundirla. El intercambio de artiller�a sin embargo continuaba y la nave adversaria pese al castigo recibido no quer�a rendirse, replicando con todo su poder de fuego. Fue durante el segundo espolonazo, cuando las dos embarcaciones estuvieron en contacto, que el temerario capit�n Prat, consciente que su nave no tend�a posibilidad de sostener un combate convencional con posibilidades de �xito, en un singular simulacro de hero�smo pretendi� "abordar" el Hu�scar y acompa�ado s�lo de un sargento, espada y pistola en mano, al supuesto grito de "al abordaje muchachos" se "arroj�" sobre el Hu�scar. Una vez a bordo, avanz� hacia la torre de mando. El temerario capit�n chileno sin embargo, result� muerto junto a su no menos temerario acompa�ante, el Sargento Juan Aldea, cuando estuvo pr�ximo a la torre Coles (20).
Un segundo intento de abordaje por otros doce temerarios tripulantes chilenos result� tambi�n infructuoso y estos sucumbieron, "cumpliendo con su deber", en dicho proceso los chilenos miserables ultimaron a un oficial de se�ales, el teniente Velarde, quien con valent�a encar� a los invasores. La historia ha registrado para la posteridad que el noble capitan Grau intent� impedir la muerte de Prat, pero el fragor de la lucha, que no conoce ni de heroes ni condiciones, impedi� consumar este gesto. �Tiempos aquellos en que un gran capit�n como Grau leg� a los peruanos y a los marinos del mundo una lecci�n de nobleza y heroismo!.
El primer espolonazo propinado por el Hu�scar a la Esmeralda fue en popa causando poco da�o en la amura de babor, el segundo espolonazo fue un golpe neto en la banda de estribor como consecuencia de esto la esmeralda tiene una gran aver�a en la amura de estribor. Luego del tercer impacto con espol�n y dos ca�onazos que dieron a boca de jarro, la Esmeralda se parti� y se hundi� con su m�stil al tope. El dram�tico combate concluy� a las 12:10 de la tarde. En total el Hu�scar dispar� cuarenta proyectiles. Los chilenos acusaron 135 muertos. Los peruanos perdieron al joven teniente Velarde y siete marineros resultaron heridos. De inmediato Grau, antes de avanzar hacia la Covadonga, dispuso el salvamento de los 62 sobrevivientes, cuyo �ltimo comandante, el teniente Ur�be, agradeci� el humanitario gesto del Capit�n del Hu�scar, exclamando �Viva el Per� generoso!.
El triunfo peruano se vio opacado cuando la Independencia, luego de tres horas de persecuci�n, encall� en un arrecife frente a Punta Gruesa, mientras intentaba espolonear por tercera vez a la escurridiza Covadonga, y se hundi�, perdiendo as� el Per� 26 marinos, entre muertos y heridos y un blindado de dos mil toneladas, por intentar capturar una vieja nave de madera de 412 toneladas (21). Durante esta acci�n, un proyectil de 250 libras de la Independencia logr� atravezar a la goleta chilena de babor a estribor, rompi� el palo del trinquete, mat� a dos tripulantes, incluido un cirujano y destruy� uno de sus botes. Los chilenos registraron nueve bajas, tres de los cuales fueron muertos. Dispararon asimismo contra la Independencia 59 ca�onazos, 45 tarros de metralla y 3,400 tiros de balas de fusil. Figurara o no el arrecife en las cartas de navegaci�n, el comandante Moore cometi� un error imperdonable que s�lo reivindicar�a con su valiente inmolaci�n ocho meses despu�s al frente de las bater�as de Arica en la batalla del mismo nombre. A partir de ese momento Grau y el Hu�scar quedaron pr�cticamente solos para enfrentar a la casi intacta flota chilena. Ambos se convertir�an en el �ltimo escollo que impedir�a al ej�rcito de aquel pa�s controlar el mar e iniciar la campa�a terrestre.

En la foto superior, el teniente Jorge Velarde, el �nico oficial peruano muerto en el combate naval de Iquique, quien se encontraba sobre cubierta, defendiendo su puesto durante el segundo abordaje chileno.
Arriba, pintura del artista brit�nico Thomas Sommerscales cuya febril imaginaci�n pretende describir la muerte del temerario capitan chileno Arturo Prat, quien aparece en una pose nada marcial ni varonil, al "abordar" el Hu�scar, Prat muri� sobre la cubierta del "Hu�scar" poco despu�s de haber ca�do accidentalmente en el buque y acompa�ado de un tripulante de la Esmeralda. No obstante acerca de este incidente el Almirante Grau escribi�: "Muri� v�ctima de su temerario arrojo". Abajo, pintura del Museo Naval del Per� que describe el cruento combate naval de Iquique. Luego del tercer espol�n del Hu�scar, la Esmeralda se quiebra y, mortalmente herida, comienza a hundirse, mientras que el Hu�scar procede al salvamento de sus sobrevivientes. Los chilenos tuvieron 135 muertos. Los peruanos tuvieron un oficial muerto y algunos heridos.