
El 24 de mayo el Hu�scar retorn� a Iquique. Poco despu�s inici� sus solitarias correr�as e incursion� en los puertos bolivianos ocupados de Cobija, Tocopilla y Mejillones y en la caleta peruana de Patillos. Ah� destruy� siete lanchas y recobr� la goleta peruana Clorinda antes capturada por los chilenos. Dos d�as despu�s entabl� un combate de dos horas contra las bater�as del puerto de Antofagasta, destruy�ndolas. El 27 destruy� el cable mar�timo que conectaba a Antofagasta y Valpara�so. Poco despu�s, en Cobija, destruyo otras seis lanchas. El d�a 28 recobr� la tambi�n capturada goleta peruana Caquet� y apres� a su vez al velero chileno Emilia que navegaba con una importante carga de cobre. De regreso, el 29 de agosto, fue perseguido infructuosamente por el blindado Blanco Encalada, entonces buque insignia del contralmirante Juan Williams Rebolledo. El 2 de junio, el Hu�scar marcho desde Arica hacia el puerto de Pisagua, continu� por Iquique y enrumb� en misi�n de reconocimiento hacia el litoral del sur. Al d�a siguiente, entre Huanillos y Punta Lobos, volvi� a encontrarse con el Blanco Encalada y la corbeta Magallanes. En cumplimiento a las ordenes recibidas, Grau eludi� al blindado, que march� en su persecuci�n. A las 13:10 horas, siempre en retirada, el Hu�scar rompi� los fuegos. Luego de un breve intercambio de disparos, continu� el repliegue y despu�s de 18 horas de
persecuci�n evadi� a su perseguidor (22). Posteriormente retorn� al Callao para reparar las aver�as sufridas durante esos operativos. El seis de julio, bajo �rdenes expresas de no arriesgar con los acorazados, el Hu�scar parti� desde el
Callao nuevamente hacia sur y el d�a nueve, frente a las costas de Antofagasta, se enfrent� por primera vez en combate con las corbetas Abtao y Magallanes, -a la que caus� diversas aver�as- y estuvo a punto de hundir el transporte artillado Mat�as Cousi�o, pero ante la aparici�n del Cochrane, debi� suspender las acciones y retorn� a Arica. Durante dicho encuentro el Hu�scar sufri� algunos da�os leves en su coraza, pero no bajas. El 17 de julio se inici� la cuarta campa�a naval cuyo objeto era hostilizar el litoral enemigo en represalia por el ca�oneo que un d�a antes hab�an efectuado buques chilenos contra Iquique, puerto que no contaba con defensas. Entre el 19 y 20 captur� a las naves chilenas Adelaida Rojas y E. Saucy Jack, despach�ndolas al Callao. El mismo 20 destruy� todas las lanchas surtas en la bah�a de Cha�aral. El 21 destruy� las lanchas fondeadas en Huasco. Luego, el 22, apres� al barco carguero Adriana Luc�a. Al d�a siguiente, en operaci�n conjunta con la corbeta Uni�n, ahora bajo el mando de Aurelio Garc�a y Garc�a, captur� en alta mar una valiosa presa: El transporte Rimac, cuya proa atraves� previamente con un proyectil de a 300 y cuya cubierta impact� con otros nueve de menor calibre. El Rimac era uno de los mejores barcos chilenos y transportaba a un escuadr�n completo de caballer�a perteneciente al regimiento Carabineros de Yungay. La captura de esa nave, que caus� a los chilenos siete bajas (un muerto y seis heridos) y la p�rdida del escuadr�n al mando del teniente coronel Manuel Bulnes -alrededor de doscientos sesenta hombres amados con rifles, municiones, sables, doscientos quince caballos y equipo-, fue un duro golpe para los chilenos (23). Este hecho produjo una revuelta en Chile y las manifestaciones contra el gobierno ocasionaron varios muertos y heridos. Sobre esta acci�n, el comandante del Rimac, capit�n Ignacio Luis Gana escribi�: "Los se�ores jefes del Hu�scar y de la Uni�n han manifestado sus respetos al que suscribe por la impasible tenacidad de la resistencia del Rimac al momento de ser prisionero, y de tratar a mis compa�eros de desgracia con toda consideraci�n y humanidad. Ello ha sido cumplido con una elevaci�n tal, que honra al Presidente del Per�, a sus subalternos y al pueblo de Arica, que nos vio desembarcar a las 2:00 P.M. sin la m�s leve demostraci�n de j�bilo ni de enojo. Los oficiales hemos sido alojados en el cuartel de la vanguardia de honor. A petici�n de los se�ores oficiales de ese cuerpo y los jefes, hemos sido detenidos en casas particulares, cuyos moradores se empe�an con sus atenciones por aliviar nuestra mala fortuna". El primero de agosto Grau emprendi� una nueva campa�a en la que incursion� en los puertos de Caldera, Coquimbo, Taltal y Tocopilla. Posteriormente, el 24 de ese mes, al enterarse que en Antofagasta fondeaban las corbetas Magallanes y Abtao, el transporte Limari y un vapor peque�o, Grau decidi� atacarlos en la rada del puerto. A la madrugada siguiente el blindado, mediante una h�bil maniobra, logr� internarse por entre los buques chilenos y los catorce barcos mercantes neutrales anclados en el puerto, se coloc� en posici�n de ataque y lanz� un torpedo contra la Magallanes. Sin embargo �ste se desvi� y el Hu�scar debi� ir en su b�squeda para evitar que caiga en poder del enemigo, abortando as� la intr�pida acci�n. Un d�a despu�s, en Taltal destruy� tres lanchas enemigas y captur� otras seis. Para entonces Grau ya era un h�roe nacional y el pueblo, con mucha raz�n, ve�a en su persona la figura de un guerrero invencible cuyas habilidades quedaban demostradas al enfrentar el s�lo a toda una marina. Ese mismo d�a, el congreso, en decisi�n un�nime, lo ascendi� a contralmirante, el rango m�s alto al que entonces pod�a acceder un oficial naval peruano. El 28 de agosto el Hu�scar retorn� a Antofagasta y se enfrent� en combate simult�neo, una vez m�s, contra la corbeta Abtao, la ca�onera Magallanes, y lbater�as de tierra, una de las cuales estaba provista de cinco ca�ones de 300 y de 150 libras. El encuentro se prolong� cuatro horas, al final del cual el blindado peruano s�lo result� alcanzado por un proyectil de a 300, perdi� al oficial Carlos de los Heros y acus� un marinero herido, pero a su vez caus� ser�as aver�as y numerosas bajas en las corbetas y destruy� quince de las
bater�as terrestres. A la Abtao, tripulada por doscientos hombres, la impact� con dos proyectiles de 300 libras, uno de los cuales destruy� el puente de comando, el otra rompi� la cubierta y carbonera y le caus� varias bajas. En total la Abtao acus� nueve muertos y trece heridos, dos de los cuales
fallecieron posteriormente. Se dispararon en el combate 137 ca�onazos, de los cuales 28 correspondieron al Hu�scar; 42 a la Abtao; 25 a la Magallanes y 46 a las bater�as del puerto. El corresponsal del diario El Mercurio en Antofagasta escribi� al respecto: �Los estragos producidos en la Abtao por aquellos tiros del Hu�scar fueron terribles�. Grau, quien tras ser promovido, renunci� a sus haberes e insignia de almirante para mantenerse al mando del Hu�scar, continu� su extraordinaria labor, bombardeando puertos fortificados, capturando transportes, destruyendo lanchas, manteniendo abierta la comunicaci�n entre el Callao y los dem�s puertos del litoral peruano y consecuentemente paralizando al ej�rcito adversario. Las impunes incursiones del extraordinario blindado peruano, protagonista indiscutible de esta particular guerra de curso, continuaban exasperando al pueblo y al gobierno de Chile. Las violentas manifestaciones del mes de julio frente al palacio presidencial en protesta por el estado de inercia de la guerra y las humillaciones sufridas motivaron interpelaciones en el congreso y la censura del gabinete ministerial. Se produjeron renuncias de ministros y se efectuaron inevitables cambios en las jefaturas del ej�rcito y la escuadra. Los conductores de la guerra, imposibilitados de iniciar la campa�a terrestre, coincidieron en que hundir al Hu�scar era, definitivamente, la primera prioridad militar. En ese momento, Chile y su marina no estaban en
guerra contra el Per�; lo estaban contra Grau y el Hu�scar. La escuadra chilena, en su totalidad, consecuentemente se concentr� en un s�lo objetivo: Cercar y aniquilar al escurridizo barco. No pod�a aceptarse que una sola nave mantuviera en raya a todo un pa�s. Como primera medida el contralmirante Williams Rebolledo fue reemplazado como jefe de la escuadra por el capit�n de nav�o Galvarino Riveros C�rdenas. El primer acto del flamante comandante general fue levantar el bloqueo de los puertos peruanos y retornar los barcos a sus bases para reacondicionarlos y limpiar sus fondos. El 30 de septiembre Riveros reuni� a su escuadra en el puerto de Mejillones. Tras intensas deliberaciones con su Estado Mayor, se acord� dar caza al Hu�scar mediante un plan que contemplaba la conformaci�n de dos divisiones navales, la primera, bajo el mando del propio Riveros, integrada por el Blanco Encalada, la Covadonga y el Mat�as Cousi�o. La segunda, denominada Divisi�n Ligera, por ser m�s r�pida, a ordenes del Capit�n de Fragata Juan Jos� Latorre, compuesta por el Cochrane, el Loa y la O�Higgins. La idea era avanzar hacia el �rea de acci�n del Hu�scar, entre Arica y Antofagasta, y cercarlo. Como primer paso se decidi� marchar rumbo a Arica, donde se esperaba hallar al blindado y bombardear el puerto, a�n a costa del peligro que representaban los ca�ones de tierra, para forzar al Hu�scar a dar combate. Ese mismo d�a 30 de septiembre, Grau, que efectivamente se encontraba en la rada de Arica, remiti� al comandante general de la marina el que ser�a su �ltimo parte de guerra, en el cual reiter� la necesidad de recibir las potentes granadas Palliser para los ca�ones de la Torre Coles, por ser las �nicas capaces de atravesar el blindaje del Blanco Encalada y el Cochrane en caso de combate. Simult�neamente, Grau recibi� �rdenes de partir en convoy con la Uni�n y el transporte R�mac rumbo al sur, en una s�ptima expedici�n dirigida a sabotear los puertos chilenos entre Tocopilla y Coquimbo. Nuevamente se le reiter� la orden de rehuir combate con los acorazados enemigos para no comprometer la integridad del �nico blindado que le quedaba al pa�s.
En la foto superior, el transporte artillado chileno R�mac, capturado por el Hu�scar, en momento que arriba a aguas peruanas. Abajo, el teniente peruano Carlos de los Heros, muerto el 28 de agosto en el combate entre el Hu�scar, las corbetas chilenas Magallanes y Abtao y bater�as de tierra. (Foto del Rimac: Cortes�a Gonzalo Magui�a).