EL COMBATE NAVAL DE PACOCHA

 

COSTAS DE MOQUEGUA, MAYO DE 1877

En 1877 el Presidente Constitucional del Per�, Mariano Ignacio Prado, enfrentaba una revoluci�n dirigida por el ex ministro de hacienda y eterno caudillo pol�tico, Nicol�s de Pi�rola. En la noche del seis de mayo de ese a�o, el blindado "Hu�scar" que a causa de las tensiones pol�ticas entonces imperantes se encontraba al igual que los dem�s barcos de la escuadra bajo orden de inamovilidad y al ancla en el Callao, fue asaltado sorpresivamente por partidarios de Pi�rola al mando del capit�n de fragata (r) Germ�n Astete y dos oficiales navales en actividad, los hermanos Bernab� y Manuel Mar�a Carrasco. Setenta marineros de la fragata "Apur�mac", que se encontraba anclada al lado del "Hu�scar", apoyaron a los revolucionarios en esta acci�n tipo comando, ignorando que su aventura los conducir�a a una confrontaci�n con la Real Marina Brit�nica.

Una vez en manos de los rebeldes, el "Hu�scar" se hizo a la mar para apoyar la causa de Pi�rola e inici� diversas acciones de sabotaje contra fuerzas gubernamentales, las que fueron calificadas por el propio gobierno peruano como "actos de pirater�a". Entre aquellas, el "Hu�scar" intercept� dos vapores mercantes de bandera brit�nica pertenecientes a la Pacific Steam Navigation Company; el Santa Rosa y el John Elder, en los cuales los revolucionarios intentaron inspeccionar la correspondencia oficial. S�lo la firme oposici�n de los comandantes de la naves impidieron la consumaci�n de estos hechos. El presidente Prado emiti� entonces un decreto que coloc� a los tripulantes del "Hu�scar" bajo la condici�n de corsarios, envi� en su b�squeda un escuadr�n naval al mando del capit�n de nav�o Juan Guillermo Moore, compuesto por el blindado "Independencia", la corbeta "Uni�n", el monitor "Atahualpa" y la ca�onera "Pilcomayo" y hasta ofreci� una recompensa a los que, "sin pertenecer a la dotaci�n de los buques que componen la escuadra de operaciones, lo sometan a la autoridad del gobierno o contribuyan a ello".

Mientras estos acontecimientos se desarrollaban, los comerciantes brit�nicos reclamaron airadamente a su representante diplom�tico en Lima, el encargado de negocios James Graham y le exigieron la adopci�n de medidas en�rgicas para impedir la ocurrencia de hechos similares que podr�an afectar el comercio en el litoral peruano y la seguridad de los transportes de la Pacific Steam Navigation Company. Como el decreto del presidente Prado hab�a descartado la responsabilidad del gobierno del Per� por las acciones cometidas por el "Hu�scar" y teniendo en cuenta las recomendaciones de Graham, la Real Marina Brit�nica se vio forzada a intervenir. De este modo, el comandante del escuadr�n brit�nico en Am�rica del Sur, contralmirante Algernon Frederick Rous de Horsey, quien se encontraba con su escuadra en Caldera, Chile, se dirigi� hacia el Callao, donde se dedic� a discutir con sus oficiales la manera de neutralizar eventualmente al "Hu�scar". En consecuencia, el 16 de mayo de 1877 y como primera medida, de Horsey hizo llegar un mensaje de advertencia al comandante del blindado peruano, en el cual le se�al�: "Si se repite, se�or, un acto similar al cometido contra los vapores John Elder y Santa Rosa, me ver� forzado a tomar posesi�n del barco por la fuerza y retornarlo a las autoridades legales. Acciones de esa naturaleza ser�n consideradas una causa justa para su captura por parte de las fuerzas navales de su Majestad Real".

Sin duda el rebelde Hu�scar, bautizado as� en honor del �ltimo Inca leg�timo del Tahuantinsuyo, era el barco de guerra m�s importante que ten�a el Per�. Aquel blindado de mar con espol�n, hab�a sido dise�ado por el capit�n Cowper Coles de la Real Marina Brit�nica y construido entre 1864 y 1865 por Laird Brothers de Birkenhead, en Liverpool (1). Desplazaba 1,130 toneladas, ten�a 67 metros de largo, 11 metros de ancho y 1,500 caballos de fuerza. Su casco de hierro, pintado de gris, estaba protegido por un blindaje de cuatro pulgadas y media en el centro, reducido a dos pulgadas y media en la popa y la proa. Entre el casco y el blindaje pose�a una separaci�n de madera de teca de catorce pulgadas para reducir el impacto de los proyectiles. Contaba con una torreta giratoria, operada manualmente, llamada Torre Coles en honor a su dise�ador, de 30 pies de di�metro, con un blindaje de cinco pulgadas y media en la que se desplegaban dos ca�ones rayados de avancarga Armstrong de 300 libras. Detr�s se ubicaba una torre hexagonal desde donde se gobernaba la nave. Tambi�n pose�a dos ca�ones Armstrong de cuarenta libras ubicado cada cual en las partes laterales y un Armstrong de doce libras en la popa. Con una sola h�lice propulsada por dos m�quinas alternativas horizontales, alcanzaba una velocidad de once nudos y ten�a una capacidad de 300 toneladas de carb�n repartidas en cuatro calderas rectangulares, lo que le permit�a largos viajes en alta mar. El blindado era tan maniobrable que pod�a dar un giro de 180 grados en apenas dos minutos. Para los est�ndares de esos tiempos, el Hu�scar, aunque relativamente peque�o, era un barco de guerra formidable.

El 22 de mayo, despu�s de recoger a Nicol�s de Pi�rola en el puerto de Cobija, el capit�n Astete envi� la siguiente nota de respuesta a de Horsey: "Las fuerzas bajo mi mando son conscientes de los derechos y obligaciones que la pr�ctica y el c�digo de las naciones establecen en nuestras costas. Est�n muy lejos de haber violado dichas leyes y la informaci�n con respecto a los incidentes ocurridos con el John Elder y el Santa Rosa no es totalmente cierta. En todo caso, apoyado en mi derecho, pero por sobre todo, encima de cualquier inter�s personal el de la soberan�a y la dignidad de la Rep�blica, rechazo con calma pero firme resoluci�n, no s�lo en mi nombre y el de mi tripulaci�n, pero en el nombre del Per�, la amenaza incluida en su carta. Declaro, se�or almirante que -Dios no lo permita- si llega el caso que una agresi�n sea cometida por su comando, cumplir� con mi deber".

El 27 de mayo, en Pichalo, el sorprendente "Hu�scar" se enfrent� a la divisi�n naval peruana que intentaba capturarlo. No obstante el hecho de tener casi la mitad de desplazamiento del blindado Independencia, su artiller�a perfor� uno de los sectores de esa poderosa nave y mat� a uno de sus tripulantes, logrando escapar del cerco que se le hab�a tendido. Sin embargo, pese a este resultado favorable, el Hu�scar se ve�a cada vez m�s aislado porque las fuerzas leales al gobierno controlaban la mayor�a de los puertos del litoral y las provisiones se le agotaban, raz�n por la cual, pese a las advertencias del almirante de Horsey, Pi�rola dispuso interceptar otros dos mercantes de bandera inglesa, de uno de los cuales, el Inusina, confisc� cien toneladas de carb�n. Esta acci�n fue la que finalmente decidi� al escuadr�n naval brit�nico a intervenir.

Como en aquel 1877, no hubo un solo a�o durante el largo reinado de Victoria de Inglaterra, en el cual, en alg�n lugar del mundo, sus soldados y marineros no estuvieran luchando por ella y por el imperio. En ese entonces resultaba muy f�cil encontrar pretextos para todas las guerras y campa�as militares victorianas. Desde 1837 hasta el final del siglo XIX, tanto en Asia como en el Africa u Ocean�a, tropas y naves brit�nicas estuvieron comprometidas en constante combate. Tal era el precio del liderazgo brit�nico en el mundo y de su orgullo nacional, y tales acciones se ejecutaban sin rechazo u arrepentimiento.

A las 13:00 horas del 29 de mayo, a la altura de la bah�a de Pacocha, en Moquegua, despu�s de una cuidadosa persecuci�n, de Horsey logr� ubicar al Hu�scar que navegaba desde Cobija hacia Pisagua. Su escuadr�n consist�a de dos barcos: la fragata protegida HMS Shah y la corbeta de madera HMS Amethyst. El primero, buque insignia del almirante, estaba comandado por el capit�n (mas tarde almirante y gobernador de Australia Occidental) Federico Jorge Denham Bedford. Contaba con una tripulaci�n de 600 hombres, desplazaba 6,250 toneladas, ten�a una velocidad de 16 nudos y pose�a casco de hierro revestido de madera y planchas de cobre. La fragata estaba armada con 26 ca�ones de diferente calibre, incluyendo varios de 7 y de 9 pulgadas, todos de avancarga, una ametralladora Gatling y ocho torpedos motorizados de 16 pulgadas de la clase Whitehead. Bautizado as� en honor del rey de Persia, Nasir ud-Din, quien visit� Inglaterra en la fecha de su botadura, el Shah era en esa �poca la nave m�s grande y r�pida de la Real Marina Brit�nica y era una de tres enormes fragatas dise�adas para confrontar, en un hipot�tico escenario de guerra, a los cruceros estadounidenses de la clase Wampanoag. La corbeta Amethyst por su parte, estaba comandada por el capit�n Arturo Juan Chatfield y dispon�a de una tripulaci�n de 235 hombres. Construida en 1873, desplazaba 1,970 toneladas, ten�a una velocidad de 13 nudos y estaba armada con catorce ca�ones de avancarga de 64 libras y varios torpedos Spar.

El contralmirante brit�nico quer�a la rendici�n inmediata e incondicional de la nave peruana, que hab�a detenido sus m�quinas para parlamentar, y poco despu�s de las 14:00 horas despach� en una lancha al teniente primero Jorge Rainier con las siguientes instrucciones: "D�gale al comandante del Hu�scar que he venido a tomar posesi�n del barco en nombre de la Reina Victoria. Si su bandera no es arriada, me ver� forzado a capturarlo por la fuerza. Considerando la absoluta superioridad en fuerza y velocidad del Shah, usted debe convencer al comandante del "Hu�scar" evitar la p�rdida de vidas de sus oficiales y tripulaci�n, e inclusive la total destrucci�n que pueda ocurrir. Si se rinden y el barco es entregado de inmediato, respetaremos las vidas y la propiedad personal de todos a bordo, y de ser el caso, no los entregaremos al gobierno, sino que los desembarcaremos en un punto neutral, que podr� ser decidido por su comandante".

Para ser la raza de una peque�a isla, los brit�nicos siempre han producido mucho m�s que su cuota correspondiente de hombres capaces y talentosos y durante la era victoriana hab�a una superabundancia de ellos en muchos campos. Y esas personas escond�an, detr�s de finos modales y una r�gida moral, una energ�a violenta, permanente, que los condujo a todos los rincones del orbe. As�, Gran Breta�a levant� grandes ej�rcitos y construy� poderosas armadas dirigidas por oficiales que ten�an una convicci�n incuestionable de que sus tradiciones, sus creencias y doctrinas eran las mejores del mundo y por ello actuaban, como en este caso, como la polic�a del mundo.

Si bien aquellos eran los d�as de las peque�as guerras victorianas, de Horsey no tom� en consideraci�n un peque�o detalle: no se encontraba en el Africa colonial ni en Asia, sino en el continente americano, confrontando la extraordinaria nave de un pa�s occidental, que estaba destinada a convertirse en una leyenda. Y tan talentoso y seguro como de Horsey pudo haber sido, de Pi�rola, su oponente y futuro presidente del Per�, era una clase de hombre superior y un perfecto contenedor al orgullo victoriano. El almirante brit�nico tambi�n pareci� ignorar el profesionalismo, determinaci�n y capacidad del capit�n Germ�n Astete. Asimismo, se le escap� otro detalle: A�n cuando su escuadr�n contaba con una tripulaci�n conjunta de 824 hombres y cuarenta ca�ones as� como diversos torpedos, mientras que el barco peruano ten�a s�lo cuatro ca�ones y una tripulaci�n de 179 hombres, sus naves eran de madera protegida, mientras que el contrincante era un blindado. Bajo todas estas circunstancia es dif�cil saber si la decisi�n del almirante de atacar estaba motivada en una fuerte sensaci�n de superioridad brit�nica o si sencillamente fue un acto de estupidez o de falta de criterio.

El orgulloso Nicol�s de Pi�rola rechaz� el ultim�tum considerando que la demanda brit�nica constitu�a una injerencia en un asunto domestico, desarrollado en aguas territoriales peruanas y replic� a Rainier que la bandera peruana en el Hu�scar s�lo ser�a arriada cuando no quedara un solo hombre a bordo para sostenerla. Asimismo a�adi� que no le importaba en nada el superior poder�o del que se le hablaba y que la amenaza de la fuerza era una grave ofensa contra la soberan�a del Per�. Subray� que el "uso de la fuerza ser�a respondido con la fuerza". Tan pronto como el teniente brit�nico retorn� a su nave, de Pi�rola, consciente que el combate era inevitable, emiti� la siguiente proclama a su tripulaci�n: "Hombres del Hu�scar: Todos a sus puestos. Ahora la revoluci�n de Pi�rola ha concluido. Ahora somos s�lo peruanos ante quienes el destino ha encargado la defensa de nuestra bandera y la de toda Am�rica. �Viva el Per�!".

Aquel no ser�a por cierto el primer incidente que confront� a barcos peruanos y brit�nicos. El 16 de mayo de 1830, cumpliendo directivas de sus vicec�nsules en Lima y Callao, las fragatas de guerra brit�nicas Sapphire y Tribune, armadas con una artiller�a combinada de 70 ca�ones, interceptaron a la fragata peruana Libertad, a bordo de la cual se encontraba el vicepresidente peruano Juan Antonio Guti�rrez de la Fuente y demandaron reparaciones por la captura del Hidalgo, un barco de bandera mexicana con cargamento ingl�s, que las autoridades peruanas sospecharon estaba cometiendo contrabando. El capit�n peruano Garc�a del Postigo, quien apenas dos a�os atr�s hab�a salido victorioso del combate naval de Malpelo contra fuerzas de la Gran Colombia, rechaz� las demandas y decidi� luchar. Sin embargo, el vicepresidente lo convenci� de lo contrario, porque los 24 ca�ones de la fragata no pod�an competir contra el poder de fuego de los brit�nicos. El incidente fue resuelto por la v�a diplom�tica. Londres despidi� a sus dos vicec�nsules en el Per� y el comandante del escuadr�n, capit�n Henry Dundas, fue pasado al retiro por la Real Marina. Catorce a�os despu�s, en agosto de 1844, un escuadr�n naval brit�nico al mando del capit�n John Jervis Tucker, en una t�pica acci�n victoriana, bloque� tres barcos de guerra y un transporte peruano en Islay y bombarde� el puerto de Arica, mientras reclamaba una serie de reparaciones por supuestas ofensas cometidas en el Per� contra intereses brit�nicos. Los peruanos nuevamente decidieron evitar la confrontaci�n y suscribieron un tratado que resolvi� el incidente. Esta vez sin embargo las cosas iban a ser distintas.

Con excepci�n de la �ltima guerra contra los b�ers de Sud�frica, todas las acciones militares y navales ejecutadas por los brit�nicos durante el reinado de Victoria fueron incidentes peque�os para los est�ndares de hoy y fue dentro de esa coyuntura que se enmarc� el singular combate que enfrentar�a al blindado peruano con dos naves de la entonces marina m�s poderosa del mundo.

As�, aproximadamente a las 15:06 horas y a una distancia de poco m�s de 1,800 metros, el contralmirante de Horsey, que era miembro de aquella generaci�n de oficiales victorianos acostumbrados a imponer su voluntad sobre los adversarios de la �poca, orden� que el Shah ca�oneara el Hu�scar. El blindado peruano sin embargo no se impresion� en lo m�s m�nimo por el poder�o desplegado por sus adversarios y, conforme a lo anunciado por Pi�rola, present� combate, disparando un minuto despu�s. A las 15:09 el Amethyst lanz� su primera andanada de proyectiles. Bien dirigido por el capit�n Astete y los hermanos Carrasco, el "Hu�scar" no s�lo respondi� los fuegos sino que mostr� un manejo admirable en combate naval que dej� perplejos a los ingleses. Pronto los proyectiles del Amethyst y el Shah, lanzados por diestros y experimentados ca�oneros, comenzaron a impactar en el objetivo. Sin embargo, pese a su efectividad de blanco, no pod�an penetrar la coraza de cuatro pulgadas y media del "Hu�scar" y por ende causaban poco da�o a la estructura de la nave. No obstante, los proyectiles del Shah lograron romper los guardines del tim�n de combate y reventaron los de la estaci�n de gobierno principal. Asimismo, volaron en pedazos algunas de las lanchas salvavidas de la nave.

El intercambio de fuegos y maniobras envolventes se prolongar�a por espacio de dos horas interminables. M�s aun, el comandante del Hu�scar hizo gala de su conocimiento de las aguas locales y utiliz� la baja cubierta del blindado para presentar a de Horsey un blanco dif�cil. El contralmirante brit�nico, ante la ineficacia de sus proyectiles, intent� emular las t�cticas utilizadas por Horacio Nelson y se aproxim� al Hu�scar lo m�s cerca posible para ca�onearlo a distancia m�nima, en la creencia que sus proyectiles resultar�an as� m�s efectivos. En ese proceso se hizo uso de ametralladoras e inclusive de fusiler�a. El "Hu�scar" sin embargo, gobernado con aparejos, eludi� a los brit�nicos mediante acciones evasivas y en varias oportunidades hasta intent� espolonear al Shah y al Amethyst. El fuego de este �ltimo barco, seg�n inform� el propio de Horsey, fue dirigido con gran precisi�n, pero su armamento de 64 libras resultaba ineficaz, "excepto para llamarle la atenci�n o para apartar al Shah de los fuegos del Hu�scar".

En cierto momento del combate sin embargo. de Horsey orden� cesar los fuegos al no observar m�s el pabell�n peruano, lo que interpret� como rendici�n. Pero aquel no ser�a el caso, pues una de las granadas del Shah hab�a cortado la driza del blindado ocasionando su ca�da. Los peruanos volvieron a izar su pabell�n y el combate se reanud�. En su Informe al Almirantazgo de Horsey escribi�: "El ataque fue en parte sigui�ndose uno a otro y en parte girando, con tentativas de cuando en cuando por parte del Hu�scar para emplear su ariete, lo que era preciso precaver cuidadosamente en un buque con tanta eslora y por consiguiente tan lento para virar como el Shah. El Hu�scar parec�a navegar a raz�n de 19 millas y estaba bellamente manejado, tratando de mantener sus ca�ones de la torre sobre nosotros excepto cuando iba a cargar. Que una de sus bombas de 300 entrase en un barco tan repleto como este habr�a producido graves resultados".

La situaci�n pues se estaba volviendo dif�cil para los brit�nicos. Entonces, a las 17:00 horas, de Horsey adopt� una decisi�n dr�stica. Volvi�ndose a sus oficiales manifest�: "Gentlemen, certainly we are not fighting against the Khedive�s Navy" (2)

Al comprender que sus naves no pod�an capturar al blindado peruano con t�cticas tradicionales y para no arriesgar la seguridad de las mismas, de Horsey decidi� poner fin al drama y hundirlo. En consecuencia, orden� que se disparase un torpedo Whitehead contra el Hu�scar. Aquella iba a ser la primera vez en la historia naval que un torpedo motorizado ser�a utilizado en combate. En aquellos d�as un torpedo Whitehead clase Fiume, de 14 pulgadas de di�metro, con un motor de tres cilindros, alcanzaba una velocidad de 18 nudos, ten�a un alcance de 550 metros, un peso total de 250 kilos y cargaba una mort�fera carga explosiva de 12 kilos.

De acuerdo a una leyenda a�n vigente en la secci�n de torpedos de Gran Breta�a, los artilleros solicitaron recibir la dr�stica orden por escrito, "pues los peruanos hab�an demostrado ser unos adversarios gallardos y no merec�an una suerte tan terrible". Verdadera o falsa, el torpedo fue lanzado de todas maneras. Sin embargo, los motores del Hu�scar y el buen manejo de la nave permitieron esquivar al arma mortal.

El orgullo brit�nico pronto se fue tornando en temor ante la impotencia de neutralizar al Hu�scar. Hasta ese momento la precisi�n de los artilleros peruanos hab�a dejado mucho que desear, pero los oficiales brit�nicos eran conscientes, como lo implic� de Horsey en su Informe, que en cualquier momento los dos barcos de Su Majestad podr�an f�cilmente ser enviados al fondo del mar si el uso de los ca�ones peruanos se tornaba tan preciso como el manejo de su nave.

En su Informe, el capit�n Chatfield del Amethyst escribi�: "Nuestros artilleros dispararon con gran continuidad y precisi�n pero nuestras bombas no produc�an efecto en la coraza del Hu�scar, a�n cuando si conservaban la cubierta libre de rifleros".

Luego a�adi�: "El Hu�scar fue gobernado lujosamente y si sus ca�ones lo hubieran sido del mismo modo habr�a resultado un enemigo formidable".

Un marinero del Amethyst de apellido Riley escribi�: "Varios de los disparos dirigidos hacia nosotros reventaban en el agua, a distancia tan corta que nos salpicaban alrededor. Pod�amos observar plenamente sus proyectiles girando en su alta trayectoria, viniendo a trav�s del aire como grandes yunques de herrero".

El capit�n Bedford del Shah por su parte escribi� en su Bit�cora: "A las 3:06 comienza el combate con los ca�ones de cubierta. Las bater�as de babor hacen fuego a discreci�n. 3:07, el Hu�scar contesta con un ca��n de la torre. Otro ca�onazo nos pas� por la cofa del trinquete y el otro por la cofa del palo mayor cortando la driza real y la driza del tope. 3:09, Amethyst ataca al enemigo y el "Hu�scar" le contesta con un ca��n peque�o y con otro nos corta las brasas reales... 5:08, el "Hu�scar" dispara una bomba de a 40 que revienta a medio camino. Se nos viene encima, aparentemente para hacer uso del ariete. 5:13, nuestra ametralladora Gatling comienza a hacer fuego. 5:14, disparo de un torpedo Whitehead".

A las 21:00 horas, en un �ltimo intento desesperado, el Shah despach� una lancha con torpedos Spar para volar al Hu�scar. Fue in�til. La lancha retorn� a las 03:30 de la madrugada del 30 de mayo sin haber logrado su prop�sito. Bajo las sombras de la noche, el Hu�scar hab�a abandonado el escenario sin que los brit�nicos hubieran podido subyugarlo. De Horsey no intent� efectuar una persecuci�n nocturna para evitar posibles da�os. Durante la acci�n los peruanos tuvieron un tripulante muerto, el corneta Ruperto Bejar, y los ingleses algunos heridos.

Durante el combate el Shah dispar� 237 proyectiles y el Amethyst 190, un total de 427 ca�onazos, que incluy� el uso de varios granadas de perforaci�n Palliser. Un total de 50 proyectiles dieron en el Hu�scar, pero la estructura del blindado no sufri� da�os de consideraci�n. Por el contrario, su armadura s�lo pudo ser perforada una vez con un proyectil disparado por uno de los ca�ones de 9 pulgadas. Dos d�as despu�s del combate el Hu�scar se entreg� a las autoridades peruanas y antes de ser arrestado, Pi�rola intent� convencer al capit�n Moore, comandante del blindado Independencia, un�rsele para combatir al escuadr�n brit�nico por su participaci�n en un asunto peruano. La iniciativa no prosper�, aunque la prensa protest� airadamente contra aquella acci�n extranjera en aguas territoriales del Per� y el presidente Prado se vio forzado a presentar una protesta diplom�tica formal ante el gobierno de Londres.

Pacocha fue considerada una acci�n humillante para la Real Marina. Origin� debates en el parlamento que casi concluyeron en la censura del contralmirante de Horsey. El Almirantazgo aprob� la conducta general seguida por de Horsey, pero rechaz� sus demandas perentorias para que el Hu�scar se rindiera. El Almirantazgo tambi�n desaprob� los ataques nocturnos con torpedos hacia el "Hu�scar", pues a su entender constitu�an una "violaci�n flagrante a las aguas territoriales peruanas" y porque aquel m�todo de ataque pudo haber matado a toda la tripulaci�n del "Hu�scar". Pacocha tambi�n fue la �ltima ocasi�n en la que barcos de madera brit�nicos como el Amethyst, armados con ca�ones de avancarga, entraron en combate. Despu�s de ese d�a el escuadr�n brit�nico en Am�rica del Sur siempre estar�a compuesto por blindados y 2 de diciembre de 1878 el Shah ser�a reemplazado en aguas sudamericanas por un nuevo buque insignia, el legendario blindado de segunda clase de bater�a central HMS Triumph, armado con diez ca�ones.

Unas �ltimas l�neas sobre los hombres y las armas de Pacocha: El contralmirante de Horsey fue relevado de su puesto en setiembre de 1879. Se retir� de la Real Marina Brit�nica en 1885. Nicol�s de Pi�rola finalmente se convirti� en presidente del Per� en 1879 y posteriormente en 1895, ambas veces gracias a intrigas o revoluciones. Falleci� en 1913. El capit�n Germ�n Astete encontr� una muerte heroica el 10 de junio de 1883 mientras dirig�a la artiller�a peruana en la �pica batalla de Huamachuco contra el ej�rcito chileno, en el que ser�a el �ltimo encuentro militar de la Guerra del Pac�fico.

El HMS Shah fue enviado a Londres y en 1879, durante la cruenta guerra contra los Zul�s, fue comisionado para transportar tropas de refuerzo a Sud�frica. El seis de marzo de ese a�o, luego de recoger efectivos militares en la isla de Santa Elena, las desembarc� en Durb�n. Aquellas fuerzas participaron en las batallas de Eshowe y Ulundi, que pusieron fin al Imperio Zul�. Al t�rmino de esa guerra ancl� en Portsmouth y nunca m�s se le volvi� a comisionar en servicio. En mayo de 1892 el HMS Narcissus remolc� al Shah hasta Bermuda, donde fue completamente desmantelado. De otro lado el Hu�scar se convirti� en una celebridad por ser el primer barco en la historia naval del mundo en enfrentar un ataque con torpedos motorizados en combate en alta mar y por ser el primer y �ltimo blindado en combatir con naves de madera brit�nicas. Sin embargo aquel incidente apenas fue el inicio de una vida heroica y turbulenta para el blindado, que alcanzar�a su cenit apenas dos a�os despu�s, durante la guerra del Pac�fico.

El primer ataque exitoso utilizando un torpedo Whitehead habr�a ocurrido en la noche del 25 al 26 de enero de 1878, apenas 8 meses despu�s del incidente de Pacocha, cuando dos lanchas torpederas rusas, el Cesme y el Sinope hundieron el barco turco Initbah con dos de esos torpedos mecanizados (3).


NOTAS AL CAPITULO

(1) La casa Laird, que construy� el Hu�scar, fue fundada por John Laird, especializ�ndose en la construcci�n de buques de hierro. Entre 1829 -fecha de su fundaci�n- y 1947, dicha compa��a brit�nica construy� un total de 1,100 barcos de toda clase, tama�o y dise�o en sus astilleros del r�o Mersey. Entre sus naves m�s famosas figuran el Denbigh, el crucero Alabama, el N�mesis, el Guadalupe (el blindado m�s grande constru�do hasta entonces, 1842, vendido a la marina de guerra mexicana) y el Birkenhead.

(2) Khedive es una palabra �rabe que en aquella �poca se utilizaba para denominar al Virrey de Eg�pto, entonces Estado vasallo del Imperio Otomano. El Khedive Ismail Pasha (1863-1879), tuvo el acierto de abrir el Canal de Su�z, pero debido a sus excesos y mala administraci�n endeud� a su pa�s y lo llev� a la bancarrota. Era considerado por los brit�nicos como un gran incompetente y el Sult�n turco lo depuso en junio de 1879.

(3) Sin embargo, de acuerdo a otras versiones, el primer uso efectivo de un torpedo Whitehead se concret� durante la guerra civil chilena, en marzo de 1891, con el hundimiento del blindado Blanco Encalada. El arma fue disparada desde la torpedera Lynch.



EL CAUDILLO Y EL COMBATE

Arriba, Nicol�s de Pi�rola, eterno caudillo peruano qui�n lider� a bordo del Hu�scar la Revoluci�n contra Prado. En Pacocha rechaz� la intimidaci�n brit�nica y prefiri� luchar antes de entregar la nave. Abajo, pintura sobre el combate en las costas de Moquegua entre el blindado peruano y HMS Shah y HMS Amethyst.




El Incidente de Pacocha

Arriba, una pintura peruana del siglo XIX que conmemora el Combate Naval de Pacocha entre los Peruanos y los Brit�nicos.

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