MANOLO EL CARACOL

                                               ©Pepa E. Llinares

 


Cuentan que un día, después de que parase de llover y saliese un sol espléndido estaba un caracol llamado Manolo, tranquilamente deslizándose por una húmeda y brillante hoja verde, cuando de repente se encontró con una oruga que decía llamarse Lola.

-¿Qué tal está señora oruga? - le dijo el caracol.

-Me llamo Lola y he venido a recolectar un poco de hojas para la comida. Pronto me volveré crisálida y tengo que alimentarme bien para ser luego una bonita mariposa de lindos colores.

-Yo soy Manolo y me alegra mucho haberla conocido. No sabe lo que me gustaría ser como usted, tener alas y así poder volar, e ir más deprisa de lo que yo voy, a los lugares que me interesa.

-No se apure Don Manolo, cada uno es como es y tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. A mi me gustaría ser como usted y tener una casita como la suya, pues a nosotras las mariposas si se nos mojan las alas, ya no podemos volar.

-Tiene razón. ¡Pero me haría mucha ilusión aunque solo fuera para probar.

-¡Pues mire se me ocurre una idea!.Si nos volvemos a ver, usted me presta su casa y yo mis alas.¡De esa forma y durante un día sabremos como nos sentiríamos si tuviéramos lo que deseamos!.

-¡Vale, es una buena idea!, además como ya vamos a ser amigos ¿Qué te parece si quedamos ya y nos tuteamos?

-¡Como tu quieras Manolo!

-Bueno pues ¡Hasta dentro de unos días en éste mismo lugar Lola!.

Pasó una semana y Manolo regresó a la misma planta donde conoció a Lola, y al llegar se llevó una gran desilusión. En vez de encontrarse a la oruga, se encontró con un montón de flores muy perfumadas.
Empezó a buscar y a buscar pero no encontró a nadie.

Cansado de recorrer la planta y bastante desanimado por no encontrar a su amiga Lola, tropezó con un capullo de fina seda del cual salía una vocecita que decía:

-Manolo, espérame que ya falta poco para que salga de aquí -

-¿Eres tú?...¿Mi amiga Lola?...

-Si , soy yo.

Manolo se apartó un poco y esperó.

Mientras tanto, el sol empezó a calentar tanto que sus rayos tan potentes le estaban abrasando.

El caracol acostumbrado a la lluvia y las humedades, se escondió mientras esperaba dentro de su casa, cerrando la puerta.

Una vez las nubes taparon el sol, el caracol volvió a salir y en el lugar de donde había salido la voz, encontró una preciosa mariposa de brillantes colores, amarillo y negro con reflejos dorados como los rayos del sol.
-¡Uauu! ¿Eres tú?...¿Eres en realidad mi amiga Lola?

-Si Manolo soy yo; aquella oruguita que un día encontraste recolectando hojas.

-¡Que alegría verte!. Yo no pude ir a buscarte ese día pues me puse a trabajar confeccionando mi capullo de seda, la única casita que tengo mientras soy crisálida y me convierto en mariposa.

-¿Sabes una cosa? -le dijo Manolo - ¡Eres preciosa! ¡Qué alas tienes! ¡Que envidia me das!

-¿No te acuerdas que hicimos un trato? ¡Pues toma te las dejo!

-¡Lola! - exclamó el caracol.

-Si, te las dejo. ¡Pero cuídamelas que están prácticamente sin estrenar!.

-No te preocupes. Yo te dejo mi casita. ¡Pero espera!...¡Bajemos al suelo, así tú te deslizas subiendo por el tronco y yo volando por el aire a lo alto de la planta, es decir que nos volvemos a ver aquí.
-Si quieres - le comentó la mariposa - nos podemos ver al atardecer y así disfrutamos todo el día del cambio ¿Te parece bien?

-¡De acuerdo! - contestó el caracol.

Ambos se cambiaron las cosas y empezaron a experimentar lo que tanto habían soñado, pero poco a poco se fueron dando cuenta de la realidad.

Lola amante del sol y de las flores, quiso llegar hasta ellas para poder comer pues estaba hambrienta de tantos días sin probar bocado y...¿Qué ocurrió?...¡No hubo forma!.

La casa le pesaba un montón. Sus patas delgadas se doblaban como finos alambres sin poder dar un paso.

El sudor empezó a deslizarse por su diminuta frente, pues el sol achicharraba y no le quedó mas remedio que esconderse dentro de la casita.

Mientras tanto a Manolo también le habían surgido problemas.

Por mucho que aleteó, no había forma. Su cuerpo se pegaba a la roquita y pesaba aún más que él impidiendo que las alas pudieran alzar el vuelo. Además como hacía tanto calor, la humedad de su cuerpo empezó a secarse y el caracol comenzó a sentirse mal y con ganas de ponerse a la sombra.

Conforme pudo y arrastrando con cuidado su bonita carga que se le doblaba de un lado a otro (pues no tenía práctica con las alas), llegó hasta donde estaba su casa y llamó.

-Lola, soy yo - dijo agotado.

-¿Qué te pasa Manolo?

-No puedo más. ¡Quiero devolverte las alas!.

La mariposa salió corriendo del caparazón y miró a su amigo con gran alegría y sorpresa.

-¡Qué pronto viniste! - le dijo la mariposa.

-Y tu que ¿Cómo lo has llevado con mi casa?,porque yo no pude ni levantarme del suelo con tus alas - dijo Manolo.

-Pues yo...¡Que quieres que te diga!. ¡Tampoco he podido dar ni un paso. Mis patas son tan finas que se me doblaban y mi cuerpo tan frágil y delgado que no pude soportar el peso del caparazón. Además a mi me gusta mucho el sol, y es muy triste y aburrido estar metida en casa cuando hace un día tan espléndido.

-Tienes razón Lola. ¿Sabes una cosa?. Yo creo que cada cosa está hecha para lo suyo, y ¡Muy bien por cierto!, pues a mi ...Que quieres que te diga, ¡Me gusta más la lluvia! Y...con unas alas como las tuyas no la podría disfrutar.

-A mi en cambio, me gusta el sol y no estar todo el día metida en casa.

Así estuvieron conversando un buen rato y se devolvieron lo prestado, llegando a la conclusión de que hay que conformarse con lo que cada uno tiene y como cada uno es. Ser muy buen amigo de tus amigos, compartir las cosas, cuidarlas y no envidiar jamás lo de los demás.

MORALEJA: "La envidia no es amiga de los amigos"

Alicante, 13 de marzo de 1.998

    

 

Inicio  /   Curriculum  /   Sepias  /   Naïve   /  Oleos  
Relatos   /  Cuentos   /  Poemas   /  Enlaces
Contactarme / Libro de visitantes

Hosted by www.Geocities.ws

1