Había una vez un hermoso jardín lleno de plantas y flores perfumadas, donde reinaba siempre la alegría porque lo habitaban lindas luciérnagas que revoloteaban por encima de un estanque lleno de flores de loto.
Compartían el lugar con muchísimos animalitos, la mayoría insectos como unas hormiguitas trabajadoras que ese encargaban de recolectar alimentos, mariposas de los mas variados colores que junto con las flores que llenaban el lugar, lo embellecían todavía mas. Un grupo de cigarras amenizaban con sus cantos, libélulas gigantes que formaban una compañía aérea cruzaban el estanque como si de aviones se tratara, a los diminutos habitantes del lugar, y un sin fin de familias de animales más.
Todos eran inmensamente felices.
El lugar era hermoso y parte de esa hermosura se la debían a Luci, la reina de las luciérnagas..
Luci apareció cuando era un jardín abandonado, junto con sus compañeras las demás luciérnagas, un buen día , en uno de sus viajes habituales.
Pensaron que sería conveniente descansar un poco y se pararon en ese allí. Mas tarde decidieron quedarse, aunque era un sitio muy triste y ruinoso. No crecían plantas y todo estaba muy sucio.
Parecía que solo vivía una familia de arañas que habían cubierto casi todo el jardín con sus finas telas y algún que otro insecto.
- Buenos días Sra. Araña - dijo Luci.
- Buenos días - contestó extrañada, pues nadie iba por allí nunca- ¿Qué se les ofrece por aquí?
- Estamos de paso y decidimos descansar un poco, aunque este lugar es muy triste y oscuro - le comentó Luci.
- ¡A mi no me lo diga! ¡Cada vez me cuesta más tejer. No veo con tan poca luz. Mi vista está cansada, pero tenemos que tejer y tejer, si queremos comer - le dijo la araña con resignación.
- Ese problema no lo tenemos nosotras, las luciérnagas, pues cuando oscurece nuestros cuerpos se iluminan - le contestó Luci.
- ¡Que suerte! ¡Ojalá tuviéramos nosotras lo mismo!.
Luci y las demás luciérnagas continuaron la conversación y poco a poco, se fueron haciendo amigas de la familia de arañas, hasta tal punto que decidieron quedarse a vivir allí.
Ayudaban con su luz a que pudieran tejer sin problemas y en los lugares mejores para cazar, hasta que poco a poco entre todos fueron reformando el lugar y convirtiéndolo en un maravilloso jardín.
Las arañas a su vez decidieron utilizar como trapos todas las telas que ya no les servían y así poder limpiar el desastroso lugar.
Unas hormigas que estaban trabajando en la recogida de los escasos alimentos que habían allí, se unieron al grupo.
Así poco a poco, fueron mas los habitantes del triste jardín, que saliendo de sus escondites, quisieron colaborar a su limpieza para cambiarlo y hacerlo mas confortable.
Todo ello como no, siempre dando gracias por tan buena idea y sobre todo porque podían trabajar también de noche con luz, a las luciérnagas que les servían de linternas.
Fueron unos días pesados y muy duros. Había mucho trabajo para hacer y parecía que nunca verían el jardín arreglado.
Se repartieron las tareas para adelantar mas.
Las hormigas, servían de transporte de hojas, ramas y todo lo inservible. Lo iban amontonando en un rincón del jardín cerca de la puerta de salida para que se lo llevaran cuando recogieran la basura.
Algunas, se las quedaban ellas para su hormiguero. Podrían servir de sábanas o mantas en invierno, y las mas tiernas, de alimento.
Las arañas, lo limpiaban todo con sus telas, mientras las libélulas, transportaban el agua del estanque en pequeñas cáscaras de simientes secas, para que lo limpiaran mejor.
Las cigarras cantaban para amenizar el trabajo, las últimas novedades de canciones.
Las luciérnagas iluminaban los lugares mas oscuros y limpiaban los rincones mas difíciles.
Los escarabajos peloteros, iban haciendo grandes bolas con todo lo que se tenía que tirar y lo iban amontonando a modo de paquetes, en la entrada, junto con lo que llevaban las hormigas para la basura.
Las mariposas, saldrían a buscar las flores mas hermosas para plantarlas en el jardín. Las abejas ,irían con ellas para mostrarles las que tuvieran el néctar mas dulce y fino y poder elaborar después rica miel.
Un jilguero que pasaba por el jardín, vio como trabajaban y se ofreció para ayudar, pues estaba solo y se acercó.
- ¡Me gusta la jardinería! - dijo - Si me dejáis que os ayude, os prometo que no os comeré y seré vuestro jardinero.
Se miraron unos a otros con recelo. ¿Y si no decía la verdad y se los comía?
Luci, habló la primera.
- ¡Por mi encantada que te quedes! Pero este jardín no es mío. Yo aparecí por aquí igual que tu y me aceptaron a mi y a mis compañeras, pero nosotras no solemos comernos a nadie, en cambio tu si.
El jilguero, que no sabía como convencerlos de que no mentía, dijo por fin.
- A mi no me gustan los insectos. Yo soy un jilguero que vivía en una casa. Un buen día sin darse cuenta, mis amos, dejaron la puerta de mi jaula abierta y salí para ver lo que había fuera, pero me perdí y no supe volver. En aquella jaula solo comía granitos de alpiste, mijo, anisetes, cañamones etc. Algún trocito de fruta que me ponían todos los días y una hoja de lechuga fresca y verde , o sea que soy vegetariano.
- ¡¡UUUUfff!! ¡Menos mal! - dijeron casi todos a la vez.
- ¿Entonces no nos comerás? - dijo un saltamontes.
- ¿Estás seguro que no te gustamos? - contestó una libélula.
- ¡Claro!. ¿Cómo os voy a mentir? - Estoy perdido y solo. El encontraros me dio mucha alegría, pues no tengo, ni conozco a nadie.
Si me aceptáis, además de jardinero, seré vuestro guardián ante otros pájaros. ¡Por favor, no me echéis de aquí!
Hubo un silencio, pero al final, todos decidieron que se podía quedar.
El alegre jilguero, se brindó a traer con su pico, las semillas de todo aquello que quisieran plantar, y marchó también con las mariposas y las abejas.
Los peces del estanque, al ver lo que hacían todos los animales en el jardín, decidieron tomar ejemplo de ellos y limpiar el estanque de tanta basura que no les permitía ni ver el cielo.
Poco a poco todo iba cambiando . Todo empezaba a relucir.
Se pusieron de nuevo manos a la obra, y consultando con todos los demás decidieron ayudar en lo mas pesado al jilguero que empezó a plantar todas las semillas de todas las plantas y flores que había traido.
Hicieron una gran cadena.
Las hormigas señalaban formando una fila, el lugar donde se tenían que hacer los agujeros, para que todo estuviera perfecto.
Los escarabajos, removían la tierra y los iban haciendo, separando la distancia correctamente.
Las arañas, tejían las cuerdas para luego atar las cañitas y se pudiera así señalar donde había cada semilla que al crecer se engancharían en ellas.
El jilguero, iba dejando caer en cada agujerito las semillas que había seleccionado.
Las libélulas las iban regando como si fuera lluvia, utilizando de nuevo las cáscaras de semillas viejas.
Así estuvieron todo el día y por la noche decidieron continuar con la luz de las luciérnagas. No había que perder tiempo.
Luego tuvieron que descansar un poco porque estaban agotados.
Así estuvieron 5 días mas, hasta que por fin terminaron.
Al sexto día, unos negros nubarrones señalaban que amenazaba lluvia. Era una mañana gris y triste.
Los animalitos tenían preocupación por si empezaba a llover fuerte y se estropeaba todo el trabajo, pero afortunadamente no fue así.
Empezaron a caer unas finas de agua, seguidas e una suave lluvia que lo que hizo fue, colaborar con los contentos bichitos, que contemplaban con placer como se estaban regando sus plantitas, ahorrándoles un montón de trabajo.
Empezaron a bailar y cantar y poco a poco, se fueron presentando y conociendo, hasta formar una gran familia.
Pasó el tiempo, y las plantas y flores crecieron.
Los árboles dieron fruto y todo cambió de color.
El jilguero cuidaba el jardín con esmero cuidando que todo estuviera perfecto, que cada flor luciera mucho mas que la temporada pasada, y se fue ganando así el cariño de todos.
Luci, fue proclamada reina del lugar, por haber traído junto con sus compañeras, la alegría y felicidad a aquel jardín donde antes de llegar ellas, todo era tristeza y oscuridad.
Los peces, podían ver el cielo azul desde el fondo del estanque, y el brillo del sol sobre las hojas de los lotos que flotaban en el agua.
El jardín, parecía otro.
Todos eran felices porque reinaba la paz, el amor, la amistad, el orden y sobre todo, el saber cuidar la naturaleza para poder vivir mucho mejor.
Cuento inédito
Benidorm Agosto del 2000