LOS APUROS DE RODOLFO
Pepa E. Llinares
Rodolfo, era un lindo pececito de color naranja con aletas largas y sedosas, que vivía en el pequeño estanque de un bonito palacio.
Compartía las cristalinas aguas con otros peces menos afortunados que él, porque al no ser tan bonitos, cuando se asomaba alguien a verlos ni se fijaban en ellos.
Siempre le tiraban cantidad de miguitas de pan que devoraba con mucha gana, mientras que los demás peces, se tenían que conformar con las sobras que dejaba.
Rodolfo, fue volviéndose cada vez más y más orgulloso. Pensaba en la suerte que tenía de ser, el más bonito del estanque, hasta tal punto que miraba por encima de su aleta al resto de los peces, y les decía: -
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-Sois tan feos y horribles que no quiero nada con vosotros.
Un buen día, tuvieron una visita inesperada.
Había llegado pocos días atrás al lugar, un enorme gato blanco de pelo larguísimo. Se lo habían regalado a la hija del dueño del palacio.
El gato, queriendo conocer el jardín, aprovechó una puerta abierta y salió fuera. Vio que había un estanque y se asomó para ver en él.
Los peces quedaron horrorizados al contemplar semejante cabeza peluda, y se escondieron.
Rodolfo, haciéndose el valiente y creyendo que el visitante nuevo era como los otros que le ofrecían migas de pan, empezó a nadar hacia él extendiendo sus preciosas aletas transparentes y haciendo múltiples piruetas.
El gato viéndole llegar empezó a relamerse de gusto.
Los demás pececillos se escondieron detrás de las hierbas y piedrecitas del estanque y desde ahí, observaban horrorizados como Rodolfo se iba acercando hacia él.
- ¡Se lo va a comer! - dijo uno.
- ¡Que se lo coma! - contestó otro
- ¡Eso que has dicho no está bien! - le corrigió el tercero.
- ¡Es un antipático y orgulloso! - reafirmó el cuarto pececillo.
Todos se pusieron a discutir mientras Rodolfo se iba acercando más y más al enorme gato que se estaba preparando para atraparlo.
De pronto, cuando nuestro amigo menos se lo esperaba, levantó la pata, dejándola caer sobre el presumido pez.
Viéndose perdido, Rodolfo empezó a nadar y nadar tan deprisa como podía, perseguido por el gato, mientras todos los ojitos de los pececillos escondidos, miraban la escena horrorizados.
El gato daba zarpazos hacia todos los lados. A veces lograba sacar al infeliz pez del agua, pero no atraparlo, porque caía de nuevo al estanque.
Rodolfo empezó a asustarse de verdad, y sus fuerzas se estaban agotando. Ya no podía más. Se veía solo, sin ayuda de nadie.
-¡Por favor ayudarme! - gritaba a los otros peces.
-¡No me dejéis! ¿Dónde estáis?.
El gato, seguía y seguía.
Así pasó un buen rato, hasta que por fin, los demás pececillos del estanque, viendo que Rodolfo estaba agotado, y no podía resistir más, sintieron lástima de él, y decidieron ayudarle a pesar de lo mal que el se portaba con ellos.
Pensaron, que no tenían que ser rencorosos, y que a veces se debía de perdonar, por lo tanto decidieron entre todos, que lo mejor era salir y distraer al gato para que dejara en paz a Rodolfo y pudiera así esconderse.
Comenzaron con el plan, y el gato al ver tanta cantidad de peces saltando fuera del agua, al otro lado del estanque, se quedó quieto y con los ojos puestos allí, olvidándose de la tan deseada presa.
Rodolfo aprovechó , aunque medio muerto de pánico y cansancio, para esconderse detrás de una piedra temblando del susto.
Cuando los peces se dieron cuenta de que ya estaba a salvo, volvieron al escondite, ante la mirada sorprendida del gato que comprobaba que su presa había desaparecido.
De pronto, un pez pequeñito que se había despistado, dió un salto creyendo que todavía estaban saltando los demás, y fue sorprendido por el gato que de un zarpazo, lo derribó, cayendo el pobrecito, mal herido, al fondo del estanque.
Los demás peces se quedaron con los ojos abiertos y muy asustados. No se atrevían a moverse porque el gato intentaba atraparlo.
El pececillo lo miraba horrorizado, cuando de repente Rodolfo corrió hacia él y como pudo, lo envolvió con sus aletas naranja, y lo arrastró hacia unas matas que crecían en el fondo del estanque poniéndolo a salvo, pero con tan mala suerte para el, que fue de nuevo alcanzado por el gato, durante el intento de salvar al diminuto pez.
Hubo un gran desconcierto entre todos los habitantes del estanque.
Las uñas del gato, rasgaron el fino velo de sus aletas y sintió un fuerte dolor.
Cuando ya creía morir devorado, una voz de niña se oyó a lo lejos.
Llamaba al gato desesperadamente. Cuando lo vió, se acercó al estanque y se dio cuenta de lo que su gato acababa de hacer.
Dándole una regañina, logró quitar de sus garras al pobre Rodolfo que estaba a punto de ser devorado.
Muy dulcemente, la niña acarició al pez y lo devolvió al agua.
Todos los demás peces, corrieron hacia él y le empezaron a abrazar.
El pequeño pececito que había salvado, se acercó y le dio las gracias dándole un fuerte abrazo y beso.
Una lagrimita se asomó a los ojos de Rodolfo al darse cuenta como le querían, a pesar de lo mal que se había portado con ellos.
Había pasado de estar solo, a encontrarse rodeado de amigos que le ayudaron y no le guardaban rencor.
Desde aquel momento, jamás despreció a sus compañeros de estanque, por muy inferiores que fueran, compartió con ellos las migas de pan y comida que siempre le echaban a él, convirtiéndose en un estanque de alegres y felices pececillos de todas las clases.
La gratitud es una virtud importante en la vida.
La belleza está en el interior.24 de agosto 2000
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