CASILDA LA JIRAFA RESFRIADA
Pepa E. Llinares
Erase una vez, una jirafa llamada Casilda que estaba muy resfriada.
Tenía a todos los animales del bosque muy desesperados y asustados, porque cada vez que estornudaba, caían los pajaritos de los nidos, se quedaban los árboles sin hojas, salían zumbando los conejos y las lagartijas, en fin, ¡Que armaba la Marimorena!.
Un buen día, se reunieron todos los animalitos en un claro del bosque para buscar un remedio que solucionara el problema.
Blas, un pajarito muy amigo de Casilda, se ofreció para buscarlo, ya que conocía al jefe de un poblado de gnomos, los cuales hacían toda clase de brebajes, porque entre ellos se encontraba un prestigioso científico.
Habló con su amiga "Casi" (como así le llamaban cariñosamente sus amigos), y se fueron los dos.
Por el camino, la pobre jirafa iba sembrando el pánico.
Ella estaba muy triste, pues no le gustaba molestar a nadie y menos a sus amiguitos que tanto la querían.
Llegaron a un río. Blas cruzó volando, mientras que "Casi", se paró en la orilla toda preocupada y sin saber que hacer.
De repente, le entraron ganas de llorar.
¿Qué voy a hacer ahora? - decía llorando en voz alta mientras se sentó en la orilla - ¡ Si me mojo las patas me resfriaré más!.
Un hipopótamo que estaba tranquilamente durmiendo la siesta, se despertó, sacó la cabeza del agua y vio a la desconsolada jirafa.
¿Qué te pasa? - le preguntó.
Ella le explicó su problema entre estornudo y estornudo, dejando medio turulato al pobre hipopótamo, el cual muy amable, le ofreció su ayuda y la cruzó a la otra orilla encima de su lomo.
Los dos amigos le dieron las gracias al bueno del hipopótamo, y continuaron su camino.
Cuando llegaron a la falda de la montaña, Blas, busco revoloteando una pequeña gruta que era la entrada al poblado y atravesaba toda la montaña.
Cuando la encontró advirtió a Casilda que se esperase porque ella no cabía por el agujero. El iría y después regresaría tan pronto como encontrara el remedio.
La jirafa se sentó esperando al pajarito, que entró y pronto llegó a la ciudad de los gnomos.
Blas habló con el Jefe, quien enseguida puso un plan en marcha. Llamo a todos los gnomos y todo el pueblo empezó a trabajar.
Los hombres, recolectaban lo necesario para que el científico elaborara en su laboratorio, el jarabe que curaría el catarro de Casilda.
Las mujeres se reunieron . Todas y cada una de ellas aportaron los ovillos y madejas de lana que tenían por casa, para confeccionar una enorme bufanda, ya que en la tienda se agotaron todas.
Cuando ya consiguieron los materiales necesarios, se apresuraron a empezar el trabajo y de esa forma solucionar el problema a la pobre Casilda devolviendo así la paz y tranquilidad a los amiguitos del bosque.
Toda la tarde, noche y hasta el atardecer del día siguiente, estuvieron sin parar de tejer y tejer, hasta que terminaron la larguísima bufanda de colores muy alegres.
Por el otro lado, los gnomos (hombres), reunieron todo el material y una botella para colocar el jarabe.
Mientras tanto Casilda, dormitaba en la entrada de la cueva, esperando a que su amigo Blas regresara pronto para decirle algo.
De pronto... ¡Oyó una gran algarabía!.
Empezaron a salir detrás de Blas, por el agujero de la gruta, una gran cantidad de diminutos seres que transportaban muy contentos la larga bufanda de alegres colores y un enorme frasco de cristal con un liquido de color de rosa.
-Toma amiga Casilda - le dijo el gnomo jefe dándole una nota mientras los demás (entre varios) le entregaban la pesada botella con el liquido mágico que le curaría - Esto te curará. Ahí tienes las instrucciones para tomártelo.
Se acercaron las pequeñísimas mujeres y le dijeron:
-Esta bufanda que tejimos con muchísimo cariño, te abrigará tu largo cuello. ¡Esperamos que te guste!
-¡Gracias, gracias - decía Casilda emocionada, dando algún que otro estornudito y derramando alguna lagrimita de emoción - Nunca olvidaré lo bien que os portasteis conmigo.
Una vez cogió el remedio y se puso la bufanda, se despidió de aquellos estupendos y pequeñísimos amigos que desinteresadamente y con amor, aliviaron el catarro de Casilda y...
Colorin colorado...
¡La jirafa se ha curado y nunca mas a estornudado! .
Alicante, 12/III/1998
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